¿Un Museo Rodin en Santa Cruz de Tenerife?

Javier González de Durana

Siento mucho afecto por Tenerife como para dejar pasar el tiempo sin hacer siquiera un comentario acerca de la acción cultural y museística que se ha venido anunciando en los últimos meses por parte, sobre todo, del Ayuntamiento de Santa Cruz. Me sorprende que en la isla no se haya producido hasta el momento un debate público sobre ello (¿qué dicen el Cabildo y TEA, qué opinan las Facultades de Bellas Artes e Historia del Arte?), dada la importante inversión de dinero público que se va a realizar, con las previsibles consecuencias y repercusión sobre otras actividades culturales ya en curso. Este escrito que publico aquí hoy no pretende cuestionar la iniciativa, sino reclamar datos y transparencia en su fundamento, gestión y objetivos, así, como en la medida de lo posible, una apertura de la idea hacia la sociedad para que no quede encerrada entre muros institucionales.

El proyecto de instalar un Museo Rodin en el espacio y edificio del Parque Cultural Viera y Clavijo, de Santa Cruz de Tenerife, me provoca una serie de consideraciones. Ya que las instituciones promotoras de la iniciativa no han consultado su opinión a la Comisión de Esculturas de la Delegación en Tenerife, La Gomera y El Hierro del Colegio de Arquitectos, pero se apoyan en sus históricas realizaciones (1ª y 2ª Exposición Internacional de Esculturas en la Calle) para justificar en parte su proyecto, como miembro integrante de dicha Comisión quiero dar mi opinión y, a ser posible,  promover una conversación sobre la idoneidad -o falta de ella- de dicho Museo Rodin, así como, en caso de decidir llevarlo adelante, sobre el proceso de su materialización, selección de contenidos, gestión de los mismos, criterios de funcionamiento, estrategias de relación con otros proyectos culturales, etc. Por tanto y desde mi punto de vista, para una correcta evaluación del proyecto se deben plantear, de entrada, las siguientes cuestiones y dudas:

(1) Los costes globales del proyecto que se ha firmado no son conocidos. Se debe, en primer lugar, disponer de las cifras de la indispensable evaluación presupuestaria que ha de estar sobre alguna mesa institucional para valorar el nuevo museo.

(2) En la rueda de prensa ofrecida con motivo de la firma del Acuerdo de Intenciones, el pasado 18 de octubre en París, se estableció que, de acuerdo con las estimaciones realizadas (¿realizadas por quién?), en un “escenario moderado”, el nuevo Museo Rodin de Santa Cruz recibiría unos 570.000 visitantes al año, una cantidad “a la que podemos aspirar”, se dijo, “porque la Isla recibe más de cinco millones de turistas” (en una entrevista ofrecida tres días después esa cifra se convirtió en 300.000). Asimismo, se afirmó que la nueva instalación cultural tendría un impacto económico -en ese escenario moderado- de “61,4 millones de euros anuales” y “podría alcanzar 158,8 millones”. Vamos a ver, para alcanzar la cifra menor se necesitaría que una familia de cuatro miembros gastara más de 400 euros en Santa Cruz en el día de su visita al Museo Rodin. ¿Ese dinero se sumaría al gasto medio diario de los turistas que nos visitan o deberíamos restarlo de otras visitas y consumos no realizados en otros lugares de Tenerife? Son cuestiones que deben ser evaluadas. Sin saber cómo se ha calculado ese impacto, resulta imposible establecer su credibilidad. Por cierto, ¿se ha realizado algún Estudio de Viabilidad? Es de suponer que sí, ¡qué menos!, pero ¿dónde está y quien lo ha elaborado?

(3) Frente a las hipótesis cargadas de ilusión y esperanza, son datos contrastados, en cambio, los que siguen: en una noticia aparecida en la agencia Reuters el 7 de julio de 2020 (que extracta la Memoria del Museo Rodin de París del año 2019, https://www.reuters.com/article/salud-coronavirus-francia-museo-idESKBN2482R6) se dice que el museo matriz de este proyecto, en una capital europea, París, que recibe una media de 19 millones de turistas, alcanzó en el año previo a la pandemia los 570.000 visitantes (la misma cifra de visitantes que se prevé para el museo de Santa Cruz). Ello supuso una generación de ingresos un poco superior a los 6 millones de euros -divididos en 3,8 millones de venta de entradas, 1,5 millones obtenidos a través de la tienda de recuerdos y 1 millón más del alquiler del espacio para eventos (reuniones privadas, presentaciones comerciales, celebraciones…)-. Sólo un dato más: el Museo del Louvre recibe anualmente 10,2 millones de visitas: con su entrada más vendida (17 euros) sumaría unos 173 millones de euros. En la lista publicada por la web oficial de París, de los veinte museos de la capital francesa, el Museo Rodin ocupa el lugar número 19.

(4) Tampoco se ha dado a conocer lo que debe considerarse como la parte decisiva del Museo: una relación de las obras que compondrían la colección de la sede santacrucera; no se ha dejado clara la naturaleza de esas obras. Sabemos que no se trata de originales, sino de alguna “copia auténtica” (es decir, una copia de un máximo de 12) y de un número mayoritario de “reproducciones”, es decir, réplicas industriales en bronce de lo expuesto en el museo parisino. La ausencia de datos -tales como ¿qué esculturas compondrán la colección?, ¿cuáles y cuántas serán “originales”?, y ¿cuáles y cuántas serán “copias”?, ¿cuál será el precio de las unas y de las otras?- plantea nuevas incógnitas. ¿Cabe suponer con fundamento que un museo compuesto mayoritariamente por reproducciones industriales de un autor francés de época será capaz de transformar la cantidad y comportamiento del turismo que llega a Santa Cruz de Tenerife?

(5) La noticia de Reuters ya citada lleva este titular: “Museo Rodin de París reabre y vende colección de bronces para impulsar sus finanzas”. En el interior de la noticia se lee que, para recuperarse de la crisis generada por el coronavirus, el equipo rector del Museo ha trazado la estrategia de vender “bronces”, es decir, reproducciones industriales, a instituciones y particulares de todo el mundo. Su directora Catherine Chevillot afirma: “La venta de bronces es un elemento importante de nuestra estrategia comercial, que hemos estado desarrollando durante algunos años y contribuirá a la salud financiera del museo”. Además, se añade que se desea vender bronces por un valor equivalente a 3 millones de euros al año, cada año.

(6) El Museo Rodin de París responde a una estructura de Fundación Pública que pertenece al estado francés y que, según sus estatutos, está obligada a autofinanciarse. ¿Estamos en disposición de asegurar que este Museo Rodin va a ser exclusivo y único en algún sentido? ¿No será que cualquier institución del mundo, siempre que esté en disposición de pagarlo, podrá disponer de un Museo Rodin a la carta? Pensemos en una de las obras más importantes y reconocidas de Rodin: El Pensador. Pues bien, hay 27 pensadores que ya fueron distribuidos por todo el mundo en tiempos del escultor: Bruselas, Universidad de Standford, Pasadena, Copenhague, Louisville, Detroit, Costa Rica, Ciudad de México, Vaticano, Chile… A ellas hay que sumar 14 pensadores más en Europa, 17 en América del Norte, 3 en América del Sur y 19 más en Asia, todos ellas distribuidos por la misma Fundación en épocas recientes. En total 80 esculturas de El Pensador distribuidas en el mundo. Es necesario saber si la llegada del Museo Rodin a Tenerife constituye un proyecto cultural único o si responde a las estrategias de la matriz parisina para reflotar su economía post-pandémica. En vez de un pensador de bronce más, ¿no habría que pensar esto un poco más detenidamente?

(7) Canarias posee una tradición cultural moderna del máximo interés. Tanto en el período de las vanguardias históricas como en el de la transición Canarias se situó -y Tenerife especialmente- en un espacio de diálogo internacional sin parangón en otros territorios: un diálogo en el que lo más radicalmente local se transformaba en signos universales. Es necesario valorar si una figura de la cultura europea -sin contactos conocidos con las Islas- es necesaria para organizar e intermediar un espacio de diálogo con lo contemporáneo o si, por el contrario, un Museo Rodin en Santa Cruz no devolvería muchos procesos culturales en marcha a la casilla de salida.

Imagen tomada de la página web del arquitecto Fernando Menis.

En el año 2023 se celebra el 50 aniversario de la 1ª Exposición Internacional de Escultura en la Calle de Santa Cruz: probablemente el proyecto artístico -y en concreto, escultórico- más singular de la ciudad en estas cinco décadas. En los discursos de presentación se utilizó esa efeméride. ¿Acaso los nombres de Óscar Domínguez, Joan Miró, Henry Moore o Jesús Soto precisan, ahora o en cualquier tiempo, de credencial alguna? ¿Acaso no representa ese proyecto una visión que va de lo insular a lo universal y sitúa a Santa Cruz en un espacio cultural internacional que en nuestras Islas aún debe ser explicado y difundido? ¿Estamos alineados los promotores y continuadores ideológicos de aquel proyecto con esa idea que condena tal celebración a ser subsumida por la presencia de Auguste Rodin? ¿Qué habría pensado acerca de esto Vicente Saavedra, el alma mater de aquellas exposiciones en la calle? ¿Lo aplaudiría o lo consideraría contradictorio con lo realizado hasta ahora en el terreno de la escultura pública en Tenerife?

Dentro de este conjunto de dudas y aspectos no explicados la única noticia positiva que se ha dado, sin duda, es que el arquitecto encargado de la adecuación del edificio neogótico a las nuevas necesidades museísticas sería Fernando Menis, lo cual representa una garantía de que, sea lo que sea aquello que se vaya a hacer en el edificio y sus jardines, el respeto patrimonial y el diseño cuidadoso y sensible estarán presentes.

10 comentarios sobre “¿Un Museo Rodin en Santa Cruz de Tenerife?

  1. Rodin me parece una elección de lo más arbitraria. El problema es el gasto del erario público, en manos de quién está y a qué criterios obedece.

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  2. Pues a mí me parece una iniciativa muy loable. Pone en Tenerife una institución cultural de primer orden, recupera un patrimonio ocupado por okupas e hila con las vanguardias artísticas siempre interesantes tenerlas por estas tierras tan alejadas de todo. En lo del gasto habrá incertidumbres (como siempre en estas apuestas) pero así fue la Torre Eiffel cuando surgió; todo eran dudas y hasta rechazo. El tiempo se encargó del acierto

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    1. ¿Y si se encarga el tiempo de mostrar un desacierto, Fernando, a quién se le reclamará? En todo caso, mi comentario pedía transparencia y debate, precisamente, para despejar las dudas que haya o para convertir estas en obstáculos reales a la vista de todos. Gracias por tu comentario.

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  3. En el debate estamos y en cuanto a reclamar o no las apuestas, pues no me parece la actitud correcta. La oferta cultural de esta isla es pésima y con el covid mas aun. Para algo distinto que viene no le pongamos mucho reparo. El miedo siempre tiene mas argumentos pero la esperanza es el acierto según Seneca.

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  4. Mil gracias por el artículo, Javier González de Durana. El silencio y la falta de discurso crítico en Tenerife alrededor de la propuesta es desolador. Tienes toda la razón en lo que supone de ocultamiento y silenciamiento a nuestra modernidad (las esculturas en la calle, el surrealismo). Un gasto de dinero público disparatado en una ciudad que hace mucho tiempo renunció a la cultura. Suena, huele y sabe a bisnes (algo muy común en nuestra isla, por otra parte). De nuevo, mil gracias por el artículo que no se atreven o no saben escribir por aquí.

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    1. Tienes mucha razón, María Luisa, yo tampoco comprendo el silencio que rodea a este proyecto de museo y no me refiero sólo al silencio institucional, ese que puede tener interés en ocultar determinados aspectos del contrato con el Musée Rodin, sino el silencio de la gente de la cultura, la universidad, los museos de Tenerife, del colegio de arquitectos…, gente a la que a veces se les escucha discursos tan anti-colonialistas, tan anti-globalización, tan anti-institucionales…, que ahora no se oiga su voz llama mucho la atención. Por cierto, muchas gracias por tu comentario, Maria Luisa.

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  5. Me parece un acierto lo que planteas en éste artículo. Recientemente ha sido objeto de discusión en la Escuela de Arte, dejando en evidencia, la falta de información. Planteas dudas más que razonables y por lo que a mí respecta, desde que conocí la noticia, no encuentro justificación al proyecto del museo en ésta ciudad. Desde un principio pensé, que una vez más, damos la espalda a un patrimonio cultural que posee identidad propia y por su singularidad, debemos ser capaces de apostar por él y que tenemos en nuestras calles. Obras tan bien representadas que, dejarlas de lado, retrata el tipo de gestión cultural que sufrimos. Creo que es una catetada, importar un proyecto tan ajeno a nuestro entorno y no enfatizar y poner en valor, nombres como Manuel Bethencour Santana, Francisco Borges Salas y tantos que figuran en la Exposición Internacional de escultura en la calle. Una vez más, felicidades por el artículo.

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    1. Gracias, Fernando, Cuando publiqué este artículo, hace ya algunos meses, me sorprendió el elevado número de lecturas que tuvo al tiempo que el hecho de que nadie lo comentara, respaldara o criticara. Lo interpreté como la evidencia de que a nadie le interesaba el asunto (nulo interés por la cultura en la isla) o nadie se atrevía a expresarse (miedo a quedar mal posicionado ante algunas autoridades con poder). Ahora, debido a que alguien ha compartido el enlace en su blog o en su perfil de FB, el artículo ha resucitado y en apenas tres días ha tenido ya cerca de 1.000 lecturas. Por lo menos, en cuanto a comentarios hoy se han recibido dos, el tuyo y el de Maria Luisa.
      La ley del silencio, la «omertá», ¿cómo es posible que nadie diga nada, ni a favor ni en contra? ¿tan poco importa esa millonaria inversión en lo que dicen es cultura? Si lo que se pretende con esta operación es atracción turística y beneficios económicos, que la inversión a realizar no se detraiga de los habitualmente magros presupuestos de Cultura, sino de los de Promoción Económica.

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  6. Este genial artículo me devuelve la fe de que no todo está perdido para la salud del Arte.
    Me llevo inexorablemente a Victoria Combalia, critica de Arte y profesora en una Universidad de Barcelona, y que precisamente, por su postura enfrentada a los intereses de aquellos gestores culturales para los cuales el Arte es sólo negocio, sufrió lo indecible en la Universidad donde impartía sus clases.
    En los años 70 cuando me reunía con Maud Bonneaud y le decía de la necesidad de un ‘Espacio específico’ donde se pudiera dar la debida importancia de Oscar Domínguez en su isla natal, haciendo incapie en la primera Exposición Surrealista a nivel mundial celebrada en esta ciudad gracias a él y a su amistad entre otros con Pablo Picasso, ella sonriendo me dijo Nicolás los gestores cogerán tu idea y la llevaran a su terreno.
    Le dije, en presencia de personajes de la cultura, que lo importante era que hubiera intención de promover la iniciativa, que lo demás se iría viendo y, desde las barricadas del Arte, corrigiendo los desmanes de los comerciantes del Arte.
    Se hizo el TEA y Oscar tiene allí su espacio.
    Serio muy extensa esta esta respuesta y tal vez podría dispersarme.
    Este artículo es magnífico; ojala sirva para que, al menos, se abra un intenso y profundo debate para esta interesante iniciativa.
    Sólo de momento me resta por agradecer a Javier González de Durana el despertar conciencias.

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    1. Estimado Nicolás, muchas gracias por tu comentario. Yo también creo en la necesidad, como dices, de «un intenso y profundo debate» acerca de este museo. Puesto que la «intelligentsia local de la cultura» no está dispuesta a iniciarlo (algo que me resulta incomprensible), creo que debería ser el propio Ayuntamiento de Santa Cruz quien lo organizara para hacer creíble la sinceridad de sus intenciones. Un par de jornadas con participantes de diversos horizontes geográficos, experiencias variadas en la gestión cultural y contrastadas ideologías museísticas. Sin embargo, imagino que, de darse ese debate en el ámbito institucional de quien promueve el museo, todo se articularía para demostrar la conveniencia cultural y la rentabilidad económica del mismo. En este punto, eso ya ni importa. Quizás permitiesen que en el plantel de intervenciones hubiese alguna voz ligeramente discrepante o escéptica, pero, al menos, al celebrar un debate abierto ante el público podría éste tomar la palabra y expresar sus opiniones que serían algo más diversificadas que la presumible homogeneidad de los ponentes. Al menos, algo sería algo y el Ayuntamiento ganaría en credibilidad y transparencia centradas en esta cuestión, aunque barriera para su casa («pro sua domo» que decía el otro).

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