Balenciaga: permanencia y poética de la sustracción

/ Javier González de Durana /

En recuerdo de Ingrid Wessels

La alta costura suele relacionarse con la acumulación: capas, bordados, volumen, ornamentos. Sin embargo, la nueva planta de producción y formación de la firma Balenciaga en Cerreto Guidi (2022–25), diseñada por MetroOffice Architetti, plantea justo lo contrario. Aquí la arquitectura no se construye sumando, sino quitando; no añadiendo materia, sino depurando lo que ya existe. Esta idea conecta bastante bien con la forma de trabajar de Cristóbal Balenciaga: reducir hasta quedarse con lo esencial, dejar que la estructura se exprese y que la forma aparezca casi por sí sola: https://metrooffice.it/projects/selected-1/

El edificio, situado en el suave paisaje de la Toscana, es una nave industrial, pero que va más lejos. Funciona más bien como una declaración de intenciones sobre cómo pueden convivir la sostenibilidad, la memoria constructiva y la producción contemporánea. En lugar de buscar un edificio llamativo o espectacular, el proyecto opta por una actitud más responsable: en vez de demoler una antigua fábrica de cuero de los años 60, decide transformarla. Esa decisión ya dice mucho. Reutilizar es una cuestión ecológica posterior a reconocer el valor de lo que ya está construido. La energía y los materiales invertidos en su día no se tiran, se aprovechan. Y en un contexto donde la industria de la moda está cada vez más presionada en términos ambientales, esta estrategia es coherente y también es inteligente.

La estructura original de hormigón y acero se convierte en el punto de partida. Elementos como las columnas en V o las grandes cerchas, que podrían haberse visto como un problema, aquí se asumen como base del proyecto. Algo parecido a lo que ocurre en sastrería: la calidad de una prenda depende de su estructura interna, aunque no se vea. Los arquitectos, en lugar de ocultarla, la sacan a la luz. Eliminan añadidos, tabiques improvisados y capas acumuladas con el tiempo; una limpieza a fondo. Y lejos de empobrecer el edificio, lo hace más claro y ligero. Donde antes había fragmentación, ahora hay continuidad, luz y orden.

Uno de los elementos más interesantes es la cubierta, pensada más como piel que como techo. Flota sobre el volumen principal y se adapta al entorno de olivares y viñedos. Funciona como una capa protectora que filtra la relación entre interior y exterior. La comparación con una prenda no es casual: protege sin encerrar. Gracias a paneles de policarbonato, la luz natural entra de forma suave y uniforme, algo clave para el trabajo artesanal en marroquinería. Aquí la luz no es un capricho estético, es una herramienta de trabajo.

En el interior, algunos paneles acústicos están hechos con fibras recicladas procedentes de los propios residuos textiles de la marca. Es un ejemplo claro de economía circular aplicada de verdad, no es retórica. Los restos de producción vuelven al edificio convertidos en materia útil. Hay algo interesante en esa idea: el espacio contiene, de alguna manera, fragmentos de lo que allí se produce. Arquitectura y moda se relacionan conceptualmente, pero también lo hacen de forma física.

Las fachadas transparentes permiten que el paisaje entre en el taller para las miradas. No es, sin más, una cuestión estética. Mantener esa conexión con el entorno ayuda a reforzar el vínculo con el lugar, con su historia y su cultura productiva. Frente a una industria cada vez más deslocalizada, esta decisión tiene peso: apuesta por mantener una relación clara entre lo que se produce, dónde se produce y quién lo produce.

El proyecto no intenta “compensar” su impacto ambiental, sino reducirlo desde el principio. Al reutilizar y transformar un edificio existente, demuestra que el futuro pasa por construir cosas nuevas, sí, pero también por saber trabajar con lo que ya tenemos. Algo muy similar a reinterpretar una prenda clásica sin perder su esencia.

La planta de Balenciaga en Cerreto Guidi es, en el fondo, un ejercicio de contención. No busca impresionar, sino convencer. Como en la alta costura, hay respeto por la estructura, precisión en los materiales y una clara intención de eliminar lo innecesario. Es un edificio que alberga moda, pero que también la refleja en su propia forma de construirse.

Todas las fotografías en Cerreto Guidi (c) Marco Cappelletti.

Este no es el único cruce reciente entre la obra de Balenciaga y la arquitectura. El nuevo Victoria & Albert East Storehouse, diseñado por Diller Scofidio + Renfro, toma como referencia el famoso abrigo “Balloon” de 1954. La idea era trasladar esa forma de generar volumen, separado del cuerpo, a un edificio. El resultado es una especie de envolvente estructural que rodea el espacio interior, como si fuera una prenda: https://dsrny.com/project/v-and-a-east-storehouse

Esa relación se aprecia sobre todo en la fachada, con pliegues y cortes que recuerdan a la caída de la tela en la alta costura. Al final, la comparación es bastante directa: igual que Balenciaga moldeaba el aire alrededor del cuerpo, aquí la arquitectura define el espacio mediante grandes piezas de hormigón. Es una forma de entender el edificio casi como si fuera una prenda a escala urbana.

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