La alianza Obispado-Mutualia-Murias (y II).

mutualia

Copio lo que dice Mutualia en su web:

Mutualia ha llegado a un acuerdo con la empresa Construcciones Murias S.A., para adquirir el edificio que va a construir entre las calles Barrainkua y Heros de Bilbao, y que una vez finalizado, se convertirá en su nuevo hospital de referencia para Bizkaia. 

Este proyecto, que cuenta con el visto bueno del Ministerio de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social, supone una inversión de más de 30 millones de euros y la compra del edificio será realizada con cargo al Patrimonio Histórico de Mutualia. El hospital contará con una superficie de 6.000 metros cuadrados donde se ofrecerán todos los servicios que actualmente se prestan en su Clínica Ercilla, como urgencias, cirugía ortopédica y traumatológica, unidad de mano, rehabilitación, hidroterapia, radiodiagnóstico, medicina interna, hospitalización, etc. y, además, se trasladará parte de la actividad que actualmente se presta en su sede de Henao, como el control de la contingencia común y otras prestaciones.

Se estima que las obras comenzarán en agosto de este mismo año y que el inicio de la actividad se realizará en diciembre de 2021, una vez finalizado el traslado desde la actual Clínica Ercilla, donde quedaría concluido también su proceso de venta“.

Es sorprendente que en este texto no se mencione al Obispado, socio primero de la operación. Dice que procederá a “adquirir el edificio que va a construir” Murias, con el que ha llegado a “un acuerdo” -por lo visto sólo con él-, en vez de decir que se quedará con el 40% del edificio que Murias levante en el solar propiedad del Obispado. Según se desprende del texto ofrecido por Mutualia, se da a entender que, una vez terminado, TODO el edificio será su “nuevo hospital de referencia“, ya que no menciona a ningún otro ocupante del mismo, aunque sabemos que no será así. Lo que sí parece es que con esos 30 millones de euros se pagará la construcción de TODO el edificio, aunque sus futuros propietarios serán dos: Mutualia y Obispado, resultándole gratis a este último la parte del inmueble que ocupará con sus servicios diocesanos. Es muy evidente que Mutualia se auto-impone la obligación de no mencionar al Obispado, puesto que el “acuerdo” incluye a éste, necesariamente.

No oculta -no hay motivo para ello- que una vez realizado el traslado, los locales de Ercilla serán puestos a la venta. Puede sospecharse que una intención idéntica a ésta tenga reservada para su edificio en la calle Henao, que traslada en “parte“, pero sobre cuyo futuro de momento no necesita pronunciarse. Ahora bien, si pide 12 millones por Ercilla le faltarán 18 para llegar a los 30 que, según dice, requerirá el nuevo edificio en Barraincúa. ¿Saldrán esos 18 millones de la venta del edificio de Henao? Cabe albergar pocas dudas acerca de que la mayoría de los locales que desalojará el Obispado, si consigue reunir sus servicios aquí, también serán vendidos.

No he logrado encontrar ninguna relación anterior entre Murias y Mutualia, aunque como apunté ayer, Murias trabaja, además de en el sector de la construcción, en el campo hospitalario y asistencial relacionado con la 3ª edad.

Una conjetura. El punto de contacto entre el Obispado, Mutualia y Murias puede haber sido el estudio de arquitectura Katsura, a quien el Obispado encargó el primer bloque de viviendas de alto standing (en 2017) para este su solar de Barraincúa. Es de imaginar que también sería el autor de un segundo edificio, el destinado a repartirse entre Obispado y Mutualia. Se trata de un prestigioso equipo de profesionales, al frente del cual se halla el bilbaíno Luis Domínguez Viñuales, quien trabajó como funcionario en el Área de Urbanismo del Ayuntamiento de Bilbao entre los años 1981 y 1998. Algunas de sus obras más significativas son la gerencia del proyecto de la Biblioteca de la Universidad de Deusto, de Rafael Moneo, la participación en la gerencia de Torre Iberdrola con Carlos Iturriaga, la colaboración -como arquitectos locales- con los austriacos de Coop. Himmelb(l)au para el Centro de Artes Escénicas, de Zarautz (2007), y la co-participación en el proyecto de Carlos Ferrater en las viviendas al pie de Torre Iberdrola (2011). Su edificio de viviendas más interesante sin la colaboración de otros, desde mi punto de vista, se halla en la calle Gardoki, donde estuvieron las primitivas oficinas de Iberduero.

Es relevante el hecho de que en Domínguez confluyan tanto la experiencia en el urbanismo municipal como los vínculos con la sanidad privada y con el Obispado de Bilbao, para el que ha trabajado en diversas ocasiones. Por una parte, se encargó de realizar la clínica del IMQ, con Carlos Ferrater y Alfonso Casares, en 2012, y por encargo también IMQ en 2018 concibió una propuesta de ordenación de la parcela de la clínica Virgen Blanca. Por otra parte, su primera obra personal fue la rehabilitación del Santuario de Urkiola, en 1991. Posteriormente, en 2007 y en el barrio de Urreta (Galdakao), proyectó el complejo parroquial San Juan Bautista, no realizado, y algunos años después la rehabilitación de la parroquia de la Peña, Bilbao, que sí se llevó a cabo en 2017. Aunque se trate de otro planeta, su colaboración con los Jesuitas en la biblioteca deustense de Abandoibarra le sitúa también dentro de ese mundo clerical.

No obstante, no he podido establecer ninguna relación directa anterior entre Katsura y Murias o entre Katsura y Mutualia, pero sí he encontrado una entrevista hecha a Luis Domínguez el año 2011 en la que a la pregunta de cómo le gustaría que fuera el Bilbao del futuro decía lo siguiente:

En cuanto al futuro de Bilbao, espero que seamos capaces de aprovechar este momento de relajo en los intereses mercantiles, para recuperar los espacios públicos como lugares de relación social, prioricemos la opinión de sus usuarios y entrecomillemos todos esos mecanismos y tendencias a elaborar platos mágicos, eso sí servidos sobre lechos verdes y sostenibles“.

¡¡Exacto!! Eso mismo es lo que queremos que suceda con la parcela de Barraincúa-Lersundi-Heros. Las quejas y reclamaciones del AMPA del Colegio público Cervantes y de los vecinos del barrio de Abando no se dirigen en modo alguno hacia Construcciones Murias, Mutualia y Katsura, a los que se considera profesionales de elevada calidad y contrastada profesionalidad. Las quejas y reclamaciones se dirigen exclusivamente al Obispado de Bizkaia y al Área de Urbanismo del Ayuntamiento de Bilbao.

katsura

Voy a hacer otra conjetura. La escuela de Magisterio BAM ya no es rentable. Dicen que la reubicarán en el nuevo edificio, pero no lo creo; a lo sumo la mantendrán activa un año o dos más para cubrir las apariencias. Después reconvertirán ese espacio para otra función…. ¿quizás otra residencia para la 3ª edad? Cada vez hay menos infancia, pero más y más ancianos. El negocio futuro está ahí.

Tercera y última conjetura. Por encima de esta operación planea una estrategia urdida por alguien que tiene, a la vez, autoridad eclesiástica y conocimientos económicos: Gaspar Martínez Fernández de Larrinoa (Villaro, 1950) fue o aun es Secretario General del Obispado de Bilbao, profesor de Teología, teólogo por la Universidad de Deusto y economista por la Universidad del País Vasco. Completó su formación en The London Business School y en la Universidad de Chicago, donde consiguió el doctorado en Teología. Además ha sido o aún es el responsable del Departamento de Asuntos y Bienes Culturales de la Diócesis de Bilbao. Además, forma parte del  Consejo Cívico de la Villa de Bilbao nombrado por el alcalde Aburto en agosto de 2018, como “persona de especial relevancia o prestigio personal, profesional o social“. De mente brillante y cardenalicios ademanes, quizás no llegue a la curia romana, pero en Wall Street realizaría grandes negocios.

abando pelotazos

La alianza Obispado-Mutualia-Murias (I).

obispado

La operación orquestada en torno al solar propiedad del Obispado de Bilbao situado en las calles Barraincúa-Lersundi-Heros cuenta con dos colaboradores necesarios: Mutualia y Murias Grupo. ¿Cuáles son las circunstancias que han propiciado el acercamiento de estos tres socios y su alianza? ¿es posible encontrar vínculos entre ellos o intereses comunes más allá de este solar en conflicto? En paralelo a estas tres entidades, ¿hay alguien más? Vamos a intentar averiguarlo.

Construcciones Murias es una empresa creada en San Sebastián en 1973 que se halla  integrada dentro de Murias Grupo, cuyo presidente fue Gabriel Murias Murias, hasta su fallecimiento en mayo de 2015, siendo en la actualidad el administrador único su yerno, Alberto Unanua Ursua. Gabriel Murias llegó a Zarauz desde su Orense natal en los años 50, logrando levantar desde abajo una fuerte y solvente empresa de construcción que con el tiempo se ramificó en diversos campos de actividad. Hoy es un Grupo formado por más de 25 empresas y su ámbito de acción es principalmente el formado por la Comunidad Autónoma Vasca (en especial, Gipuzkoa), Navarra y la Comunidad de Madrid, orientándose hacia actividades entre las que están Parques Comerciales, Parkings, Estación de Autobuses de San Sebastián, Residencias de la 3ª edad, promoción de viviendas y construcción de puentes y viales ferroviarios (TAV), entre otras. Poco a poco se ha ido introduciendo en Bizkaia, habiendo co-participado en algunas de las últimas obras de gran calado, como la apertura del canal de Deusto y el nuevo estadio de San Mamés, además de la Fase II del Hospital de Uribe-Kosta.

Gabriel Murias fue un hombre hondamente implicado con el País Vasco: era socio propietario del Asador Donostiarra y su grupo empresarial de hizo cargo de patrocinar al equipo ciclista de Euskadi tras la deserción de Euskaltel.

De todas las adjudicaciones publicadas en el BOE entre 2009 y 2015, Construcciones Murias se llevó de forma directa un contrato por importe de 6.863.961 € (las obras del proyecto del tanque de tormentas en la EDAR de Arriandi, en Iurreta, Bizkaia).  Además, ha formado parte de varias UTE que resultaron adjudicatarias de seis contratos que suman otros 276.682.254 €. Entre las administraciones que le contratan, la que tiene mayor peso es la Comunidad Autónoma del País Vasco (93,4% del total del importe adjudicado tanto de forma directa como a través de las UTE en las que participa). Una de esas UTE (Tecsa+Altuna y Uría+Murias+Olábarri) se encargó en 2017 de la construcción del nuevo edificio de los servicios centrales en la sede de Txagorritxu del Hospital Universitario Araba por más de 30 millones de euros.

Dentro de sus proyectos realizados, en el grupo de Infraestructuras, destacan dos que se salen de lo habitual. Son dos residencias y centros de día para personas mayores, de carácter privado: la de Otxartaga, en Ortuella (Bizkaia) y la de Mombuey, en la localidad de este nombre (Zamora). No dice qué tipo de vinculación tuvo o tiene Murias Grupo con esas residencias, pues no afirma que las construyera, aunque cabe suponerlo. Ortuella queda cerca de su ámbito natural de actuación, pero ¿la remota Mombuey? Este pueblo pertenece a la comarca de Sanabria, a no más de 100 km de distancia de Xares, A Veiga, localidad orensana donde nació Gabriel Murias Murias. Los apellidos de su esposa, Teresa Fernández Centeno, revelan que debió de nacer en esa zona de Sanabria y de ahí, probablemente, el vínculo con la residencia de la 3ª edad. ¿Una obra de beneficencia?

Alberto Unanua Ursua, su yerno, es ahora la persona clave puesto que, además de administrador único de Construcciones Murias, es también presidente y consejero de CYL Bass S.L., una empresa de la provincia de Zamora dedicada al “cuidado, promoción, asistencia, rehabilitación, inserción social y tratamiento de personas de tercera edad, con enfermedad o minusvalía psíquica, física y/o económica“. CYL Bass S.L. gestiona este centro zamorano en Mombuey de manera concertada con la Gerencia de Servicios Sociales de la Junta de Castilla y León. Tiene otro centro residencial similar en Puente de Sanabria. No han sido las únicas a las que ha aspirado este empresa, pues en junio de 2006 CYL Bass S.L. fue la única que respondió a la convocatoria del Ayuntamiento de Zamora para la enajenación de una parcela del plan parcial Benedictinas para la construcción de una residencia de ancianos, aunque este proyecto ha permanecido paralizado durante varios años por la proximidad del solar al trazado de las vías por las que está previsto que circule el AVE

Es interesante el hecho de que al Consejo de Administración de CYL Bass S.L. pertenezca también Mª Ramona Matellanes González, quien por otra parte es administradora única de Asistencia Geriátrica Salmantina S.L. y del Grupo Matellanes 48, que gestiona al menos seis establecimientos geriátricos y asistenciales en Zamora y Salamanca. Resulta sorprendente, cuanto menos, que algunos de estos centros aparezcan gestionados unas veces por CYL Bass S.L. y otras veces por Matellanes 48.

Asimismo, en el Consejo de CYL Bass S.L. también se halla Francisco José Solórzano Gallo, quien administra la residencia de mayores Reyes de Aragón S.L., en Madrid, y  otras dos de la misma naturaleza, Olimpia Bass S.L. e Iparraguirre Olimpia S.L., ambas en Bilbao, dedicándose las tres al ámbito de las actuaciones socio-sanitarias.

El cuarto miembro de CYL Bass S.L. es Antonio Cordero Maestre, vinculado a numerosas empresas dedicadas, en términos generales, a la extracción, fabricación y venta de materiales de construcción, la contratación, gestión y conservación de toda clase de obras y construcciones en su más amplio sentido, tanto públicas como privadas, tales como obras de carreteras, hidráulicas, ferrocarriles, marítimas, medioambientales, edificación, y la explotación de aparcamientos y garajes a través de sus empresas Triexplanada, Aglomex, Serintra, Arcebansa y Emulgal.

Resumiendo, Murias es una constructora con actividad (pequeña dentro del conjunto de su trabajo) en residencias de la 3ª edad, pero que, por medio de Alberto Unanua Ursua, forma parte del Consejo de Administración de CYL Bass S.L. en cuyo seno se encuentran otras empresas y personajes con fuerte implicación en ese mismo sector de atención a personas mayores, y que además despliegan una intensa actividad constructora. En resumen, Murias Grupo tiene relación con actividades hospitalarias y socio-sanitarias -lo cual le aproxima indirectamente al campo de acción de Mutualia- y con actividades constructivas -lo que se acerca directamente a las necesidades del Obispado-.

Sin embargo, no se ha podido establecer ninguna relación directa de Murias con el estamento eclesiástico ni con Mutualia previamente a la aparición del proyecto para el solar de las Carmelitas de Barraincúa. No obstante, ayer El Correo informó que quizás el edificio que Mutualia tiene en Ercilla 10 se convierta, tras su desalojo, en una residencia para la 3ª edad: ¿simple casualidad o el hecho de que Murias sea el constructor tiene que ver con ese posible destino? Aunque el inmueble de Ercilla se haya puesto a la venta, ¿está comprometido y decidido su futuro entre estos dos socios?

(mañana continuará)

murias

PGOU de Bilbao: vicaria oscuridad.

necesitamos

En marzo de 2018 se elaboró un documento municipal para el adelantamiento de la “aprobación inicial” de la “modificación pormenorizada del PGOU en lo relativo al uso docente de diversas parcelas equipamentales” existentes en Bilbao. Una de las parcelas afectadas era el solar de Barraincúa-Lersundi-Heros, de 2.015 m2, con un edificio de 4.570 m2 construidos que no ocupa toda la superficie parcelaria, pero que, caso de ocuparla intensamente por aplicación de los perfiles autorizados y de las alineaciones impuestas, le otorgaría una edificabilidad de 12.500 m2 sobre rasante más cinco plantas bajo rasante “para uso de aparcamiento y otros usos complementarios“.

En los “Antecedentes” de ese documento se afirma que “durante los últimos años se han venido adoptando diversas decisiones en la gestión de los centros escolares del municipio que están alterando la configuración del ‘mapa’ escolar de la ciudad”. Esas alteraciones mencionadas son “el cierre” de algunos centros”, “las necesidades de mejora de las instalaciones“, “el abandono del uso docente” y la necesidad de “adecuar la oferta escolar a las nuevas exigencias“.

Estas, por tanto, son las razones que “han exigido la realización de alteraciones en el planeamiento“: cierre, mejora, abandono y adecuación de la oferta escolar. La situación aconsejaba, según este documento, “retirar el condicionante de Docente’ al Uso de Equipamiento señalado por el Plan General“, resultando también que “en los casos extremos, como los colegios públicos sin actividad, se hace evidente la necesidad de abrir el régimen de opciones, admitiendo usos alternativos y retirando la imposición exclusiva del uso docente“.

El adelantamiento de la aprobación de la rectificación urbanística se justificaba en “la necesidad de no interferir con las nuevas actividades escolares, así como de permitir la pervivencia de edificaciones que por falta de escolares se ven en la necesidad imperiosa de acoger usos alternativos“. En el Distrito VI, de Abando, la Escuela de Magisterio, BAM, en la calle Barraincúa (antiguo Colegio de las Carmelitas) ocupa una de esas parcelas a las que hasta marzo de 2018 “el vigente PGOU asigna el uso pormenorizado de equipamiento docente“, un uso que la aprobación de este documento municipal le retiró, es decir, le liberó de tener que cumplir.

Ahora bien, ¿cuáles fueron las razones esgrimidas por el Obispado de Bilbao para convencer al Ayuntamiento de que en su caso le eximiera del uso docente para su parcela? Si repasamos el texto de dos párrafos antes de éste, observamos que la admisión de usos alternativos y la retirada de la imposición exclusiva del uso docente se aplica “en los casos extremos, como los colegios públicos sin actividad“. Dado que el BAM del Obispado no es un colegio público, sino privado, y que no se encuentra en un caso extremo, ya que ha venido impartiendo docencia con total normalidad hasta este mismo curso recién terminado, ¿en base a qué se justifica la retirada de cumplir con el uso docente?

Aunque no se ha podido acceder de momento al documento original presentado por el Obispado de Bilbao para conocer la literalidad de su demanda, el documento municipal de modificación del PGOU recoge la necesidad expresada por esa institución religiosa: realizar “un proyecto de unificación e integración en Bilbao de los servicios diocesanos del Obispado (…) unificar en una misma ubicación toda la obra diocesana, creando en el centro de Bilbao un Equipamiento de referencia y primer orden, pastoral, cultural, docente, social y científico, de alto valor tanto para la Villa como para Bizkaia y Euskadi“.

Ese proyecto de traslado y unificación, según el Obispado, se convertiría “en un gran polo cultural, de servicios de gran interés histórico y científico: a) Traslado y unificación de fondos de las distintas bibliotecas diocesanas. b) Traslado del Archivo Histórico Eclesiástico de Bizkaia. c) Traslado del Centro Icaro de interpretación documental. d) Traslado del departamento de Etnografía de Labayru Fundazioa. y e) Traslado del Departamento de Euskera de Labayru Fundazioa“.

Continúa asegurando que ese proyecto “plantea su reunión en un nuevo edificio a construir en el referido solar de Barraincua no 2, previa la demolición del actualmente existente. Un Equipamiento unificado permitirá equilibrar las necesidades de cada institución con la eficiencia en el uso de los espacios comunes, buscando que cada una mantenga su identidad y cuente con espacio necesario pero se aprovechen eficaz y eficientemente los servicios comunes. Además, el planeamiento permite una importante superficie construible bajo rasante, que, además de plazas de aparcamiento, podrá albergar tanto los fondos archivísticos como los bibliográficos de todas las instituciones diocesanas“.

Es decir, la propiedad de ese suelo quiere la ocupación intensiva sobre y bajo rasante de todo lo que la edificabilidad le permita una vez se ha producido el cambio de uso en el PGOU.

Pero la pregunta es ¿qué tiene que ver lo que quiere realizar con las razones que el propio documento municipal aduce como justificativas para el cambio de uso? ¿qué tiene que ver con el cierre, la mejora, el abandono y la adecuación de la oferta escolar que se ha venido impartiendo hasta ahora ahí? Nada, esto es otra cosa. Y ¿por qué se le aplica la posibilidad de introducir usos alternativos si no es un colegio público y no vive una situación extrema? No se comprende.

Pero la cuestión ha adquirido un cariz mucho más grave en tiempos recientes, al haberse hecho de conocimiento público que casi la mitad de ese edificio intensivo que se pueda llegar a construir ahí NO SERÍA PARA CUMPLIR CON LOS FINES CULTURALES que el Obispado presentó como base para que el municipio atendiera su solicitud de cambio urbanístico, sino para la instalación de una clínica privada. ¿Este hecho no anula la justificación en base a la cual el Ayuntamiento concedió el cambio de uso?

El documento municipal dice que para “permitir la pervivencia de edificaciones” educativas y ante la “falta de escolares se ven en la necesidad imperiosa de acoger usos alternativos”, pero lo que se pretende aquí es justamente lo contrario: se quiere derribar el edificio existente, perfectamente útil, y se introduce una clínica cuya existencia no fue explicada, como uso alternativo, al Ayuntamiento para conseguir el cambio de uso.

Mucho valor cultural para Bizkaia y Euskadi, mucho interés histórico y científico, mucho blablabla sobre un gran polo cultural que, en realidad agrupará a pequeñas agencias de valor diocesano (salvo el Archivo Histórico Eclesiástico)…., pero de la clínica privada ni una sola palabra.

Es inevitable preguntarse si hubo ocultación de intenciones por parte del Obispado o si no lo hubo y el Ayuntamiento aceptó enmascarar algo que sabía iba a ocurrir y no deseaba que figurara en la documentación oficial por flagrante incumplimiento de la motivación en base a la que admitió el cambio de uso.

Supongo que alguien dirá que la oferta de Mutualia llegó al Obispado después de aquel marzo de 2018 o del 28 de junio, momento en que el Pleno municipal aprobó definitivamente la modificación del PGOU, o del 19 de diciembre, fecha en que la Junta de Gobierno de la Villa aprobó inicialmente el Estudio de Detalle de esta parcela. No creo que eso sucediera. Esas negociaciones llevan mucho tiempo, meses, años… Algún documento aparecerá en el que se verá que esa intención estaba sobre la mesa antes del final de 2018. Cuando este asunto se planteó en el Pleno del Ayuntamiento para su debate y posible aprobación definitiva, el 28 de febrero de 2019, no se menciona la posible venta de parte de la edificabilidad a Mutualia. No me lo creo. En todo caso, si de verdad hubiera ocurrido la relación Obispado-Mutualia después de febrero de este mismo año: ¿la venta de la mitad del edificio que pueda levantarse ahí no entraría en contradicción con las razones por las que se admitió el cambio de uso? ¿Por qué se hizo pública la noticia justo dos días después de las elecciones municipales?

La nueva normativa (en su artículo 6.3.20.- Alcance del Uso de Equipamiento) dice que “el resto de los usos de Equipamiento tienen un carácter abierto de manera que, si las condiciones urbanísticas en el momento de materializar la instalación del uso establecido aconsejaran su alteración, no será considerado modificación del Plan General, si se mantiene el uso dentro de los regulados como principales o permitidos en el artículo 6.3.19, pudiendo incluso combinarse en el mismo edificio más de uno de estos usos“.

Vamos a ver. Si el Obispado y el Ayuntamiento se quieren acoger a esta norma para alegar que combinan en el mismo edificio varios usos, incluida Mutualia, deberán explicar los motivos que ahora aconsejan esa alteración. ¿Qué ha cambiado urbanísticamente en este emplazamiento entre marzo de 2018 y el momento presente? y además, el uso hospitalario ¿está “dentro de los regulados o permitidos“?

bam

De verdad, lo que todo esto pone en evidencia es que nos hallamos ante una operación especulativa. Para justificar la modificación del PGOU el Ayuntamiento no menciona  ninguna necesidad pública o de interés general, el cual no se beneficia en modo alguno por dicha modificación, sino que es perjudicado. La justificación que se esgrime -la unificación de los servicios del Obispado- es un interés particular. Tampoco se preocupa por examinar si se necesita toda la parcela o sólo de parte de ella para alcanzar el objetivo que busca el Obispado. Por otra parte, no hay déficit de clínicas en el barrio, pues se trata de trasladar las instalaciones clínicas de Ercilla a Barraincúa, 250 metros escasos de distancia.

Resulta obvio que en este caso se está utilizando el Planeamiento como forma de financiar los intereses particulares del Obispado. La recalificación no sirve sólo para la unificación de los servicios del Obispado, sino también para la financiación de esa operación de unificación, en vez de servir para elegir entre las diferentes alternativas que mejor satisfagan el interés público y las necesidades sociales, que es a lo que el Planeamiento debe dedicarse, y que aquí son: (a) tener en cuenta la necesidad del espacio de proximidad señalado en el avance del PGOU como deficiencia en la zona, y (b) el desarrollo del denominado ‘corazón de barrio’.

Por tanto, se actúa desatendiendo el modelo de planeamiento propuesto por el propio Ayuntamiento. Es incoherente. Se priman los intereses particulares del Obispado; no los de los vecinos y ni tan siquiera los intereses del Ayuntamiento. El interés público no puede sustentarse en la necesidad de unificación de los servicios del Obispado y la edificación nueva para la Escuela Universitaria de Magisterio, de carácter privado. No puede ser.

Demasiada oscuridad en la cercanía de quienes, investidos con hábitos blancos, predican el cumplimiento del Octavo Mandamiento: “No darás falsos testimonios ni mentirás“.

Carmelitas de Barraincúa: memoria de y para un lugar especial.

No es brillante, aunque tampoco completamente mostrenco, ni suntuoso, sin resultar pobre por ello; le falta espectacularidad, pero tiene indudable encanto, y carece de magia, pero podría ser un lugar delicioso. Me refiero al conjunto formado por el edificio del antiguo colegio de las Carmelitas de la Caridad, sus dos palmeras y el patio de recreo. Se viene hablando mucho sobre esta amplia parcela de la trama del ensanche bilbaíno, en el barrio de Abando, porque existe un plan de su propietario, el Obispado de Bilbao, para convertirla, por métodos administrativamente opacos, en algo que ni los vecinos de la zona ni el AMPA del próximo Colegio Cervantes desean por las consecuencias fácilmente adivinables que vislumbran en el horizonte. No obstante, se trata tanto de lo que sucederá en el futuro (caso de no lograr la paralización de este despropósito) como de lo que se perderá en el presente y se olvidará del pasado.

Se difuminará la posibilidad de disponer de un pequeño lugar cercano para miles de personas residentes y transeúntes del barrio que ahora contemplan la seca urbanización de unas calles en las que sólo se mueven con facilidad cientos de coches que circulan por ellas cada hora: Alameda de Recalde, Alameda de Mazarredo, Henao, Iparraguirre, Ajuariaguerra… son torrentes constantes de vehículos. La ciudad amable para el residente y peatón que pretende el Ayuntamiento aquí no se siente.

El parque de Doña Casilda y los jardines de Albia no quedan cerca, el paseo de Uribitarte está ahí abajo y lo más cercano para un mínimo confort, con permiso de Colón de Larreátegui, es la pequeña plaza de Jado, recoleta a pesar de su horrible fuente “leonada” en mármol de Macael. El patio de recreo del BAM, por tanto, se presenta como la última posibilidad de un respiro para un área que lleva tal como está -esto es, compactada- desde hace más de cien años; el 80 % de los inmuebles de viviendas del entorno fue construido a finales del XIX y principios del XX..

Quiero contar algo que puede servir para conectar el pasado con el futuro.

Es probable que sea desconocido el hecho de que en los primeros meses de la guerra civil, cuando el general Emilio Mola desplegó un esfuerzo notable por apoderarse de Bilbao, mandó bombardear la villa con saña a partir de las 10 de la mañana del 25 de septiembre de 1936. Hubo varias zonas de Bilbao severamente dañadas, una fue el Casco Viejo de las siete calles y otra fue ésta del entorno de Abando, las calles Henao, Mazarredo, Recalde, Colón de Larreatégui, Uribitarte… Uno de los edificios afectados por el bombardeo fue, precisamente, el colegio de las Carmelitas de la Caridad, en la calle Barraincúa. Es el único lugar afectado que sobrevive en la actualidad con el aspecto, más o menos, que mostraba entonces.

Los bombardeos prosiguieron en los días siguientes, causando cerca de cien muertes, entre ellas las de algunos niños y niñas, y más de seiscientos heridos entre los días 25 y 28. Estas acciones bélicas, sobre todo, la del 25 de septiembre, tuvieron dramáticas repercusiones en otros lugares cercanos. Los barcos-prisión, Altuna-Mendi, fondeado en Axpe (Erandio), y Cabo Quilates, atracado en Bilbao, fueron asaltados por milicianos incontroladoscausando treinta y cinco muertes el día 25 en el Cabo Quilates y veintiocho muertes el día 26 en el Altuna Mendi, entre los allí retenidos a causa de su vinculación con fuerzas políticas anti-republicanas (requetés, monárquicos y carlistas…) por fusilamiento. Dieciséis de aquellos prisioneros que morirían en esas y en las siguientes jornadas eran sacerdotes.

La aviación franquista, tanto la Aviazione Legionaria italiana como la Legión Cóndor alemana y las Fuerzas Aéreas del Norte españolas, tomaron parte en las operaciones de bombardeo. Los modelos que habitualmente se utilizaron en estos ataques aéreos fueron los “Caproni 133” y los “Savoia-Marchetti S.M.81” italianos, y los cazas “Junker Ju52”, los trimotores “Heinkel He52” y los “Messerschmitt Bf.109” alemanes. Es decir, algunos de los aviones que meses después atacarían Gernika. El día 23 de abril de 1937 la villa fue bombardeada en cuatro ocasiones y el comandante alemán W. Von Richtofen, Jefe del Estado Mayor de la Legión Cóndor, escribió en su diario aquella jornada infausta: “Sobrevienen pensamientos de reducir, a pesar de todo, Bilbao ahora mismo a escombro y cenizas.”. Pues bien, el bombardeo que dañó el colegio de las Carmelitas fue el primero de una larga secuencia de ataques aéreos que se prolongaron hasta que Bilbao cayó en manos de las tropas franquistas.

No se ha podido verificar si algunos de los niños y las niñas fallecidas lo fueron mientras estaban en el colegio. No parece probable, pues a finales de septiembre todavía debían estar con las vacaciones de verano en aquella época.

Este lugar en el Ensanche de Abando es el último testimonio de un horror que vivió la ciudad durante la guerra. Con Bilbao ya “liberado” pero con la guerra activa en otras partes del país, el 16 de agosto de 1938 el Colegio de Arquitectos Vasco-Navarro selló la solicitud dirigida al Alcalde de Bilbao por parte del arquitecto Emiliano Amann, “en nombre de la Comunidad de R.R. Carmelitas de la Caridad, propietarias de un Colegio emplazado en las calles de Barraincúa y los Heros de esta Villa“,  de cara a lograr “autorización para efectuar en él obras de reconstrucción parcial de la parte del edificio por el bombardeo del 15-9-936 (sic). La reconstrucción se llevará a cabo conforme en un todo a su primitivo estado“.

Quisiera ofrecer una alternativa al prepotente edificio que el Obispado quiere construir ahí (véase los planos al final de este texto): conservar ese espacio, “edificio+palmeras+patio”, como un lugar de la memoria, reconvertido en jardín abierto a la ciudadanía, que sirva para perpetuar el recuerdo de quienes murieron en esta zona de Bilbao como consecuencia de aquellos bombardeos aéreos, especialmente para recordar a los niños y niñas, víctimas más injustas que ninguna, y a cuantos fallecieron de una manera u otra durante aquel largo y cruel conflicto bélico.

En vez del escombro y las cenizas que algunos desearon para Bilbao entonces, hagamos de este lugar un recinto de paz y memoria para los niños y niñas del barrio. ¿Olvidará el Obispado a sus propias víctimas, algunas de las cuales fueron fusiladas como consecuencia directa del bombardeo sufrido en este emplazamiento?

plano 2

salud 1

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propuesta patio-magisterio

Vigorosa reacción cívica.

Hartos de ver cómo nuestras autoridades consideran la ciudad y la arquitectura como meros productos de valor económico, tres asociaciones culturales y vecinales de diferente origen y dimensión -dos con largas trayectorias de defensa del patrimonio edificado y otra más joven-, pero centradas en defender los valores simbólicos y materiales de las construcciones y los espacios urbanos en los que vivimos, entre los que hemos crecido, tanto individual como colectivamente, y con los que coexistimos a diario, han decidido reaccionar de manera conjunta, acordando hacer la declaración que sigue a continuación.

POR LA PROTECCIÓN DE LAS CIUDADES, EL PATRIMONIO ARQUITECTÓNICO Y LA OBRA PÚBLICA EN EUSKADI

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La arquitectura y el urbanismo en las ciudades vascas viven momentos de profunda transformación que están acabando con valores patrimoniales de carácter histórico, artístico y paisajístico-ambiental que deberían ser objeto de preservación y buen mantenimiento como parte del legado heredado de tiempos pasados y que han conducido a la sociedad vasca a una forma y manera de ser peculiares, es decir, a lo que somos hoy porque antes de nosotros hubo otros que fueron e hicieron. Al autorizar la destrucción de muchos de estos valores, algunos de ellos protegidos de hecho por la Ley, se está mutilando la memoria, despreciando nuestro pasado común y, en cierta manera, nos negamos a nosotros mismos.

A la vista de esta alarmante situación tres asociaciones culturales de nuestro entorno, una con casi cuatro décadas de trayectoria y actuación en el ámbito autonómico, la Asociación Vasca de Patrimonio Industrial y Obra Pública (AVPIOP), otra con una década de recorrido y muy atenta a cuanto sucede en Donostia-San Sebastián, Áncora, Agrupación Cívica para la Conservación del Patrimonio,y una tercera, de creación reciente y ámbito local, la Asociación Vecinal por un Abando Habitable y Saludable, quieren manifestar su honda preocupación por la peligrosa deriva que desde instancias municipales y forales tiende a facilitar la concesión de cuantos permisos se solicitan para la demolición de inmuebles que fueron diseñados por arquitectos relevantes o de tipologías singulares, la colmatación en altura de edificios cuya configuración original es de planta baja más una, las desafortunadas intervenciones de rehabilitación y la eliminación de los escasos espacios abiertos que aún perviven en las ciudades vascas.

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Esta tendencia se ha hecho notar con fuerza en los dos o tres últimos años al calor de una recuperación económica a la que, por lo visto, no se puede poner ningún freno por muy justificado que esté. La presencia de grúas y hormigoneras en las calles es visto como un estado benéfico, motivo por el cual las licencias y las recalificaciones se otorgan con una facilidad que no encuentra barreras. En modo alguno nos oponemos al lógico desarrollo urbano, pero propugnamos que se haga compatible la sostenibilidad y habitabilidad de las ciudades en que vivimos con la preservación de sus señas de identidad ambientales y arquitectónicas porque son nuestras propias señas, las que han modelado la identidad que tenemos como ciudadanos.

Lamentables iniciativas como la construcción en el dique seco de Euskalduna de un edificio para el entretenimiento, los derribos del edificio industrial en José Mª Escuza 4 (Bilbao) y de las estaciones ferroviarias de Durango y Derio, en Bizkaia, la amenaza de demolición que pende sobre el Palacio Bellas Artes (que ha llevado a la UNESCO a lanzar una Alerta Internacional de Patrimonio en Peligro), el arrasamiento de las villas urbanas en Ondarreta y Ategorrieta, y el propósito de hacer desaparecer del edificio terminal de la Estación del Norte, en Donostia-San Sebastián,o la especulativa y anti-ecológica ocupación del patio del colegio de las Carmelitas (actual BAM), en el barrio de Abando, son algunos de los últimos y actuales despropósitos sobre los que queremos alertar y mostrar nuestro rechazo. No obstante, este avasallamiento urbicida, al que se han sumado incluso los Obispados de las diócesis locales, es genérico y afecta tanto a grandes ciudades como a localidades pequeñas, a los barrios céntricos como a los periféricos.

Los organismos oficiales de Protección del Patrimonio no parecen estar funcionando como debería esperarse de ellos y es por este motivo que las asociaciones culturales y vecinales que suscriben este escrito han decidido dar a conocer su preocupación, animando a la sociedad a tomar conciencia de que, si no somos capaces de enmendarlo, este camino sólo conducirá a la despersonalización de nuestros barrios y ciudades, al debilitamiento de la memoria colectiva, ya la pérdida de un valioso Patrimonio histórico-artístico que nos es propio como sociedad.

Asociación Vasca de Patrimonio Industrial y Obra Pública(AVPIOP)

Áncora, Agrupación Cívica para la Conservación del Patrimonio

Asociación Vecinal por un Abando Habitable y Saludable

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Balenciaga, museos y prejuicios.

La revista El Cultural, que aparece los jueves con el periódico El Mundo, me pidió un artículo que publicó en el último de sus números, la semana pasada. El motivo era la reciente inauguración de la muestra Balenciaga y la pintura española en el Museo Thyssen. Incluyo aquí el enlace para quienes quieran leerlo.

Balenciaga, museos y prejuicios

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Vestido de cóctel de Balenciaga, 1955. Foto: Jon Cazenave / Esquivel y Suárez de Urbina: ‘La bailadora Josefa Vargas’, 1850.

Durante el otoño pasado se pudo visitar en la Academia de Bellas Artes de San Fernando una exposición, organizada por la revista Telva, cuyo contenido era el vestuario de Alta Costura propiedad de la modelo española Naty Abascal. Los diseños pertenecían a autores relevantes de este campo de la creación durante la segunda mitad del siglo XX: Cristóbal Balenciaga, Valentino Garavani, Hubert de Givenchy, Giorgio Armani, Oscar de la Renta, Yves Saint Laurent, Azzedine Alaïa o Roberto Cavalli. El espacio disponible era escaso, por lo que algunas piezas se presentaban demasiado próximas para su correcta visualización. El acompañamiento museográfico (fotografías, libros, pinturas…) alimentaba la sensación de cierto abigarramiento, pero aún así la visita resultaba instructiva y placentera, sorprendiendo el elevado nivel de los diseños.

Desde hace cuatro décadas, siempre que voy a Madrid visito la Academia. Lo habitual ha sido recorrer sus galerías en la más completa soledad, o encontrarme con una o dos personas de tarde en tarde. Sin embargo, lo más llamativo durante los dos días que visité la muestra citada fue la ingente cantidad de público. Sorprendente era también su comportamiento ante las obras expuestas: pequeños grupos de dos, tres o cuatro personas (absoluta mayoría de mujeres) en intercambio de opiniones, con señalamiento de detalles constructivos, reconocimiento pormenorizado de materiales de confección, cuestionamiento o elogio de diseños, valoración –crítica o no– de los recursos expositivos…, en suma, riqueza cultural fluyendo de los objetos mostrados a las personas, y entre ellas mismas en conversación con espontáneo desembarazo.

Ya me gustaría que esa fluidez de conocimientos específicos, juicios razonados y locuacidad se diera ante las obras de arte contemporáneo. ¿Qué hemos hecho mal para no haber conseguido esa elocuencia desinhibida ante el arte actual? Habrá quien asegure que, por elevar sus cifras de público, la Academia rebajó sus niveles de rigor científico y exigencia artística, pero a mí me pareció que aquel público incrementaba su conocimiento cultural, compartía ideas acerca de la creatividad, reflexionaba sobre unas determinadas época y sociedad, y que su acercamiento a esas peculiares indumentarias le posibilitaba un disfrute sensorial. Además, doy fe, algunas de aquellas personas pasaban después a ver los grabados de Goya y los frailes mercedarios de Zurbarán.

Conjunto de noche, H. 1951, de Balenciaga. Foto: Jon Cazenave / Goya: ‘La reina María Luisa con tontillo’, H. 1789.

En el Museo Thyssen, y bajo el título Balenciaga y la pintura española, se puede contemplar ahora la obra de este singular diseñador español hasta el próximo mes de septiembre a través de 90 piezas, que recorren su larga trayectoria, puestas en diálogo con casi 60 obras de Murillo, el Greco, Velázquez, Zurbarán, Goya… Contemporáneo de Coco Chanel y Christian Dior, los cuales reconocieron su superior maestría, Balenciaga (Guetaria, 1895 – Jávea, 1972) abrió nuevos y arriesgados caminos al estricto mundo de la Alta Costura, hasta entonces basada en formas y procedimientos de un pasado opulento y aristocrático, pero que él abrió a una expresividad moderna y simplificada, sin por ello dejar de ser compleja en lo técnico ni perder esplendor en lo formal.

En él convergieron hispánicas tradiciones pictóricas y populares, de cuya mano surgieron fértiles caminos para la evolución de la manera en que vestimos, del modo en que nos reconocemos ante el espejo y por el que seremos interpretados en un futuro. Sus comisarios son Eloy Martínez de la Pera, acreditado y eficaz especialista que también firmó aquella exposición en la Academia de San Fernando, y Paula Luengo, conservadora del citado Museo.

Al señalar algunas de las aportaciones de Balenciaga deben mencionarse la perfecta exactitud de los cortes, la obstinada fijación por mangas y cuellos, de inesperada perfección, la creación de nuevas líneas de silueta femenina, como las líneas túnica, barril, globo, saco y baby-doll –olvidando la cintura y el pecho como puntos de enfática fijación, para destacar otras zonas de la anatomía, como cuello, muñecas o nuca, por un contagio japonizante–, los cortes diagonales, el vestido de punto entallado con dos pinzas en los hombros, el talle corto, las faldas asimétricas o las mangas 3/4 y 7/8, su radical eliminación de adornos para dejar sólo el volumen geométricamente simplificado y minimalista como única expresión del vestido junto con su color. Balenciaga hizo con la indumentaria femenina lo que Mies van der Rohe con la arquitectura.

El MoMA de Nueva York dispone de un Departamento de Arquitectura y Diseño desde 1932. El Metropolitan Museum, de esa misma ciudad, y el Victoria & Albert Museum, de Londres, más generalistas, cuentan desde hace décadas con un Costume Institute y una Gallery of Fashion, respectivamente, y sus colecciones de indumentaria son amplias y legendarias al igual que las exposiciones temporales que organizan con estos objetos, históricos o actuales. Aquella vieja distinción entre artes puras y artes aplicadas, considerando las primeras como mayores y espirituales, y las segundas como menores y utilitarias, produce una sonrisa ahora que los factores económicos condicionan ferozmente la creación, la producción y la gestión social del arte.

Pasarán muchos años antes de que desaparezcan los prejuicios culturales acerca del Sistema de la Moda y sus productos. Supongo que ciertos aspectos «mundanos» de ese Sistema continuarán provocando rechazo en las rigoristas élites del arte y que la inclusión de la indumentaria como objeto resultante de la creatividad –no toda la indumentaria, naturalmente, como tampoco toda la pintura o escultura es arte– será considerada una intrusión espuria en los museos, en algunos de esos museos que, por ejemplo, no tendrían inconveniente en mostrar obra –no espuria, ¡¡ja!!– de Jeff Koons.

Vestido de Balenciaga, 1963. Foto: Jon Cazenave / Zurbarán: ‘Santa Isabel de Portugal’, H. 1635.

Museos de arte moderno y contemporáneo que consideran correcto presentar exposiciones con los diseños de textiles y vestidos de Sonia Delaunay o el vestuario concebido para el Ballet Triádico por Oscar Schlemmer o, incluso, la iconografía surgida en torno a David Bowie, incluyendo su parafernalia, música y el ropaje utilizado en escena, pero que nunca se plantearían una muestra con creaciones de Mariano Fortuny o Elsa Schiaparelli, aunque quizás sí sobre Vivienne Westwood. El arte en nuestra época es híbrido, pero todavía persisten rastros de una entomológica compartimentación con fronteras tan firmes como poco comprensibles.

Prejuicios ideológicos: como la Alta Costura era accesible sólo a gentes adineradas, el diseñador de esas vestimentas, al parecer, no podía tener creatividad, ni conocimientos de composición y construcción, ni de forma y volumen, ni de color y espacio, ni mensaje y propósito más allá del vestir… Si con esas mismas capacidades elaboraba una mala escultura entonces eso podía llegar a ser considerado arte (malo, aunque arte), pero si concebía un volumen textil formalmente innovador, hábitat antropomórfico temporal, visualmente gozoso… entonces era un modisto, un artesano. Prejuicios ideológicos de rancio sabor: como si los precios de las pinturas de Piet Mondrian o Max Ernst hubiesen sido accesibles al proletariado, en vez de ser pagados por el mismo capitalista cuya esposa vestía en Coco Chanel… El gesto de él era cultural e interesante, pero el de ella, mero capricho y superficialidad. Venga ya…

Los estamentos más esencialistas del arte considerarán este tipo de exposiciones como destinadas al consumo de un público que observa indumentarias para recordar lo visto en fotografías publicadas por revistas del corazón. Puede ser y, sin duda, sucede. Sin embargo, en ese público también suele haber una sabiduría específica que arrincona el cotilleo, un conocimiento acumulado que, a partir del oficio aprendido, el autodidactismo o el puro deseo, trasciende el anecdotario mundano para llegar a una experiencia estética… a su manera y mediante los recursos que disponen. No todo el mundo ha tenido la oportunidad de leer a Walter Benjamin.

Lógicamente, las exposiciones de indumentaria que presentan los museos de arte deben soslayar en sus discursos curatoriales la superficialidad mundana que puedan llevar adheridas las piezas mostradas. Sería útil aprovechar la predisposición espontánea de ese particular público para centrar su atención en los elementos comunes que el diseño de vestimentas comparte con otras vertientes de la creatividad, derivando el interés hacia los procesos constructivos y el resultado formal, la espacialidad antropomorfa y la geometría descriptiva, la incidencia de los materiales empleados, la psicología y la sociología del cuerpo, la intención simbólica del autor, la pretensión comunicativa del cliente, las texturas y las estampaciones, el movimiento y los efectos de la luz, el cromatismo y su combinación, el influjo de la iconografía pictórica o de la vestimenta popular…, sin olvidar el placer puramente sensorial. Es decir, más o menos lo mismo que cuando reflexionamos ante una pintura flamenca del siglo XV o una escultura de Benvenuto Cellini.

Existe una responsabilidad museística a ejercer y una cantera de visitantes a conquistar para otros ámbitos del arte, pero hay que trabajarlas. Sin duda, es más cómodo afirmar que ese público potencial carece de suficiente nivel o criterio cultural y, mirándolo por encima del hombro, desdeñarlo.

Como sucedió en la Academia, también en el Thyssen parece sentirse la necesidad de avalar, respaldar o justificar la presencia de un vestuario dentro del museo mediante su puesta en diálogo con pinturas históricas. Eso está bien, sobre todo tratándose de Balenciaga, pero no es necesario. La creación plasmada con textiles, construcción/confección, forma, espacio, texturas, cromatismo y cuerpo es suficiente. Ciertos hábitos museísticos están ahí para ser cambiados, no cada temporada, pero sí cada 150 años. Ya toca.

Urbanismo ponderado.

La propiedad del suelo urbano está sujeta a derechos y a obligaciones, como cualquier otro tipo de propiedad. Nadie niega al Obispado de Bilbao su deseo de sumarse a la modernización de Bilbao, aunque sería magnífico que no la limitara sólo al aprovechamiento del suelo edificable de su propiedad, ampliando esa modernidad a algunas prácticas de género y origen medieval que mantiene vigentes.

Por supuesto, está en su mano el entender tal modernización como quiera y más le convenga siempre que los procedimientos utilizados para ello se ajusten a derecho y a los mecanismos de transparencia a que obligan los asuntos relativos a la ciudad -esto es, a sus habitantes- y a su urbanismo -es decir, a la forma en que esos habitantes conviven en los espacios público y privado-.

Asimismo, es del todo comprensible que el Obispado quiera reunir en un solo lugar todos los servicios que ahora tiene diseminados por el territorio: centralizar la suma de sus actividades le reportaría un ahorro de esfuerzo y energía que ahora se ven obligados a dispersar, tanto los trabajadores que los atienden como las personas que los utilizan.

Siendo el Obispado propietario de la finca situada entre las calles Barraincúa, Lersundi y Heros -ocupada la mitad de ella por su Escuela de Magisterio y la otra mitad por un espacio recreativo/docente libre de edificación- tiene sentido que haya pensado en ese lugar como idóneo para ejercer su derecho a construir un edificio en el que -aportando un grano de arena a la modernización de la villa, entendida ésta como la colmatación de todo el espacio urbano existente (¿?)- concentrar sus actividades, incluida la propia residencia del Obispo, supongo, aunque miedo da que, si así sucede, tras salir del palacete ajardinado que tiene hoy cerca de la Basílica de Begoña, piense que en ese lugar podría levantar otro inmueble. Son muchos metros cúbicos, caso de recalificación…

De otra parte, los vecinos y el AMPA del Colegio Cervantes, inmediato a esa finca de la calle Heros, también tienen derecho a expresar sus aspiraciones y anhelos respecto a un lugar que, de ocuparse tal como se prevé, introduciría profundos cambios en el modo de vida del barrio. No niegan los derechos del Obispado, tan sólo manifiestan lo que les gustaría que ocurriera, un uso diferente cuya pertinencia justifican con razones que se podrán compartir o no, pero que no carecen de sentido común. Frente al “urbanismo estratégico” -grandilocuente concepto que aquí enmascara un edificio masivo- se pide un “urbanismo ponderado” en relación con las necesidades y el bienestar del Colegio y la zona.

Y más allá de escuchar que el proyecto “está dentro de la ley”, lo que a los vecinos y al AMPA les gustaría es conocer si lo argumentado en su día por el Obispado ante el Ayuntamiento, a la hora de solicitar el cambio de calificación del suelo urbano de su propiedad, se ajusta exactamente a lo que ahora pretende realizar. Y es que existe la sospecha de que ante el Ayuntamiento declaró que llevaría a cabo un proyecto determinado, en base al cual se consideró pertinente la recalificación urbanística, y que ahora, lograda la recalificación, ese proyecto ha cambiado sustancialmente, con lo que las razones que fundamentaron el cambio en el Plan General de Ordenación Urbana han dejado de avalar la decisión municipal tomada.

Parece que alguien mintió o no dijo toda la verdad (piadosamente, por supuesto) acerca de lo que pretendía o que alguien miró para otro lado al recalificar. Transparencia sería dar a conocer la solicitud presentada con los argumentos en base a los que el Ayuntamiento procedió al cambio de uso de ese espacio urbano. Resulta extraño, pero la municipalidad no lo muestra.

Si así fuera, se tendría sustancia suficiente para impugnar judicialmente la decisión urbanística, ya que podríamos encontrarnos ante un supuesto engaño a la administración pública. En consecuencia, el proyecto de edificación en ese solar y la venta a una mutua privada de la mitad de lo que se quiere edificar quedaría severamente cuestionado. Antes de seguir adelante, creo que tanto la Constructora Murias como Mutualia, y por supuesto el Obispado, deberían recapacitar y replantearse sus intenciones.

Javier González de Durana

Vecino del barrio y miembro de la Plataforma Vecinal por un Abando Habitable y Saludable

El anterior texto fue escrito para ser publicado en el periódico El Correo, de Bilbao, como réplica al artículo de opinión que apareció en la sección “Local” de dicho periódico el pasado día 19 de junio, miércoles, con el título de “Urbanismo estratégico” y firmado por Carlos García de Andoin.

A pesar de haberme puesto en contacto con los responsables de esa sección periodística en tres ocasiones los días 20 y 21, y de comunicarles que, en el ejercicio del derecho de réplica, quería dar a conocer un punto de vista diferente sobre el proyecto del Obispado mediante un texto ya elaborado, no conseguí que el periódico mostrara interés en ello.

De tal forma, para no dejar sin contestación a lo argumentado en el artículo de García de Andoin, publico en este blog lo que estaba destinado a ser leído en El Correo. Ese escrito, autolimitado a 700 palabras para tener encaje como artículo de opinión, dejaba fuera varias cuestiones que ahora, aquí sin restricción alguna al número de palabras, puedo incluir. Estas otras cuestiones eran las siguientes:

  • En el artículo de García de Andoin no se señala en calidad de qué esta persona interviene en el debate, siendo una mala praxis periodística no informar al pie del texto que el autor, en este caso, pertenece a una de las partes del conflicto, concretamente a la del Obispado, como director que es del Instituto Diocesano de Teología y Pastoral (IDTP) desde mayo de 2015;
  • Aunque dice que no serán viviendas de lujo, oculta que la primera intención del Obispado en 2017 era que sí fueran, precisamente, viviendas de alto standing y con la parroquia San Francisco Javier ubicada en la planta baja; de hecho, el alzado de la fachada del edificio diseñado por el estudio de arquitectura Katsura (reproducido aquí abajo) era para ese tipo de viviendas, llegando a ser presentado al Ayuntamiento el proyecto, si bien posteriormente el Obispado renunció a él; por cierto, es de imaginar que si el traslado de la parroquia de San Francisco Javier forma parte del plan eso significa que podría vender el inmueble que ocupa ahora en la calle Juan de  Ajuriaguerra; toda una operación inmobiliaria a varias bandas;
  • También elude mencionar que dentro del propio estamento eclesiástico local existe una oposición razonada al proyecto de construir “un Corte Inglés religioso”, como lo llaman, en este sensible solar, dada la gran cantidad de edificios religiosos sin apenas uso que posee el Obispado en Bilbao.

Vecinos de la zona más padres y madres del AMPA del Colegio Cervantes se han organizado legalmente en la Plataforma Vecinal por un Ensanche Habitable y Saludable, dispuestos a parar esta iniciativa que SÍ ha tenido hasta ahora un proceso oscuro. Considerando que lo mejor es dejar el sitio tal y como está para su uso público, el Ayuntamiento podría ofrecer al Obispado un solar equivalente en otro lugar de la Villa que compensara la adquisición de éste por medio de una negociación.

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Proyecto inicial del Obispado para construir viviendas de alto standing, con la parroquia de San Francisco Javier en planta baja; este proyecto fue presentado al Ayuntamiento en 2017, siendo retirado posteriormente.

Voracidad urbanística.

Aunque uno quiera referirse sólo a la arquitectura y sus circunstancias, resulta complicado abstraerse de los discutidos caminos que recorre el urbanismo en Bilbao durante los últimos tiempos. Son varias las ocasiones en que he abordado aquí cuestiones de tal naturaleza como fruto de decisiones extrañamente incomprensibles, cuando no directamente inaceptables más allá de cualquier atisbo de duda.

Bilbao vivió durante el cambio de milenio una etapa de cierto renacimiento urbano que consistió, básicamente, en enmendar errores anteriores -o eliminar aquellos que, sin haber sido considerados erróneos en el momento de su realización, terminaron siéndolo con el paso del tiempo- y en ganar para la ciudadanía las amplias áreas que fueron ocupadas en su día por la actividad fabril y portuaria. Eran años previos a la crisis de 2008 y posteriores al punto más bajo del colapso industrial que sufrió la industria siderometalúrgica. Durante década y media, más o menos, se disfrutó de una bonanza económica coincidente con la urgencia sentida por la ciudad de cara a reparar, ordenar, completar y planear muchos asuntos pendientes. La confluencia de recursos económicos suficientes (al menos en apariencia) y necesidades urbanísticas obvias dio lugar a éxitos que se aplaudieron, permitiendo elevar la calidad de vida de la ciudad y, consecuentemente, de los ciudadanos: el Metro, la recuperación de los márgenes de la ría y la depuración de sus aguas, nuevos viales alrededor de la ciudad, el puerto exterior… Indudablemente, la presencia de políticos y técnicos capaces y con clara visión de los objetivos a conseguir permitió alcanzar las metas anheladas. Injusto sería no recordar al ministro Josep Borrell y su idea de crear un organismo (Bilbao Ría 2000) en el que todas las administraciones públicas reunieran sus terrenos para gestionarlos como una sola propiedad en beneficio de la ciudad, en vez de gestionar cada una su suelo en exclusivo provecho propio.

Con ese capital de crédito acumulado, las autoridades posteriores, en  particular las municipales, han considerado que disponen de potestad incontestable para tomar decisiones que, al amparo del lema “como lo hecho hasta ahora, seguimos mejorando Bilbao”, han venido derivando su gestión de la ciudad hacia una especie de despotismo ilustrado con el que se proclama continuar actuando por el bien de la comunidad, pero de hecho haciéndolo sin velar siempre por lo más conveniente para sus habitantes. Por supuesto, también sin consultarles antes de la toma de unas decisiones que, a veces, buscan corregir o financiar fallidos cálculos institucionales porque, finalmente, aquello de que había recursos suficientes no debió de ser tan exacto, con independencia de que la crisis del 2008 y el estallido de la burbuja inmobiliaria pillara por sorpresa a todos; una de dos: o no se calcularon bien las fuerzas propias o no se ha gastado el dinero público con la racionalidad debida.

Cierta finura y esmero patentes en los años 90 han devenido en actuaciones toscas y, hasta cierto punto, brutales. Los diseños urbanos medidos con generosidad y elegancia, fundados en un saludable espíritu cívico, no supeditado a la rentabilidad económica sino a la satisfacción social (que es otra forma de rentabilidad), prácticamente han desaparecido de la acción pública hoy para dar paso a un “impongo y mando, me lleve por delante lo que me lleve”, sea una plaza-rotonda, un espacio docente o un sitio histórico. El interés público de hace 25 años ha cedido ante el afán especulativo alentado desde instancias municipales. La elegancia y la espacialidad manifiestas en Abandoibarra y Amézola no están teniendo continuidad en las ásperas y abrumadoras operaciones de Garellano y Bolueta. Algunos de los técnicos en las áreas de gestión urbana siguen siendo las mismos, pero los políticos son diferentes. ¿Es culpa, por tanto, sólo de estos últimos o existen otras circunstancias que explican el cambio de rumbo?

Estas reflexiones vienen al hilo del plan para construir tres bloques de hasta trece plantas con 230 viviendas de precio libre en lo que actualmente es la rotonda del puente Euskalduna, en el lado de Deusto. Una rotonda consolidada desde hace 22 años como un adecuado espacio publico ordenador de los tráficos que confluyen en él y cuyo suelo se va a privatizar tras ponerlo en venta y construir sobre él los bloques de viviendas que inicialmente se previó fueran levantados en San Ignacio a lo largo de terrenos ganados al agua del canal con rellenos que ocuparían el espacio ribereño comprendido entre el edificio de IDOM (antiguo depósito franco) y Elorrieta. Unos bloques a los que la oposición vecinal descubrió incumplimiento de determinados trámites preceptivos, lo que les permitió pleitear, pero cuya motivación principal fue que no se alterara y redujera la espléndida lámina de agua fruto de la confluencia de ría y canal. Un paisaje industrial maltratado especialmente en esa sensible zona histórica de Elorrieta-Zorroza.

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Punta Norte de Zorrozaurre con el futuro puente y, a su izquierda, el edificio de IDOM; a la izquierda de éste, la ribera que no se rellenará.
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Ribera de Elorrieta que se pretendía rellenar para levantar nuevas construcciones hasta su encuentro con el edificio de IDOM, al fondo.

Ejemplo modélico de actuación ciudadana, la Asociación de Vecinos “El Canal” se opuso a lo que consideró un exceso y un desorden, encontrando la manera de paralizarlo mediante resolución judicial.

Sin embargo, la gestión urbanística de Zorrotzaurre contaba con los ingresos por la venta de ese suelo en aquel momento inexistente y, al verse impedida para actuar en esa ribera del canal, decidió vender otro suelo, el de la rotonda de Euskalduna, a 2 kms de distancia aguas arriba, para que se construyan los bloques de viviendas que, por su ubicación y número, permitirán obtener algunos de los ingresos que ya temblaban en las hojas de cálculo.

Evidentemente, se privatiza un espacio público. Evidentemente, sabemos bien que esos ingresos derivados por la venta de la rotonda se invertirán en adecuar y mejorar otros espacios urbanos o habilitar infraestructuras para el Zorrotzaurre futuro o en algún punto degradado de la ciudad, pero ¿no resulta paradójico que para lograr la mejora de una área urbana se tenga que deteriorar otra que ya está consolidada? ¿no se pone de manifiesto la existencia de fallos en las previsiones económicas y en las actuaciones legales y que ahora, inesperadamente, sus consecuencias las sufrirá un punto de la ciudad que nunca se previó fuera a modificarse tal y como ha sido durante más de dos décadas, de hecho, desde que el puente del ingeniero Javier Manterola entró en servicio?

Quizás ahora nos quieran hacer creer que esa rotonda se hizo con carácter “provisional” a la espera de un futuro urbanístico que ya ha llegado. Espero que no. En 1997 el Zorrotzaurre manhattaniano y la apertura del canal no estaban aún en ninguna agenda. El Plan General de Ordenación Urbana de Bilbao, aprobado en 1995, cambió el uso industrial de Zorrotzaurre por el residencial, a la vez que dejaba a la redacción de un futuro Plan Especial la definición del diseño urbano del área. El Plan de Zaha Hadid, elaborado en 2004 y revisado en 2007, incorporó por primera vez la apertura completa del canal, dejando tal como eran y son las inmediaciones del puente.

Hace poco leí que en la actualidad los edificios se construyen con una previsión de vida media de 35 años. Si se argumentara la provisionalidad del área de desembarco del puente Euskalduna en Deusto habríamos logrado algo más llamativo que una vida de tres décadas y media para la arquitectura que se levanta hoy: rotondas urbanas que, en el centro de una ciudad, sólo sobreviven poco más de dos décadas. En este Bilbao nos adelantamos al futuro y abreviamos los plazos de lo contingente y la disfuncionalidad.

Hace meses que se conoce lo que se pretende llevar a cabo en la rotonda de Euskalduna, entonces ¿por qué aquí no se produce la oposición vecinal -al menos por el momento- que sí se levantó en San Ignacio? En este punto la presencia de esos tres bloques resultará mucho más perturbadora de lo que hubiese sido en San Ignacio. Por tanto, ¿qué sucede? ¿tienen los vecinos de Deusto una menor conciencia de barrio que los de San Ignacio? ¿son menos responsables como ciudadanía ante un mismo atropello urbanístico?

La clave de la cuestión reside en el entorno inmediato…, y en una ceguera colectiva a largo plazo. En San Ignacio hay vecinos residentes que hubiesen sido afectados directa e instantáneamente por la irrupción de esa muralla construida. En la rotonda, sin embargo, el vecindario más inmediato no queda cerca porque la primera línea de edificación está ocupada por inmuebles de talleres y almacenes, en un lado, por el Igualatorio Médico Quirúrgico, en otro lado, y por un polideportivo y un centro escolar, en el tercer costado. Ni a unos ni a otros les afecta lo que exista en el exterior -al menos eso creen- o suponen que la incidencia para ellos será menor al desenvolverse su tiempo  en ámbitos laborales. Sin embargo, la afección resultará elevada e intensa. El trafico se incrementará, debiendo fluir por un espacio circulatorio mucho más reducido y esto repercutirá en las calles aledañas y subsecuentemente en buena parte de Deusto. El acceso a la isla de Zorrotzaurre por el único puente en esa zona, el de Frank O. Gehry (tras eliminarse otro puente -¿por qué?- que estuvo inicialmente previsto como continuación de la ribera de Botica Vieja), se verá obstruido a menudo por previsibles colapsos de tráfico en un cuello de botella.

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En fin, terminaré poniendo un ejemplo exagerado, pero que permite entender la situación. Si alguna vez el Ayuntamiento de Bilbao, para resolver sus problemas financieros o los de sus organismos gestores, decide vender parte del suelo del parque de Doña Casilda o del Arenal o de la plaza Elíptica, asegurando al comprador su recalificación como edificable, ¿veríamos bien que lo hiciera? Claro que no, se dirá, no es lo mismo la plaza Elíptica que la rotonda de Euskalduna, una es hermosa e histórica, la otra sólo tiene 20 años y conserva parte del aspecto suburbial que le caracterizó durante años, pero considerándolos sólo como espacios urbanos, públicos, funcionales y consolidados, ¿no es insensato que cualquiera de los dos desaparezca por la vía de su privatización?

Espero que no sean cuestiones como esta lo algunos munícipes entienden por “la ciudad como producto”. Este concepto engloba un conjunto de variables que tienen que ver con la calidad de vida, la racionalidad a la hora de proyectar el espacio público y, cada vez más, con aspectos medioambientales; en modo alguno tiene que ver con vender el espacio público a trozos. Ninguna ciudad puede tener buena reputación en todo, pero el equilibrio de su modelo es lo que va a definir en un futuro cercano su fortaleza económica basada, entre otros factores, en un buen diseño urbano. Aquí no lo hay, sinceramente.

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Cartela, de autoría anónima, aparecida en Zorrotzaurre recientemente.

 

Exprimir el espacio urbano.

La zona del Ensanche comprendida entre las calles Henao (recta) y la Alameda de Mazarredo (curva) está viendo modificaciones que buscan sacarle jugo hasta el último metro cuadrado de espacio edificable y comercializar el espacio público. Menciono a continuación las operaciones en marcha que colmatarán el espacio urbano hasta no dejar respiro a la cuadrícula de Alzola-Hoffmeyer-Achúcarro:

1.- Derribo (con preservación de las fachadas) del inmueble situado en la esquina de Henao con Ercilla, sí, ese edificio (arq. Julio Saracibar, 1878) que fue sede de la Cámara de la Propiedad Urbana y que portaba una placa exterior indicativa de haber sido el primero en construirse en el Ensanche tras la aprobación de su plan urbano en 1876; recordemos que se trataba de un inmueble de sótano, planta baja y un piso con un posterior levante de dos plantas más, pero que, aún así, conservaba bastante menor altura que los colindantes; pues bien, la actuación que vemos en marcha, despreciando el interior arquitectónico (¡viva la protección del patrimonio!), busca ganar otras tres o cuatro plantas por encima de su histórica cornisa, emparejando la nueva con la de los edificios vecinos; que el inmueble fuera una pieza arquitectónica notable y hubiese merecido ese reconocimiento con una placa para la ilustración ciudadana, probablemente colocada por el propio Ayuntamiento en su día, no ha servido para que sobreviva; estaremos atentos a la nueva placa que vayan a colocar una vez acabado el actual destripamiento/acrecentamiento; iniciativa privada;

2.- Idéntica operación en el centro de distrito de Barraincúa, antiguo lavadero diseñado por el arquitecto municipal Edesio Garamendi en 1898, es decir, derribo interior (ya reformado en los años 80 con poca fortuna) y nuevo levantamiento entre medianeras hasta equiparar alturas, con conservación de la fachada; está prevista su inauguración para una fecha próxima; iniciativa municipal;

3.- Si bien las dos operaciones anteriores aún están en marcha, no puede dejar de incluirle en este grupo la reciente colmatación del solar donde estaba el pequeño edificio Instituto Foral de Asistencia Social (IFAS), en el encuentro de Mazarredo con Uribitarte, frente al comienzo de la calle Heros, actualmente ocupado por un gigantesco edificio con hotel y viviendas que supera con mucho la alineación de las cornisas en esa manzana; iniciativa privada.

4.- La más agresiva de esta clase de operaciones es la colmatación del patio de la Escuela de Magisterio Begoñako Andra Mari BAM, dependiente del Obispado de Bilbao, entre las calles Barraincúa, Heros y Lersundi. Aquí no se trata de derribar total o parcialmente un edificio histórico, lo que ya sería bastante lamentable, sino de edificar en un solar libre de toda construcción. Se trata de un espacio que, además, en el Plan General estuvo catalogado para su preservación como “equipamental” con función docente, condición que le fue modificada mediante reforma del PGOU de Bilbao el 28 de junio de 2018 por el Pleno Municipal, al pasar de “equipamiento docente” a “otros equipamientos” a solicitud del Obispado.

La propuesta construcción presentada por la entidad religiosa no deja respiro al lugar, pues se trata de un proyecto que consta de 5 sótanos y 8 plantas en su punto mas alto (planta baja más 7), con una ocupación intensiva en superficie, al servirse de la totalidad de la parcela hasta el límite de las aceras públicas, y en elevación, al superar la altura de los edificios colindantes. El argumento esgrimido y avalado por los técnicos y políticos municipales era que, a pesar del cambio, el uso del futuro edificio, caso de construirse, no cambiaría su naturaleza, pues la Escuela de Magisterio permanecería en el inmueble existente, junto con algunos archivos históricos eclesiásticos, ya que esta recalificación, aprobada mediante el levantamiento del veto como uso educativo, se hizo para facilitar la implantación de un determinado “proyecto cultural”.

El proyecto inicial del Obispado, según afirmaba, era unificar los servicios diocesanos en una sola ubicación. Así presentó este proyecto, denominado Bizkeliza Etxea, al Ayuntamiento para conseguir que se recalificara el uso de suelo. Sin embargo, recientemente la Diócesis de Bilbao y Mutualia anunciaron que el Obispado vende la mitad del edificio que planea levantar a la constructora Murias Grupo y a Mutualia. La Escuela de Magisterio BAM sería demolida para posibilitar una actuación integrada en toda la propiedad: patio + solar con edificación. Hoy queda claro que aquella motivación cultural escondía la venta de casi la mitad de la edificabilidad conseguida por el Obispado a Mutualia y a Murias Grupo. Es decir, el Ayuntamiento ha favorecido al Obispado aprobando un cambio de uso para que éste lo venda a un tercero, consiguiendo así un enorme beneficio económico.

La parcela  de 2.033 m2 donde se ubica la Escuela de Magisterio BAM, con una superficie construida actualmente de 4.786 m2, pasa según el Estudio de Detalle aprobado a 13.543 m2, de los cuales se quiere vender el 44% (6.000 m2). Si esto no es un pelotazo urbanístico…, pues se le parece mucho: “Y mi casa será casa de oración, pero vosotros la
habéis convertido en una cueva de ladrones” (Lucas  19:46).

Ahora se ha descubierto que el edificio del Obispado, Bizkeliza Etxea, necesita para sus servicios culturales sólo 7.543 m2 y que, por tanto, existe la posibilidad de compatibilizar las necesidades de la Diócesis (propietaria) con las necesidades del barrio, mediante la construcción de un edificio más pequeño (o la adecuación del existente) y la cesión de una parte de la parcela para su conversión en un espacio libre público.

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Aspecto que se pretende dar al nuevo edificio en su fachada a la calle Heros, según proyecto del estudio Katsura, el cual, habiendo tenido en su web esta información (de ahí se obtuvo la imagen), actualmente ya no lo presenta. La web Construcciones Murias S.A. tampoco lo menciona.

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A la intención de iniciar las obras el próximo agosto se llegará tras un recorrido poco claro. Una obra de esta envergadura (8 plantas y 5 sótanos) no puede ser aprobada por la puerta de atrás y con opacidad, mucho menos teniendo en cuenta el fuerte impacto social y ambiental que generaría este proyecto. A este propósito debe recordarse que al otro lado de la calle Lersundi se encuentra el Colegio Público Cervantes Ikastetxea (arqs. Gregorio Ibarreche y Enrique Epalza, 1903) y que, a diferencia del colegio privado regido por las monjas carmelitas desde principios de los años 40 y ahora por el Obispado, nunca tuvo el privilegio de contar con un patio arbolado de recreo al aire libre para sus alumnos. Nadie vea en este apunte algún tipo de resentimiento de clase.

Si finalmente se construye este proyecto, se perderá la última oportunidad que existe en el barrio de Abando de conseguir un espacio público de proximidad (a menos de 300 metros de las viviendas), que tanto necesitan las personas mayores y la infancia de la zona, incluido el alumnado del Colegio Público Cervantes Ikastetxea, que cuenta con muy escasos espacios para el juego al aire libre. Así lo indican los estudios previos y el Avance del Plan General de Ordenación Urbana del propio Ayuntamiento, que señala esta zona como prioritaria para la obtención de espacios verdes de cercanía. Asimismo, la construcción de un edificio de 8 plantas frente al Colegio privará a sus aulas de luz natural, de gran importancia para la salud del alumnado, como demuestran numerosos estudios.

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Aspecto que podría tener el lugar si se abriera al barrio, a la izquierda, en gris, el edificio del Obispado, al fondo, en ocre, el Colegio Cervantes.
estado actual
Aspecto que muestras el patio en la actualidad.

El hecho es que la muy activa e interesante AMPA del Colegio Público Cervantes Ikastetxea, así como antiguas alumnas y vecinos afectados y preocupados por el proyecto, han venido pidiendo información a través de todos los canales posibles desde que en marzo de 2018 se conoció por la prensa que el proyecto del edificio Bizkeliza Etxea estaba en marcha: en diferentes reuniones, alegaciones al Plan General de Ordenación Urbana y escritos (a través del Consejo de Distrito de Abando, en reuniones con concejales y en escritos dirigidos al propio Obispado). En más de un año no se han obtenido respuestas claras y en todos los casos se ha dicho que no existía un proyecto, que era un tema a largo plazo y que se informaría cuando hubiese alguna novedad, cuando lo cierto es que ya se estaba tramitando y aprobando el negocio. Esto ocurre en una ciudad que se vanagloria de su transparencia en la gestión municipal; es obvio que en este caso no se han respetado los mínimos derechos de participación de la ciudadanía.

Mañana, martes 11 de junio, a las 16’45, tendrá lugar una manifestación en defensa de un barrio de Abando habitable y saludable. Están todos invitados a participar. Así puede que el Ayuntamiento llegue a entender que antes de tomar decisiones como ésta, o como la peatonalización-comercialización (camuflada tras el guiño turístico-cultural) de la calle Iparraguirre, debe escuchar a sus vecinos.

Hay que poner coto y límite a este afán especulativo sobre cada centímetro cuadrado de suelo urbano, a la enorme presión sufrida por los vecinos de la zona por tres actuaciones muy próximas entre sí (IFAS + centro de distrito + obispado) que asfixian la convivencia, atascan las calles y amazacotan el espacio. Luego, sí, algunas autoridades viajaran a Londres y, a la vista de los pequeños jardines y áreas de reposo diseminados que jalonan encuentros de calles y rincones urbanos, se preguntarán por qué no existe algo semejante, tan agradable, en Bilbao.

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No eludir lo que es.

 

No-eludir-lo-que-es_imagen-webEl arte es algo sano y sus leyes son generales. No eludimos lo que es. Los grandes tomaron cosas del suelo y construyeron con ellas. Hay elementos primarios y derivados. Todos sentimos la alegría de utilizarlos. No puede haber trabajo plástico sin él. Una estética, una obra de arte son principalmente sistemas. Una actitud no es un sistema. El genio es una cosa individual y fatal. El genio se expresa utilizando sistemas. No hay obra de arte sin un sistema.

A. OZENFANT y Ch.-E. JEANNERET. “Sur la plastique”, en L’esprit nouveau, nº 1, París, 1919, p. 48.

La buena arquitectura exige tanto de la razón como de la emoción. No se duda que, para lograrla, se requiere de un impulso creativo en el arquitecto, incluso hoy en día, cuando reglamentos y normativas acorralan esa creatividad casi hasta la asfixia.

La arquitectura fue, históricamente, el arte del que surgieron las demás artes. El suyo alimentaba y sostenía otras artes que se incorporaban a ella, completándola. El arquitecto, en ocasiones, integraba en su persona esas otras facultades artísticas, siendo además pintor, escultor…

Alcanzada la autonomía de las artes, independizadas estas del muro, el arquitecto se centró en la firmeza tectónica y la utilidad espacial, aspectos en los que también se le demandaba creatividad para que el resultado provocara efectos visualmente satisfactorios.

Sin embargo, aunque la fuerte exigencia del dibujo ha estado presente en la formación académica del arquitecto hasta hace muy poco tiempo, la distancia del profesional respecto de las otras artes ha ido ensanchándose y, así, encontrar hoy arquitectos que, al mismo tiempo, se sientan artistas… es infrecuente y se confiesan técnicos.

Esta exposición muestra la obra de algunos arquitectos, pasados y actuales, que han sentido la necesidad de desarrollar un camino de creación artística paralelo al necesario para diseñar edificios. Esto último, en sus casos particulares, no ha satisfecho por completo el aliento creativo que tienen… y para agotar ese desbordamiento de creatividad han vertido tiempo y dedicación a la pintura, la escultura, el dibujo, el grabado…

En algunos casos se pueden encontrar correspondencias entre lo que diseñan como arquitectos y lo que realizan como artistas, pero en la mayoría de los casos un asunto y otro tienen poco que ver, como si, a pesar de haber surgido del mismo individuo, pertenecieran a sensibilidades diferentes o, al menos, a sensibilidades con capacidad para actuar en un doble registro. Esa diferencia, precisamente, pudo y puede ser el necesario contrapunto para comprender mejor los edificios que idearon.

José Luis Burgos y yo, comisarios de esta exposición para la Delegación en Bizkaia del Colegio Oficial de Arquitectos Vasco-Navarro,  hemos seleccionado cinco arquitectos históricos (Manuel Mª Smith, Jesús Rafael Basterretxea, Rafael Aburto, Ricardo Beascoa, Juan Daniel Fullaondo) y cinco arquitectos actuales (José Luis Burgos, Ander Marquet, Javier Bengoa-Mungi, Chela Grijelmo y Javier Idirin), todos ellos colegiados en Bizkaia, para mostrar esa otra faceta creadora y artística en la que -contradiciendo a Le Corbusier y Ozenfant justo 100 años después- no parecen pretender mostrarse como genios, pero sí como dueños de un sistema, el que da sentido a sus vidas.

Smith es el arquitecto cuyas creaciones pictóricas, resueltas a la acuarela, más se asemejan a lo que después se convertían en elementos arquitectónicos. Tenía algo así como visiones de ambientes caracterizados por elementos que, en primera instancia, podían parecer cercanos a la fantasía neo-medievalista de William Morris y el Arts & Crafts británico, y que, lejos de no intentar materializar esas visiones, habitualmente lograba que terminaran adquiriendo forma, siendo realidad y configurando ésta para placer de sus clientes. La diferencia entre lo imaginado y lo realizado apenas existía, a pesar de que en el camino entre uno y otro intervenían necesariamente artesanos de oficios variados. Tanta fantasía era compensada con el análisis de monumentos históricos que dibujaba con la precisión del científico.

Basterretxea, quien siempre fue pintor, como sucedió a otros colegas que practicaron la pintura con discontinuidad en el tiempo, sólo la pudo trabajar en su juventud y en la madurez, con un largo intermedio de varias décadas entregadas a la arquitectura. Autor de la Escuela de Ingenieros y la Facultad de Económicas, su estilo pictórico figurativo no tenía nada que ver con el moderno espacialismo de la primera ni con el organicismo funcionalista de la segunda, pues bebía en fuentes de épocas anteriores, concretamente en el posimpresionismo, pudiendo reconocerse las huellas de Paul Gauguin y Juan Echevarría (lo que vendría a ser lo mismo), con leves acentos metafísicos italianizantes y ecos campestres vistos en Godofredo Ortega Muñoz.

Aburto mantuvo su pintura alejada de su trabajo como arquitecto, aunque en el caso de la pintura de 1961 para la Basílica de Aránzazu la obra tenía un destino arquitectónico (el retablo en el amplio ábside del templo) que no pudo alcanzar porque el concurso lo ganó Lucio Muñoz. No obstante Aburto mereció un accésit. Su trayectoria como pintor tuvo etapas diferentes con netos contrastes de estilo, como lo prueban las dos piezas presentes en esta exposición: la fraccionada geometría de cariz expresionista y colorido casi pre-pop (un anuncio de lo que fue poco después su edificio de viviendas en Neguri) y un bodegón de flores carnosas y barroco claroscuro.

aburto para aranzazu
Rafael Aburto. “Proyecto para la Basílica de Aránzazu”, 1961. Óleo / tabla, 124’5 x 163’5 cm.

Los dibujos de Beascoa, tomados siempre del natural, manifiestan devoción por la arquitectura y por el paisaje, sobre todo por lo primero. Con su evocador y habilidoso manejo del lápiz realizó dibujos muy descriptivos y detallados en sus contenidos centrales, pero que se desinteresan por precisar absolutamente todo lo contemplado, insinuando la prolongación del asunto por los bordes del papel. Atraído por la arquitectura popular de Mundaka y los edificios de viviendas del Ensanche bilbaíno, Beascoa se entregó a dibujar con suma delicadeza el pintoresquismo urbano de lo primero y la riqueza majestuosa de las fachadas de algunas construcciones de lo segundo.

Fullaondo fue autor de una obra pictórica sorprendente tanto por la calidad y singular personalidad que manifiestó en ella como por la aparente distancia que mediaba entre el imaginario que elaboraba y sus mundos arquitectónico, académico, intelectual… Estrecho amigo de Oteiza y Chillida, creador de edificios brutalistas, director de la revista Nueva Forma…, resulta inesperado encontrar en él a un creador de imágenes en las que mezclaba el dibujo clasicista y el componente surreal, un constructor de collages con ascendientes dadaistas y paisajes con fuerte impronta onírica. También se acercó a la escultura y sus reflexiones sobre el poliedro de la Melancolía de Durero o su colaboración con Oteiza conviven con el naturalismo figurativo del homenaje a Isamu Noguchi. Inesperado, chocante…, aunque quizás no tanto.

personajes en verde
Juan Daniel Fullaondo. “Ejercicios gimnásticos 1″, 1975-1985. Técnica mixta / cartulina, 45 x 61’5 cm.

Burgos se desenvuelve entre el paisaje y el retrato, para lo cual adopta formatos y técnicas distintas. La voluntad por capturar el paisaje en su más amplia extensión le conduce a soluciones marcadamente apaisadas en las que la línea del horizonte, más o menos interrumpida por presencias urbanas o marítimas, recorre el centro de la imagen. En estos dibujos recupera la técnica, muy empleada por los maestros del barroco, de plumilla y aguada con tinta sepia, consiguiendo un contacto muy directo entre el autor del dibujo y quien lo contempla.La tinta prescinde del color y la descripción del fondo, desde la distancia, es casi sólo topográfica. En los retratos utiliza el óleo y la contemplación es próxima, frontal e inmediata. El color se amortigua y la captura del gesto personal que denota un carácter es el objetivo.

Marquet reflexiona visualmente con series de temas. No son muchos, pero recorren un amplio espectro pues van desde la abstracción matérica hasta la figuración expresionista. Los elabora con minuciosidad, aparentemente en un estado de parsimoniosa delectación, como saboreando -quizás sufriendo- el exorcismo del que resultará una liberación, la de acabarlos con la duda de si estarán acabados lo cual le obliga no a buscar la certeza del final, sino la seguridad de un nuevo comienzo. Esta serie nos muestra al dibujante que, con variadas técnicas, es capaz de sintetizar la anatomía y el gesto de manos implorantes, orantes, exigentes… Sus cuadernos encierran cascadas de imágenes, mundos de seres, formas, colores, líneas, manchas… que esperan ser contemplados y traducidos.

F041, Artesano con ornamento, 141x141 cm, mixta sobre madera
Ander Marquet. “Artesano con ornamento (F041)”, 2004. Técnica mixta / madera, 141×141 cm.

BengoaMungi despliega su trabajo entre la línea delgada del dibujo, escueta y sintética, sin principio ni fin, y el desbordamiento cromático de murales que, en una segunda versión, traslada a impresiones fotográficas. El humor no se halla ausente en sus composiciones, como en el caso de la chica que baila la lambada, en donde mezcla dibujo, espacio (Alexander Calder dijo aquello de dibujar en el aire), teatro de sombras y escultura cinética. La negra danza del diablo y las festivas visiones subacuáticas son dos ejemplos de una imaginación y facilidad de ejecución que parecen no atenerse a límites. En su caso, las obras tienen más que ver con su faceta docente que con la de arquitecto.

Grijelmo muestra un repertorio de acuarelas en las que pone en evidencia su exactitud para el toque de pincel junto con el aprecio por los sencillos bodegones con limones sobre platos o ante ventanas, la anatomía del exoesqueleto articulado en los crustáceos y la arquitectura de los faros bajo el sol mediterráneo, elevándose sobre la tierra ocre y verde, en contraste con el cielo de nubes tormentosas. Son obras realizadas por y desde el placer de poder pintarlas, elaboradas con calma y tiempo por delante y que quedan como instantes de goce visual detenido.

Idirin prefiere trabajar con diversas técnicas del grabado, conformando polípticos que, a veces, repiten una misma imagen con grados diferentes de color e intensidad. Temáticamente realiza una aproximación a asuntos de la naturaleza manipulada, como las canteras, y a la arquitectura tomada como volumen y fragmento de forma urbana compuesta sin intención descriptiva literal. Sus cuadernos de dibujos encierran imágenes deslumbrantes realizadas durante viajes por tierras de las que captura paisajes y pueblos alejados de lo pintoresco para acercarse a la armonía de la relación entre lo natural y lo artificial.

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Exposición en la Delegación de Bizkaia del Colegio Oficial de Arquitectos Vasco-Navarro.

Alameda de Mazarredo 69-71 bajo. Bilbao 48009.

Hasta el 28 de junio. De lunes a viernes, entre las 9:00  y las 14:00 horas.