Mugak. Hacia la siguiente frontera.

Pasada ya la semana central de la I Bienal Internacional de Arquitectura de Euskadi, celebrada en San Sebastián, repasemos algunas de sus circunstancias.

Parece evidente que la preparación de la Bienal arrancó hace muy pocos meses, quizás no más de cuatro o cinco, en todo caso dentro de este mismo año 2017. Debería haberse pensado si con ese corto plazo no hubiese sido más prudente esperar un margen mayor de tiempo para la celebración de la primera edición. Salvo que hubiese un imperativo político (¡quién sabe!, recuérdese que el evento está organizado por el Departamento de Medio Ambiente, Planificación territorial y Vivienda del Gobierno Vasco), no había necesidad objetiva de trabajar con tal estrechez de fechas. Imagino que sí se pensó, sí se valoró y se decidió que valía la pena echar para adelante. De acuerdo, se ha podido celebrar la Bienal, aunque ello haya sido a costa de mostrar una programación irregular, compuesta por acumulación de citas de muy diversa entidad y calidad.

El programa se elaboró con lo que se tenía más a mano, de modo que pocas actuaciones están siendo resultado de una voluntad de producción propia y, en consecuencia, fruto de la intención por vertebrar una estructura homogénea y directriz, lo que ha derivado en un perfil identitario poco definido. Supongo que se conocía el riesgo más que cierto de que podría ser así y que, a pesar de ello, se dijo “adelante, asumimos lo que resulte”. Vale, ahora apréndase de la experiencia de cara a las fronteras del 2019.

Es posible que una de las causas para poner en marcha la Bienal en 2017 haya sido la de acompasar su celebración con la de Bilbao Bizkaia Architecture (BIA) que el año que viene tendrá su tercera edición: años pares BIA en Bilbao, años impares Bienal en San Sebastián. El Gobierno Vasco también participa como patrocinador institucional en el BIA y tiene sentido que quiera espaciar acontecimientos similares en los que está implicado. Puede ser, cabe imaginar esa y otras razones más, sin duda las habrá, pero las prisas dan lugar a disfunciones, carencias y tropiezos.

No voy a destacar aquí los aspectos positivos que ha tenido la Bienal. Los he expuesto en entradas anteriores en este mismo blog. Por tanto, nadie vea ahora un empeño especial por señalar lo que quizás, en mi opinión, debería haber sido de otra manera. Espero haber dejado manifiestamente claro que la Bienal ha sido bienvenida, que se han podido ver y escuchar ideas y proyectos creativos interesantes, y que le deseamos lo mejor para la siguiente edición.

Una de las consecuencias de la precipitación ha sido el localismo de los actos. Salvedad hecha de la exposición central, Creatividad compartida, de RCR Arquitectes, todo lo demás ha sido no ya vasco, sino gipuzkoano, y, particularmente, muy donostiarra. No es un defecto, ¡por Dios!, sino una restricción geográfica. Téngase en cuenta que la Bienal dice ser de Euskadi, pero las actividades se han centrado exclusivamente en San Sebastián y la mayor parte de los arquitectos, artistas y conferenciantes proceden de esta ciudad. Además de escribirse en euskera, el título de Mugak se ha presentado en castellano, inglés y francés, cierto, pero la participación de agentes internacionales ha sido muy limitada. La relevante presencia de los arquitectos Alain Tavés y Sou Fujimoto resulta insuficiente para un evento que se presenta en cuatro idiomas. Si de verdad es “de Euskadi” para próximas ocasiones debería contemplar alguna actividad en otras poblaciones y, desde luego, la inclusión de arquitectos, creadores y analistas procedentes de territorios vascos, de otras zonas españolas y, por supuesto, extranjeros.

Otro aspecto ha sido la ausencia de impulso propositivo propio, lo que ha dado lugar a la falta de iniciativa directiva. Una Bienal que se pretenda importante no puede estar al albur de las producciones que realicen otros agentes y éstos tengan la condescendencia de hacerle partícipe de ellas. En primer lugar porque puede no ser factible la participación en las más atractivas de ellas debido a los compromisos que ya tengan adquiridos en el inicio de sus propias gestaciones y en segundo, porque la Bienal se queda sin pensamiento propio al no ser capaz de proponer reflexiones surgidas de su propio seno y que, a su vez, se hallen en conexión con la realidad circundante o, simplemente, con las realidades que por el motivo que fuere sean interesantes en cada momento.

En tercer lugar, la Bienal debe buscar fuentes financieras diversificadas para hacer posibles los dos asuntos anteriores. No puede ser exclusivamente dependiente de una sola fuente institucional, estando obligada a la captación de patrocinios dinerarios públicos y privados, sin que estos últimos se presenten sólo como colaboraciones en servicios ni como publicidad encubierta de estudios de arquitectura o de corporaciones vinculadas a la construcción. Hace falta más dinero, en metálico, para lograr ese nivel “internacional”, pues sólo así se conseguirá traer a personajes y actividades de verdadera relevancia desde cualesquiera que sean las ciudades donde se encuentren, y se podrán acometer los gastos que impliquen las producciones propias. Como es natural, si se tienen tales medios para realizar lo apuntado, resultará imprescindible disponer del tiempo suficiente para sus materializaciones. En otras palabras, la Bienal del año 2019 debe empezar a prepararse en cuanto termine la actual edición.

A la organización le debe preocupar que las actividades sean de calidad, no que sean muchas. En el Palacio de Miramar caben tres o cuatro amplias y buenas exposiciones, no diez u once, como sucede en esta ocasión, de las cuales sobran siete u ocho. Uno tiene la impresión de que en el vértigo de la etapa preparatoria el equipo de la Bienal sintió miedo escénico a que no hubiera suficiente contenido y se lanzó a una búsqueda ansiosa y ciega de lo que fuere para espantar esta posible acusación: “no hay contenidos”. Pues bien, se ha soslayado ese problema, pero se ha entrado de lleno en otro: “hay demasiados contenidos innecesarios y mediocres”. El paroxismo de ese “horror vacui” es la superflua presencia de irrelevantes pinturas que no tienen nada que ver con la Bienal y cubren las paredes de vestíbulos, pasillos, escaleras y casi cualquier rincón del Palacio. Un agobio que, además, en el conjunto de lo expuesto, rebaja el nivel de aquello que sí posee importancia. Sálvese la propuesta de Maider López, Basoa, la de Guillermo Zuaznabar y Manuel Asín, Zazpi zelataria eta dorretxe bat, y a duras penas la colectiva Mugan bizi. El Premio Peña Ganchegui 2017 hubiese merecido mejor tratamiento y distinción.

 

Otra cuestión: la presencia de alumnos de la ETSASS durante esta semana en los espacios del Palacio para recibir las clases que deberían tener en las aulas de la Escuela. De entrada la idea es académicamente correcta, docentemente desenfadada y socio-ambientalmente salvadora. Correcta al poner en estrecho contacto a alumnos de Arquitectura con la Bienal de tal contenido; desenfadada porque el habitual rigor académico queda sustituido por una informal relación educativa; y salvadora porque si el público general no acude en masa a ver las exposiciones del Palacio la presencia de decenas de estudiantes ofrecerá, al menos durante la semana inaugural, la impresión contraria con la ventaja, además, de haber conectado con un público joven, cuando sabemos de sobra que las exposiciones de arquitectura no suelen atraer a mucho público (ya he explicado otras ocasiones por qué y lo repetiré aquí también) y menos aún al público joven. Por supuesto, los estudiantes de Arquitectura deben sentir la obligación de  visitar esta Bienal, pero no por ser un público cautivo en manos de sus profesores, sino porque lo que en ella se diga y muestre les atraiga e interese formativamente lo suficiente como para acudir por su propia iniciativa.

san telmo
Esta exposición, “Intervenciones arquitectónicas en el patrimonio edificado”, ubicada en el pasillo de comunicación entre el vestíbulo y la cafetería del Museo San Telmo ¿tiene nivel internacional?

Una Bienal de Arquitectura que se auto-denomine internacional y tenga lugar en San Sebastián con el patrocinio de un Gobierno no puede:

  • ofrecer un folleto-programa y una página web en las que encuentre confusión y errores quien busque en ellos orientación y certezas;
  • decir que son exposiciones
    • 12 paneles de 80×50 cm.  sobre Intervenciones arquitectónicas en el patrimonio edificado (en un pasillo secundario del Museo San Telmo);
    • 16 láminas de papel, Gipuzkoa “Brut” –una lástima porque el tema es interesante y está abordado con conocimiento-;
    • 18 fotografías, La fábrica del patrimonio -no se entiende su inserción aquí-; y
    • 30 banderolas, Premios COAVN 2016 -las cuales ni siquiera han sido novedad ya se pudieron ver en la explanada delantera del Ayuntamiento donostiarra desde el 9 de junio del 2016 con motivo de la entrega de los premios y después en la sede local del COAVN- (estas tres últimas en el Koldo Mitxelena);
    • por favor, basta ya de paneles, banderolas y hojas pegadas a las paredes con ilustraciones reproducidas de fotitos, planitos, dibujitos…; si son exposiciones de arquitectura lo que deben mostrar son maquetas, modelos, dibujos, fotografías del proceso constructivo, documentos, bocetos, vídeos… originales, no reproducciones, originales enmarcados, individualizados, resaltados en su valor y singularidad; por ese motivo las exposiciones de arquitectura no atraen al público en general: no son visualmente atractivas, están realizadas con cuatro euros y utilizan la jerga sectaria del profesional que se explica ante otro profesional, o sea, cero en didactismo;
  • incitar al público foráneo interesado en la materia a viajar hasta San Sebastián desde Madrid, Zaragoza o Bilbao, en base a las informaciones y afirmaciones anteriores y que ese público se encuentre con que tal exposición aún no está abierta porque se quiera -quizás- repartir el impacto mediático de la Bienal a lo largo de varias semanas, que los horarios de las galerías de arte no son los que se dicen, que algunas de las exposiciones publicitadas como propias de una Bienal Internacional son en realidad banderolas ilustradas…;
  • invitar a conferenciantes incapaces de comunicar con claridad el conocimiento que se supone atesoran; aquellos que investigan con acierto temas de interés deben saber transmitir bien los resultados de sus investigaciones; son necesarias las dos cualidades; si estamos de acuerdo que un buen comunicador vacío de contenidos no interesa, lo mismo debería decirse de alguien que conoce a fondo un asunto pero carece de la capacidad para trasladarlo oralmente.
  • brut
    Edificio “La culebra”, Donostia-San Sebastián 1974, de Vicente Orbe y José Luis Pla, representativo ejemplo de brutalismo en Gipuzkoa.

    Pido perdón si lo dicho a lo largo de este texto ha resultado molesto para alguien. No se pretende tal cosa, sino al contrario, lo que la crítica busca es una mejora para las siguientes ediciones. Pedro Astigarraga, el comisario de esta Bienal, ha realizado un trabajo muy difícil con un aceptable resultado, extrayendo a la idea las mejores opciones que las limitaciones de tiempo y dinero le pusieron. El Consejero de Medio Ambiente, Planificación territorial y Vivienda, Iñaki Arriola, puede sentirse satisfecho por la iniciativa, lo cual tiene que animarle para que dentro de dos años aumente la dotación presupuestaria destinada a este evento. Merece la pena y, si es así, Pedro Astigarraga, con su equipo, logrará multiplicar esos resultados, sin duda.

4 comentarios sobre “Mugak. Hacia la siguiente frontera.

  1. Estimulado por los comentarios de Javier González de Durana decidí visitar la Bienal de Arquitectura coincidiendo con la conferencia de Fujimoto.
    Además recorrí las exposiciones que había en el Palacio Miramar, La Tabakalera y el Koldo Mitxelena.
    Fujimoto resultó muy interesante y sus propuestas de gran interés. De momento sus realizaciones son casi todas de pequeño formato y las más ambiciosas están en proceso; esperemos que respondan a las expectativas generadas.
    El binomio arquitectura y naturaleza es el nuevo paradigma de la arquitectura y se ve también muy presente en la obra de RCR, expuesta con brillantez en el Miramar.
    Las propuestas de Fujimoto son muy personales y no pueden ni deben ser masivamente imitadas; se perdería su valor de obra singular.
    Existe cierta contradicción entre el interés por la naturaleza de la obra de Fujimoto y la exigencia de espacio que requiere, lo que conlleva un importante consumo de suelo. Como ejemplo está el servicio público en medio de un parque.
    ¿Es compatible un urbanismo de alta densidad, que consume el mínimo de suelo y tan de actualidad, con las propuestas de Fujimoto? Sin duda es una línea interesante de análisis y discusión.
    La exposición sobre el equipo RCR merece una visita especial. El montaje es soberbio y la obra expuesta digna del premio Pritzker recientemente concedido. Su obra, exquisita, entra en consonancia con las propuestas de simbiosis con la naturaleza contenidas en la obra de Fujimoto.
    El resto de las exposiciones del Miramar están en un nivel inferior a la ya comentada de RCR, aunque la del proyecto ‘Imanolena’ de Peña Ganchegui no está falta de interés.
    Tenía interés en conocer la reciente intervención realizada en Tabakalera. Me pareció muy sobria, de acuerdo con el edificio de carácter industrial, por cierto, de una notable calidad arquitectónica. Da envidia comprobar la dignidad con que antiguamente se construían los edificios industriales en comparación con los anodinos pabellones de ahora. especial es el caso de las antiguas fábricas de tabacos con los inolvidables ejemplos de Sevilla, Madrid, Málaga, Logroño, San Sebastián y otros más. Mi sensación es que se trata de un estupendo edificio todavía poco utilizado, con grandes espacios vacíos.
    Lo expuesto, tanto en Tabakalera como en el Koldo Mitxelena, no llega al nivel del Miramar, pero hay que valorar el esfuerzo de los organizadores por sacar adelante esta Bienal.

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    1. Muchas gracias por tus comentarios, José Luis, con los que coincido en la parte de la Bienal que pude conocer. Son especialmente oportunas tus reflexiones sobre la conferencia y obra de Fujimoto porque, precisamente, en ese acto no estuve presente como parte del público. Así que lo que nos dices sobre él viene a completar lo plasmado en mis escritos sobre la Bienal.
      Comparto dudas contigo cuando te preguntas sobre la compatibilidad del urbanismo de alta densidad y mínimo consumo de suelo con las planteamientos del japonés y, concretamente, me lo planteo no ya en relación a Fujimoto sino a la concreta propuesta urbanística que se dio -y se está llevando adelante- para los terrenos de la antigua fábrica de Santa Ana de Bolueta. El planteamiento para Bolueta es muy interesante por muchos aspectos (energéticos, relación con la naturaleza…), sin duda, pero la densidad parece muy-muy elevada, ¿qué piensas sobre esto?

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  2. Mi impresión es que la actuación en Bolueta tiene un fuerte componente económico, por no decir otra cosa, y el tema de La sostenibilidad es un argumento más, si no un pretexto.
    Otra cuestión polémica es el actual uso y, a veces abuso, de la edificación en altura para edificios de viviendas, a veces de protección oficial.
    Los edificios en altura, para que funcionen bien, son caros, pues exigen unas calidades y, especialmente instalaciones, más caras que la media, lo que es incompatible con la construcción de viviendas de protección oficial.
    Además con la edificación en altura no se consiguen densidades superiores a las de los clásicos ensanches como los de Barcelona, barrio de Salamanca, Bilbao y otros más.
    Si pasamos revista a los últimos edificios residenciales en altura del entorno de Bilbao los resultados no son muy brillantes:
    Las 9 torres de San VIcente en Barakaldo ,de cuales la mitad son de protección oficial, no tienen la calidad de construcción requerida.
    Las torres que están emergiendo en Garellano impactan, creo que negativamente, en el paisaje urbano de Bilbao, especialmente desde los accesos de Solución Sur y Enekuri. Además falta la más alta, que diseñará Richard Rogers.
    Se salva la torre Iberdrola, de un elegante diseño y que encaja muy bien en el perfil urbano de Bilbao. Hay que destacar que es de uso terciario, no de vivienda, lo que ha permitido unas mayores calidades en su construcción.
    Las torres de Isozaki consiguen una solución urbanística y pasajisticamente correcta dando una buena respuesta a la alta densidad planteada para viabilizar económicamente una operación lastrada por una pésima gestión anterior. De todos modos la solución de torres totalmente acristaladas tiene difícil encaje con el uso de vivienda, que requiere espacios de mayor intimidad. Además se echa en falta una mayor calidad en sus acabados, especialmente el muro cortina, seguramente debido a motivos económicos. Pienso, sin embargo, que en su conjunto es una actuación correcta.
    Mi conclusión es que en el caso de Bilbao las torres no deben generalizarse, pues perderían su condición de punto de referencia en la ciudad.

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    1. De acuerdo contigo, José Luis, en que las torres no deberían generalizarse en Bilbao, pero la tendencia parece ser la de rodear el perímetro de la ciudad con edificios de este tipo: Garellano por el Oeste, Iberdrola e Isozaki por el Norte, Bolueta por el Este… Comparto también la opinión de que edificación en altura + protección oficial + calidad constructiva no van de la mano y que para vender estos proyectos se utilizan argumentos que distraen la elevada edificabilidad, a veces exagerada edificabilidad, a base de agrupar torres: cuatro, cinco, siete…, unas junto a otras.
      Con tu comentario das respuesta a varias entradas subidas en las últimas semanas.

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