Canadian Museum of Nature, en Ottawa (Canadá)

/ Javier González de Durana /

El edificio museístico tal y como fue conocido a lo largo del siglo XX, después de que en 1916 fuera demolida la parte superior del torreón central.

A la derecha, el torreón central tras la construcción del edificio y antes de que su mitad superior fuera retirada. A la izquierda, aspecto del torreón tras la reciente incorporación de «La Linterna».

Hace varias semanas empecé una serie referida a museos instalados en edificios históricos -fueran construidos para ser museos o para cualquier otra función- que se habían visto en la necesidad de ampliar sus instalaciones recientemente. El interés radica en comprobar cómo lo ha hecho el arquitecto que ha intervenido en el edificio para lograr dar satisfacción al cliente y el grado en que esa nueva incorporación consigue respetar el edificio histórico sin renunciar a la incorporación de una arquitectura de expresión actual. El primer caso que revisé fue el Museo del Calzado, en Waalwijk (Holanda).

En este capítulo vemos el Museo Canadiense de la Naturaleza, que recibió inicialmente el nombre de Victoria Memorial Museum y fue el primer edificio del país concebido y levantado para ser museo, pues otros existentes con anterioridad se ubicaban en edificios construidos para cumplir otras funciones (cuarteles, conventos, casas privadas…) y terminaron siendo museos, lo cual exigió en ocasiones importantes obras de adecuación. El Canadian Museum of Nature fue diseñado por David Ewart, arquitecto-jefe de Obras Públicas de la ciudad, construyéndose entre 1905 y 1911 con principios de diseño propios del «beaux-artisme». Su estampa es la de un castillo palaciego mezcla de Tudor y gótico con fachadas en piedra arenisca, lo cual, unido al hecho de enclavarse en lo alto de una suave loma, le confiere un aspecto de gusto romántico en el que colaboran la silueta almenada, una gran y elegante logia frontal de arcos conopiales y vidrieras en el pabellón central saliente, y las torres en esquina con torretas. El conjunto define un volumen masivo y equilibrado. En la talla de los sillares laboraron 300 canteros escoceses traídos expresamente para esta tarea; quizás por ello se suele decir que es de estilo «señorial escocés», ya que Escocia durante los reinados de la dinastía Tudor era un reino diferente de Inglaterra y no se vio muy afectado por este estilo arquitectónico, más propiamente inglés. La obra de Ewart fue la respuesta local y tardía a la moda existente durante el siglo XIX de mezclar elementos góticos y Tudor (siglo XVI) en edificios públicos, como estaciones de ferrocarril o museos, y privados, como hoteles.

El punto focal era una torre de piedra con grandes ventanales y torretas sobre la entrada. A medida que se construía el edificio sobre el suelo arcilloso en que se asienta Ottawa, el edificio comenzó a hundirse. En 1916 para descargar de peso a la estructura se truncó la parte superior de la torre, así que lo que se pudo ver durante muchas décadas fue un edificio amputado, aunque no lo pareciese. Interiormente responde a un orden axial: un patio cubierto ordena la distribución espacial; del fondo de este patio parten unas escaleras que conducen a los tres niveles superiores; en cada nivel el perímetro del patio se presenta abalconado y los pasillos a su alrededor conducen a las diferentes estancias a derecha e izquierda, incluido, en el eje absidal de la parte posterior del edificio, un gran salón. Se inauguró en 1912 y es Monumento Nacional desde 1986.

A la izquierda, aspecto del patio cubierto, los cuatro niveles y las históricas escaleras de acceso a ellos. A la derecha, lucernario del patio y nuevas escaleras ,»La Mariposa», dentro del adyacente cubo acristalado.

Nuevas escaleras, The Butterfly, de comunicación entre los diversos niveles del museo construidas dentro del cubo-torreón de cristal.

Interior del cubo de cristal con esfera lunar e interior del patio cubierto con esfera terrestre.

Interior del torreón de día y exterior del torreón de noche.

Las intervenciones actuales en edificios museísticos no siempre tienen el propósito de ganar superficie para las actividades expositivas cada vez más numerosas y complejas, para atender a un público cada vez más abundante o para el almacenaje de unas colecciones cada vez más grandes. A veces tratan de resolver problemas internos de circulación, bien porque en origen se plantearon de manera inadecuada o bien porque con el paso de los años haya convenido la reubicación de determinadas áreas de funcionamiento. El problema principal que tuvo el edificio de Ottawa durante todo el siglo XX vino provocado, precisamente, por la desaparición de ese torreón central, pues amputó los itinerarios interiores originalmente previstos, obligando a unos recorridos complicados que, entre otras cuestiones, hacían necesario que el visitante, para ir de un lado del edificio al otro, tuviera que desandar lo andado. En 2001, el museo se embarcó en un proyecto de renovación para mejorar su perfil público, el desempeño funcional y sus exhibiciones y programas. En 2010 culminaron la reforma integral.

El equipo profesional encargado de esta modernización museística fue KPMB Architects, La principal aportación que resolvió tanto el problema de la circulación interior como la ganancia de una singular superficie cubierta, a la vez que se dotaba al museo de una imagen icónica y moderna, fue la recuperación del espacio volumétrico de aquella torre demolida, no para reconstruirla tal como fue sino para recrearla al ocupar, más o menos, el volumen que tuvo. Después de haber reforzado la débil base arcillosa sobre la que se asienta la torre, dicha ocupación se ha logrado con un gran cubo acristalado que proporciona ahora a este icónico cuerpo central una altura total de 33 metros. El cubo genera una fabulosa terraza protegida del exterior donde antes existía una terraza abierta que era utilizada muy pocos días al año dada la metereología de la ciudad. Cuando por la noche el cubo queda iluminado desde su interior se entiende porqué a este nuevo elemento, visible desde numerosos puntos de Ottawa, se le llama «La Linterna». Paralelamente, al muro del edificio histórico que quedó desguarnecido tras la retirada del torreón de piedra se le ha adosado una doble escalera blanca y translúcida que posibilita la circulación tanto de un lado al otro del edificio como de un piso a otro cualquiera, liberando al patio cubierto central y a las escaleras históricas de ese tráfico y ofreciendo al visitante el encaramiento con la ciudad y el paisaje distante sin salir del edificio.

The Lantern es un conjunto de aletas de vidrio estructural que cuelga como una cortina del techo en voladizo sobre la parte superior del parapeto de piedra existente de la torre original truncada. El elemento de la linterna acristalada reafirma la proporción original de la entrada de Ewart y la escalera, The Butterfly, se inserta dentro de la linterna para restaurar un bucle continuo de movimiento a través de los cuatro niveles del museo. La escalera posee unas generosas medidas y aporta un conjunto de nuevas plataformas desde las que apreciar de cerca la artesanía de la estructura del edificio histórico. Además de permitir observar de cerca la arquitectura patrimonial como un artefacto, restaurar los materiales, las esculturas y la artesanía de los detalles neogóticos de Tudor, la intervención ha reafirmado la claridad axial del plan «beaux-arts» de Ewart. El diseño, por tanto, manifiesta una conciencia simultánea sobre el valor del pasado y el presente.

En este caso, la antigua existencia de un torreón que ninguna persona viva hoy había visto jamás, aunque existió y estuvo en los planos del arquitecto, fue la excusa perfecta para introducir un volumen radicalmente moderno en un edificio histórico sin que nadie protestara por ello ni lo viera contradictorio. Fue un subterfugio que acalló algunas voces previsibles. Lo que se debe tener en cuenta es el resultado final y, con excusa o sin ella, éste es magnífico, lo que viene a demostrar -por si no se sabía ya- que la compatibilidad de lenguajes, técnicas y materiales, por muy discordantes que sean en apariencia, como en este caso, es perfectamente posible, mejorando funcional y estéticamente el museo.

Fachada Norte del Museo orientada al centro de Ottawa con torreón de cristal incorporado.

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