Balenciaga, arquitecto de la moda.

La frase “Balenciaga, arquitecto de la moda” introduce tres términos, Balenciaga, moda y arquitectura; dos de ellos -Balenciaga y moda- ofrecen un vínculo directo, fuerte y claro, reconocible, pero con la compañía de un tercer término -arquitectura- que de entrada aporta un efecto de intrusión extraña, un tanto impostada: Balenciaga y moda tienen un sentido inmediato de coherencia y relación; en cambio no se ve tan clara la conexión de estos dos conceptos asociados al de arquitectura, porque, todos lo sabemos, la moda no es arquitectura, aunque sí sea construcción/confección y, en cierto modo, habitat, Balenciaga no fue arquitecto y ser diseñador de indumentarias, sastre o couturier es una profesión bien diferente a la de arquitecto, pues requiere de conocimientos, clientes, recursos y objetivos muy distintos.

“Arquitecto de la moda”, sin embargo, es una caracterización que ha acompañado a Cristóbal Balenciaga desde hace muchos años, hasta convertirse casi en un tópico. Incluso aparece en las palabras escritas por Hubert de Givenchy para el prólogo del catálogo de la colección de Cristóbal Balenciaga Museoa, de Getaria: “El arquitecto de la moda realizaba los abrigos más bellos, magníficos trajes sastre y los vestidos de encaje y de seda más ligeros…“. De acuerdo con que Balenciaga podía realizar lo que apunta Givenchy, pero ¿por qué lo empieza llamando “arquitecto de la moda“? ¿Por qué cambiar la palabra diseñador o couturier o sastre o modisto por la de arquitecto? ¿Qué quieren dar a entender los que utilizan la palabra arquitecto en vez de cualquier otro término más habitual en el entorno profesional de la moda? ¿Debido a qué motivo, para realizar “los abrigos más bellos, magníficos trajes sastre y los vestidos de encaje y de seda más ligeros“, Givenchy y tantos otros sienten la necesidad de llamarlo “arquitecto de la moda“? ¿por su técnica? ¿por el componente artístico que superaba lo artesanal? ¿por la volumetría de sus conjuntos? ¿por el modo en que estaban confeccionados?…[1]. Ya que junto a tal calificativo nadie ha expuesto un razonamiento nítido que aclare y justifique dicha atribución, lo de “arquitecto” queda en primera instancia reducido a una metáfora tan enigmática como atractiva[2].

La primera ocasión en que la caracterización como arquitecto le fue aplicada a Balenciaga en un libro vino de la mano del fotógrafo Cecil Beaton, quien en sus espléndidas memorias, en uno de los varios momentos en que se refiere al modisto de Getaria, al compararlo con otros creadores de la Alta Costura parisina de principios de los años 50 que se dejaban guiar por “las frivolidades de la existencia”, escribió que las creaciones de Balenciaga estaban “basadas en sólidos fundamentos”, ya que él era “un arquitecto magistral que sólo trabaja en líneas duraderas[3].

En su monumental Balenciaga París[4], la investigadora Pamela Golbin incluyó abundantes reseñas alusivas a Balenciaga publicadas en revistas especializadas en moda desde 1937, año en que el de Getaria presentó su primera colección parisina. Los textos son numerosos, varios por año, a veces breves y otras veces extensos, aunque no siempre están reproducidos en su integridad ni pretende ser exhaustivo en la recogida de lo que se publicó sobre el modisto. Pues bien, la primera vez en que Balenciaga fue calificado como arquitecto por una de dichas revistas estudiadas por Golbin sucedió en 1950, al considerarlo la redactora como un hombre “preocupado únicamente por la pureza, por el equilibrio y por la proporción de las líneas” y porque “su sueño de costurero-arquitecto” se veía correspondido en las proporciones del cuerpo de su modelo Colette: ancha de hombros, talla de avispa, caderas redondeadas “a la española[5]. No debe sorprender que esto sucediera en 1950, pues a partir de este año es cuando empezó a manifestarse el Balenciaga más volumétrico y constructivo, con la línea barril, los abrigos-capa abullonados, las túnicas y sacos, las espaldas japonesas, las mangas-balón, etc.

Es posible que el culpable de esa reiterada calificación como “arquitecto de la moda” fuera el propio Balenciaga debido a la frase famosa que se le atribuye: “un buen modisto debe ser arquitecto para los patrones, escultor para la forma, pintor para el color, músico para la armonía y filósofo para la medida“. Probablemente, en esta afirmación se halla el origen de su posterior exitosa caracterización como arquitecto, aunque nos quedaría por entender debido a qué motivo tuvo más fortuna la condición de arquitecto que la de escultor, la de pintor[6], la de músico o la de filósofo. Sin motivo para la sorpresa, esta necesidad de ser “filósofo para la medida” ponía a Balenciaga en contacto directo con el modulor de Le Corbusier (1942-48), contemporáneo a él.

Hasta donde he podido averiguar, esa frase del modisto fue dada a conocer por primera vez en el número de marzo de 1968 de la revista Vogue, en un artículo redactado por Gustave Zumsteg, el fabricante creador de las novedades textiles que Balenciaga solicitaba a la empresa Abraham, de Zurich[7]. En ese texto, al referirse a la dimensión espiritual de Balenciaga, señaló que éste se interesaba “tanto por lo que la vida moderna nos ofrece como por las riquezas culturales del pasado”, siendo “este estado espiritual el que le confiere su fuerza en el plano profesional y artístico”. Como demostración de todo ello, Zumsteg apuntaba que Balenciaga “no cesa de decir que un buen couturier debe ser:architecte pour les plans, sculpteur pour la forme, peintre pour le couleur, musicien pour l’harmonie et philosophe pour la mesure’[8]. Reproducida esta frase por primera vez después en el catálogo expositivo lyonés de 1985, a partir de esta fecha se insertó a fuego en el breve panteón de frases de Balenciaga. Entre 1968 y 1985 al parecer nadie, excepto Zumsteg, consideró tal frase como representativa del espíritu de Balenciaga, ni siquiera el catálogo publicado por The Metropolitan Museum en 1973.

Es curioso que tengamos conocimiento de la frase no por una declaración directa del propio Balenciaga, sino por uno de sus amigos. ¿Lo dijo realmente en alguna ocasión, tal cual? Es una frase redonda, meditada, como dicha después de haber sido escrita. Lo que sospecho es que quizás un día señaló que era preciso ser arquitecto para dibujar y cortar los patrones, como si de planos para un edificio se trataran; es posible que en otra ocasión apuntara que resultaba imprescindible poseer las cualidades de un pintor para conjugar los colores de sus creaciones; no se puede dudar que la armonía, como en la música, era necesaria para concebir un buen vestido o traje y que en determinado momento lo hiciera constar en voz alta; y así sucesivamente. Alguna vez es probable que reseñara todas esas capacidades de corrido en una sola frase, en ese orden u otro. No importa, lo relevante es que,  (1) según Zumsteg, Balenciaga lo decía sin cesar, con esas o con semejantes palabras, por partes o como totalidad, (2) que es el espíritu que transmiten lo que nos interesa y que, (3) en todo caso, así lo confirman sus creaciones.

Es conocido que Balenciaga apenas hizo declaraciones públicas, orales o escritas, a lo largo de su vida. Una breve entrevista de 1971[9] recoge expresamente frases entrecomilladas salidas de su boca y entre ellas no se encuentra la aquí mencionada. A pesar de su laconismo, son varias las frases que se atribuyen a Balenciaga, pero cuya existencia nos consta sólo por los testimonios de otras personas.

No he encontrado desciframientos de esta célebre afirmación que, desde mi punto de vista, encierra no  pocos interrogantes. En ella se establece una serie de paralelismos entre oficios y objetivos profesionales que el autor estimaba como necesarios para ser un buen modisto. En estos paralelismos tenemos, de un lado, las cualidades del arquitecto, del escultor, del pintor, del músico y del filósofo. Esto es, cuatro tipos de artistas y un pensador. Si tenemos en cuenta que el arte es un pensamiento visual o sonoro, diríamos que, en el fondo, tenemos a cinco pensadores de oficio que plasman sus reflexiones en cinco formas de expresión y comunicación distintas. En principio ninguno de tales oficios tiene que ver directamente con la creación de indumentaria. Por el otro lado, tenemos los objetivos profesionales de cada uno de tales oficios: las líneas, la forma, el color, la armonía y la medida. Al enunciarlos nos damos cuenta de que estos objetivos, por el contrario, sí coinciden con los que persiguen los creadores de vestimentas, objetivos logrados de otras maneras, mediante otros recursos propios y específicos, pero que conceptualmente son coincidentes.

De una forma indirecta, creo que con esta frase Balenciaga quería dar a entender que él se situaba a sí mismo en un plano idéntico al de los artistas, equiparable a ellos por su trabajo, no menos, no más, lo mismo: creación plasmada en formas, colores, volúmenes, armonías que transmiten una emoción artística al mismo tiempo que un pensamiento sobre el ser humano. Ya sabemos que el arte se mueve en el nivel de lo simbólico. El arte no es arte por su forma sino por su significado, por lo que nos dice más allá de las formas, los colores, las texturas… que vemos. Este componente simbólico es difícil de discernir en la indumentaria porque la mayor parte de las veces los intereses comerciales y utilitarios se imponen de entrada sobre otros valores más duraderos y que exigen un desciframiento. Crear es saber intuir algo y plasmarlo, es decir, en nuestro caso, es pensar y mirar manipulando un tejido con tijeras, hilo y aguja. Como dice la psicoanalista Eugénie Lemoine-Luccioni en su ensayo sobre el vestir: “Cortar es pensar desde el mismo momento en que un pedazo de tela es moldeado para convertirse en vestido“.

Si según Balenciaga, el buen diseñador debe tener “algo” de arquitecto, “algo” de escultor, “algo” de pintor, “algo” de músico y “algo” de filósofo, en consecuencia, él mismo debía creer que tenía “algo” de esas cualidades profesionales y, al ser contemplado por otros desde fuera con la excelencia que lograba dotar a sus creaciones, es fácil llegar a la conclusión de esos otros creyeran que no sólo tenía “algo”, sino que lo tenía “todo”. “Todo” como arquitecto, músico, pintor, etc., aunque se dedicara a hacer otras cosas diferentes de la arquitectura, la música, la pintura, etc. De no poseer esas cualidades, le hubiera resultado “imposible tratar con los diferentes problemas de patronaje, forma, color, armonía y proporción”, dado que Balenciaga, como “sumo jefe controlador hasta la pesadilla”, se implicaba personalmente a fondo en todos los estadios del proceso de creación desde el primero (dibujos y elección de textiles) hasta el último (montaje de los vestidos en las modelos y los maniquíes)[10]. Esa implicación se desplegaba, además, generalmente en soledad: “era un hombre que trabajaba sólo. Las ideas eran suyas, suyas las decisiones y suyas también las manos que creaban cada uno de los modelos[11].

NOTAS

[1] He aquí algunas otras afirmaciones de semejante carácter: “Ce que Balenciaga a créé, ce n’est pas seulement un style mais une technique. Il a été l’architecte de la Haute Couture. Vous pouvez avoir de la fantaisie, des idées, mais ce qui importe, c’est la construction  d’une robe“ decía Givenchy en la introducción del catálogo Hommage a Balenciaga, Musée Historique des Tissus, Lyon, 1985, p.13. “Il mariait un esprit artisanal presque primitif avec une grandeur d’ensemble architectural qui semblait étrange aux yeux du profane“, apuntaba en el mismo catálogo (p. 31) André Courrèges. “Il passait alors à la préparation de ses merveilleux patrons en toile blanche et faisait preuve d’un talent consommé d’architecte dans ses créations subtiles, jamais statiques“ escribió su colaborador y dibujante Fernando Martínez Herreros (p. 41).

[2] Esta falta de concreción ha llevado a más de un equívoco; con motivo de la exposición presentada en el Spanish Institute de Nueva York, Oscar de la Renta dijo que “Balenciaga fue un gran diseñador porque también era un arquitecto“, en un claro ejemplo del paso que transita de la alusión metafórica a la afirmación taxativa, de lo sugerente a lo erróneo.

[3] Cecil Beaton, El espejo de la moda, Editorial A.H.R., Barcelona, 1954, p. 345 (The Glass of Fashion. A Personal History of Fifty Years of Changing Tastes and the People Who Have Inspired Them. Weidenfeld and Nicholson, London, 1954).

[4] Thames & Hudson, Arts Décoratifs, Musée de la Mode et du Textile, París, 2006.

[5] “Voici l’homme invisible de la grande couture”, por Alice Chavane, en ELLE, 23 de octubre de 1950.

[6] Cecil Beaton: “El sentido del color de Balenciaga es tan refinado y se agudiza hasta un grado tan notable que puede examinar infaliblemente cuatrocientos colores y elegir el adecuado para sus propósitos. Balenciaga cree que un modista puede actuar con el acierto de un científico en la elección de los colores que apoyen su inspiración” (El espejo…, p. 349).

[7] Zumsteg había entrado a trabajar en Abraham como aprendiz, pero llegó a ser su fuerza principal y propietario a partir de 1943 y hasta la desaparición de la empresa en 2003. Durante sesenta años fue responsable de la fabricación de los más solicitados tejidos por los creadores de la Alta Costura y produjo, en ocasiones a instancias de modistos como Balenciaga, algunos de los más hermosos textiles y estampaciones del siglo; sobre este personaje y su empresa véase Soie pirate. The History and Fabric Designs of Abraham Ltd., Swiss National Museum, Verlag Scheidegger & Spiess, Zurich, 2010.

[8] Reproducido en Hommage à Balenciaga, Lyon, 1985, p. 38. La frase encabezó el frontispicio de esta publicación.

[9] “Balenciaga and la vie d’un chien”, en The Times, por Prudence Glynn, 3 de agosto de 1971.

[10] Brenda Polan y Roger Tredre, The Great Fashion Designers. Berg, Londres, 2009, pp. 78 y ss.

[11] Gloria Guinness, “Cristobal Balenciaga”, en The World of Balenciaga, The Metropolitan Museum of Art, Nueva York, 1973, p. 31.

1964bis
1964

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