La arquitectura nazi en Bilbao: lo residencial (IV).

Javier González de Durana.

Fueron tiempos confusos. Los arquitectos afectos al régimen más reflexivos trataron de evitar que se  identificara la arquitectura «de tipo cubista o judío» de Le Corbusier con la cultura del bando derrotado. Sin embargo, la realidad del panorama arquitectónico español era híbrida y, mirando el contexto anterior a la guerra civil, arquitectos comprometidos con la República, como Luis Lacasa o Manuel Sánchez Arcas, fueron voces críticas contra el formalismo de Le Corbusier, mientras que arquitectos afectos a la causa de los nacionales, como Luis Gutiérrez Soto y, sobre todo, José Manuel Aizpurúa, actuaron en defensa y ejercicio de la arquitectura racionalista. 

Arquitectos, promotores y compradores ¿eran filo-nazis porque alentaron y tomaron en algunos casos decisiones vinculadas a construcciones en las que reconocemos ciertas hechuras -en muchos casos, puramente ornamentales- como cercanas al régimen del III Reich? No se puede afirmar tal cosa, pero tampoco negar que las corrientes del espíritu de la época soplaron con fuerza desde Alemania y llegaron hasta Bilbao (y España), dejando huella. Funcionarios municipales y profesionales vinculados con la administración pública y las grandes corporaciones tuvieron que lidiar, con mayor o menor devoción, la situación impuesta desde el poder político e incorporar a sus edificaciones detalles de rancio historicismo.

Pero ¿y quienes decidieron que viviendas de ese gusto eran las ideales para su vida privada, pudiendo elegir en el mercado viviendas más neutras, sin connotaciones ideológicas? Residir en determinadas áreas e inmuebles pudo ser visto e interpretado, a veces, como una declaración política. Buena parte de esos compradores-residentes estaba estrechamente ligada a los círculos de poder franquistas, pues las viviendas con esa estilística ornamental eran siempre de muy elevado coste económico, esto es, estaban destinadas a la alta burguesía, aliada del régimen.

El ejemplo más claro de este modelo de edificio de viviendas por pisos para la alta burguesía urbana es el que se levanta en Plaza del Museo 1, esquina con Iparraguirre, diseñado en 1945 por Gonzalo Cárdenas y Anastasio Tellería (a quienes ya hemos visto trabajando en otros proyectos de similar carácter durante estos años). La clienta era Mercedes Oraá Sanz, hija del Duque de la Victoria de las Amescoas -de estirpe carlista- y esposa de Isidoro Delclaux, a quien también hemos visto al comentar los edificios corporativos y uno de los impulsores institucionales del Museo de Bellas Artes, ubicado, precisamente, enfrente de este edificio. De hecho, no debe descartarse relación entre la existencia del Museo, inaugurado en 1945 con banda militar, la presencia del Ministro de Educación y desfile de fuerzas de infantería al son del «himno nacional, escuchado por todos, brazo en alto, con gran emoción” (según la prensa), y el encargo de este proyecto en una zona del Ensanche a la que se auguraba un importante desarrollo inmobiliario, pues ya a sus lados, Elcano 2 (arq. Manuel Mª Smith Ibarra, 1939) y Ajuriaguerra 31-33 (arqs. Antonino Zobaran -el mismo de la Delegación de Hacienda- y Estanislao Segurola, 1946), se levantaban edificios menos emblemáticos que éste, pero concebidos para una burguesía media-alta y en onda estilística similar. El Museo como animador económico, ¿no suena esto a conocido?

Cárdenas y Tellería diseñaron un edificio rico en detalles de calidad y lujo, si bien pomposo y trasnochado, sobre todo por el remate superior del chaflán, un torreón con cubierta de pizarra de Bernardos y dos puntiagudas agujas de raigambre escurialense. Las fachadas de sillería de granito gallego pulimentado ofrecen sutiles matices cromáticos y el interior del portal se adornó con esculturas y mármoles de cuidado diseño y exquisita elaboración. Como es natural, no faltan tímpanos partidos, balcones y miradores sobre modillones barrocos y pilastras estriadas que recorren la planta baja y entreplanta (destinada a oficinas). El chaflán es un muy interesante trabajo de concavidades y convexidades.

Torreón de Plaza del Museo 1.

Aunque situado fuera de Bilbao, no quiero dejar de señalar el inmueble en el Muelle de Evaristo Churruca 8, en Las Arenas (Getxo), concebido por Manuel Mª Smith Ibarra y su hijo Juan Carlos Smith Prado en 1948 para Alejandro Zubizarreta Abásolo, gerente y consejero de la Naviera Vascongada, asociada a partir de 1942 con la Naviera Aznar, cuyo edificio corporativo ya fue mencionado en el post anterior. Ocupa una posición tan prominente como el de Plaza del Museo 1. Si éste se encara a los espacios abiertos de las riberas fluviales y el puente de Deusto, aquel lo hace a la desembocadura de la ría y el mar abierto.

Los sillares (aplacados, en realidad) de granito gris claro inundan sus fachadas, dandole un aspecto de sólido amurallamiento un tanto frío y distante. Los dos elementos más singulares son el portalón de acceso -una elaborada recreación de modelos barrocos con pilastras, sillares enfatizados, pináculos, balcón pétreo y remate con frontón partido a la altura del segundo piso- y el torreón sobre la esquina más cercana al mar -simulando el castillo de gobierno de un navío antiguo con escudo de armas en esquina y frisos decorativos de apariencia plateresca, todo lo cual culmina con un elevado mástil de observación-. Todas estas referencias marineras tuvieron que ver con la profesión del cliente, sin duda, pero, al tiempo, encajaban a la perfección con el gusto de la alta burguesía local del momento. Miradores y ventanas todavía se ligan al periodo autárquico, pero los amplios balcones, con deliciosas rejerías en antepechos, anuncian ya el deseo de abrirse al exterior mediante amplias cristaleras y terrazas.

Muelle de Evaristo Churruca 8, fachadas principal hacia la ría y lateral orientada al mar.
Muelle de Evaristo Churruca 8, alzado de la fachada principal.

Así como el Museo de Bellas Artes estimuló la construcción en sus inmediaciones, algo semejante ocurrió en los alrededores de la Delegación de Hacienda, donde los mismos Smith padre e hijo elaboraron en 1946 el inmueble de Ercilla 26, esquina con Iparraguirre, para el promotor Enrique Ubieta Velasco, con profusión de ondulantes molduras en el recercado de los vanos (barroquizantes frivolidades visuales), balcón-tribuna en chaflán e interior de portal con calidad elevada en detalles y diseño, Muy cerca de éste se halla el más contenido y airoso de Rodriguez Arias 27, esquina con Ercilla, elaborado por Faustino Basterra en 1945 para el promotor Enrique Gómez Rubiera.

Como prueba del «ambiente» que reinaba en este entorno urbano, donde también estaba la sede de la poderosa Organización Sindical Nacional o Sindicato vertical, muestro la vidriera de sabor art-decó con el escudo franquista en su posición central que aún hoy ilumina la escalera de uno de los edificios cercanos a los dos mencionados.

Escudo preconstitucional de España en una vidriera que ilumina la escalera de un edificio próximo a los dos citados.

No quiero dejar sin mencionar a Pedro Ispizua Susunaga, quien en esta primera mitad de los años 40 concibió edificios de viviendas de aparatosa monumentalidad con abundancia de escudos heráldicos, pináculos, torreones y decoraciones barrocas, en muchos casos, para residencia de altos ejecutivos en grandes empresas privadas fuertemente unidas al Estado franquista, como el de 1941 para Altos Hornos (Gregorio de la Revilla 1, esquina con Gran Vía 55). También proyectó muchos otros edificios de viviendas, tales como Plaza de Zabalburu 4, 1938, con dos aguerridos soldados de inspiración medieval, y Plaza de Venezuela 1, 1942, para el constructor Benjamín de la Vía Llantada, la retórica decorativa estuvo aquí atenuada gracias a la colaboración de arquitecto Fernando Arzadun, y Gran Vía 68, 1943, por poner sólo tres ejemplos. El estudio de Ispizua gozó de una importante carga de trabajo durante este periodo, en los que nunca faltaron ciclópeas esculturas de Joaquín Lucarini.

Edificio para Benjamín de la Vía, Plaza de Venezuela 1, conocido años después con edificio AVIACO por haberse instalado aquí en 1949 las primeras oficinas de aquella compañía aérea.
Plaza de Zabalburu 4, esquina con Alameda de San Mames

Pedro Ispizua también elaboró el 68 de la Gran Vía para la empresa Inmobiliaria Bilbaína, cuya junta administrativa estaba presidida por Adolfo Ramírez Escudero, un armador y naviero fortalecido al calor del desarrollo de Altos Hornos de Vizcaya durante la etapa franquista, motivo por el que el escudo en la fachada muestra la imagen de un velero. La propiedad del solar era de Mª Ángeles Chávarri Anduiza, casada con José Mª Olábarri Zubiria, cuatro apellidos de familias pertenecientes a la más poderosa élite social y propietarias de gran parte de los valiosos terrenos en la prolongación de esta vía bilbaína que en aquellos momentos estaba siendo edificada con inmuebles residenciales para la alta burguesía local.

Gran Vía 68.
Gran Vía 68.

Luis Gana y Hoyos, a quien veremos más tarde diseñando el Monumento a los Caídos en Bilbao, proyectó en septiembre de 1940 un inmueble de viviendas de lujo por pisos en el 18 del Campo de Volantín -zona residencial periurbana, desde mediados del siglo XIX, de villas y palacetes con entornos ajardinados- para la Sociedad Inmobiliaria del Campo de Volantín, cuyo consejo de administración estaba presidido por Juan Bautista Buesa Tapia, notable accionista del Banco de España en 1938, cuyo hermano Ángel era miembro de la Cámara de la Propiedad Urbana de Vizcaya, siendo ambos sobrinos de Víctor Tapia Buesa, presidente del Banco de Vizcaya en 1937-38, diputado provincial por la Unión Patriótica durante la dictadura de Primo de Rivera y «capitán de la industria» vasca. Problemas técnicos y administrativos demoraron la conclusión de este inmueble hasta 1948. Aquí Gana reunió varias bagatelas historicistas habituales en la época: ostentoso acceso entre doble juego de columnatas con capiteles jónicos y poderoso entablamento que, en su parte superior y ante una ventana palladiana, funciona como balcón-tribuna para el primer piso, secuencias de dobles pilastras, guirnaldas, volutas y escudo con representación de un águila vista de frente con patas desguarnecidas, plumas de la cola apartadas y alas desplegadas entre las dos partes colgantes de una cadena…

Campo de Volantín 18.

Como detalle final dejo una comparación entre los dos edificios que culminan la Gran Vía en la plaza del Sagrado Corazón, emplazamiento urbano privilegiado para celebraciones y conmemoraciones franquistas de carácter religioso durante los primeros años de la dictadura.

El número 2 de tal plaza es un trabajo de Ignacio Mª Smith Ybarra en 1943 para Vicente Llaguno Durañona, abogado, fundador de la Editorial Católica en 1912 y miembro del Consejo de Administración de la siderúrgica Compañía Anónima Basconia (en el que se reunían ilustres apellidos tradicionalistas, como Gandarias, Ampuero, Urquijo, Lequerica…) y que, por cierto, fue la empresa a la que el Ayuntamiento presidido por José Mª Areilza encargó la reconstrucción del puente de Deusto en 1937, pasando a denominarse del Generalísimo Franco. No he encontrado vínculos familiares entre Vicente Llaguno y el Luis Llaguno que presidía la Diputación durante estos años.

El edificio número 1 de esa plaza es un trabajo tardío (1955) del arquitecto Juan Arancibia Lebario, quien fue alcalde de Bilbao en el bienio (1922-23) durante la dictadura de Primo de Rivera, para el promotor José Soga Fernández (un contratista sin filiación política conocida, pero que había recibido algunos encargos importantes del Instituto Nacional de la Vivienda), en el que se debe resaltar la muy cuidada decoración interior de su portal, incluidas dos grandes pinturas con paisajes de ruinas clásicas con sabor a Claudio de Lorena. Siendo doce años más tardío, el aspecto seco y austero de la fachada del nº 1 es más duro que la del nº 2, dueña de mayor plasticidad y juego de movimientos. Es como si Arancibia hubiese tenido en cuenta el edificio de Smith para asemejarse… haciendo lo contrario: blanco-negro, cromático-monocromático, torreones laterales-torreón central…

Pongo en relación el aspecto exterior de los portales de ambos. Los dos presentan tres vías de paso, una central y dos laterales menores. El de Smith Ybarra es historicista, palaciego y amable; el de Arancibia Lebario, por contra, rotundo, imponente y sin concesiones; eso sí, explayándose con refinado gusto en el interior.

Interior del portal de Plaza del Sagrado Corazón 1.

5 comentarios sobre “La arquitectura nazi en Bilbao: lo residencial (IV).

  1. Muy interesante Javier, este cuarto bloque en el que haces referencia al prolífico arquitecto Pedro Ispizua, constructor de las casas supuestamente baratas que conformaban la Ciudad Jardín bilbaína. Ni era ni es una urbanización de casas baratas al uso, más bien todo lo contrario. Los socios tuvieron que pagar entre 16.000 y 23.000 pesetas de la época por cada vivienda. Lo que está claro es que las casas baratas de Ciudad Jardín han dejado de serlo hace muchos años…, si es que alguna vez lo fueron.
    En fin, datos aparte, el pasado fin de semana se celebró el centenario con la presencia del alcalde Juan Mari Aburto, familiares del arquitecto y familiares de Celso Negueruela (presidente de la Sociedad Cooperativa), que da nombre a la plaza y que curiosamente sufrió la expropiación de su vivienda, paradojas que nos depara el destino.

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    1. Hola Aintzane, gracias por tu comentario. En efecto, una cooperativa parece que, en principio, se creaba para construir casas económicas, pero esto no fue siempre así; una cooperativa podía hacer casas baratas y casas caras aunque a mejor precio final que el que ofrecería un promotor privado. Desde luego, las de Ciudad Jardín nunca fueran de las baratas -ahí están esos datos económicos que tú mencionas-, ni se construyeron con ese propósito que sí estimuló a otras urbanizaciones. En todo caso, la iniciativa y el diseño de Ciudad Jardín fueron estupendos y envidiables hasta que la degradación del entorno les hizo perder sus buenas cualidades urbanísticas y paisajísticas.

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  2. Interesante también la referencia al arquitecto Luis Gana y Hoyos, del que desconocía «esos datos». Curiosamente estos «dos barrios» forman parte de mi infancia y de mi época adulta; me gusta conocer los entresijos de la profesión gracias a la detallada información que aportas, sobre todo cuando tienes un arquitecto en la familia. Compruebo con desazón que el ejercicio de la Arquitectura sigue siendo harto complicado. Hay una frase genial del arquitecto Frank Lloyd Wright: «¡Qué suerte tienen los médicos que sus errores los entierran! A los arquitectos la única solución que nos queda es plantar hiedra».

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      1. Bueno no me puedo quejar, de lo que era la ría de Bilbao a lo que es en la actualidad con su posterior reconversión. Para mi es una de las zonas más especiales de la ciudad, incluidos los recuerdos de una niña que veía la belleza en las flores, los árboles del paseo y las grúas de la otra orilla y obviando «los bichos» que campaban a sus anchas al amparo de la oscuridad, te puedes imaginar… 😉

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