Patrimonio-objeto hacia patrimonio-sistema

/ Javier González de Durana /

Sociedad de Casas Baratas La Unión Begoñesa, Basarrate-Santutxu, arquitecto Ismael Gorostiza (1927), rodeada por edificios de los años 50, 60 y 70 del siglo XX.

El nuevo Plan Especial de Patrimonio Cultural Urbanizado de Bilbao no puede convertirse en otro documento administrativo más, ni en un simple inventario ilustrado que repita las carencias ya visibles en el PGOU de 2022. El Ayuntamiento tiene ahora la oportunidad y la responsabilidad de ir un poco más allá de ese proteccionismo inmóvil que entiende la ciudad como una suma de objetos aislados.

Recientemente, los responsables municipales de la dirección de Planificación Urbana convocaron a un grupo de historiadoras/es especializadas/os en la evolución urbana y arquitectónica de la ciudad porque, según decían, «desde el inicio de los trabajos, nos gustaría contar con la colaboración de expertos/as en la materia» y con «las ganas de aportar su visión sobre lo que debería ser el próximo documento de Plan Especial de Patrimonio de Bilbao». Acudimos unas/os cuantas/os colegas, pero la iniciativa, aunque loable, tuvo un resultado impreciso. Las/os historiadoras/es tan sólo pudimos hacer constar que Bilbao no es un museo de fachadas, sino un organismo vivo, lleno de memorias superpuestas.

Dijimos que sería importante que este nuevo marco normativo asumiera de verdad el concepto de Paisaje Urbano Histórico. Que no basta con proteger edificios singulares: hay que atender a la escala de las calles, a la morfología de los barrios y a esa memoria cotidiana que termina dando identidad a una ciudad. Que hace falta además cierta valentía política para frenar la deriva hacia una “disneyficación” turística cada vez más visible. Que el patrimonio no debería convertirse en un decorado bonito pero vacío, sino seguir siendo un espacio habitable, productivo y socialmente integrado. Que la protección no puede limitarse a impedir derribos, pues debería ayudar a mantener la vida dentro de los edificios y de los barrios… Continuamos en esta línea.

Por ejemplo, señalamos que resulta llamativo que el catálogo actual continúe tan centrado en el Casco Viejo y el Ensanche mientras muchos barrios periféricos quedan en segundo plano. El trabajo de campo tendría que extenderse de forma mucho más seria hacia Rekalde, Deusto, Begoña, Zorrotza, Otxarkoaga y otras áreas donde sobrevive una arquitectura popular y racionalista del siglo XX que corre el riesgo de desaparecer silenciosamente. Muchas rehabilitaciones energéticas, ejecutadas con criterios estandarizados y poca sensibilidad, están borrando rasgos arquitectónicos valiosos casi sin debate público.

Algo parecido ocurre con el patrimonio industrial residual, esas piezas dispersas que todavía cuentan la historia portuaria y fabril de Bilbao. Algunas siguen abandonadas, otras se transforman sin demasiada atención a su carácter original. Sería importante catalogarlas con urgencia y establecer protocolos claros de reutilización adaptativa antes de que desaparezcan por pura inercia administrativa. La identidad de Bilbao no está sólo en sus grandes edificios representativos, sino también en las barriadas obreras y en la vivienda social construida durante décadas.

Habría que limitar terminantemente con el fachadismo indiscriminado: conservar la piel de un edificio mientras se destruye toda su lógica interior acaba produciendo una arquitectura vaciada de sentido. Es deseable que las intervenciones en edificios catalogados incluyan levantamientos arquitectónicos completos y análisis estratigráficos rigurosos. Quizás parezca excesivo, pero sólo desde un conocimiento profundo del inmueble se pueden evitar decisiones arbitrarias o rehabilitaciones que terminen deformando por completo su carácter tipológico.

Otro de los asuntos más delicados es la relación entre protección patrimonial y sostenibilidad climática. El Plan debería resolver de manera clara cómo compatibilizar ambas cosas para que cada rehabilitación no se convierta en una batalla burocrática interminable. Haría falta un Manual de Buenas Prácticas con soluciones concretas y compatibles: aislamientos interiores reversibles, carpinterías adecuadas, criterios claros para instalaciones energéticas o climatización. La eficiencia energética no puede servir de excusa para destruir patrimonio ni la protección patrimonial debe utilizarse para impedir mejoras de habitabilidad. Es importante controlar mejor el llamado “quinto alzado”, evitando que cubiertas históricas y perfiles urbanos acaben saturados de paneles solares o maquinaria visible sin ningún criterio de integración.

El patrimonio vivo incluye esos pequeños comercios tradicionales que todavía conservan mobiliario, tipografías y singulares formas de ocupación del espacio. Así que en el ámbito comercial, sería conveniente que el Plan interviniera con más decisión sobre la contaminación visual que generan muchos rótulos y franquicias globales. Un Manual de Identidad Visual Comercial ayudaría a recuperar cierta coherencia en las calles y a proteger elementos históricos que forman parte del paisaje cotidiano de la ciudad.

El reto más importante es evitar que la protección patrimonial termine acelerando la gentrificación. Si las rehabilitaciones acaban expulsando a los vecinos de siempre y sustituyendo el uso residencial por actividades terciarias o turísticas, el patrimonio se vacía de contenido social. ¿No tendría sentido incorporar Informes de Sostenibilidad Social capaces de evaluar estas consecuencias antes de aprobar determinadas operaciones urbanísticas?

Para que todas estas medidas no queden en simples declaraciones de intención, el Plan necesitaría mecanismos reales de control e incentivación económica. Una Comisión Técnica de Patrimonio independiente podría ayudar a introducir más rigor y continuidad en las decisiones. Y quizá convendría estudiar fórmulas como la transferencia de edificabilidad para compensar a propietarios de edificios protegidos y evitar que la conservación se perciba simplemente como una carga económica.

El valor emocional que un lugar tiene para quienes lo habitan debería pesar tanto como los criterios estrictamente académicos. Bilbao tiene ahora la oportunidad de plantear un urbanismo menos obsesionado con la imagen inmediata y más atento a la memoria, a la vida cotidiana y a la continuidad de sus barrios. El patrimonio no debería entenderse como un freno al desarrollo, sino como una parte esencial de la identidad urbana y de la calidad de vida futura.

Subrayamos que la eficacia real del Plan dependerá de que ofrezca claridad y seguridad jurídica para no terminar convirtiéndose en una fuente de bloqueo administrativo, así que la incorporación de Fichas de Intervención por Parcela con estudios históricos, constructivos y patológicos previos a cualquier licencia sería una gran ayuda.

Al final de aquella primera y única reunión con los responsables de elaborar el nuevo Plan Especial de Patrimonio Cultural Urbanizado de Bilbao se nos dijo que si teníamos ideas no dejáramos de enviárselas, que las leerían con mucho cariño… Parecía como si nos hubiesen convocado tan sólo para poder decir después que se habían reunido con expertas/os en la materia, lo que podría dar cierto aspecto de consenso o respaldo a las decisiones que se vayan a incluir en el Plan… Bueno, si sirven para algo, por aquí envío varias ideas de mi cosecha, porque no parece que nos vayan a convocar de nuevo…

Un comentario sobre “Patrimonio-objeto hacia patrimonio-sistema

Deja un comentario