Mugak. Arte y arquitectura en conexión.

En su texto Forma y diseño (1960) Louis I. Kahn escribió que “un pintor puede concebir cuadradas las ruedas de un cañón para expresar la futilidad de la guerra. Un escultor puede también modelarlas cuadradas. Pero un arquitecto debe hacerlas redondas. Aunque la pintura y la escultura juegan un hermoso papel en el reino de la arquitectura, así como la arquitectura lo juega en los reinos de la pintura y la escultura, todas ellas se rigen por disciplinas distintas (…) Un gran edificio debe comenzar con lo inconmensurable; luego someterse a medios mensurables cuando se halla en la etapa de diseño, y al final debe ser nuevamente inconmensurable“. Si cada arte se desenvuelve conforme a su específica disciplina, ¿cuáles pueden ser los puntos de contacto entre ellas? ¿qué vínculos aspiran a establecer, y cuáles los nexos que finalmente logran y mediante qué vías?

Comisariada por el profesor Fernando Golvano, bajo el título Conexiones. Arte y arquitectura, este programa ofrece algunas respuestas a esas preguntas con la colaboración de cinco galerías privadas de arte de San Sebastián (Altxerri, Arteko, Ekain,  Kur y Vetus Art). Ellas han articulado una exposición diseminada con algunas de las creaciones más interesantes que pueden contemplarse en esta I Bienal Internacional de Arquitectura de Euskadi. El comisariado ha tenido que realizarse a partir de los artistas que habitualmente trabajan con tales galerías, de manera que el marco dentro del que se ha producido la selección ha sido estrecho. Entre ellas, no obstante, hay algunas joyas a las que quiero referirme aquí.

La idea de implicar a las galerías en el programa de la Bienal ha sido acertada porque son muchos los artistas que tienen a la ciudad, las calles, los espacios de convivencia pública y los edificios como uno de sus temas preferentes. De hecho, así ha sido a lo largo de la historia del arte: la arquitectura y el urbanismo -desde Piero de la Francesca y Ambrogio Lorenzetti (quien preside este blog) a Piet Mondrian y Giorgio de Chirico- han atraído su atención como escenario preferente de la vida social y sus conflictos.

No todas las exposiciones incluidas en Conexiones poseen igual interés y siento empezar este repaso sin poder referirme a la exposición de la Kur Art Gallery. Fui en dos ocasiones en horario durante el que supuestamente estaría abierto el establecimiento, pero lo encontré cerrado, así que no puedo decir nada sobre las obras que presenta. Lamentablemente, además, la página web de la galería anuncia como “exposición actual” otra diferente de la que la Bienal afirma que ofrece, supuestamente conformada por Javier Balda,  Xabier Laka, Xabier Idoate, Carlos Cánovas y Victor Arrizabalaga, de manera que tampoco vía web puedo decir algo sobre lo que ahí haya.

La pintura de Iñigo Sesma,  en Vetus Art, tiene una cierta relación con lo cinematográfico por la clase de escenarios y personajes que presenta. La resolución pictórica, realista, sin embargo, tiene un aire entre abocetado y brumoso, como si estuviera aún en proceso de realización o una capa de niebla difuminara las formas, armonizando cromáticamente la escena: viejas casonas en zona de vacaciones o países lejanos, antiguos moteles con la estructura hueca de los anuncios publicitarios ante ellas…, normalmente con personajes vistos de espalda y con la apariencia de haberse entrometido en un encuadre que no contaba con su presencia pero dentro del cual parecen buscar algo. En Sesma lo arquitectónico se disuelve como vaporoso escenario de fondo para individuos desorientados o perdidos en la edwardhopperiana soledad de la globalización.

sesma
Iñigo Sesma. “Discotheque”, óleo / tabla.

Ekain Arte muestra el trabajo de Clara Gangutia y Jesús Ibáñez. En realidad, de Gangutia sólo presenta seis aguafuertes y aguatintas, contenidas en la carpeta Razón y Expresión encargada por el Departamento de Urbanismo, Vivienda y Medio Ambiente del Gobierno Vasco hace décadas, y en las que, con mano de buena dibujante y dominio técnico, plasma la imagen arquitectónica de edificios que representaron en Euskadi una modernidad racionalista, como las Escuelas de Luis Briñas (1933), de Pedro Ispizua, o el Sanatorio de Leza (1934), de Pablo Zabalo. Por su parte, Ibáñez exhibe un conjunto de pinturas en las que transmite solitarios espacios urbanos de personalidad aparentemente anodina pero, de hecho, lugares poseedores de un singular carácter muchas veces no pretendido, sino casual. Su cromatismo, un tanto apastelado y con leves acentos pop, endulza arquitecturas quebradas de muros medianeros, tejados y fachadas en precaria reparación, y visiones nocturnas de rincones urbanos que a la luz de las farolas se transfiguran en ámbitos impregnados por un desolado romanticismo suburbial.

claragan[2]
Clara Gangutia. “Escuelas de Luis Briñas”, aguafuerte.
JPG_Square_Marguerite_80x80.cm2011jpeg
Jesús Ibáñez. “Square Margaritte”, óleo / lienzo.

Dejo para el final las que me han parecido mejores exposiciones, la de Ander Ushijima, en Arteko Galería, y la de Begoña Zubero, en Galería Altxerri.

Podríamos entender la exposición de Ushijima como el traslado de su taller y estudio de trabajo a la galería. La variedad de materiales existentes remite a las diversas facetas de la creación: dibujos a vuela-pluma para retener una idea, maquetas de ciudades en las que se inserta un edificio que ajustándose al orden geométrico y reticular de la trama urbana ofrece una formalización organicista (muy cercana a Jean Arp) completamente distinta, dibujos minuciosos que manifiestan axonometrías de nodos urbanos en que se aprecian los conflictos existentes al tiempo que se intuyen las soluciones a proponer, collages fotográficos de edificios retenidos en una comprensión rauschenbergiana -fragmentada, dinámica, compuesta- de la realidad, dibujos enrollados bajo una mesa de trabajo como demostración del trabajo invisible que conlleva llegar a una solución aceptable y visible, cuadernos de apuntes con hojas preñadas de croquis y notas escritas…

Ushijima es un arquitecto de 26 años con un dominio inusual del trazo y una sobresaliente capacidad para comprender tramas urbanas, sus complejidades externas y subterráneas, tanto las de circulación de vehículos como las de concentración de gentes. Algunos de sus dibujos tienen un aire de modernidad clásica, como bocetos de la época de la Bauhaus, pero al mismo tiempo otros dibujos son resoluciones detalladas mediante delicadas lineas de tinta que proclaman una actualidad vinculada a las nuevas tecnologías pero prescindiendo de ellas. Desde mi punto de vista, Ander Ushijima es el descubrimiento más relevante que ha facilitado esta Bienal.

ander 2
Ander Ushijima. “Promiscuidad urbana”. Bolígrafo / papel de acetato.
ander 1
Ander Ushijima. “IMG 8084 1”. Maqueta.

Arteko presenta, además, una buena pintura de gran formato realizada por Joxan Iza con el título de New Babylon, lo cual le emparenta con las teorías y obras de Constant Nieuwenhuys, el célebre miembro de La Internacional Situacionista que imaginó una ciudad nómada, llamada como esta pintura, fuertemente influida por las culturas gitanas y estructurada sobre diversas plataformas móviles. Aunque muy distintos, Ushijima e Iza coinciden en el tipo de visión compleja y babélica de la ciudad contemporánea.

iza new babylon
Joxan Iza. “New Babylon”, 2017. Collage y técnica mixta / tabla.

A Begoña Zubero no se le descubre con cada exposición suya (la última, por cierto, en el espacio de Kutxa Kultur Artegunea, en Tabakalera, hace pocos meses), sino que con cada una de ellas confirma y reafirma la solidez y singularidad de su trayectoria, como ahora con esta exposición titulada V/E Villagio Eni. Con un trabajo estrechamente vinculado a series de fotografías relacionadas con la arquitectura histórica alemana, polaca, rusa, italiana…, Zubero se centra aquí en el edificio diseñado por Edoardo Gellner a mediados de los años 50 para el Ente Nazionale Idrocarburi, en Borca di Cadore, Belluno (Italia), como centro cívico y social de una comunidad alpina de vacaciones que estaba compuesta por 263 villas unifamiliares, unas colonias para niños, un campamento para jóvenes, un albergue, una iglesia (proyectada junto al maestro Carlo Scarpa) y el citado centro cívico, todo ello levantado entre 1954 y 1963, respondiendo a una iniciativa empresarial y un pensamiento ecológico.

Zubero fotografía diversas localizaciones interiores y exteriores de este edificio -vacío, majestuoso, de una calidad constructiva incontestable y detalles supremos de diseño- con un respeto reverencial hacia él sin que ello le prive de realizar las imágenes que busca previa interiorización de los espacios e identificación de los emplazamientos y orientaciones de cada toma fotográfica. Pasillos, dormitorios, comedores, escaleras, gimnasios…, Zubero disecciona el lugar y nos traslada su particular narración acerca de un ámbito festivo que acogió a centenares de alborozadas familias, que después cayó en el olvido y el abandono, y que ahora está siendo recuperado con residencias de artistas. En las imágenes de Begoña faltan los usuarios de lo que nos muestra, su ausencia resulta solemne y fantasmal, pero casi se pueden escuchar las risas, las canciones, el griterío de las gentes que fueron felices aquí.

Las composiciones de Begoña se hallan respaldadas por un rigor constructivo que parece  tomado de la escuela De Stijl o de cualquier buen pintor. Sus años de estancia y trabajo en Alemania e Italia le han proporcionado no sólo un cabal  conocimiento de la arquitectura, sino también de su pintura, tanto la histórica como la contemporánea. Precisamente, las paredes de los pasillos en este edificio, surgidas del desenfado creativo de un arquitecto latino, han ofrecido a la fotógrafa ocasiones inmejorables para unas imágenes neo-plasticistas. Con el tiempo Zubero ha fortalecido una capacidad intuitiva para la localización y el encuadre. En ello ha intervenido la aplicación de un protocolo de tres fases que le aleja del hallazgo casual de la fotografía:

  • (a) posicionarse y considerar tras merodear,
  • (b) mirar y analizar tras posicionarse y considerar, y
  • (c) encuadrar y fotografiar tras mirar y analizar.

Pero en la base de ese rito, en el que el hallazgo fortuito no existe, yace una intuición de Zubero similar a la del navegante que se orienta con la luz los astros o a la del geólogo que comprende los sonidos de la tierra: instinto racionalizado. Maravilloso edificio para una excelente exposición de una fotógrafa perfecta.

ZUBERO_VE_2017 (20)

Begoña Zubero. V/E Villagio Eni.

ZUBERO_VE_2017 (8)
Begoña Zubero. V/E Villagio Eni.
ZUBERO_VE_2017 (19)
Begoña Zubero. V/E Villagio Eni.
ZUBERO_VE_2017 (10)
Begoña Zubero.V/E Villagio Eni.

Mañana, último y crítico artículo.

 

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s