Urbanismo episcopal o epístola para urbanistas.

Javier González de Durana

Histórico colegio de las Carmelitas en un momento de su derribo y, a la derecha, Colegio Público Miguel de Cervantes.

El proceso de transformación del equipamiento y parcela del antiguo colegio de las Carmelitas -posterior escuela de magisterio del obispado de Bilbao- continúa incrementando su largo catálogo de irregularidades urbanísticas y mentiras en torno a esa operación especulativa, al tiempo que siembra con más dudas e incertidumbres la preocupación sentida por el vecindario de la zona.

Por recordar algunos hechos anteriores, empecemos por señalar que la recalificación urbanística del solar, propiedad privada del obispado de Bilbao, estuvo basada en dos mentiras. 

Una nació en el Ayuntamiento de Bilbao al asegurarse que el histórico edificio allí existente carecía de función educativa por lo que, dada tal situación, procedía su recalificación urbanística del solar, incluido el patio de recreo, asunto falso por completo, pues hubo una intensa, amplia y continuada actividad docente hasta prácticamente la llegada de las grúas de derribo. Dicha mentira, empaquetada junto a otros dos grupos escolares municipales que, ellos sí, estaban ya carentes de actividad docente, permitió justificar el cambio de uso por falta de necesidad funcional del equipamiento educativo. Es decir, era falso el argumento que se dio a sí mismo el Ayuntamiento para proceder contra un inmueble que cumplía activa y perfectamente con el objetivo para el cual fue construido.

La segunda mentira procedió del obispado bilbaíno, al asegurar al Ayuntamiento en su solicitud de recalificación que iba a levantar en toda la parcela un edificio donde ubicaría diversas actividades culturales diocesanas que en la actualidad tiene repartidas por el territorio. Esta concentración cultural, se decía, vendría a enriquecer la zona con actividades de calidad y sin incrementar la densidad poblacional, ya elevada en la actualidad. Una mentira flagrante que quedó en evidencia a los pocos días de lograr la recalificación urbanística, al hacerse público que el obispado tenía concertada una operación, junto con Mutualia y la constructora Murias, por la que vendía la mitad del futuro edificio a dicha mutua sanitaria para la instalación de una clínica. A no olvidar que, antes de la idea del «equipamiento cultural», el obispado pretendió construir ahí un inmueble residencial con viviendas de lujo.

Una doble mentira con la que se busca privar al barrio del único solar disponible para área de descanso o parque-jardín de cercanía para el vecindario, al tiempo que también se privaría al próximo Colegio Público Cervantes del necesario soleamiento, pues el edificio previsto arrojaría -de llegar a realizarse- una fuerte sombra sobre escolares y actividades educativas, además de incrementar el tráfico de vehículos en unas calles con proliferación de niños y niñas.

No fueron estas las únicas irregularidades. Hubo más a lo largo de un camino sembrado de turbiedades y bien fundamentadas sospechas de connivencia entre las altas instancias edilicias y episcopales, pero vamos a mencionar la última que, inesperadamente, abre una nueva fuente de dudas, riesgos y temores.

El obispado de Bilbao, que trapaceramente tiene ya la licencia para levantar el edificio que quiere, de pronto ha solicitado un cambio consistente en construir tan sólo la parte situada bajo cota 0, es decir, las cinco plantas subterráneas. ¿Por qué?, ¿qué se esconde tras este nuevo cambio? ¿la altísima rentabilidad de las parcelas de garajes en esa zona? El vecindario está preocupado. ¿Le ha fallado la financiación al obispado? La constructora Murias entró en crisis económica hace meses, ¿ya no es el solvente compañero de viaje que se suponía iba a ser?, ¿qué sucedería si, al aceptar la ejecución de la obra en dos fases y tras construir la parte subterránea, el obispado continuase sin disponer de medios suficientes para concluir el edificio?, ¿quedaría ahí una obra a medio acabar durante años, como ha sucedido con el cercano edificio de la antigua Cámara de Propiedad Urbana?

El proceder del obispado de Bilbao no es serio, además de estar fundamentado en el engaño, y el caso es que recientemente se ha filtrado un documento -quizás por parte de alguien en el propio ayuntamiento o en el obispado incapaz de soportar tanta trapacería- que demuestra hasta qué punto el obispado se cree con la prerrogativa de hacer de su capa un sayo.

Desde el Subárea de Licencias de Obras y Aperturas se ha enviado, con fecha del 8 de febrero de 2022, una carta al obispado de Bilbao, cuyo Asunto es la “Subsanación de deficiencias del proyecto”, mediante la que se le concede el plazo de un mes para que aporte “una justificación técnica más detallada que fundamente su petición” de dividir la obra en dos fases y que “en tanto en cuanto no aporte la referida justificación técnica y se apruebe la ejecución solicitada en las dos citadas fases, queda radicalmente prohibido dar comienzo a la ejecución de las obras, advirtiéndose de que, si no presenta tal documentación en el plazo señalado, se le entenderá por desistido de la citada solicitud en el expediente”.

Supongamos ahora: si esa documentación justificativa no es entregada -el plazo concluye el 8 de marzo-, el obispado tendrá que iniciar las obras para acometer la integridad del proyecto de construcción, pero ¿y si después no dispone de los recursos económicos necesarios para concluirla y se ve obligada a dejar la obra a medio hacer? Recuérdese el edificio de la antigua Cámara de Propiedad Urbana -un inmueble más pequeño que el pretendido por el obispado-, sus más de 10 años en incordiantes obras, sus mecanotubos invadiendo las calles, sus largos periodos de paralización y que, aún hoy, continúa sin acabar.

Bastantes problemas tiene la iglesia católica con las usurpaciones de bienes inmuebles que nunca le pertenecieron (inmatriculaciones) y con las vergonzosas acusaciones de pederastia, no añada aquí un problema más por abuso urbanístico y renuncie ya a lo que desde un principio fue mal gestionado, con mentiras y apaños en las covachuelas del poder municipal… y a espaldas de los vecinos, esos a los que desde la alta autoridad bilbaína se asegura tener como prioridad.

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