El Serantes no es el patio trasero del puerto

/ Javier González de Durana /

Punta Lucero en primer término con la gran erosión realizada entre 1970 y 1990 para obtener escollera destinada principalmente al dique exterior y a las primeras grandes obras del puerto en el Abra. 

Las antiguas canteras de la laderas oeste y norte de los montes Serantes y Punta Lucero son el testimonio físico del precio que pagó la naturaleza por el desarrollo industrial. Durante décadas, de allí salió la piedra que cimentó las sucesivas ampliaciones del puerto de Bilbao. El resultado de aquella explotación es una montaña amputada, con taludes abruptos y un paisaje arrasado que hoy exige una reparación urgente. Para los habitantes de la Margen Izquierda y la Zona Minera, el conjunto Serantes-Punta Lucero nunca ha sido un simple accidente geográfico. Es su pulmón verde histórico, el escenario de su memoria popular —como la tradicional romería de Cornites— y prácticamente el único refugio natural que sobrevivió a un entorno hiperindustrializado.

Con la restauración ecológica asentada en la agenda pública, resulta incomprensible que todavía se contemple estas laderas como una simple reserva de suelo. En lugar de reparar el daño histórico, las propuestas impulsadas ahora desde la Autoridad Portuaria insisten en asentar en una abandonada cantera del Serantes nuevas zonas industriales vinculadas a sus necesidades. El plan para construir plataformas logísticas en este entorno forzó incluso la intervención del Ministerio para la Transición Ecológica, que exigió una evaluación ambiental ordinaria ante el riesgo evidente de generar impactos adversos significativos.

A esta amenaza de ocupación en superficie hay que sumar el castigo acumulado en el subsuelo. La montaña ya fue perforada por el túnel ferroviario de mercancías, asumiendo impactos que han condicionado su hidrología y su equilibrio geológico. La ironía es cruda. Primero se vació el Serantes para ganar terreno al mar, y ahora se busca ganar espacio industrial a costa de la montaña, ignorando que sobrepasar la escala límite de las infraestructuras significa dejar de usar el territorio para empezar a devorarlo.

Si hay un espejo en el que mirarse ese es el que nos ofrece el Peñascal. Para calibrar el despropósito que se cierne sobre el Serantes, basta con mirar hacia Bilbao y observar el trato radicalmente distinto que están recibiendo las antiguas canteras de El Peñascal e Iturrigorri. Allí se está ejecutando un proyecto de restauración integral que demuestra que las heridas del paisaje sí pueden curarse cuando hay voluntad política.

En lugar de proyectar polígonos, en El Peñascal se está reconstruyendo la orografía capa a capa. Se compactan miles de toneladas de material excedente y se diseña un estricto control de aguas con cunetas de escollera para evitar las riadas que antaño castigaron a los vecinos. La sensibilidad ambiental del proyecto es tal que, como se encargó de poner en valor el departamento foral de Infraestructuras dirigido por Imanol Pradales, hoy Lehendakari del Gobierno Vasco, la topografía final dejará libres paredes verticales de sesenta metros de altura. ¿El objetivo? Garantizar que especies como la chova piquirroja o el halcón peregrino sigan teniendo un lugar donde reproducirse.

Romería de Cornites se celebra cada Lunes de Pascua en el Serantes, con ascenso principal desde Santurtzi..

El plan de Bilbao culmina con un trabajo de cirujano: 20.000 metros cúbicos de tierra vegetal, miles de metros cuadrados de hidrosiembra y la plantación de más de 31.000 árboles y arbustos de origen autóctono. Todo ello para crear caminos peatonales que conectarán el nuevo entorno natural con la subida al Pagasarri y Artigas.

Y aquí aparece el agravio comparativo, pues el contraste resulta hiriente. ¿Por qué una cantera en Bilbao merece ser convertida en un bosque autóctono surcado por senderos peatonales, mientras que la del Serantes sigue siendo tratada como un simple solar destinado a comer hormigón? Como la cantera del Serantes apenas se ve a la derecha de la carretera que baja desde La Cuesta hacia el puertito de Zierbena y las brutales agresiones en Punta Lucero sólo se pueden observar con claridad desde el mar, parece que alguien ha considerado que esas heridas no tienen importancia; si nadie las ve… Mientras en El Peñascal se mima la estabilización del terreno y la recuperación de la biodiversidad, en la Margen Izquierda la única receta institucional parece ser la ocupación logística.

Este modelo expansivo choca de frente con las directrices ambientales europeas. Frenar el deterioro, estabilizar los suelos y facilitar la revegetación del Serantes y Punta Lucero es perfectamente viable, tal y como se está demostrando a pocos kilómetros de allí. Frente a esta alternativa, proyectar más asfalto supone perpetuar un modelo extractivista caduco.

Afortunadamente, los grupos ecologistas y las plataformas vecinales de Ezkerraldea llevan décadas ejerciendo una presión ciudadana que ya obligó a los ayuntamientos (2008-10) a frenar intentos previos de ocupación portuaria. Aquel freno demostró que el interés general también pasa por establecer líneas rojas frente a los grandes operadores económicos. Más tarde, en las aportaciones municipales de Santurtzi a la revisión de las Directrices de Ordenación Territorial (2017) se solicitó la creación de un Parque Periurbano del Serantes, su protección patrimonial y criterios de conservación del monte. Además, para la revisión del PGOU se insistía en limitar el tráfico rodado, favorecer la protección ambiental, mantener el medio físico como objetivo prioritario e impedir usos que degradaran el monte. El Ayuntamiento de Zierbena fue aún más beligerante entonces. En la anterior tentativa (2022-23), impulsada por la Autoridad Portuaria, lo interesante es que ese expediente administrativo incluye un periodo de consultas a las administraciones afectadas y eso significa que las respuestas del Ayuntamiento de Zierbena y, en su caso, de Santurtzi, forman parte del expediente administrativo del Ministerio. Ayer domingo, la noticia volvía a ser la misma, la Autoridad Portuaria insiste en su expansión a costa de seguir abriendo las heridas ya infligidas a la Naturaleza.

El puerto de Bilbao es un motor económico indiscutible para Bizkaia, pero no se puede sostener un discurso de sostenibilidad institucional mientras se planea edificar sobre uno de los entornos más castigados de la costa vizcaína. El impacto de una infraestructura moderna no debe medirse solo por el tonelaje que mueve, sino por el estado en el que deja el entorno que explota. Asumir que a veces la decisión más avanzada e inteligente consiste en dejar de construir exige un grado de madurez que estas laderas reclaman a gritos. Ya es hora de detener la ocupación y permitir, sencillamente, que la cantera vuelva a ser un bosque.

 Punta Lucero y su largo dique desde el Abra.

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