Reformas en el Museo de Bellas Artes, de Bilbao.

El regreso de Miguel Zugaza como Director a la institución que ya dirigió entre 1996 y 2001 hacía prever que las aguas más bien quietas (arquitectónicamente hablando) durante quince años se removerían con proyectos de reforma, ampliación, cambios de funciones/espacios, rehabilitación y mejora… “Ampliación de museo” y “Zugaza”, dondequiera que esté, son conceptos para parecen ir sólidamente unidos. Por otra parte, el caudal de prestigio bien ganado durante su primera etapa aquí y al frente del Museo del Prado después permitía conjeturar que cualquier propuesta que el Director hiciera a las instituciones patronas con esos objetivos le sería autorizada y facilitada sin titubeos, máxime habiendo sido solicitado su regreso a Bilbao por los políticos al frente de esas instituciones. Los pequeños cambios museográficos realizados hasta la fecha de hoy y los ya anunciados para llevar a cabo a partir de mayo, todos en el edificio antiguo, nos señalan la nueva y refrescante mentalidad que rige el Museo y podrían ser interpretados como la primera fase de una intención de más largo alcance y mayor hondura. En todo caso, haya o no haya un “después” previsto para tiempos ulteriores, estas reformas nos hablan de los tiempos presentes.

Los cambios operados hasta ahora han provocado pequeñas controversias privadas, pero también una información con la aparente intervención de la Comisión de Patrimonio del Colegio de Arquitectos. Información confusa dada a conocer por un periódico que, ¡oh paradoja!, es Patrono del Museo y basada en una Comisión de Patrimonio integrada por un grupo de arquitectos voluntarios que no representan oficialmente la opinión de la totalidad de los colegiados y que, para colmo, en este caso expresaba un criterio que sólo era el del Presidente de dicha Comisión, quien al parecer fue alentado a manifestar un juicio discrepante para generar debate. Resulta incoherente que el Colegio de Arquitectos esté en contra de unas reformas que previamente ha visado y dado su visto bueno: o la información periodística no es veraz o el Colegio es contradictorio. Sería deseable que la Delegación en Bizkaia del Colegio Oficial de Arquitectos Vasco-Navarro (COAVN) sacara una nota con la que aclarase que ni el COAVN en su globalidad ni en concreto su Delegación en Bizkaia hacen suyas las críticas que se publicaron bajo su nombre. En fin, aunque este delicado asunto ha generado una gran incomodidad e incomprensión entre los afectados, vamos a lo importante.

A finales del pasado mes de enero el Museo anunciaba y daba a conocer su plan de reformas museográficas a cuyo cargo se encuentra el arquitecto Luis Mª Uriarte, autor de la última ampliación que vivió el Museo en 2001. Básicamente, las reformas se refieren a dos aspectos: uno es el conjunto de cambios, sustituciones y aperturas en suelos, paredes y ventanales de las salas del edificio histórico, y otro afecta a la mejora de los lucernarios de las salas 21 a 31 del segundo piso de ese mismo edificio. Esta información del Museo se dio a conocer en un momento en que parte de tales reformas ya estaban realizadas -concretamente las del ala izquierda- y fueron las que provocaron la confusa opinión-información antes mencionada.

Las modificaciones en suelo y paredes son epidérmicas: pintado de los muros en un color gris claro y cubrimiento del suelo de mármol con otro de madera de roble. El objetivo es ganar en luminosidad ambiental y centrar la mirada en las obras de arte expuestas. En esto hay pérdidas y ganancias. Es cierto que los deseables objetivos perseguidos se logran al tiempo que se echa de menos un mármol que, aun con sus brillos y dureza, pertenecía y pertenece –allí donde aún se conserva- a la naturaleza histórica del edificio. A mí, desde luego, no me molestaba, pero reconozco que ahora la luz ambiental armoniza mejor los espacios y el recorrido por las salas se hace más confortable; la sensación envolvente respira actualidad a costa de perder algo de carácter. Lo que me ha resultado más difícil de entender es que la pintura gris clara de los muros invada la madera de los zócalos, y los marcos y jambas de las puertas. No lo veo necesario de cara a los objetivos y las salas pierden parte de su noble personalidad en aras de un expandido igualitarismo cromático. La prueba está en las salas que muestran la exposición temporal sobre Francisco de Goya, en las que el suelo no se ha recubierto aún, pero ya se ha eliminado el anterior amarillo-garbanzo de las paredes y todavía se mantienen las oscuras maderas. Vaya, cuestión de opiniones sobre una acción reversible y debatible. En todo caso, la mejora museográfica es evidente y esto es lo importante.

Más sustancial aún que lo anterior es la actuación sobre los lucernarios originales de 1945 que se iniciará a partir del próximo mes de mayo y se prolongará hasta septiembre-octubre. Las salas del primer piso cuentan en la actualidad con lucernarios que captan la luz natural filtrada por estores motorizados. La disposición geométrica descolgada de los lucernarios resta volumen en las salas y, dado que los elementos de climatización se acumulan en la base inferior de la pirámide truncada que conforma el sistema, se hace complejo su mantenimiento y limpieza desde la bajo-cubierta de las instalaciones, ya que el “pozo” generado impide acceder con facilidad desde las pasarelas superiores. La iluminación natural que genera el sistema es precario, ya que sólo se lleva a cabo a través de los vidrios que configuran los lados de la pirámide truncada. Resulta asimismo complicado extraer la suciedad que ahí se acumula.

Las ideas sobre este asunto son:

* obtener una mayor luminosidad en el interior de las salas mediante unos lucernarios más amplios que permitan maximizar la captación de luz natural y generar un ambiente museístico más vivaz;

* dotarse de un sistema de control lumínico de la luz artificial para la recreación de distintos ambientes en el interior de las salas, posibilitando así un mayor dinamismo y polivalencia de las exposiciones;

* modificar / sustituir la geometría descolgada de los lucernarios hacia el interior de las salas por una envolvente plana que configure unas salas más neutras / serenas, ganando unos 80 cm de altura y cediendo de este modo todo el protagonismo del lugar a las obras de arte;

* dotar de aislamiento térmico y acústico en el cerramiento para mejorar su eficiencia energética;

* aplicar un sistema constructivo ligero e industrializado que pueda ser eventualmente manipulable; y

* mejorar la accesibilidad y facilitar las labores de limpieza / mantenimiento de los lucernarios en la planta técnica de bajo-cubierta, dotando de una superficie pisable en el perímetro de los lucernarios.

Siendo interesantes y necesarios estos cambios, ¿se aquietará Zugaza sólo con ellos? No lo sé, es difícil imaginar a este hombre sin un pico y una pala en las manos, sin el ronroneo de una hormigonera cerca de él. La exposición de Goya y la Corte Ilustrada, en salas de las que ha sido necesario desmontar la colección permanente, podría estar diciéndonos que si queremos más exposiciones de este elevadísimo nivel (y Zugaza puede conseguirlas) hará falta más espacio expositivo para no tener que descolgar constantemente la colección propia.

Pero el Consejero de Cultura dijo, en declaraciones dadas a conocer el lunes pasado, seguidas un día después por otras en la misma línea de la Diputada de Cultura, que ningún museo piense en ampliaciones hoy por hoy, sino que todos se concentren en consolidarse (¿110 años del Bellas Artes y acaso piensa que no lo está?). Un frenazo -puede que momentáneo- a la  ampliación de superficies expositivas cuya viabilidad constructiva, sin embargo, está siendo estudiada por una empresa especializada desde hace algún tiempo y bien sabemos que cuando un encargo de este tipo se realiza es para que el informe resultante diga que la propuesta analizada es, por supuesto, viable.

Si, como dice el Consejero de Cultura, ahora no toca, por lo menos existirá la previsión meditada para tiempos mejores de una ampliación que no pasará por nuevos edificios anexos en superficie a los existentes, sino ganando espacios en el subsuelo a base de reorganizar los que ya están bajo la plaza de la Musa de Arriaga y de crear nuevas superficies subterráneas en sus inmediaciones colindantes. Estos nuevos espacios permitirían, además, una más adecuada circulación del público entre el edificio antiguo y el moderno, los cuales ahora sólo se comunican por medio de un pasillo acristalado que no se concibió en su día para esa función, sino como una galería abierta para la exposición de reproducciones de esculturas clásicas. Un cordón umbilical entre edificios demasiado estrecho (además, ahora ocupado en parte por las esculturas de Néstor Basterretxea) para tantas idas y venidas. Los nuevos espacios deberían posibilitar un recorrido en flujo unidireccional, esto es, ir desde la entrada hasta el edificio histórico por un camino y regresar a ella por otro tras haber realizado las visitas deseadas.

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4 comentarios sobre “Reformas en el Museo de Bellas Artes, de Bilbao.

  1. En reciente visita al museo pude comparar una sala reformada con otra sin reformar.
    Concretamente, la sala sin reformar contenía la exposición de Arcimboldo y opino que el continente y contenido armonizaban perfectamente. Esta exposición dudo que encajara mejor en el nuevo formato de sala.
    La sala reformada que ví estaba todavía vacía, por lo que no pude apreciar su funcionamiento en plena actividad. Sin embargo, se puede adivinar su más fácil adaptación a diversos tipos de exposiciones. Sin duda por su carácter más neutro. Por ejemplo, una exposición de arte minimalista encajaría mucho mejor en las nuevas salas.
    Como todo en la vida y especialmente en la arquitectura, cuando se elige un camino se abandonan otros con sus ventajas e Inconvenientes.
    En resumen, pienso que en general el arte antiguo, anterior a la aparición del impresionismo, se encaja muy bien en las salas originales, en parte por su consonancia con los espacios a que estaban destinadas esas obras. Sin embargo el arte más moderno estará más cómodo en las nuevos salas.
    Una opción es mantener los dos tipos de salas, aunque ello redundaría en una menor flexibilidad en la gestión de los espacios museisticos.

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  2. Parece ser que durante Noviembre , Ayuntamiento, Diputación y Gobierno Vasco han incluido en sus presupuestos, diversas partidas pensando en la futura ampliación del museo. Con todo ello, parece inminente que el próximo año se convoque un Concurso Internacional orientado a la futura ampliación. Como bien dices en el artículo, parece ser que la futura ampliación del espacio expositivo, pasa por reorganizar los espacios que ya están dentro del subsuelo del museo ,bajo la plaza Arriaga, y quizás en añadir otros nuevos dentro del propio subsuelo. De esta manera, en algunos artículos, he llegado a leer que se ganarían alrededor de 5000 metros cuadrados. De esta manera, se llegaría casi a duplicar el espacio expositivo actual que es de 5000 metros para la colección permanente y 1150 metros cuadrados para las estancias dedicadas a las exposiciones temporales. A primera vista podría parecer suficiente, pero dado que la anterior ampliación que se produjo en el año 2000, ya a los pocos años desde el Ayuntamiento se estaba reclamando otra nueva ampliación, espero que esta vez se acierte con el nuevo proyecto, y sea una obra para muchos años, sin estar pensando de nuevo en las limitaciones de espacio de una manera constante. Además del espacio del subsuelo, entiendo que se ha podido también pensar en la zona del restaurante, que por alguna razón lleva vacío desde el trágico fallecimiento del antiguo adjudicatario y no ha vuelto a salir a concurso. ¿Sería posible modificar ese espacio e incluso añadir algún volumen más a la parte superior del edificio nuevo?
    Nunca se ha pensado en ninguna modificación del edificio antiguo, en su momento fue declarado monumento histórico, pero sería posible añadir algún volumen más al mismo? ¿Sería estéticamente factible o entraríamos en un camino vedado y fuera de toda discusión?
    Con todo ello, a mediados de diciembre se producirá la reunión del Patronato del museo, donde Zugaza presentará el plan estratégico para los próximos años y seguro clarificará un poco el futuro del mismo.

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    1. Muchas gracias por tu comentario, gambitorre. Sí, todas las preguntas que te haces son las mismas que nos planteamos aquellos que estamos interesados en el Museo de Bellas Artes, su futuro y el contenedor donde se desarrollará ese futuro.
      Yo no sería partidario de aumentar la volumetría de lo existente por un crecimiento a lo alto o a lo ancho. Me gustó la intervención de Luis Mª Uriarte, pero no me agradó nada que, años antes, se cerrara el espacio porticado de la primera ampliación diseñada por Álvaro Líbano y Ricardo Beascoa (1970). Evidentemente, el edificio histórico es intocable en su aspecto y dimensiones exteriores.
      Pienso que debe ser la reordenación de las funciones interiores las que proporcionen al museo de más metros cuadrados disponibles para sus tareas esenciales. Esto quiere decir que algunas funciones secundarias (cierto almacenaje, parte de la administración…) podrían trasladarse a otros edificios cercanos y/o lejanos. Asimismo, como bien dices, el espacio del restaurante podría reconvertirse a otra tarea, pues no creo en la viabilidad de ese emplazamiento para continuar como restaurante: el espacio y las vistas son preciosas, pero el acceso es complicado, sobre todo, por la tarde-noche cuando el museo está cerrado.
      Un museo también debe pensar en que el crecimiento de sus instalaciones no es una necesidad permanente por más que sus colecciones sigan creciendo. El argumento de que sólo se muestra al público un porcentaje muy bajo de lo coleccionado no puede servir como excusa para crecer y crecer. Tiene que existir un momento en que la escala del museo y la escala de la ciudad y el territorio se acompasen y alguien diga “ésta es nuestra dimensión perfecta, vale ya”.

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