Guggenheim Gernika Museoa

/ Javier González de Durana /

Astillero de Murueta, instalaciones sin actividad actualmente y vista aérea del lugar.

Consciente de que me meto en un avispero, ahí voy. Durante los últimos meses diversos amigos, colegas y medios periodísticos se han interesado por mi opinión sobre el proyecto del Guggenheim bilbaíno en Gernika y por si pensaba ofrecerla aquí, como suelo hacer con cuestiones de arquitectura y museos. Siempre que me lo preguntaron había mucho ruido alrededor del asunto y en tales circunstancias era preferible callar. Sin que se hayan despejado las dudas y críticas que ensombrecían y exaltaban los ánimos antes, ahora puedo decir algo con calma, aunque quizás sin mucho acierto.

Supongo que la razón del interés de esas personas por mi punto de vista estriba en que cuando se planteó originariamente el proyecto del museo para Bilbao yo estaba personal y profesionalmente muy vinculado con el mismo, lo que me hizo defender su creación cuando la inmensa mayoría de la sociedad expresaba su disconformidad. Años más tarde, cuando el museo bilbaíno había cautivado a todo el mundo y las instituciones le extendían amplia alfombra roja, me opuse públicamente a la idea de su expansión en Urdaibai. Imagino que el haber estado a favor en una ocasión y en contra otra es lo que ha suscitado la curiosidad acerca de lo que pienso ahora sobre el nuevo plan.

No tuvieron mérito mi defensa, primero, y mi oposición, después, en aquellas circunstancias. Durante los años de formalización del proyecto y construcción del edificio en Bilbao (1991-97) dispuse de muy buena información sobre los pasos que se iban dando, así como una firme seguridad en las bondades culturales y económicas del asunto. En cambio, durante el intento en Sukarrieta-Pedernales (2009-12, más o menos) mi única fuente informativa eran los medios de comunicación y mi rechazo tenía una sola causa: estaba en total desacuerdo con que hubiese que sacrificar el edificio de la colonia infantil de Pedernales para construir el nuevo equipamiento. Pasada una década desde aquel momento pienso que la paralización de la iniciativa en Sukarrieta fue acertada y, aunque entonces causara contrariedad en la dirección del museo, no seguir adelante fue lo mejor que pudo suceder. En aquel solar estrecho y alargado (propiedad de la BBK), había dificultades que en poco tiempo se habrían convertido en un problema, no en un museo. Hoy se plantea una oportunidad mejor.

Tampoco ahora tengo información privilegiada sobre el proyecto; de nuevo, sólo conozco lo que los medios transmiten (la cultura como motor económico basado en el turismo) y lo que se intuye en el ambiente, así que me voy a centrar en unos pocos aspectos, dejando de lado cuestiones importantes sobre las que no tengo datos suficientes: inversión económica, expectativas de retorno cultural y museístico, cifras de visitantes, periodización de apertura a lo largo del año… Existen otros aspectos que aún no están claros, sino pendientes de definición, así que solo mencionaré lo que creo saber, lo que puedo imaginar y lo que pienso sería deseable.

Los tres pabellones de Dalia con sus fechas de construcción. Imagen tomada del blog de AVPIOP.

Planta baja del edificio de 1957, concebido por Luis Mª Gana; ninguna de las tres calles previstas se realizó y sus espacios fueron invadidos por sucesivos crecimientos y ampliaciones. Imagen tomada del blog de AVPIOP.

Fachadas del edificio de José Mª Gana anteriores a los crecimientos y ampliaciones. Imágenes tomadas del blog de AVPIOP.

La instalación de parte del museo en los edificios de la antigua fábrica Dalia (propiedad de la Diputación Foral), en Gernika, es una buena idea, no sólo porque permitirá sanear el suelo (seguramente contaminado) y la conservación y reconversión de una interesante arquitectura industrial, sino porque además dispone en las inmediaciones de terreno suficiente para crecer, si fuera necesario. Se trata de un conjunto de tres inmuebles: el más antiguo, diseñado en 1957 por el arquitecto Luis Mª Gana, dispone de 2.655 m2 distribuidos en dos plantas y cubierta en dientes de sierra (shed); la primera ampliación corrió a cargo del arquitecto Guillermo Anasagasti en 1965, permitiendo ganar unos 1.500 m2 adosados al pabellón originario; la segunda ampliación, de 1973, vino de la mano del perito industrial, Pedro A. Garay Idoyaga, incrementando la superficie edificada en otros 1.500 m2 con una nave separada de las anteriores.

El edificio más interesante para su preservación es el primero, pero el segundo y el tercero poseen alturas de 6 y 9 metros, es decir, interesantes amplitudes espaciales. Si, como es fácil imaginar, el museo quiere construir una pieza de arquitectura singular aquí, el sacrificio del segundo y tercer pabellón será inevitable. Según parece, en este emplazamiento se ubicarían la recepción del museo y los servicios generales, además de un aparcamiento para vehículos, abriéndose diferentes opciones de aproximación hasta Murueta, donde se encontrarían las ofertas artísticas, tras recorrer una senda verde peatonal de unos cinco kilómetros.

Sorprende que en las instalaciones de Gernika no esté previsto exponer obra artística, al menos en principio, con lo que pudiera deducirse que, si Dalia va a ser sólo la puerta de ingreso al museo y un aparcamiento, quizás no se planteen conservar nada de lo existente. Si fuera así…, le faltaría sentido: ¿un museo de arte en Gernika y que para ver algo de arte sea preciso caminar cinco kilómetros?

Es importante decir algo acerca del futuro nombre de museo, en particular si va a estar en una localidad llamada Gernika. Nunca entendí la predilección por el nombre Urdaibai, topónimo rescatado de una torre medieval que existió en Forua, de la que hoy sobreviven tres muros devorados por un bosque cerrado y que nunca sirvió para denominar a toda la comarca en que se hallaba inserta. En otra época no lejana, desde Muxika hasta Bermeo e Ibarrangelu, todo ese territorio era conocido como contorno de «la ría de Gernika» o, al menos, así lo decíamos en Bilbao. Hoy en día los bizkainos entendemos a qué lugar se refiere alguien cuando menciona Urdaibai, pero no estoy seguro de que todos los vascos lo sepan y no digo ya el resto del mundo. Sin embargo, cualquiera sabe dónde está Gernika y, lo más importante, qué significa este nombre y cómo es su historia. Pronunciad el nombre de Urdaibai a un californiano, una finlandesa, un japonés o una sudafricana y pondrá cara de «¿qué?, ¡perdona!«, pero diles el nombre de Gernika y empezarán a salivar si tienen algo de educación. Somos titulares -desgraciadamente, vía población martirizada por bombardeo fascista- del nombre de la pintura más famosa del siglo XX y no hemos sabido aprovechar semejante capital. Gernika es una marca conocida (en su versión Guernica) mundialmente, de un valor insuperable, especialmente para los amantes del arte… y ¿vamos a utilizar un topónimo hiperlocal que hasta anteayer no manejaba nadie y sólo sobrevivía escrito en fogueraciones y antiguos papeles notariales?

Por último, lo más delicado: Murueta y la protección medioambiental de esta Reserva de la Biosfera. Pienso que el museo en Gernika-Murueta podría ser una herramienta, junto con otras, para la mejor preservación ecológica de la zona, al contrario de lo que mucha gente teme… con bastante fundamento. La conservación de la comarca no es actualmente perfecta, para nada, hay mucho por mejorar en edificación y urbanismo, en carreteras, caminos y senderos, en saneamiento de aguas y vertidos, en suelos contaminados, en reforestación y recuperación de especies animales, en reparación de daños físicos (canteras dejadas, presas arruinadas de molinos, cauces de arroyos desviados, laderas boscosas descuidadas…), en campos y parcelas desatendidas por abandono de labores agropecuarias… Urdaibai lleva años sometido a una tensión entre el Gobierno Vasco, más proclive a un compromiso de cierta conservación en la zona, y la Diputación de Bizkaia, más inclinada hacia los intereses urbanísticos de propietarios de terrenos y ayuntamientos afines. El museo, para evitar que le achaquen ser culpable de cualquier degradación ambiental, puede conducir a las instituciones promotoras (las dos mencionadas) a verse obligadas a elevar el nivel de control, reparación y conservación hasta un punto que no se está alcanzando por otras vías hoy por hoy.

Creo que Urdaibai, incluso sin museo, crecerá en el futuro con nuevas construcciones e infraestructuras, de ahí que quepa preguntarse si no sería mejor introducir en el puzzle una pieza que forzase (por estar a la vista de todo el mundo) a cumplir con lo que ahora se incumple, aún y cuando el esfuerzo de hacerlo con museo sea muy superior al que hay que hacer ahora mismo sin museo. ¿Por qué no verlo como una posibilidad positiva, una oportunidad que exigirá esfuerzos públicos comprometidos de verdad, mucho mayores que los actuales, con controles rigurosos y un crecimiento ordenado y restringido al milímetro? Algo que, de no hacerse así, por satisfacer amiguismos y afinidades políticas conduciría al desastre, claro.

Recordemos la crítica de hace treinta años, cuando se dieron los primeros pasos del proyecto para Bilbao: se aseguraba que la enorme cantidad de recursos que iba a absorber el nuevo museo dejaría en la menesterosidad a la cultura vasca y, en concreto, a los museos. En el Departamento de Cultura del Gobierno Vasco pensábamos lo contrario, es decir, que veníamos de la menesterosidad, en la que aún permanecíamos, y que la fuerte inversión en el Guggenheim obligaría a las instituciones a atender mejor los museos ya existentes y la cultura en general con dotaciones presupuestarias mucho más elevadas de las que hasta entonces habían recibido, al verse obligadas a evitar agravios y críticas, protegiendo, así, al nuevo museo. Eso fue lo que sucedió.

Por auténtica responsabilidad ecológica o para evitar acusaciones políticas de posibles deterioros medioambientales, las instituciones gobernantes deberán asegurarse que la existencia del museo no dé lugar a degradaciones y que no las haya tampoco por causa de otros agentes actuantes en la Reserva porque si no funcionan como absoluta garantía y riguroso control (lo que en ocasiones les obligará a actuar en contra de intereses políticos locales afines) se le culpabilizará al museo de todo lo que suceda, incluidos los destrozos en huertas causados por jabalíes al asenderear sus rutas ancestrales.

Una vez decidido qué pabellones y maquinaria merecerán ser conservados junto con el dique seco, los suelos del astillero de Murueta serán saneados, rehabilitados y remodelados para una nueva tarea. Pienso que la mejor obra de arte que el Guggenheim aportará a Urdaibai va a ser la recomposición, higienización, limpieza, depuración, reparación y arreglo del terreno y las riberas de Murueta. En caso de no haber museo, ¿alguien cree que se revertirá con tanta profundidad y amplitud como podrían hacerlo la Diputación y el Gobierno? Seguiríamos esperando muchos años…, me temo.

El museo se plantea actuar en tres zonas muy concretas, Dalia, Murueta y paseo intermedio, pero su impacto afectará a toda la comarca. Un informe realizado en 2019 sobre la carga turística subrayaba la alta presión que sufre el medioambiente en Urdaibai y que una presión adicional de 140.000 visitantes anuales acarreará problemas. Dicho estudio lo hizo público el Gobierno Vasco tras una solicitud de documentación realizada en el Parlamento. El estudio de la consultora externa in2destination pone de relieve la alta presión turística que ya sufre el entorno, poniendo alerta roja sobre los cinco indicadores analizados: gobernanza, economía, medioambiente, territorio y sociedad. El documento señala cuatro grandes problemas en la comarca a la hora de gestionar el turismo: la concentración de muchos turistas en pocos espacios durante franjas horarias estrechas, la falta de una movilidad sostenible unida a escasos aparcamientos, la alta actividad en las láminas de agua y las fricciones entre turistas y residentes. A ver cómo se concilia todo eso…

Imagen del interior de Dalia. Imagen tomada del blog de AVPIOP.

2 comentarios sobre “Guggenheim Gernika Museoa

  1. Unos comentarios a su fundada opinion:
    1._ el astillero no está inactivo y esta sobre una concesion de dominio publico maritimo terrestre de 1943 y tb sin terrenos contaminados por la empresa con amianto y metales pesados procedentes de sus dragados irresponsables y destructivos
    2. Lo mismo se puede decir de Dalia en zona inundables y dentro de la linea de flujo permanente del rio Oka
    3 Existen alternativas como la de la parcela de la torre Urdabai en forua (entre otras varias) sin comprometer el núcleo protegido de la comarca
    4 Existe una linea de acción suversiva todo lo que sea de interes natural o de patrimonio cultural (la curtideria de forua o el convento de los franciscanos) que se sacrifica en favor de negocios particulares en contra del interes general que es protervo el medio ambiente.

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