Donald Trump y el clasicismo.

Capitolio USA
Capitolio, Washington DC, Arq. Frederick Law Olmsted, 1874-92.

Son tantos y tan graves los despropósitos escuchados al presidente Donald Trump desde el día de su nombramiento que se acumulan unos sobre otros formando una oceánica mezcla de apestosas mentiras, grosera ignorancia y vergonzosa inmoralidad. En su peligrosa estupidez se permite sugerir, en unos tiempos como los actuales, curas mágicas que atentan al sentido común y amenazan la salud pública, recomendando la inyección de productos de limpieza (lejía, por ejemplo) contra el patógeno y suscitando, con ello,  una reacción generalizada de condena, consternación y, sobre todo, burla. El coronavirus se ha llevado por delante a más de 54.000 ciudadanos en Estados Unidos. El recuento de difuntos en escasas cinco semanas casi supera a los muertos estadounidenses durante una década de guerra en Vietnam. En estas dramáticas circunstancias afirma que sus descerebradas sugerencias son “sarcasmos”. ¡Sabrá él lo que es un sarcasmo!

Lógicamente, la arquitectura no podía quedar fuera de campo de su ultra-conservador pensamiento y, así, hace unos meses, poco antes de la aparición de esta pandemia, se hizo público que la Casa Blanca estaba en posesión de un proyecto titulado “Hacer que los edificios federales vuelvan a ser hermosos” (correlato del “Make America great again”). Con este proyecto se revocarían las reglas que han estado vigentes desde hace casi 60 años, unas reglas que han asegurado la imposibilidad de que se estableciera un “estilo oficial” en las arquitecturas de los edificios del gobierno federal. En cambio, este borrador de orden ejecutiva propone que “el estilo arquitectónico clásico será el estilo preferido” para “(1) todos los juzgados federales y las oficinas centrales de las agencias, (2) todos los edificios públicos federales en la Región de la Capital Nacional, y (3) todos los demás públicos federales edificios que costaron o se espera que cuesten más de 50 millones de dólares“.

La más importante asociación de arquitectos del país (The American Institute of Architecture, AIA) se opuso firmemente a ese mandato de estilo uniforme para los edificios federales, afirmando que la arquitectura debe diseñarse para las comunidades específicas a las que sirve, reflejando los diversos lugares, pensamientos, culturas y climas de esa variada nación, comprometiéndose a honrar el pasado común y a reflejar el progreso futuro, protegiendo la libertad de pensamiento y de expresión, libertades esenciales para la democracia.

El borrador de este proyecto fue elaborado por la National Civic Art Society, una entidad no-oficial sin ánimo de lucro fundada en 2002, profundamente conservadora, que define el clasicismo como “el estilo arquitectónico derivado de las formas y principios de la arquitectura clásica griega y romana, y más tarde empleado por arquitectos del Renacimiento como Christopher Wren y Robert Adam; arquitectos del siglo XIX como Charles F. McKim, Robert Mills y Richard Morris Hunt; y practicantes del siglo XX como John Russell Pope y la firma de Delano y Aldrich“. Rechaza la mayor parte de lo construido por el gobierno federal durante el último medio siglo porque “tiene poco atractivo estético“, citando como ejemplo de tal defecto, el trabajo de Marcel Breuer, Mack Scogin Merrill Elam Architects, Morphosis… Al hacerlo, la orden afirma que “el gobierno federal ha dejado de construir edificios hermosos que los estadounidenses quieren ver o en los que trabajar“.

Jefferson Memorial
Clasicismo: Jefferson Memorial, Washington DC, Arq. John Russel Pope, 1939-43.

La National Civic Art Society ya adelantó su punto de vista al respecto en un encuentro, titulado “La arquitectura de la burocracia”, que tuvo lugar en octubre de 2018 y en el que se discutió “la inspiración intelectual y estética para los edificios burocráticos del New Deal y épocas posteriores, y su marcado contraste con los principios clásicos que influyeron en los arquitectos de nuestro Capitolio, la Casa Blanca y los otros edificios tempranos de nuestra república”. El presidente de la junta de esta sociedad, Marion Smith, también es director ejecutivo de la Victims of Communism Memorial Foundation, creada en 1993 (durante el mandato de Clinton, vaya por Dios). Resulta paradójico, pues él debería saber que un dictador comunista como Joseph Stalin exigía el clasicismo a sus arquitectos, pero, en fin…

La orden prohíbe “los diseños arquitectónicos en los estilos brutalista y deconstructivista, y los estilos derivados de ellos …” y, aunque abre la puerta a alternativas (“esta preferencia no excluye la experimentación con estilos nuevos y alternativos“), presenta dificultades extremadamente elevadas para su realización, incluida la aprobación personal del presidente. Además, todos los diseños estarían sujetos a comentarios y a un panel de revisión públicos.

Paralelamente, la orden también establece que una comisión presidencial deberá actualizar los “Principios Rectores para la Arquitectura Federal” para reflejar el nuevo mandato trumpiano. Estos principios, excelentes, que ahora se quieren eliminar fueron escritos por el senador Daniel Patrick Moynihan en 1962, mientras era secretario asistente de trabajo en la administración Kennedy y, tal como están redactados, articulan tres objetivos:

1 La política será proporcionar las instalaciones necesarias y adecuadas en un estilo y forma arquitectónica que sea distinguida y que refleje la dignidad, la empresa, el vigor y la estabilidad del gobierno nacional estadounidense. Se debe hacer mayor hincapié en la elección de diseños que incorporen el mejor pensamiento arquitectónico estadounidense contemporáneo. Se debe prestar especial atención a las posibilidades de incorporar en tales diseños cualidades que reflejen las tradiciones arquitectónicas regionales de esa parte de la nación en la que se encuentran los edificios. Cuando sea apropiado, se debe incorporar arte en los diseños, con énfasis en el trabajo de artistas estadounidenses vivos. Los diseños deberán cumplir con las prácticas de construcción sólidas y utilizar materiales, métodos y equipos de confiabilidad comprobada. Los edificios deben ser económicos para construir, operar y mantener, y deben ser accesibles para los discapacitados.

2 Se debe evitar el desarrollo de un estilo oficial. El diseño debe fluir de la profesión arquitectónica al gobierno. y no al revés. El Gobierno debería estar dispuesto a pagar algunos costos adicionales para evitar una uniformidad excesiva en el diseño de edificios federales. Se pueden realizar concursos para el diseño de edificios federales cuando sea apropiado. El consejo de arquitectos distinguidos debe buscarse, por regla general, antes de la adjudicación de importantes contratos de diseño.

3 La elección y el desarrollo del sitio de construcción deben considerarse el primer paso del proceso de diseño. Esta elección debe hacerse en cooperación con las agencias locales. Se debe prestar especial atención al conjunto general de calles y lugares públicos de los que formarán parte los edificios federales. Donde sea posible. Los edificios deben ubicarse de manera que permitan un desarrollo generoso del paisaje.

Federal Bureau of Investigation, 1975.
Brutalismo: Federal Bureau of Investigation (FBI), Washington DC, Charles F. Murphy Ass.,1964-75.
470512604_c0283434b1968 Robert C. Weaver Federal Building, designed by Marcel Breuer
Brutalismo: Robert C. Weaver Federal Building, Washington D.C., Marcel Breuer, 1965-68.
U.S. Courthouse, Mack Scogin Merrill Elam Architects, Austin, 2006-12.
Deconstructivismo: U.S. District Courthouse, Mack Scogin Merrill Elam Archs., Austin, 2006-12.

Moynihan era un demócrata que, antes de su elección en 1977 como senador de Nueva York, trabajó para dos presidentes, como consejero de Richard Nixon y como embajador de la ONU para Gerald Ford (¡mira por dónde!, ambos republicanos). Si estuviera vivo hoy, probablemente apoyaría la actualización de sus “Principios Rectores para la Arquitectura Federal” siempre que el objetivo fuera construir una sociedad más democrática y adaptada al cambio climático. En lugar de jugar a la política sobre el estilo, él preferiría que se trabajara en torno a una arquitectura con emisiones-cero de carbono a la atmósfera. Trump no se lo permitiría, claro.

Isaac Asimov escribió en un artículo titulado “El antiintelectualismo en los Estados Unidos” (Newsweek, 21 de enero de 1980) lo siguiente: “En Estados Unidos hay un culto a la ignorancia, y siempre lo ha habido. El antiintelectualismo ha sido esa constante que ha ido permeando nuestra vida política y cultural, amparado por la falsa premisa de que democracia quiere decir que ‘mi ignorancia vale tanto como tu saber’“. Ahí está Trump como fruto maduro de ese culto.

U.S. District Courthouse, Los Angeles, SOM.
Muro-cortina: U.S. District Courthouse, Los Angeles, SOM, 2018.

La España surgida tras la guerra civil, con Francisco Franco a la cabeza, también tuvo la grandilocuente tentación de generar una arquitectura que miraba a tiempos pasados. “Madrid. Capital Imperial” fue el primer texto teórico sobre arquitectura y urbanismo publicado bajo el Régimen de Franco y definía muy gráficamente una de las prioridades del Plan de Reconstrucción que redactaron los Servicios Técnicos de Falange, la recuperación del “Imperio”. A través de continuas alusiones a “la cornisa imperial” o el “perfil velazqueño” de Madrid se entiende que se erigiera un edificio como el Ministerio del Aire, obra de Luis Gutiérrez Soto, cuyas formas son una deuda atemporal y desplazada de los usos de Villanueva o Herrera, así como el Arco de la Victoria, ambas piezas edificadas en el barrio de Moncloa, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, el Valle de los Caídos o, ya fuera de Madrid, la Universidad Laboral de Gijón…

El Plan Nacional de Ordenación y Reconstrucción de Madrid, elaborado por los Servicios Técnicos de Falange que dirigió el elgoibarrés Pedro Muguruza Otaño desde 1938, fue una de las lanzaderas de Falange para imponer su visión del Estado. El Plan pretendía “dotar a la Patria española de una organización corpórea de perfecto funcionamiento, viva y bella, donde su espíritu fructifique y cumpla gloriosamente su misión universal“, que no era otra que aspirar siempre a la “ambición de Imperio“, “la misión transcendente de España“. O sea, “hacer España grande de nuevo”. Fascistas como Trump y Franco, a pesar de la distancia geográfica y temporal, coinciden.

FBI-South-Florida-HQ, Kruek+Sexton Archs.
Deconstructivismo: FBI South Florida HQ, Miramar, Kruek+Sexton Archs., 2017.

 

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