Foster y Uriarte cambian y definen.

foster maqueta

El pasado 16 de diciembre, lunes, se presentó en el Museo de Bellas Artes de Bilbao el avance del proyecto para la ampliación de dicho museo redactado por los equipos de Foster+Partners + LM Uriarte Arkitektura, cuyo propuesta resultó ganadora en el concurso convocado y resuelto durante la primera mitad del año 2019. En este blog analizamos, con motivo de su exposición pública, las seis propuestas que resultaron seleccionadas, tanto la de los ya mencionados, como las de Rafael Moneo, BIG + Azab, Nieto Sobejano, SANAA + Aurrekoetxea y Snøhetta + Foraster.

Esta nueva presentación ofrece la oportunidad de revisar la propuesta ganadora a la luz de los cambios que sus autores han introducido en ella recientemente y que, es de imaginar, no serán los únicos según la redacción del proyecto vaya avanzando. La ocasión es buena para comprender la manera en que se producen reajustes y modificaciones -sin mayores reservas una vez la adjudicación del trabajo está asignada- en respuesta a las dificultades técnicas que se van presentando y los requerimientos del cliente según el programa de contenidos adquiere mayor definición.

De momento, quienes definen son los arquitectos y, por ese motivo, cambian algunos aspectos que plantearon en su primera propuesta. Hay que admitir estas modificaciones con absoluta normalidad. Como digo, cabe suponer que habrá más. Antes de entrar a analizarlas, resulta interesante comentar el comunicado de prensa emitido por el museo con este motivo.

En primer lugar, la referencia a Aurelio Arteta y su pintura El puente de Burceña, citada por Foster como “una metáfora que sitúa en la comprensión del pasado uno de los puentes fundamentales para poder construir el futuro”, parece un muy forzado intento por ligar el pasado artístico de Bilbao y la colección del museo con el proyecto de ampliación que se persigue. No creo que haya sido idea suya. Este tipo de encajes “literarios y artísticos”, meros adornos de contexto con los que se quiere decir que la estrella mundial de la arquitectura no es ajena a la cultura local, deberían usarse con más cuidado porque corren el riesgo de resultar impostados, como es el caso.

En segundo lugar, el comunicado de prensa nos desvela en un párrafo el dictamen del Jurado que resume las fortalezas observadas en aquella primera propuesta que mereció ser elegida. Es una revelación que debería ampliarse a las otras cinco propuestas, dando a conocer los dictámenes respectivos. El de Foster-Uriarte dice así: “Tecnológica en su imagen, humanística en su enfoque y ecológica en su sostenibilidad, la propuesta aúna calidad arquitectónica, sensibilidad urbana y responsabilidad social para levantar un hito luminoso y leve en el corazón histórico de Bilbao”. No resulta muy específico ni esclarecedor al moverse en el territorio de las grandes palabras genéricas, en la esfera de los conceptos amplios y elevados. Si no hay más, resulta un tanto decepcionante.

Curiosamente, el comunicado de prensa no dice ni una sola palabra acerca de las variantes introducidas en la propuesta actualizada. Tan sólo se apunta que en el acto de presentación el Diputado General destacó “las más que notables mejoras en la funcionalidad y visibilidad del museo al condensar en un solo volumen el plan de necesidades, así como su consideración hacia los visitantes y la enorme sensibilidad ambiental de un proyecto al servicio de la ciudadanía”. La primera parte de la frase algo dice, no mucho, pero, en fin, algo es.

Veamos. La novedad más importante es la ganancia de 2.000 m2 para administración y servicios al convertir la planta baja del nuevo cuerpo volado -situada justo debajo de la gran sala de exposiciones y que antes cumplía un cometido puramente estructural- en una superficie practicable para la actividad de personas. Esto tiene una causa y varias consecuencias. La causa es la eliminación de la fila intermedia de pilares en V que sostendrá ese cuerpo volado. Al pasar a apoyarse todo el volumen solamente en las dos filas de pilares situadas en los extremos -como un enorme puente, ¿de aquí viene la idea de utilizar la pintura de Arteta?-, la estructura es obligada a reforzarse, necesitando mayor espacio para su desarrollo, lo que significa más altura en esa planta baja de la que requerían sólo las necesidades estructurales previas con la fila de pilares intermedios. Esa mayor altura es la que convierte ahora dicha planta baja en funcional para actividades laborales y educativas.

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La primera consecuencia, además de esa ganancia de 2.000 m2, es que desaparecen los aproximadamente 700 m2 de entreplanta en la sala nueva que se preveían destinados a oficinas, sala polivalente y punto de café. Ello deriva, a su vez, en que todo el nuevo espacio expositivo de mayor altura será visto como un sólo ámbito. Un espacio colindante, más pequeño y de menor altura, se hallará en la sección Norte, zona próxima a las cubiertas del edificio delantero de 1945.

Como todo el volumen adquiere altura, para intentar no sobrepasar la que se marcaron en la primera propuesta (y quizás por las presiones de los vecinos), se despliegan dos actuaciones paralelas: (a) la ya mencionada de que la zona cercana al edificio histórico sea más bajo para que no avasalle la recuperada fachada clasicista, con lo que la anterior cubierta única queda ahora dividida en dos niveles y (b) que todo el cuerpo se aproxima a los edificios históricos, reduciendo el espacio vacío entre lo nuevo y lo preexistente. La idea de flotación del nuevo cuerpo queda, así, afectada, según me parece. Al eliminarse los apoyos centrales, el edificio histórico queda liberado de interferencias en la inmediación del pasaje de columnatas.

Consecuencias secundarias tienen que ver con la reordenación de tareas y funciones en las áreas administrativas y de conservación, al desalojar oficinas del subsuelo para entregar esos espacios de cerca de 1.000 m2 a los almacenes. Internamente, el museo y sus trabajadores ganarán en amplitud y comodidad: “Ahora este espacio puede ser habitable. Ya no hace falta crear otro edificio”, aseguran los arquitectos. Crearlo o alquilarlo en otro lugar parecía algo ineludible a la vista de las necesidades, pero, sin duda, es mucho mejor que todas sus instalaciones se hallen integradas.

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Una de las cuestiones que se plantean como nuevas es la relativa a la conservación de la escalera de mármol: “No vamos a desmontarla- dice Foster-. Vamos a hacer una suave rampa que nos hace deslizarnos por debajo. Es una solución mejor a nivel patrimonial y también financiero”. Rectificando sus dos planteamientos iniciales, ahora optan por la conservación integral de la hermosa escalinata y por hacer pasar al público por debajo de su rellano para llegar a la plaza de Arriaga. Se habla de una suave rampa que descendería para aproximar cotas entre el viejo y el nuevo vestíbulo. Sin embargo, en los planos de las secciones longitudinal y transversal esa rampa no se ve y lo que muestran es que sí se toca la escalera al levantar el rellano bajo el ventanal hasta ponerlo al nivel del borde inferior de este gran vano, alargando el primer tramo de escaleras. Lo cual, dicho sea de paso, no se concilia con lo que manifiesta el render que muestra cómo quedará el viejo vestíbulo. La imagen de este render es imposible. La actual posición del rellano de la escalinata no permite pasar por debajo de ella, incluso con rampa a no ser que esta inicie su descenso en el centro del viejo vestíbulo… y aún así. La imagen digital lo admite todo. Veremos qué solución proponen para esta respetuosa idea que parece tomada de otra de las propuestas presentadas al concurso.

La cuestión de integrar la plaza de Euskadi como un entorno cercano al museo y que prolonga la extensión del parque ya estaba en su primera propuesta, pero a modo de deseo. Ahora las dificultades para la correcta circulación de vehículos en este nudo intenso de la ciudad parecen estar despejadas y el deseo se ha convertido en una de las partes seguras de la actuación global. No sería lógico que después de aceptar, con notable éxito, la integración de la plaza de Arriquibar como vestíbulo exterior de la Alhóndiga,  no se admitiera algo semejante aquí, aunque las intensidades circulatorias no sean iguales.

E la nava va… sin cenizas ni rinoceronte.

museo ventanal 1955
Aprovecho la oportunidad para subir esta imagen de la plaza de Arriaga vista desde el interior del museo y a través del gran ventanal existente en el rellano de la escalinata de mármol. 1955.

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