/ Javier González de Durana /
No hay muchas dudas acerca de que el Obispado de Bilbao es uno de los más grandes propietarios de suelo urbano y -esto ya sin ninguna duda- el más importante propietario inmobiliario de Bizkaia. En consonancia con el valor económico de esas propiedades, también es, sin muchos escrúpulos, un eficiente gestor económico de su patrimonio, si por eficiencia entendemos la obtención de beneficios «pro sua domo». Bien es cierto que tal patrimonio ha sido, en buen medida, usurpado de manera poco legítima -aunque una reforma de la Ley Hipotecaria de 1998, en tiempos del gobierno de Aznar, le haya permitido dar ese golpe de mano- al haberse hecho con la propiedad de decenas de templos, ermitas, huertos, cementerios, solares, pisos, lonjas y edificios de todo tipo que, de hecho, nunca fueron estrictamente suyos (salvo las donaciones documentalmente probadas), aunque los utilizara para actividades litúrgicas o diocesanas. Aquella reforma equiparaba la figura del eclesiástico, el obispo, con la de un fedatario público. Mientras que un ciudadano, para registrar una propiedad familiar por primera vez, debe presentar pruebas y testigos a la administración, la Iglesia quedaba exenta de esas obligaciones.
No los construyó la Iglesia, ni los compró, ni los mantuvo con su dinero…, pero sí los inmatriculó en el Registro de la Propiedad como suyos en cuanto la legislación abrió esa posibilidad. Fueron edificios sociales construidos en unas épocas de dominio ideológico y espiritual de la Iglesia para ser utilizados en su exclusivo beneficio.
El argumento con el que la Iglesia sostiene que estos edificios deben pertenecer a la comunidad cristiana actual (eufemísticamente, en realidad quiere decir «pertenecer al Obispado») es que siglos atrás fueron erigidos por las comunidades cristianas de entonces, estableciéndose un vínculo de uso y propiedad. Pero esto es falso, vínculo de uso sí, pero no de propiedad porque todos esos templos, ermitas y demás fueron levantados por unas sociedades (sin adjetivos religiosos) que no tenían alternativa a no hacerlos, al imponerles y obligarles a su financiación y construcción. Es como decir que puesto que muchas casas consistoriales fueron erigidas en tiempos de los reyes, Austrias o Borbones, si llegara la III República los nuevos ediles municipales no podrían celebrar sus reuniones en ellas… por no ser monárquicos. Absurdo.
Y la Iglesia se apropió de todos ellos a la chita callando, como prefiere actuar para que no resulte visible que ya no comulga con aquello de su «Reino no es de este mundo». Sí, sí es de este mundo, sí es de esta tierra, de este suelo que pisamos, de este solar con bienes raíces, su Reino son estas construcciones y parcelas que explotan como bienes de valor dinerario a los que extraen beneficios jugosos para seguir incrementando su fuerza económica o, lo que es igual, su influencia política.
El Obispado de Bilbao, que antes controlaba las almas y los cuerpos de sus fieles bizkainos a través de la Doctrina religiosa, que después -y aún hoy- aseguró la continuidad de su dominio sobre las personas a través de la educación primaria, secundaria y universitaria, ahora prefiere ejercer el poder por medio de la fuerza que despliega en los pasillos de las instituciones, como hace cualquier entidad bancaria o una gran corporación, es decir, como los que mandan sobre la ciudadanía de verdad, escondidos, sin dar la cara, sin decir cuáles son sus bazas y cómo las han conseguido. Peor aún, presionan a los políticos al hacerles creer que pueden influir en las decisiones electorales de su rebaño y mienten cuantas veces sea necesario al decir que sus fines son pastorales cuando en realidad actúan como mercaderes en cueva de ladrones.
No cotiza impuestos, recibe dinero publico para sus sacerdotes por parte de un Estado laico, no se autofinancia mediante las aportaciones de sus fieles como estableció el vigente Concordato con la Santa Sede, los edificios que dice ser suyos se restauran con subvenciones de la administración foral, llena el antiguo seminario de Derio con 83 empresas privadas y no paga el IBI…, sus privilegios son inmensos e incomprensibles en pleno siglo XXI. Se calcula que la Iglesia católica a través de subvenciones directas y exención de tributos se beneficia del Estado con una cifra que ronda los 11.000 millones de euros al año. En ciudades como Ávila, Toledo, Burgos y Santiago la Iglesia es dueña del 70% del suelo habitable. Sería necesario conocer qué porcentaje posee en Bizkaia, si la opacidad no lo impidiera. Sólo para financiar el culto, al clero y el proselitismo religioso la Iglesia española recibe del Estado 250 millones de euros al año. ¿Cuánto de esta cifra, en concreto, recibe la Iglesia bizkaina?
¿Cómo y en base a qué principio distributivo el Obispado de Bilbao -cualquier Obispado, en realidad- recibe su parte de esa inmensa cantidad de dinero público si la gente es cada vez más desafecta a su control, si cada día es más pequeño el número de ovejas que pastorea? Lo consigue por el poder económico que en su caso es la propiedad de suelo urbano, suelo rural y bienes inmobiliarios. Para que su fuerza se haga patente en la gestión de la vida colectiva sólo le hace falta tener en los centros de poder político a sujetos sumisos, corderos atemorizados, tipos adoctrinados y fieles. Y los encuentra, vaya que si los encuentra, mansos, cómplices y obedientes a sus intereses, aunque estos vayan en contra de los intereses sociales.
Como fieros brokers inmobiliarios -lobos de Wall Street-, en San Sebastián y Bilbao se están viviendo en los últimos tiempos situaciones verdaderamente alarmantes por cuanto suponen un alejamiento notable de sus proclamadas consignas de austeridad, humildad, desprendimiento, diálogo…
Esta empresa inmobiliaria y de bienes raíces disfrazada como católica unión de cristianos posee en Bilbao un feudo impresionante junto a la basílica de Begoña, un territorio enorme en una de las zonas exclusivas de la ciudad donde residen las oficinas del Obispado junto a frondosos y amplios jardines. Al mismo tiempo que impide a los vecinos de Abando disponer de un pequeño espacio libre en un barrio saturado de edificaciones y tráfico, el Obispo y su congregación íntima gozan de un edén particular en el centro de la ciudad, un pulmón verde privado… para sus oraciones.
Para mí resulta difícil calcular el número de metros cuadrados que tiene en ese pequeño Vaticano local, pero debe de ser por arriba de los 10.000-12.000 m2. A falta de una cifra exacta pongo aquí una vista aérea de la zona, acotada por una línea roja. El territorio incluye, además de la propia basílica y el porticado edificio cural anexo, la Casa de Espiritualidad y sus extensos jardines a la derecha del templo, la Residencia de los Venerables y sus no menos amplios jardines a la izquierda, antes de llegar a la inmediación de la basílica, y, colindante con lo anterior, el antiguo cementerio, sucio y abandonado desde hace décadas (¿es propietario, pero no responsable?). Quizás me esté dejando fuera de la demarcación la plaza trasera, sobre los túneles, pues no estoy seguro de que le pertenezca.

Sus propiedades en el área de Bilbao son numerosas, algunas de ellas incluso en zonas estratégicas de la ciudad y de fuerte desarrollo actual, como Basurto, pero se ha empeñado en un pequeño solar vacío y susceptible de ajardinarse para construir en él un enorme edificio. Se requirió una rectificación urbanística, la cual justificaron en base a ciertos objetivos diocesanos, pero posteriormente, una vez logrado el cambio de uso, se desvelaron objetivos falaces al vender a una clínica privada la mitad de la nueva edificabilidad conseguida.
Hay constructores, promotores inmobiliarios, propietarios de suelo urbano…, incluso estafadores profesionales, que mienten menos que la Iglesia católica en los despachos municipales y algunos traficantes de drogas actúan con mucho menos oscurantismo. ¡Ah, pero su Reino no es de este mundo!
En las décadas de los años 60 y 70 la Iglesia católica, aliada del Estado franquista y dominada por una jerarquía arcaica y guerracivilista, sufrió una enorme sangría entre sus filas al abandonar los hábitos miles de sacerdotes y vaciarse los seminarios. Su falsa espiritualidad y los reaccionarios intereses ideológicos la condujeron a la primera gran crisis moderna que vivió. Medio siglo después, ahora, su desvelamiento como corporación económica estrechamente ligada a intereses materiales e inmobiliarios le conducirá a la segunda gran crisis. De espiritualidad, falsa o verdadera, ya no le queda nada, sólo ambición, dinero y propiedades.
Post-scriptum, 15.XI.2019.- Me puntualizan que el cementerio de Begoña es propiedad municipal y que la Casa de los Venerables y sus jardines lo son de la BBK. En todo caso, «territorio espiritual» de la Iglesia católica anexo al Vaticano begoñés. Tampoco todo el territorio vaticano en Roma pertenece al Papado, sino a diversas congregaciones y órdenes religiosas, reunidas bajo un mismo propósito y una misma dirección «espiritual».







































