Donald Trump y el clasicismo

/ Javier González de Durana /

Capitolio USA
Capitolio, Washington DC, Arq. Frederick Law Olmsted, 1874-92.

Son tantos y tan graves los despropósitos escuchados al presidente Donald Trump desde el día de su nombramiento que se acumulan unos sobre otros formando una oceánica mezcla de apestosas mentiras, grosera ignorancia y vergonzosa inmoralidad. En su peligrosa estupidez se permite sugerir, en unos tiempos como los actuales, curas mágicas que atentan al sentido común y amenazan la salud pública, recomendando la inyección de productos de limpieza (lejía, por ejemplo) contra el patógeno y suscitando, con ello,  una reacción generalizada de condena, consternación y, sobre todo, burla. El coronavirus se ha llevado por delante a más de 54.000 ciudadanos en Estados Unidos. El recuento de difuntos en escasas cinco semanas casi supera a los muertos estadounidenses durante una década de guerra en Vietnam. En estas dramáticas circunstancias afirma que sus descerebradas sugerencias son “sarcasmos”. ¡Sabrá él lo que es un sarcasmo!

Lógicamente, la arquitectura no podía quedar fuera de campo de su ultra-conservador pensamiento y, así, hace unos meses, poco antes de la aparición de esta pandemia, se hizo público que la Casa Blanca estaba en posesión de un proyecto titulado «Hacer que los edificios federales vuelvan a ser hermosos» (correlato del «Make America great again»). Con este proyecto se revocarían las reglas que han estado vigentes desde hace casi 60 años, unas reglas que han asegurado la imposibilidad de que se estableciera un “estilo oficial” en las arquitecturas de los edificios del gobierno federal. En cambio, este borrador de orden ejecutiva propone que «el estilo arquitectónico clásico será el estilo preferido» para «(1) todos los juzgados federales y las oficinas centrales de las agencias, (2) todos los edificios públicos federales en la Región de la Capital Nacional, y (3) todos los demás públicos federales edificios que costaron o se espera que cuesten más de 50 millones de dólares«.

La más importante asociación de arquitectos del país (The American Institute of Architecture, AIA) se opuso firmemente a ese mandato de estilo uniforme para los edificios federales, afirmando que la arquitectura debe diseñarse para las comunidades específicas a las que sirve, reflejando los diversos lugares, pensamientos, culturas y climas de esa variada nación, comprometiéndose a honrar el pasado común y a reflejar el progreso futuro, protegiendo la libertad de pensamiento y de expresión, libertades esenciales para la democracia.

El borrador de este proyecto fue elaborado por la National Civic Art Society, una entidad no-oficial sin ánimo de lucro fundada en 2002, profundamente conservadora, que define el clasicismo como «el estilo arquitectónico derivado de las formas y principios de la arquitectura clásica griega y romana, y más tarde empleado por arquitectos del Renacimiento como Christopher Wren y Robert Adam; arquitectos del siglo XIX como Charles F. McKim, Robert Mills y Richard Morris Hunt; y practicantes del siglo XX como John Russell Pope y la firma de Delano y Aldrich«. Rechaza la mayor parte de lo construido por el gobierno federal durante el último medio siglo porque «tiene poco atractivo estético«, citando como ejemplo de tal defecto, el trabajo de Marcel Breuer, Mack Scogin Merrill Elam Architects, Morphosis… Al hacerlo, la orden afirma que «el gobierno federal ha dejado de construir edificios hermosos que los estadounidenses quieren ver o en los que trabajar«.

Jefferson Memorial
Clasicismo: Jefferson Memorial, Washington DC, Arq. John Russel Pope, 1939-43.

La National Civic Art Society ya adelantó su punto de vista al respecto en un encuentro, titulado “La arquitectura de la burocracia”, que tuvo lugar en octubre de 2018 y en el que se discutió “la inspiración intelectual y estética para los edificios burocráticos del New Deal y épocas posteriores, y su marcado contraste con los principios clásicos que influyeron en los arquitectos de nuestro Capitolio, la Casa Blanca y los otros edificios tempranos de nuestra república”. El presidente de la junta de esta sociedad, Marion Smith, también es director ejecutivo de la Victims of Communism Memorial Foundation, creada en 1993 (durante el mandato de Clinton, vaya por Dios). Resulta paradójico, pues él debería saber que un dictador comunista como Joseph Stalin exigía el clasicismo a sus arquitectos, pero, en fin…

La orden prohíbe «los diseños arquitectónicos en los estilos brutalista y deconstructivista, y los estilos derivados de ellos …» y, aunque abre la puerta a alternativas («esta preferencia no excluye la experimentación con estilos nuevos y alternativos«), presenta dificultades extremadamente elevadas para su realización, incluida la aprobación personal del presidente. Además, todos los diseños estarían sujetos a comentarios y a un panel de revisión públicos.

Paralelamente, la orden también establece que una comisión presidencial deberá actualizar los «Principios Rectores para la Arquitectura Federal» para reflejar el nuevo mandato trumpiano. Estos principios, excelentes, que ahora se quieren eliminar fueron escritos por el senador Daniel Patrick Moynihan en 1962, mientras era secretario asistente de trabajo en la administración Kennedy y, tal como están redactados, articulan tres objetivos:

1 La política será proporcionar las instalaciones necesarias y adecuadas en un estilo y forma arquitectónica que sea distinguida y que refleje la dignidad, la empresa, el vigor y la estabilidad del gobierno nacional estadounidense. Se debe hacer mayor hincapié en la elección de diseños que incorporen el mejor pensamiento arquitectónico estadounidense contemporáneo. Se debe prestar especial atención a las posibilidades de incorporar en tales diseños cualidades que reflejen las tradiciones arquitectónicas regionales de esa parte de la nación en la que se encuentran los edificios. Cuando sea apropiado, se debe incorporar arte en los diseños, con énfasis en el trabajo de artistas estadounidenses vivos. Los diseños deberán cumplir con las prácticas de construcción sólidas y utilizar materiales, métodos y equipos de confiabilidad comprobada. Los edificios deben ser económicos para construir, operar y mantener, y deben ser accesibles para los discapacitados.

2 Se debe evitar el desarrollo de un estilo oficial. El diseño debe fluir de la profesión arquitectónica al gobierno. y no al revés. El Gobierno debería estar dispuesto a pagar algunos costos adicionales para evitar una uniformidad excesiva en el diseño de edificios federales. Se pueden realizar concursos para el diseño de edificios federales cuando sea apropiado. El consejo de arquitectos distinguidos debe buscarse, por regla general, antes de la adjudicación de importantes contratos de diseño.

3 La elección y el desarrollo del sitio de construcción deben considerarse el primer paso del proceso de diseño. Esta elección debe hacerse en cooperación con las agencias locales. Se debe prestar especial atención al conjunto general de calles y lugares públicos de los que formarán parte los edificios federales. Donde sea posible. Los edificios deben ubicarse de manera que permitan un desarrollo generoso del paisaje.

Federal Bureau of Investigation, 1975.
Brutalismo: Federal Bureau of Investigation (FBI), Washington DC, Charles F. Murphy Ass.,1964-75.
470512604_c0283434b1968 Robert C. Weaver Federal Building, designed by Marcel Breuer
Brutalismo: Robert C. Weaver Federal Building, Washington D.C., Marcel Breuer, 1965-68.
U.S. Courthouse, Mack Scogin Merrill Elam Architects, Austin, 2006-12.
Deconstructivismo: U.S. District Courthouse, Mack Scogin Merrill Elam Archs., Austin, 2006-12.

Moynihan era un demócrata que, antes de su elección en 1977 como senador de Nueva York, trabajó para dos presidentes, como consejero de Richard Nixon y como embajador de la ONU para Gerald Ford (¡mira por dónde!, ambos republicanos). Si estuviera vivo hoy, probablemente apoyaría la actualización de sus «Principios Rectores para la Arquitectura Federal» siempre que el objetivo fuera construir una sociedad más democrática y adaptada al cambio climático. En lugar de jugar a la política sobre el estilo, él preferiría que se trabajara en torno a una arquitectura con emisiones-cero de carbono a la atmósfera. Trump no se lo permitiría, claro.

Isaac Asimov escribió en un artículo titulado «El antiintelectualismo en los Estados Unidos» (Newsweek, 21 de enero de 1980) lo siguiente: «En Estados Unidos hay un culto a la ignorancia, y siempre lo ha habido. El antiintelectualismo ha sido esa constante que ha ido permeando nuestra vida política y cultural, amparado por la falsa premisa de que democracia quiere decir que ‘mi ignorancia vale tanto como tu saber’«. Ahí está Trump como fruto maduro de ese culto.

U.S. District Courthouse, Los Angeles, SOM.
Muro-cortina: U.S. District Courthouse, Los Angeles, SOM, 2018.

La España surgida tras la guerra civil, con Francisco Franco a la cabeza, también tuvo la grandilocuente tentación de generar una arquitectura que miraba a tiempos pasados. «Madrid. Capital Imperial» fue el primer texto teórico sobre arquitectura y urbanismo publicado bajo el Régimen de Franco y definía muy gráficamente una de las prioridades del Plan de Reconstrucción que redactaron los Servicios Técnicos de Falange, la recuperación del «Imperio». A través de continuas alusiones a «la cornisa imperial» o el «perfil velazqueño» de Madrid se entiende que se erigiera un edificio como el Ministerio del Aire, obra de Luis Gutiérrez Soto, cuyas formas son una deuda atemporal y desplazada de los usos de Villanueva o Herrera, así como el Arco de la Victoria, ambas piezas edificadas en el barrio de Moncloa, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, el Valle de los Caídos o, ya fuera de Madrid, la Universidad Laboral de Gijón…

El Plan Nacional de Ordenación y Reconstrucción de Madrid, elaborado por los Servicios Técnicos de Falange que dirigió el elgoibarrés Pedro Muguruza Otaño desde 1938, fue una de las lanzaderas de Falange para imponer su visión del Estado. El Plan pretendía «dotar a la Patria española de una organización corpórea de perfecto funcionamiento, viva y bella, donde su espíritu fructifique y cumpla gloriosamente su misión universal«, que no era otra que aspirar siempre a la «ambición de Imperio«, «la misión transcendente de España«. O sea, «hacer España grande de nuevo». Fascistas como Trump y Franco, a pesar de la distancia geográfica y temporal, coinciden.

FBI-South-Florida-HQ, Kruek+Sexton Archs.
Deconstructivismo: FBI South Florida HQ, Miramar, Kruek+Sexton Archs., 2017.

 

Cuarentenas y lazaretos

/ Javier González de Durana /

Q Station en 1930's (1832)
Quarantine Station, Sidney, fundada en 1832 y vista en una imagen aérea tomada en los años 30 del siglo pasado.

Hace unos días, en la entrada titulada Panópticos de ayer y hoy, decía que algunos edificios que fueron concebidos como prisiones se han convertido durante las últimas décadas en museos de arte contemporáneo. Si el cambio de uso puede parecer sorprendente, aunque bienvenido, no lo es menos el que antiguos lazaretos se hayan reutilizado como hoteles de lujo como, por ejemplo, es el caso del existente en Sidney, el Q Station. Fundado en 1832 y activo hasta muy poco tiempo, con apenas cambios en la configuración de edificios y ocupación del suelo, este precioso lugar de la costa australiana ha pasado de ser un rincón retirado para enfermos infectados a transformarse en un paradisiaco lugar de vacaciones al alcance de pocos afortunados.

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Q Station, actual hotel de lujo donde antes estuvo el lazareto Quarantine Station.

La arquitectura específica para pasar periodos de cuarentena en los siglos pasados fue la del lazareto, un tipo de edificio en el que confluyen y cristalizan una serie de tradiciones y saberes que arrojan luz sobre las sociedades que los construyeron. Además del nacimiento y la evolución de ciertas ideas sobre la aparición y difusión de enfermedades epidémicas y de tradiciones científicas con las que éstas guardan relación, escarbando entre los cimientos del lazareto hallamos concepciones políticas, sociales, psicológicas, filosóficas y estéticas que lo configuran, le dan forma y rigen su funcionamiento, presentándose como lo que en realidad fue, esto es, un campo de pruebas científico, económico, político y social.

Los lazaretos eran, a la vez espacios sanitarios, puesto que en ellos se luchaba contra la enfermedad, y espacios de control, dado que esta lucha se realizaba aplicando una lógica carcelaria. En su configuración encontramos, a menudo, elementos formales y de disposición que remiten tanto a hospitales como a cárceles u otros espacios de reclusión, influencias que también podemos hallar en sentido contrario. En la configuración de estos edificios convergían, además, aspectos dependientes de las ideas hegemónicas, tanto médicas como populares, sobre la generación y el avance de las pestilencias, las modas y cánones arquitectónicos imperantes o determinadas ideas filosóficas, sociales y morales.

En 1787 y por inspiración de Floridablanca, Carlos III promulgó una Real Orden por la cual se ordenaba construir un lazareto en la península de Felipet, a la entrada del puerto de Mahón, el más célebre de los edificados en España. Esta actuación fue uno de los corolarios de la política sanitaria impulsada por los Borbones, que sentó las bases de una gestión de la sanidad centralizada y jerarquizada y que tenía entre sus ocupaciones principales el resguardo contra las epidemias.

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Lazareto pabellonario de Mahón, Bien de Interés Cultural en la actualidad.
Lazareto de San Michele, Catania
Planta del lazareto panóptico de San Michele, Catania (Italia).

Hoy no existen lazaretos en activo y la distancia espacial preventiva se trata de lograr mediante las Unidades de Cuidados Intensivos (UCI), unas camas hospitalarias altamente tecnológicas. Como es sabido, en su forma más básica, la cuarentena es una estrategia de separación y contención: la creación de un límite higiénico entre dos o más personas, con el fin de proteger a una de la exposición a la otra, aislando a los individuos que han estado expuestos a un virus o bacteria contagiosa y, como resultado, pueden (o no) ser portadores de la infección. Es una respuesta espacial a la sospecha, la amenaza y la incertidumbre, estableciendo sus límites durante el tiempo que sea necesario, creando una distancia clara y suficiente entre limpio y sucio, seguro y peligroso, sano y enfermo, extranjero y nativo… Desde la Zona de Exclusión de Chernobil y algunas islas del archipiélago de Nueva York hasta los campamentos instalados para albergar a refugiados haitianos VIH positivos detenidos en Guantánamo y el tráiler modificado del Airstream desde el que los astronautas Aldrin, Armstrong y Collins saludaron una vez al presidente Nixon, las construcciones para pasar una cuarentena son variados, mutables y, a menudo, inesperados.

La práctica de la cuarentena se extiende mucho más allá de las cuestiones de control de epidemias y estrategias de contención de plagas para tocar temas de planificación urbana, geopolítica, comercio internacional, ética, inmigración… Y aunque la práctica se remonta al menos a la llegada de la Peste Negra a la Venecia medieval -si no hay que llevarla hasta los 40 días de Cristo en el desierto-, la cuarentena ha resurgido como un tema urgente y grave en la actual globalización con la resistencia a los antibióticos, las enfermedades emergentes (como el COVID-19), la gripe pandémica y el bioterrorismo.

En la primavera de 2010, hace justamente diez años, en las instalaciones del Storefront for Art and Architecture, de Nueva York, se inauguró una exposición titulada Landscapes of Quarantine en la que, entre otras cuestiones, se abordaba aquella tipología constructiva del lazareto, considerada caduca desde décadas atrás, herramienta del pasado en la que ni siquiera cabía pensar entonces como algo realista, pero súbitamente sobrevenida ahora a nuestra memoria.

En el lazareto hay un singular lenguaje arquitectónico de aislamiento y protección. A menudo se encuentran edificados en lugares de gran atractivo paisajístico y natural. Algunos han sido derribados, obviamente, y otros se han convertido en teatros, restaurantes u hoteles de lujo. Con frecuencia se encuentran en islas cerca de la costa de la ciudad a la que protegen en lugar de situarse en la misma ciudad -por razones obvias- o están en una península más allá del alcance poblacional del municipio, en los bordes del territorio, siempre que fuera posible, cerca del agua, donde el aire corriera con la esperanza de que arrastrara las miasmas.

Una idea básica en los lazaretos era la circulación articulada arquitectónicamente a través de la estratégica ubicación de ventanas y arcadas, entradas y salidas, pasillos y patios… Esta preocupación con el flujo y la circulación se puede ver, hoy mismo, en quienes intentan rediseñar el flujo de la clientela de sus tiendas, por ejemplo, para controlar y prevenir los movimientos de las gentes y el contacto entre ellas: flujos comerciales como flujos de cuarentena.

La cuarentena no sólo tiene una consecuencia específica en arquitectura, sino también puede tenerla en lo geopolítico. Es una idea muy literaria y flexible con capacidad metafórica en un sentido casi psicológico, a la vez que políticamente peligrosa porque es muy fácil dar el paso de usar la idea de separación y aislamiento como herramienta de segregación o discriminación. ¿Dónde se encuentra la mayoría de las residencias de ancianos, si no en las afueras de las ciudades? ¿Donde Guantánamo, si no en Cuba?

Lazzaretto, Dubrovnik, Croacia.
Lazareto de Dubrovnik. Croacia fue pionera en la idea de la cuarentena. Pero Venecia era el laboratorio de invención e innovación. Venecia, precisamente por su geografía, pudo experimentar con diferentes tipos de cuarentena y formas de cortar barrios y crear los primeros guetos.
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Lazzaretto Vecchio, en la totalidad de una isla en la laguna veneciana.
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1902, nuevo hospital en Ellis Island y pabellones de cuarentena en las cercanas Swinburn Island y Hoffman Island, Nueva York. La ciudad norteamericana tiene mucho es común con la veneciana ya que ambas son archipiélagos cuya comunicación interinsular puede ser fácilmente cortada. La idea de Manhattan como una enorme prisión, con puentes cerrados y un muro alrededor creaba un mundo en cuarentena o, para el caso, un mundo aislado de salud, que pudo verse en la película Escape from New York (John Carpenter, 1981).

Sobre las dificultades de prepararse para cuarentenas y pandemias, en general hoy, parece haberse puesto de manifiesto, tanto en España como en otros países afectados, la necesidad de encomendar encargos de potencialidad dual en la planificación de edificios públicos. Eso está sucediendo ahora: gimnasios, pabellones feriales y centros de conferencias son transformados, con mayores o menores inconvenientes, en grandes instalaciones hospitalarias al estilo de Wuhan.

Estos improvisados hospitales de campaña acogen a las personas que están infectadas pero no necesitan ingresar en las UCI de los hospitales y cabe pensar que tal vez habría habido alguna manera de hacerlos más funcionales o más fácilmente transformables. Por ejemplo, si se pudiera construir una arquitectura orientada a eventual pandemia que permaneciese oculta en su arquitectura visible, si se hubiera pensado en esta necesidad. Como al parecer, aunque no fuera previsto por sus autores, han funcionado los pabellones 7 y 9 de IFEMA, en Madrid, con sus amplias, extensas y accesibles canalizaciones en el subsuelo para cableados, conductos y tuberías. ¿No se podría ordenar/encargar que todas estas grandes infraestructuras fueran siempre transformables?

El futuro de la cuarentena es ahora. Ya estamos viendo la implementación, casi de la noche a la mañana, de aspectos que imaginábamos como a varios años de distancia, si no a una o dos décadas en el futuro: rastrear personas y conocer a distancia sus temperaturas corporales, saber qué gentes son aquellas con las que han tenido contacto reciente, conocer los lugares donde han estado, incluso la distancia a la que transitaron fuera de ciertos establecimientos comerciales, laborales y de ocio para ver si supusieron un riesgo para quienes estaban dentro. Todas estas cuestiones que parecían realmente futuristas y algo distópicas -casi como un relato de ciencia-ficción- de repente sucedieron en Wuhan.

Lazzaretto, Ancona.
Lazareto de Ancona (Italia)

¿Cómo viviremos juntos?

/ Javier González de Durana /

El impacto del coronavirus en la economía, la vida cotidiana y la interacción humana ha sido más trascendental y devastador de lo que muchos podrían imaginar cuando se conoció el primer caso en Wuhan, China, en diciembre de 2019. Para controlar la propagación de COVID-19 en todo el mundo ahora se está exigiendo el teletrabajo  y los colegios, universidades y escuelas están haciendo la transición a clases on-line durante estas semanas y para el resto del año académico. Los países han respondido declarando estados de emergencia, cuarentenas nacionales, prohibiciones de viaje y cancelación o postergación de multitudinarios eventos internacionales, regionales y locales.

91Así, nunca en días como estos que estamos viviendo, con tantas incertidumbres respecto al presente como al futuro, es pertinente una pregunta como la que se plantea el título de la próxima Bienal de Arquitectura de Venecia: How will we live together? Ahora que estamos separados, cada uno en su casa, respetando las normas de prevención de la pandemia, manteniendo dos metros de distancia con otras personas cuando salimos a la calle para comprar comida o medicinas, ahora nos preguntamos cómo será la vida cuando todo esto haya pasado y podamos volver a vivir juntos, ¿que formas adoptará?, ¿nos comportaremos en nuestras relaciones de amistad y convivencia con otras personas de igual manera a como acostumbrábamos? Sabemos o sospechamos con bastante seguridad que en lo que sea que devengan esos comportamientos no serán igual a como fueron antes.

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Es curioso que este asunto de la convivencia futura fuera asumida por la Bienal veneciana mucho tiempo antes de que esta pandemia asolara nuestras vidas. Parece como si hubieran tenido un presentimiento. También creo que, una vez establecido el tema, los contenidos con los que se pensaba dotar a exposiciones y paneles de debate eran unos y ahora van a ser otros. Aunque la mayoría o todos los países tuviesen ya sus materiales expositivos preparados -y hasta embalados y listos para ser enviados a la Bienal-, me los imagino reacomodando lo que vayan a exponer al escenario temporal post-coronavirus. No es lo mismo pensar cómo serían nuestras vidas en el futuro cuando imaginábamos que estar unos junto a otros no implicaría mayores problemas de salud a como podemos imaginarlo ahora después de haber sufrido esta calamidad infecciosa.

La inauguración de esta 17ª edición estaba prevista para el 23 de mayo, pero por razones sanitarias se ha pospuesto hasta el 29 de agosto. Ya se verá esto. La fecha de clausura se mantiene en la fijada desde un principio, el 29 de noviembre. En su declaración curatorial, el comisario general de la Bienal, Hashim Sarkis, dice que «necesitamos un nuevo contrato espacial«, pues en el contexto de «la ampliación de las divisiones políticas y las crecientes desigualdades económicas«, los arquitectos están llamados a «imaginar espacios en los que podamos vivir juntos generosamente» con la concurrencia de otros profesionales y grupos de interés: «artistas, constructores y artesanos, pero también políticos, periodistas, científicos sociales y ciudadanos comunes«. La Biennale Architettura 2020 quiere afirmar el papel vital del arquitecto como cordial convocante y custodio del contrato espacial, pero en su texto -escrito meses atrás- no dice ni una sola palabra acerca de la salud en el espacio convivencial.

Continúa Sarkis afirmando que «la pregunta, ¿Cómo vamos a vivir juntos? se refiere tanto a una cuestión social y política como a otra de naturaleza espacial. Aristóteles se lo preguntó cuando definía la política y respondió proponiendo un modelo de ciudad. Cada generación lo pregunta y la responde de manera diferente. Más recientemente, las rápidamente variables normas sociales, la creciente polarización política, el cambio climático y las vastas desigualdades globales nos plantean esta pregunta con mayor urgencia -y a diferentes escalas- que antes. Paralelamente, la debilidad de los modelos políticos actuales nos obliga a analizar el espacio como primera cuestión y, tal vez como Aristóteles, a mirar la forma en que la arquitectura puede dar forma a la habitabilidad para modelos potenciales acerca de cómo podríamos vivir juntos”. Siguen sin mencionarse las circunstancias de tener que convivir en un contexto pandémico. No cabe duda que el cambio climático y las desigualdades sociales implican -e implicarán aún más profundamente en el futuro- radicales afecciones en nuestra salud y en la de nuestros descendientes, pero no da la impresión de que en la declaración de Sarkis estuviera presente la conmoción mundial que el COVID-19 está causando.

De ahí que, como he dicho, los contenidos que se decidieron y prepararon a lo largo del 2019 para ser mostrados en la bienal serían de ciertas características, pero de otras muy diferentes serán los que, a toda velocidad, se estén preparando ahora mismo. El retraso de tres meses para la inauguración permite a los participantes cambiar los planteamientos y materiales expositivos. Algunos, en el caso de los más arriesgados, lo harán completamente, ya veremos quiénes son pues implica riesgos tanto en el análisis (todavía se está estudiando el fenómeno viral y la amplitud de sus efectos) como en la producción (la falta de tiempo puede dar lugar a resultados visuales deficientes e incompletos), mientras que otros añadirán a lo que ya tenían preparado algún complemento específicamente referido a la convivencia en tiempos de aislamiento sanitario. Ningún participante en esta bienal se presentará en ella como si este desastre no hubiese caído sobre nuestras vidas. No me lo imagino.

Más que nunca -dice Sarkis-, los arquitectos están llamados a proponer alternativas: «Como ciudadanos, movilizamos nuestras habilidades sintéticas para unir a las personas y resolver problemas complejos. Como artistas, desafiamos la inacción que proviene de la incertidumbre de preguntar ¿Qué pasa si? Y como constructores, aprovechamos nuestro pozo de optimismo sin fondo. La confluencia de roles en estos tiempos nebulosos sólo puede fortalecer nuestra tarea y, esperamos, hacer nuestra arquitectura más bella«. Uff, hablar de poesía después de Auswich, hablar de belleza en la arquitectura después del coronavirus, hablar de optimismo…, definitivamente, estamos en pleno tránsito a otro tiempo que ignoramos cómo será. Cuando lleguemos a él ya veremos qué respuestas parecen más adecuadas. Ahora mismo estamos en la nebulosa incertidumbre que no exime de la acción, pero ¿cuál es ésta?

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La Exposición Internacional se articulará entre el Pabellón Central en el Giardini, el Arsenale y el Forte Marghera. Incluirá 114 participantes provenientes de 46 países, con  abundante representación de África, América Latina y Asia. Entre los numerosos proyectos previstos hay uno singularmente sensible estos días: ¿Cómo vamos a jugar juntos?, dedicado al juego infantil; se verá en Forte Marghera, presentado por cinco arquitectos y un fotógrafo de arquitectura.

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Post-scriptum, 21 de mayo:

La Biennale di Venezia acaba de anunciar que la XVII Exposición Internacional de Arquitectura, ¿Cómo viviremos juntos?, comisariada por Hashim Sarkis, se pospondrá una vez más y se llevará a cabo del 22 de mayo al 21 de noviembre de 2021. Tras un primer aplazamiento que la iba a llevar a ser programada del 29 de agosto al 29 de noviembre de 2020, la organización ha declarado un aplazamiento de un año. Con una duración de 6 meses, se llevará a cabo del 22 de mayo al 21 de noviembre de 2021, debido a la compleja situación mundial actual. En consecuencia, la LIX Exposición Internacional de Arte, comisariada por Cecilia Alemani, prevista inicialmente para 2021, tendrá sus fechas alteradas y el evento tendrá lugar del 23 de abril al 27 de noviembre del 2022.

Se anunció la noticia así: “los últimos días han aclarado el estado real de la situación a la que todos enfrentamos. Con el mayor respeto por el trabajo realizado por todos nosotros, las inversiones realizadas por los participantes, y considerando las dificultades que todos los países, instituciones, universidades, estudios de arquitectura han encontrado junto con la incertidumbre de los envíos, las restricciones personales de viaje y las medidas de protección que están siendo y fueron adoptadas, hemos decidido escuchar a aquellos, la mayoría, que solicitaron que se aplazara la Biennale di Architettura”.

Sarkis también comentó la situación: “Estoy profundamente conmovido por la perseverancia de todos los participantes durante los últimos tres meses. Espero que la nueva fecha de apertura les permita primero recuperar el aliento y luego completar su trabajo con el tiempo y el vigor que realmente se merece. No lo planeamos de esta manera. Tampoco la pregunta que hice «¿Cómo vamos a vivir juntos?» ni la gran cantidad de formas en respuesta a esto, estaban destinadas a abordar la crisis que están viviendo, pero aquí estamos. Somos de alguna manera afortunados porque estamos bien equipados para absorber las implicaciones inmediatas ya largo plazo de la crisis en la XVII Bienal. El tema también nos brinda la posibilidad de responder a la pandemia en su inmediatez. Es por eso que volveremos a Venecia en los próximos meses para una serie de actividades dedicadas a la Arquitectura«.

Panópticos de ayer y hoy

/ Javier González de Durana /

A Vicente Huici Urmeneta, cronista en tiempos de coronavirus, amigo y vecino.

Durante estas semanas de reclusión he sentido, como otras muchas personas, supongo, la necesidad de escapar del encierro obligatorio -y necesario- para hacer algo tan normal como pasear, airearme, deambular por las calles y caminos sin más objeto que mover el cuerpo y encontrar otros lugares diferentes -aunque me sean muy conocidos- de estos entre los que me encuentro confinado las 24 horas del día.

Sin embargo, claro está, no lo he hecho. En primer lugar, por responsabilidad cívica, por no poner en riesgo mi salud ni la de las personas con las que pudiera cruzarme durante ese hipotético paseo. Ya que estoy viviendo el confinamiento en una casa aislada situada en una pequeña aldea apartada entre valles y montañas, desde donde nacen numerosos caminos solitarios hacia laderas, bosques y arroyos, he sentido la tentación de romper mi aislamiento y andar por lugares en donde sé con total seguridad que no me encontraría con nadie porque nadie suele estar en ellos ni siquiera durante soleados días festivos en tiempos de normalidad. He tenido la tentación, pero la he vencido por ese primer motivo antedicho, responsabilidad, pero debo reconocer que, en paralelo a esta, ha existido una segunda razón: me habría sentido vigilado. No digo que lo habría sido, sino que me habría sentido.

A cierta distancia de este lugar donde me encuentro pasa una carretera local que conecta dos Comunidades Autónomas, es decir, es un territorio fronterizo, y por las noches, con un cielo sorprendentemente cuajado de estrellas más brillantes de lo habitual, se pueden ver las luces rojas, azules y blancas de drones que controlan la mínima circulación de coches que atraviesa esa frontera entre regiones. De día, esas luces no se contemplan, pero nada hace suponer que no sigan ahí arriba, observando el paso de coches y de cuantas personas de muevan por bosques espesos, arroyos entre quebradas y senderos recónditos. Así que la posibilidad de estar siendo observado se ha añadido a la razón sustentada en la prevención sanitaria. Esto me ha recordado la existencia de una singular arquitectura, la panóptica, tipología que fue utilizada sobre todo a la hora de construir prisiones.

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Bentham’s Design for the Panopticon, 1791. University College London Library Special Collections, Londres.

Inventado a finales del siglo XVIII por el filósofo y teórico social inglés Jeremy Bentham (1748-1832), la función de esta tipología de edificio carcelario era vigilar el mayor número de prisioneros con el menor número de guardias. La morfología consistía en una matriz circular de celdas con una torre de vigilancia en el centro de la estructura. Así, los guardias podían observar a todos los internos en cualquier momento, sin ser vistos por los prisioneros. Los prisioneros serían conscientes de la presencia permanente de la autoridad, sin saber cuándo estaban siendo observados por ella. Bentham ideó este modelo con el objetivo de reformar a los presos que, según él, se comportarían “civilizadamente” al sentirse observados. Como tal, los prisioneros serían autodisciplinados y, así, unos pocos guardias podrían asegurar el orden sobre un gran número de reclusos. Descrito por Bentham como un «nuevo modo de obtener poder de la mente sobre la mente», el panóptico, a través de la vigilancia constante, obligaría a los internos a ajustar su propio comportamiento.

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Bentham’s Design for the Panopticon, 1791. University College London Library Special Collections, Londres.

Por tanto, en la formulación de Bentham la prisión panóptica es un instrumento para reinsertar en la sociedad a aquellos individuos por cuya conducta son excluidos, un instrumento de control y punición organizado sobre la economía del espacio y la eficacia de la vigilancia. Esta vigilancia es ocular y sitúa al vigilante en la posición de poder controlar desde un único punto el contenido y la evolución del conjunto, como un dispositivo estático.

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Bentham’s Design for the Panopticon, 1791. University College London Library Special Collections, Londres.

En el siglo XX la idea del panóptico fue transformada por el filósofo francés Michel Foucault (1926-84) en una metáfora del control social que se extiende a todos los ciudadanos (Vigilar y castigar. El nacimiento de la prisión. Buenos Aires, Ed. Siglo XXI, 2002). Argumentó que los ciudadanos interiorizan la autoridad representada por las leyes e instituciones y que el poder deriva de la observación. Dado que los presos no pueden ver a los guardias de la torre, deben sospechar que están siendo vigilados todo el tiempo por un ojo invisible, hasta el punto, dice Foucault, en que se autoimponen la vigilancia. Foucault detecta el modelo o diagrama de un poder que funciona arquitectónicamente: a partir del ordenamiento del espacio y la visibilidad del mismo, de la distribución organizada de los individuos y de la observación o registro permanente de éstos (lo cual permite estudiarlos y, por ende, producir conocimiento respecto al preso en la cárcel, al alumno en la escuela o al trabajador en la fábrica). 

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La gigantesca prisión de Lecumberri, en México DF, hoy reconvertida en Archivo General de la Nación.

En España hubo varias prisiones panópticas, entre otras, la de Vigo, Salamanca y Badajoz (las tres fueron reconvertidas en museos de arte contemporáneo en tiempos de democracia), siendo las de mayores dimensiones la Modelo, en Barcelona, y la de Carabanchel, en Madrid. En el MARCO, de Vigo, la exposición inaugural titulada Cardinales reflexionaba, precisamente, sobre la omnivisión panóptica, su significado e implicaciones históricas, presentando cinco dibujos originales de Bentham realizado en 1791, además de otras muchas obras de arte actuales.

Desde hace algunos años somos conscientes de estar siendo vigilados muy estrechamente. Cámaras de control en calles y edificios nos lo recuerdan, pero al saber que están ahí, una vez descubiertas y teniéndolas en cuenta, podemos suponer que con un poco de atención nos sería posible eludirlas y transitar por rutas «inmunes». Ya sin cámaras, podemos ser seguidos y geolocalizados por nuestros teléfonos móviles, pero también sabemos que si dejamos el aparato quieto en un lugar tal seguimiento ya no sería posible para nuestros rastreadores. No hay mucha escapatoria, en todo caso: el coche en el que viajamos puede ser fotografiado en cualquier momento y carretera, las incursiones que realizamos por internet -supuestamente privadas- pueden llegar a conocidas, pues esos datos los almacena quien nos vende tal servicio y dice que son suyos, tras haberle dado permiso -sin ser conscientes de hacerlo- para que lo sean y hagan negocio con ellos …, y así.

Lo de estar vigilados por un pequeño aparato volador -dispositivo móvil- situado sobre nuestras cabezas me ha traído el recuerdo de aquellas cárceles inventadas por ¡¡un filósofo ilustrado!! Hemos pasado del panóptico arquitectónico al tecnológico y ahora resulta que soy mi propio vigilante. De niños nos decían que Dios observaba todos nuestros actos desde el Cielo. Pues eso, el Poder, que todo lo ve.

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En la revista digital 15 / 15 / 15 encuentra esta imagen que, simulando ser una cámara de grabación visual, recuerda tanto al modelo de planta arquitectónica en las cárceles panópticas como al coronavirus.

 

Calles vacías

/ Javier González de Durana /

Como otros muchos amigos y compañeros, estos días de confinamiento me siento  preso de una completa falta de motivación para escribir, carente de estímulos. La magnitud de la tragedia humana que vivimos es de tal dimensión que escribir aquí me resulta algo casi fuera de lugar, inapropiado, ¿a quién puede interesar en estas circunstancias? Por otra parte, la cantidad de información -y griterío político- que llega por todas partes acerca de la pandemia, sus posibles causas y las previsibles consecuencias, convierte al silencio en la opción más deseable, no añadir nada e intentar recibir lo imprescindible para saber -más o menos- cómo vamos y dónde estamos.

Por supuesto, la actual situación ofrece muchos interesantes asuntos y aspectos inéditos relacionados con la ciudad y la arquitectura. Tal como repite el mantra que se escucha tan a menudo, nada será como antes. ¿Cómo será la realidad en el futuro? Ni idea, ni los que hablan sobre ello están seguros, tan sólo pueden hacer conjeturas. Lo razonable y deseable parece estar claro, pero de ahí a que sea eso lo que vaya a configurar el porvenir de las casas y ciudades, de la relación que se mantendrá con la Naturaleza y las demás especies… puede haber un enorme trecho.

Intentaré escribir con la frecuencia que mantuve antes, pero no estoy convencido de poder lograrlo. Ni siquiera estoy seguro de si terminaré este artículo que empiezo ahora, pero al menos lo voy a intentar.

Una de las situaciones más fascinantes que nos ha deparado este confinamiento es la de la ciudades vacías, la desolación de sus calles sin gentes. En internet ya hay -los hubo desde casi el principio- numerosos vídeos de ciudades sin ciudadanos, grabados desde el aire con drones, Boston, San Francisco, Nueva York, Madrid, París, Roma, Milán, Barcelona…, Wuhan, por supuesto, aparecen en un modo que nunca creímos que veríamos. No era ni imaginable. Las calles sin personas sólo eran posibles en situaciones de guerra, con toque de queda y de noche. No era posible tomar imágenes de una ciudad desierta que no tuviera sus edificios destruidos por bombardeos y explosiones. El Beirut de finales de los 80 fotografiado por Gabriele Basilico ofreció esa posibilidad, pero fotografiar una gran ciudad en la que sus edificios estén en perfectas condiciones, sin asomo de daño alguno, no ha sido muy frecuente.

Sin embargo, la tentación de estar solo por completo en un gran espacio urbano, habitualmente ocupado por cientos o miles de personas, de estar ahí o de imaginar que eso es posible, ha ocupado la imaginación y el deseo de algunas personas, artistas o no, en distintas épocas. Recuerdo que Julio Caro Baroja en sus memorias sobre Los Baroja narró la obsesión de cierto antepasado suyo (un tío abuelo o el hermano de uno de estos, creo recordar, de la rama Caro Raggio, siento no tener el libro a mano ahora) que abrigó durante años el deseo de ser -siquiera durante unos segundos- el único habitante de la Puerta del Sol madrileña. Para lograrlo, se levantaba de la cama a las dos, tres o cuatro de la madrugada en los duros y fríos días de invierno, suponiendo que en tales condiciones meteorológicas y de horario, nadie habría sobre el suelo del famoso espacio urbano. Empleó muchos meses, y años creo, en esta tarea sin lograrlo porque siempre había alguien, un barrendero, un sereno, algún trabajador tardío o madrugador, que asomaba por las calles Alcalá, Mayor, Arenal o Montera. Finalmente, una noche lo logró, permaneciendo completamente solo en el enorme espacio durante unos segundos. Buscaba esa rara y efímera sensación de soledad o abandono en el centro mismo de una populosa urbe; hoy le resultaría mucho más fácil conseguirlo si no fuera porque la policía le impediría llegar hasta ese lugar…, claro.

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Esta imagen de la Puerta del Sol vacía pertenece a un proyecto del fotógrafo Ignacio Pereira que viene desarrollando desde hace años, mediante el que imaginaba ciudades de todo el mundo sin gente…, antes de la llegada de la actual pandemia.

La Historia del Arte ofrece -entre otros- dos momentos interesantes durante los que la idea de la ciudad sin gente fue recreada. Uno fue durante el Renacimiento italiano, en la segunda mitad del siglo XV, cuando distintos artistas crearon imágenes de ciudades sin presencia de sus posibles habitantes. Eran ciudades de perfecta geometría, estudiado equilibrio y racional organización. Supusieron un tránsito de la medieval Ciudad de Dios a la Ciudad del Hombre renacentista,…, pero sin el ser humano. No era una idea contradictoria, pues la ausencia de personas en estas imágenes -pinturas pero también taraceas- sólo buscaba hacer más evidente el metódico cálculo y la pureza de líneas de la ciudad como lugar donde vivir.

Frente a la ciudad medieval, laberíntica y sucia, amurallada y populosa, un sistema confuso repleto de calles estrechas y poco ventiladas, donde se acumulaban personas, animales y desechos, entorno poco salubre en el que era fácil el desarrollo y contagio de las enfermedades, se alzaba un nuevo tipo de ciudad que se presentaba como la alternativa saludable, amplia y abierta, guiada por un ideal que daba importancia a los espacios públicos, los cuales ganaban peso en relación a las edificaciones privadas, y las calles eran amplias y estaban organizadas alrededor de plazas y entornos despejados.

La arbitraria providencia divina quedaba sustituida por la lógica compositiva de la mente humana. La simetría y el orden de las ciudades intentaban ser marco estabilizador y seguro para las incertidumbres del hombre moderno.

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La mayoría de estas ciudades imaginadas fueron obras de artistas anónimos o que, en el mejor de los casos, es atribuida a tal o cual pintor conocido, pero sin certezas.

Los hallazgos espaciales de estas imágenes urbanas fueron utilizados después por artistas de renombre al incluir imágenes de hombres y mujeres en los primeros planos para dejar las construcciones en una semi-soledad al fondo. Tal fue el caso del Perugino con la Entrega de las llaves a San Pedro, y de este mismo y de Rafael con los Desposorios de la Virgen.

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Desposorios de la Virgen de 1504 Rafael (Milán, Pinacoteca di Brera); Desposorios de la Virgen, 1500-1504, Perugino (Caen, Museo de Bellas Artes).
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Perugino, Entrega de las llaves a san Pedro, hacia 1482 (Roma, Capilla Sixtina).
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Palmanova (Italia). La geometría que, como regla dominante se intuye en esas ciudades ideales, se hace más patente en su urbanismo cuando la población nacía ex novo.

No instante, los hallazgos del urbanismo geométrico conseguidos durante el Renacimiento alcanzaron una plenitud asombrosa durante en Barroco, en Roma, con las columnatas de Bernini levantadas ante la Basílica de San Pedro, conformando una plaza compuesta por dos plazas tangentes, una de forma trapezoidal y otra elíptica, una plaza de tales dimensiones que, aunque hubiera gente en ella antes de las grandes peregrinaciones, el visitante llegaba a sentirse empequeñecido, casi sólo, por su magnificencia y escala. El acceso a ese espacio creado por los dos brazos de columnatas se producía tras atravesar un borgo medieval situado en el espacio previo. Se consideró la posibilidad de derribar todas esas casas para lograr una mejor perspectiva de la basílica y se hizo un informe, pero sus conclusiones establecieron que «la propuesta de los cardenales para demoler todas las construcciones entre el Borgo Nuovo y el Borgo Vecchio para obtener una mejor vista de la basílica era inviable debido a los altísimos costos de expropiación y a los intereses de los propietarios». Bernini, teniendo en cuenta los costos, optó por aprovechar la edificación laberíntica y descuidada de la Edad Media para bloquear toda vista del Vaticano desde lejos. De esta manera, los peregrinos salían de la relativa oscuridad de la ciudad vieja para experimentar súbitamente la luz del enorme espacio de la plaza de San Pedro; así, resultaba casi imposible no creer en Dios o, al menos, en el poderío de sus representantes en la Tierra. La geometría que sirvió para situar al individuo como centro de la ciudad renacentista fue utilizada un siglo y medio después para volver a situar a Dios en el centro de la única ciudad del mundo en la que esa posición tenía sentido, el Vaticano.

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El borgo medieval ante el Vaticano antes de que Mussolini decidiera derribarlo para crear la Vía della Conciliazione -recta y frontal, que rompe la idea barroca- entre 1936 y 1950.

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Otro momento, también italiano, en que se vieron ciudades vacías fue con la irrupción de Giorgio de Chirico. Sus piazzas, inhabitadas y melancólicas, estaban ocupadas por monumentos con esculturas que evocaban, eso sí, la figura humana junto a unos arcos, una chimenea o un depósito de agua, quizás un tren al fondo, y todo ello subrayado por fuertes sombras causadas por un sol otoñal de atardecer. Como en los renacentistas, tampoco Chirico pretendía mostrar ciudades reales, sino recordarnos la permanente ausencia que existe junto a nosotros, el no-sentido de la vida, el desasosegante transcurrir del tiempo y el vértigo por la pérdida de la memoria: angustiosos paisajes urbanos como escenografías para existencias recónditas y colecciones de objetos y símbolos desordenados, al mismo tiempo que paisajes y naturalezas muertas, escenarios de un sueño; espacios misteriosos y silenciosos, congelados: la ciudad como un estado mental fruto de un extrañamiento poético moderno que mezclaba columnas clásicas con locomotoras a vapor.

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Tu quoque, Oslo?

Javier González de Durana

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Boceto del sector de edificios gubernamentales en Oslo. Erling Viksjø, 1958.
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Y-Blokka, 1969.

En numerosas ocasiones en España nos culpamos por no ser lo bastante responsables ante nuestra arquitectura histórica, especialmente la realizada durante la segunda mitad del siglo XX, al consentir que las autoridades permitan el derribo de construcciones que deberían pasar a formar parte del acervo cultural de la época en que vivimos. En esos momentos, para agravar la herida y avergonzar a nuestros políticos, solemos poner como ejemplo a los países del norte de Europa por su modélico comportamiento y respetuosa preservación de las huellas arquitectónicas contemporáneas. Pero no siempre es así.

Por medio de mi amigo Lars Amundsen, me entero de que el gobierno noruego pretende derribar un excepcional edificio histórico, denominado Y-Blokka por la forma de su desarrollo en planta, diseñado por el arquitecto Erling Viksjø y terminado en 1969. El edificio se encuentra en un área de oficinas gubernamentales que, desgraciadamente, saltó al conocimiento global el 22 de julio del 2011, cuando un terrorista de extrema derecha colocó una bomba en sus inmediaciones, matando a ocho personas e hiriendo a más de doscientas para, acto seguido, trasladarse a un campamento juvenil y asesinar a 69 adolescentes.

Me cuenta Lars: «Como una ex primera ministra noruega dijo una vez: «mira a Noruega» (como buen ejemplo, quería decir). Ahora, mira lo que están haciendo los actuales políticos locales noruegos en Oslo. En tan solo un par de días este edificio histórico, que contiene importantes obras de arte y diseño internacional, será derribado. Eso es lo que hace mucho dinero del petróleo a algunas personas…». ¡Qué pena!, ¡qué incomprensible!

Desde aquel terrible atentado, como si se tratara de una zona infecciosa y vergonzante, ha habido una marcha de los departamentos gubernamentales allí asentados hacia otros territorios, provocando un abandono que, ahora, a alguna autoridad le ha llevado a considerar la oportunidad de derribar lo que allí se levantó no hace tanto tiempo y «purificar» el barrio con un paisaje urbano nuevo.

Sin embargo, junto a construcciones más convencionales, está el Y-Blokka, notable pieza no sólo por contener unos murales diseñados por Pablo Picasso, sino sobre todo por la arquitectura de Viksjø. Por supuesto, las autoridades han prometido que los murales de Picasso se salvaguardarán en un museo, ya que los consideran importantes, lo cual nos conduce a deducir que el edificio para el cual Picasso imaginó esos murales no les parece importante. Sí al adorno, pero no a la sustancia que sostiene el adorno.

Enorme error en un país a cuyos responsables políticos atribuimos, desde el Sur europeo, una sensibilidad y un respeto que en general ya quisiéramos tener aquí.

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Mural «Los pescadores», orientado hacia la calle Akersgata.
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«Los pescadores», por Pablo Picasso.

El mérito arquitectónico y artístico del Y-Blokka, así como su importancia histórica, es indiscutible. El arquitecto Erling Viksjø concibió el monumental H-Blokka (1958, tres murales de Picasso) con una gran altura y el Y-Blokka más bajo dentro del conjunto. El rascacielos se erigió con un tratamiento pionero de hormigón visto y con obras de artistas modernos, incluidas las sensacionales contribuciones de Pablo Picasso. La imagen general del conjunto concebido por Viksjø se completó con el escultural Y-Blokka (1969, dos murales del malagueño), cuyas tres alas curvas delimitan tres espacios urbanos de carácter individual. «Los pescadores» de Picasso en uno de los frentes, abierto a la concurrida calle Akersgata, es una excepcional y ejemplar obra de arte público. El valor artístico de los dos edificios gubernamentales de Viksjø es inconmensurable, especialmente debido a esos cinco murales. El otro mural en el Y-Blokka, «La gaviota», está en el vestíbulo.

En 1955, después de varios años de experimentación, Viksjø y el ingeniero Sverre Jystad patentaron el «naturbetong», un tipo de hormigón con grava de río incrustada. La superficie se trató con chorro de arena para revelar las oscuras piedras que contienen los muros, pudiéndose crear patrones decorativos, tales como los dibujos picassianos. El artista Carl Nesjar trabajó con Viksjø para desarrollar esta idea como un nuevo método para hacer arte integral, mediante el que las decoraciones no se agregan al edificio, sino que se graban en su propia estructura. 

El concepto de Viksjø de un edificio elevado combinado con un volumen bajo se desarrolló durante muchos años, y concibió la forma curva del Y-Blokka a finales de los años cincuenta. Viksjø se inspiró en varios de los edificios de Le Corbusier. La combinación de un rascacielos y un volumen más bajo también recuerda el edificio de la ONU en Nueva York (1952), diseñado por Oscar Niemeyer.

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«La gaviota», por Pablo Picasso, en el vestíbulo.

Los funcionarios comenzaron a discutir planes para demoler el edificio el año pasado, después de que éste y los inmuebles circundantes sufrieran daños estructurales durante el ataque terrorista del 2011. ¿Simple excusa?, ¿no hay posibilidad alguna de rehabilitación estructural? El 26 de febrero de 2020, el ministro de Gobierno Local y Modernización, Nikolai Astrup, anunció que el gobierno tenía la intención de comenzar la demolición muy pronto. Los opositores a los planes han formado un grupo, The Support Action for the Preservation of Y-blokkaCuentan con el apoyo de otras organizaciones, como la Comisión Noruega de la UNESCO, el National Trust of Norway y la Asociación de Arquitectos Noruegos (NAL), quienes sostienen que el gobierno debería explorar otras opciones debido a las excepcionales características arquitectónicas, artísticas e históricas  del edificio y su valor simbólico.

El gobierno noruego debería estar orgulloso de tener un edificio que ha resistido un ataque terrorista. Un ataque contra la humanidad y la democracia. El Y-Blokka es ahora, más que nunca, un símbolo para la humanidad y la democracia. Si se derriba, se perderá una parte de la historia que no se puede reemplazar ni retirar. En tiempos donde las democracias de todo el mundo están amenazadas, el gobierno noruego tiene el deber de repensar esta decisión.

El Bloque Y se encuentra entre los siete edificios históricos en situación de mayor riesgo  de desaparición seleccionados por Europa Nostra para el año 2020.

Curiosamente, este edificio tuvo una singular repercusión en España, concretamente en Barcelona. El arquitecto Xavier Busquets i Sindreu, autor del Colegio de Arquitectos de Cataluña, conoció a través de Picasso lo que habían realizado en Oslo y, dejando a un lado sus primeras ideas (forrar los muros exteriores del Colegio con cerámicas de Antoni Cumella), decidió imitar la experiencia noruega, contando con la colaboración de Picasso, quien realizó los dibujos, y la de Carl Nesjar, quien los trasladó al muro con su técnica del chorro de arena.

La ciudad de Barcelona tiene atribuida al edificio del Colegio la más alta protección patrimonial, tanto por la obra de Picasso como por la Busquets.

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Escalera interior del Y-Blokka.

Yvonne Farrell y Shelley McNamara, Premio Pritzker de Arquitectura 2020

/ Javier González de Durana /

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Universita Luigi Bocconi / Grafton Architects.

Yvonne Farrell y Shelley McNamara, de Grafton Architects, han recibido el Premio Pritzker de Arquitectura 2020. El premio, que se considera el mayor honor de la arquitectura, fue otorgado al dúo irlandés por la «integridad en su enfoque tanto de sus edificios como de su práctica, su generosidad hacia sus colegas, su actitud responsable hacia el medio ambiente y su compromiso incesante con la excelencia en arquitectura«.

La carrera de Farrell y McNamara es claro reflejo de una voz arquitectónica única. El dúo ha trabajado en proyectos de varias escalas, estableciendo un complicado diálogo entre los espacios públicos y privados, y aquellos que los ocupan, construyendo proyectos específicos del sitio que homenajean la historia, la planificación urbana y la arquitectura moderna.

En 1978, fundaron Grafton Architects, originalmente con otras tres personas, pero terminaron quedándose solas en la firma. Su estudio, que lleva el nombre de la calle donde estuvo su oficina inicial, tiene una amplia carrera con importantes proyectos culturales y académicos como el Urban Institute of Ireland, University College Dublin (Dublín, Irlanda 2002); Solstice Arts Centre (Navan, Irlanda 2007); Loreto Community School (Milford, Irlanda 2006); y Escuela de Medicina, Universidad de Limerick (Limerick, Irlanda 2012).

Comenzaron su despertar arquitectónico en sus primeros años de infancia, McNamara recuerda su primer descubrimiento, una casa del siglo XVIII en la calle principal de la ciudad de Limerick, donde el espacio y la luz despertaron sus sentidos. Farell, por otro lado, estaba fascinada por su ciudad natal, Tullamore, especialmente por su paisaje natural, donde se sentía «cerca de la naturaleza«. Lejos de proyectos en la Irlanda natal, su primer encargo internacional, la Universita Luigi Bocconi en Milán (Milán, Italia 2008), fue galardonado con el ‘Edificio Mundial del Año’ en la inauguración del ‘Festival Mundial de Arquitectura 2008’, en Barcelona. Más adelante, en 2015, el Real Instituto de Arquitectos Británicos (RIBA) otorgó al desafiante Campus Universitario UTEC Lima (Lima, Perú 2015) el primer Premio Internacional RIBA 2016.

En constante diálogo con el entorno, las arquitectas explican que están en permanente búsqueda de «una arquitectura que se preocupe por aumentar la relación entre las personas«. De hecho, su recién terminada Université Toulouse 1 Capitole, School of Economics (Toulouse, Francia 2019) es una reinterpretación metafórica de una ciudad llena de puentes, muros, paseos y torres de piedra. Iguales y complementarias, como anunció el Pritzker, el trabajo de Yvonne Farrell y Shelley McNamara siempre ha girado en torno a los seres humanos. Su sentido de escala y proporción les ayudó a generar espacios íntimos en entornos relativamente hostiles. En ese sentido, McNamara afirma que “la arquitectura es un marco para la vida humana. Nos ancla y nos conecta con el mundo de una manera que posiblemente ninguna otra disciplina de creación de espacio pueda”.

Farrell y McNamara han ocupado la cátedra Kenzo Tange en la Harvard Graduate School of Design (2010) y la cátedra Louis Kahn en la Universidad de Yale (2011). Ganadoras del León de Plata de la Bienal de Venecia 2012 por la exposición, Arquitectura como nueva geografía, las arquitectas fueron nombradas más adelante, en 2018, co-comisarias de la XVI Exposición Internacional de Arquitectura con el tema FREESPACE.

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Kingston University Town House / Grafton Architects.

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Acta del Jurado

Yvonne Farrell y Shelley McNamara han practicado la arquitectura juntas durante cuarenta años de una manera que refleja claramente los objetivos del Premio Pritzker: reconocer el arte de la arquitectura y el servicio constante a la humanidad como lo demuestra un cuerpo de trabajo construido. Cofundando su práctica profesional, llamada Grafton Architects, en Dublín (Irlanda) en 1978, han perseguido de manera constante y sin vacilaciones la arquitectura de más alta calidad para el lugar específico en el que se iba a construir, las funciones que albergaría y especialmente para las personas que habitarían y usarían sus edificios y espacios. Tienen una obra que incluye numerosos edificios educativos, viviendas e instituciones culturales y cívicas.

Pioneras en un campo que tradicionalmente ha sido y sigue siendo una profesión dominada por los hombres, también son faros para los demás a medida que forjan su ejemplar camino profesional. Muchos de sus edificios están ubicados en su país de origen, Irlanda, pero a través de concursos han ganado importantes encargos en otros lugares del mundo, como Italia, Francia y Perú. Con una profunda comprensión del lugar obtenida a través de investigaciones, agudos poderes de observación, exploraciones abiertas -siempre curiosas- y un profundo respeto por la cultura y el contexto, Farrell y McNamara pueden hacer que sus edificios respondan a un entorno y una ciudad de la manera más adecuada, mientras siguen siendo desenvueltas y modernas. Esta profunda comprensión del «espíritu de lugar» significa que sus trabajos mejoran la comunidad local. Sus edificios son «buenos vecinos» que buscan hacer una contribución más allá de los límites del edificio y hacer que una ciudad funcione mejor. Su North King Street Housing, en Dublín (2000), es un ejemplo de esto: crea un patio interior y un respiro de las concurridas calles adyacentes. 

Las arquitectas son hábiles y exitosas trabajando a muchas escalas, desde grandes edificios institucionales hasta una casa de poco más de 100 metros cuadrados. Sin gestos grandiosos o frívolos, han logrado crear edificios que son presencias monumentales institucionales cuando es apropiado, pero aun así estando divididos en zonas y detallados de tal manera que producen espacios más íntimos que crean comunidad interior. En sus grandes edificios, como el Campus Universitario UTEC (2015) en Lima, Perú, o el edificio de la Escuela de Economía (2008), en la Universita Luigi Bocconi, han logrado una escala humana a través de la composición de espacios y volúmenes de diferentes tamaños. Los diálogos que crean entre edificios y alrededores demuestran una nueva apreciación tanto de sus obras como del lugar. Como una constante en su enfoque, las arquitectas entienden el modo diseñar secciones complejas de edificios de tal manera que las vistas conecten espacios interiores profundos con el reino exterior más grande y permitan que la luz natural penetre y anime espacios interiores profundos de un edificio. A menudo, la luz fluye desde tragaluces o ventanas de pisos superiores, atravesándolos, para brindar calidez e interés visual, ayudando a los habitantes a orientarse fácilmente en los espacios y proporcionando la siempre necesaria conexión con el exterior.

Por su integridad en el enfoque de los edificios que conciben, así como la forma en que llevan a cabo su práctica, su creencia en la colaboración, su generosidad hacia sus colegas, especialmente como se evidencia en eventos como la Bienal de Venecia 2018, su compromiso incesante con la excelencia en arquitectura, su actitud responsable hacia el medio ambiente, su capacidad de ser cosmopolitas al tiempo que abraza la singularidad de cada lugar en el que trabajan, por todas estas razones y más, Yvonne Farrell y Shelley McNamara reciben el Premio Pritzker de Arquitectura 2020. 

Solstice Arts Centre : Grafton Architects
Solstice Arts Centre / Grafton Architects.

Miembros del Jurado en 2020 del Pritzker Architecture Prize: Stephen Breyer (Presidente): Miembro de la Corte Suprema de EEUU. Washington, DC. André Aranha Corrêa do Lago: Crítico de Arquitectura, comisario y embajador de Brasil en India, Delhi, India. Barry Bergdoll: Historiador de Arquitectura, Profesor, comisario y escritor, New York. Deborah Berke: Arquitecta y profesora, New York. Kazuyo Sejima: Arquitecta y Premio Pritzker 2010, Tokyo, Japan. Benedetta Tagliabue: Arquitecta y profesora, Barcelona, Spain. Wang Shu: Arquitecto, profesor y Premio Pritzker 2012, Hangzhou, China. Martha Thorne: Decana de la Escuela de Arquitectura y Diseño, Madrid, Spain.

Engineering and Technology University : Grafton Architects + Shell Arquitectos
Engineering and Technology University / Grafton Architects + Shell Arquitectos.

 

Homenaje a Julián Larrea Basterra

/ Javier González de Durana /

cartel del acto

En Diciembre del 2017 nos dejaba D. Julián de Larrea Basterra (1925-2017). Ligado a la Delegación en Bizkaia del COAVN desde su colegiación en 1957, su fructífera trayectoria en el ejercicio de la profesion queda refelejada en algunos de los ejemplos destacados de arquitectura del último tercio del pasado siglo de su entorno.

Su legado, más allá de la obra arquitectónica, incluye su talente generoso compartido a lo largo de su carrera a través de colaboraciones con arquitectos como Rufino Basáñez y Esteban Argárate, entre otros.

Desde la Delegación en Bizkaia del COAVN queremos hacer un reconocimiento a su figura mediante un Acto Homenaje que tendrá luegar el viernes 6 marzo a las 18:00h en el Salón de Actos de la Delegación. El acto contará con la participación de personas que han profundizado en su trayectoria con el fin de resaltar su semblanza.

Programa del Acto Homenaje a D. Julián Larrea Basterra que tendrá lugar en el Salón de Actos de la Delegación en Bizkaia del COAVN el viernes, 6 de marzo, de 18:00h. a 19:30h.

1.- Saludo y bienvenida

. -Dña. Matxalen Acasuso Atutxa. Decana COAVN

. -D. Iñigo Basáñez Alfonso. Presidente Delegación en Bizkaia del COAVN

2.- Intervenciones de los ponentes:

. -D. Javier González de Durana Isusi. Historiador de Arte

. -D. Carlos Gamendia Fernández. Arquitecto

  1. Mesa redonda abierta

A la finalización del Acto se ofrecerá un aperitivo.

Una Ley de Arquitectura en interés de la sociedad.

Javier González de Durana

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En Europa la promoción de la calidad del entorno construido está ligada a la Declaración de Davos y al concepto de baukultur –traducida como “cultura del habitar”- que comprende todas las actividades humanas transformadoras del entorno construido: desde los edificios existentes, incluidos los monumentos y otros elementos del patrimonio cultural, hasta el diseño y la construcción de edificios modernos, infraestructuras, espacios públicos y paisajes.

El punto de partida de la Declaración de Davos fue la Conferencia de ministros de Cultura celebrada en esta ciudad suiza del 20 al 22 de enero de 2018. Está suscrita por la Comisión Europea, el Consejo de Europa, la mayoría de los Gobiernos de la Unión Europea y otras entidades no gubernamentales del ámbito de la cultura, la arquitectura y el patrimonio, como UNESCO, Europa Nostra, el Centro Internacional de Estudios para la Conservación y la Restauración de los Bienes Culturales (ICCROM) y el Consejo de Arquitectos de Europa (CAE). En nuestro país la suscriben más de un centenar de entidades, incluido el Gobierno, a través de sus ministerios de Cultura y Fomento. Por primera vez en su historia, la Unión Europea está trabajando en políticas que parten de la idea de que la Arquitectura es la “disciplina que alcanza el equilibrio adecuado entre los aspectos cultural, social, económico, medioambiental y técnico para el bien común” con un equipo de expertos creado ex profeso.

Desde la década de los años setenta del siglo pasado, la necesidad de proteger el patrimonio arquitectónico y, con ello, los valores culturales de los pueblos, preservando el interés general de la ciudadanía, se ha traducido en normas aprobadas al efecto en diferentes países de nuestro entorno. Francia cuenta con una Ley de Arquitectura desde el año 1977 y que, una vez modificada en 2016, se ha convertido en el motor de esta legislación para otros países de Europa. Después de que Lituania se alzara en 2017 como segundo país con una norma semejante, otros gobiernos como el español, el italiano y el portugués se han puesto a trabajar en ello. El ministro Ábalos, que ha prometido presentar su ley este año, podría situar a España como el tercer país europeo que pone la arquitectura como elemento clave en la calidad de vida de las personas. El Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana, junto con el Consejo Superior de los Colegios de Arquitectos de España (CSCAE), se halla inmerso en un proceso para elaborar una Ley de Arquitectura y Calidad del entorno construido. Dentro de España durante los últimos años se han producido avances similares con la aprobación de legislaciones específicas en varias comunidades autónomas, como Extremadura y Cataluña.

En un contexto de degradación generalizada del entorno construido, de importantes cambios sociales y un aumento de las desigualdades, con regiones periféricas en declive, una urbanización acelerada en las grandes ciudades y en el epicentro de una crisis climática, esta norma establecerá el valor que tienen la Arquitectura y el trabajo de sus profesionales para el bien común. Es decir, para garantizar la salud y el bienestar de las personas, como salvaguarda del patrimonio y de los valores culturales de nuestros pueblos y ciudades, y para promover la transformación profunda que necesitan de cara a seguir siendo útiles y responder a las necesidades de sus habitantes.

Se espera que una Ley de Arquitectura y Calidad del entorno construido creará el marco jurídico adecuado para garantizar la defensa y la promoción de los valores culturales del espacio edificado, paliará desequilibrios actuales entre las zonas rurales y las grandes urbes y facilitará el trabajo de los profesionales y de las empresas del sector de la edificación, lo que, a su vez, redundará en la calidad del entorno construido que se pretende preservar.

Esta Ley de Arquitectura y Calidad del entorno construido se plantea en un momento en el que tener una visión estratégica e integradora de todas las políticas que impactan en el desarrollo urbano y territorial es esencial. Como José Luis Ábalos apuntó, es tan importante, que hasta el nombre mismo del ministerio ha evolucionado: “Fomento no se adecuaba a la visión contemporánea de la movilidad, ni capturaba la relevancia de las políticas urbanas”. Desde ese Ministerio se insiste en “la importancia de la arquitectura como elemento interés general para el bienestar y la cohesión social. Sin una buena arquitectura no vamos a alcanzarlo”. La futura norma priorizará los valores culturales sobre los intereses económicos a corto plazo, promoverá herramientas de contratación pública que impulsen la calidad y la sostenibilidad y las buenas prácticas.

La Agenda Urbana Española, una de las responsabilidades del ministro Abalos, es la hoja de ruta que marca la estrategia y las acciones precisas para conseguir que pueblos y ciudades sean espacios de convivencia amables, acogedores, saludables y sostenibles. El horizonte temporal para implementarla es el año 2030, pero estos objetivos no se alcanzarán a los actuales ritmos de densificación, renovación urbana y rehabilitación. De ahí la importancia de un instrumento que sirva para apoyar y acelerar la transformación de nuestros entornos urbanos a base de concertación sectorial, un gran pacto político, económico y social a largo plazo y multi-nivel que dé una respuesta integral a los retos que afrontan pueblos y ciudades, una respuesta en la que los valores culturales estarán situados por encima de los intereses económicos a corto plazo. Estaremos vigilantes para que esta promesa adelantada mediante frase mediática no se convierta en el escudo para encubrir lo contrario.

El presidente del Consejo Superior de los Colegios de Arquitectos de España (CSCAE), Lluís Comerón, plantea que “no es lo mismo tener una escuela con un edificio anodino que una escuela que nos guste, de la que nos sintamos orgullosos, que nuestros hijos se encuentren bien en ella, en la que se pueda apreciar el resultado cuando entra el sol y en la que pueda tener una relación su vida con el jardín y los espacios exteriores”.

Aunque pudieran parecerlo, estas palabras de Comerón no están dichas con la mirada puesta de reojo en la reclamación del AMPA del colegio Cervantes en relación al negocio pretendido por el obispado de Bilbao con el edificio educativo y el patio de recreo de su Escuela de Magisterio ubicada en la calle Barraincúa, de Bilbao, pero son directa y acertadamente aplicables. Por cierto, si el presidente del CSCAE dice lo que dice… ¿por qué la Delegación en Bizkaia del Colegio Oficial de Arquitectos Vasco-Navarro no dice nada acerca del conflicto citado? Siendo vecinos, además…

Elisabet Silvestre, Doctora en biología. Máster en Bioconstrucción. Docente en Biohabitabilidad, ha escrito que «el gran reto de la arquitectura hospitalaria es crear entornos que promuevan la salud«, esto es, hacer de la arquitectura una herramienta para crear entornos con tecnología de vanguardia, accesibles, seguros y al mismo tiempo amables, que promuevan el buen funcionamiento de los sistemas biológicos y ayuden a la recuperación, en fomentar la luz natural, una iluminación artificial que respete los ritmos circadianos, los materiales saludables, la higiene energética y química, las formas orgánicas y el contacto visual con la naturaleza. Este es el gran reto de la arquitectura hospitalaria.

Visto lo cual y entendido el mensaje, la mejor función posible de la clínica que Mutualia quiere instalar, en espuria alianza con el obispado de Bilbao, sobre la parcela situada entre las calles Barraincúa, Heros y Lersundi es que que ese equipamiento privado no se lleve a cabo, pues caso de hacerse se perdería la posibilidad de un entorno amable (adiós a un jardín urbano), el buen funcionamiento de los sistemas biológicos de la población del entorno (hola a un tráfico empeorado y estresante), el contacto visual con la naturaleza (adiós a las palmeras y a la nutrida colonia de pájaros que en ellas habita) y, por otra parte, se perdería luz natural (hola a la sombra que proyectaría el nuevo edificio), muy en particular la que necesitan las niñas y niños del inmediato Colegio Cervantes.

Dios bendiga este negocio!

patio dibujo
Un dibujo realizado en el Colegio Cervantes por alumnado contrario al hospital y en defensa de las palmeras existentes.

Pelotazo en Abando: anatomía de un abuso.

Javier González de Durana

Ya he abordado aquí en diferentes ocasiones el asunto que califiqué como «alianza Obispado-Mutualia-Murias«, una joint-venture que tiene como epicentro el antiguo colegio de las Carmelitas de Barraincúa, hoy Escuela de Magisterio Begoñako Andra Mari, dependiente del Obispado de Bilbao, una apetitosa parcela del Ensanche bilbaíno ocupada por un edificio histórico (aunque las autoridades competentes en la protección del patrimonio edificado no lo vean así) y un patio de recreo en el que crecen dos airosas y centenarias palmeras que se han convertido en el santo y seña de un noble empeño.

El obispado de Bilbao ha conjugado un lamentable negocio en el que, además de implicar a una mutua médica y a una constructora, ha arrastrado al Área de Urbanismo del Ayuntamiento de Bilbao al plegarse ésta a los intereses económicos del obispado y desentenderse de las reclamaciones ciudadanas. Estas reclamaciones no hacen sino exigir coherencia al propio Ayuntamiento, que alardea de crear espacios urbanos de proximidad en los barrios y de restringir el tráfico rodado en centro de la ciudad, cuando en este caso opera en sentido completamente contrario al eliminar en esa parcela la única posibilidad de crear un espacio de proximidad para el barrio y al autorizar la construcción de un hospital sobre cinco plantas subterráneas de aparcamiento junto a un colegio público, un colegio cuyos niños y niñas se verán privados, junto a sus abuelos y abuelas, de un lugar donde jugar, descansar, charlar, un lugar donde socializar.

En suma, ni espacio de proximidad ni reducción de tráfico, Al revés, un relleno de todo hueco urbano posible y una clínica plus aparcamiento para que más vehículos se acerquen a calles que ya hoy están congestionadas la mayor parte del día. Al Ayuntamiento de Bilbao le encantan las grandes declaraciones preñadas de palabras rimbombantes y promesas de solidaridad, ciudadanía y buenrrollismo, pero en cuanto un poder fáctico -léase, el Obispado, uno de los mayores propietarios de inmuebles y bienes raíces del territorio- le aprieta las tuercas se olvida de las promesas -si alguna vez las hizo sinceramente- y se pliega a lo que ordene la autoridad competente, que para el alcalde que tenemos es siempre una que vista sotana y alzacuellos.

La Asociación  de vecinos por un Abando Habitable y Saludable y el AMPA del Colegio Cervantes vienen desplegando desde hace años una lucha cívica y democrática por preservar para el bien público esa parcela, como un jardín abierto y un uso cultural para el edificio adjunto. Los vecinos implicados en esta lucha local bregan por un micro-urbanismo de calidad; son arquitectos, abogados, historiadores, economistas, artistas, empresarios, profesores…, pero no quieren más que otros vecinos de la ciudad, sino que desean exactamente lo que el Consistorio dice querer y prometer para todos. Existe el temor de que el Ayuntamiento esté ejercitando una discriminación de clase, pues al considerar que esa ciudadanía tiene una renta per cápita elevada (si no fuera así, no vivirían en ese barrio, se argumenta), sus reivindicaciones (como digo, equiparables a las promesas municipales) le parecen fuera de lugar y caprichos de gente acomodada (olvidando que este barrio tiene una elevadísima tasa de envejecimiento y numerosos jubilados de edad avanzada). Pues no, lo que tales vecinos quieren es justo lo que el Ayuntamiento dice querer. Pero no sólo en los barrios periféricos, sino también en el centro, un amplía área cada vez más ocupada por edificios de oficinas, hoteles, bares, restaurantes y tiendas de ropa globalizada. Los vecinos que van quedando empiezan a sentirse como sioux en la última reserva, acosados por agricultores y ganaderos que les van limando el territorio, y con el último espacio libre amenazado directamente por el guía espiritual de los dineros.

Esa lucha sentida en elevado grado por todo el barrio ha quedado plasmada en un libro singular, una edición autogestionada y artesanal, cuyas cubiertas exteriores se han confeccionado una a una -customizadas, se dice- con cartones recogidos en las calles del barrio, a la manera ideada por la editorial Eloísa Cartonera, de Buenos Aires. El libro se halla bajo la licencia creativecommons y, por tanto, cualquiera lo puede difundir, copiar, reproducir, adaptar, remezclar, transformar y recrear, siempre que se reconozca la autoría original. Sin más.

El libro disecciona el proceso vivido a lo largo de los últimos años de pelea por el sentido común y basta leer el índice para entender que el obispado es una hidra con muchas cabezas y oscuros recursos, pero con poca razón y peor gestión:

Capítulo I. El malogrado proyecto de viviendas (2017). Que trata de cómo el obispado de Bilbao intentó y no consiguió construir un edificio de viviendas en su parcela.

Capítulo II. Recalificación: se retira el uso exclusivo docente (2018). Que trata de cómo el obispado de Bilbao consiguió cambiar el uso del suelo de su escuela universitaria aprovechando una modificación del PGOU para levantar el veto docente a dos colegios de enseñanza obligatoria abandonados.

Capítulo III. Estudio de Detalle: se da forma al edificio (2018-2019). Que trata de cómo el obispado de Bilbao consiguió tramitar el Estudio de Detalle con aparente legalidad y opacidad.

Capítulo IV. El pelotazo: la entrada de Murias y Mutualia (2019). De cómo el proyecto pasó de ser la sede unificada de la iglesia vizcaína a que una clínica privada ocupara casi la mitad del edificio.

Capítulo V. Algo se mueve bajo las palmeras: movimientos ciudadanos (2019-2020). Que trata sobre las diferentes movilizaciones y acciones en contra de la operación Obispado-Murias-Mutualia.

Capítulo VI. Licencia de derribo (2019). Que trata de cómo el obispado intentó demoler su propio edificio y las palmeras durante el verano y no lo consiguió.

Capítulo VII. Proyecto de construcción (2019). Que trata del proyecto de clínica privada y sede diocesana que el obispado quería construir en el barrio de Abando.

Este libro, «compuesto colectivamente por el coro de vecinos reticentes de Abando«, y dirigido «al obispo de Bilbao, Mario Iceta Gavicagogeascoa, al obispo auxiliar de Bilbao, Joseba Segura Etxezarraga, al alcalde de Bilbao, Juan Mari Aburto, y al pueblo de Bilbao«, con el paso del tiempo será una joya bibliográfica que se hoy puede adquirir en las librerías Binario (c/ Iparraguirre 9 bis), Cámara (c/ Euskalduna, 8), Louise Michel (c/ Elcano, 27) y Anti (c/ Dos de Mayo, 2).  De momento es la joya evidente de un comportamiento cívico y democrático ejemplar desplegado por unas mujeres y hombres que no toleran la mentira y no aguantan la afrenta de un abuso económico-urbanístico y una dejación de responsabilidades edilicias.

No somos ingenuos: sabemos que nuestras acciones apenas arañan la diocesana piel de cocodrilo, pero nos preguntamos ¿es que no va a haber nadie dentro de la propia Iglesia católica -ay, cuantas grandes palabras para obrar el bien- que ponga freno a este despropósito? ¿de verdad, nadie siente una profunda vergüenza dentro del clero local? Sabemos que hay muchos sacerdotes que están en contra de este «corte inglés diocesano», ¿a qué le tienen miedo que les hace callar y transigir con una operación propia de mercaderes en el templo?

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Portada de un ejemplar del libro