Nuevos hoteles urbanos.

A Joseba Villanueva, tesorero de fotografías antiguas de Bilbao.

Los hoteles, en particular los lujosos, son lugares en los que algunas gentes -por lo general, adineradas- aceptan que sus vidas se desarrollen temporalmente con escasas posesiones dentro de espacios de privacidad reducidos a unos pocos metros cuadrados. Paralelamente, esas personas admiten que el vestíbulo del hotel sea su lugar de encuentro social siempre que cuenten con, al menos, un buen bar, un más que aceptable restaurante, un amplio salón y un servicio atento a satisfacer sus necesidades. Mínimo espacio personal, gran espacio comunitario y privacidad opcional, pues en ocasiones se requiere discreción mientras que en otras lo que se desea es ver y ser visto. Cuanto más lujoso es el hotel más numerosos y exquisitos son sus bares, restaurantes y salones, así como más atentos y serviciales los empleados.

La edad de oro de los hoteles comenzó con el despliegue de la tentacular red ferroviaria que desde mediados del siglo XIX permitió viajar a más gente, más a menudo y a mayores distancias del domicilio propio que lo que había sido posible hasta entonces. Los ferrocarriles no sólo modificaron los paisajes que atravesaban y las pequeñas localidades en las que se detenían para recoger y dejar pasajeros o para abastecerse de agua y suministros, sino que, sobre todo, cambiaron las grandes ciudades que eran sus destinos últimos y a cuyos habitantes daban servicio. Las inmediaciones de las estaciones ferroviarias levantadas por ingenieros con la ayuda de la industria del hierro se vieron ocupadas por establecimientos hosteleros de toda clase y condición, desde hoteles lujosos hasta fonduchas de medio pelo. Los hoteles ferroviarios eran estructuras tecnológicamente avanzadas que funcionaban como puertas de entrada a la ciudad debido a su integración física con las terminales y muchos de ellos, sobre todo en los primeros tiempos, fueron construidos y administrados por las mismas compañías ferroviarias.

Bilbao conoció bien esa situación. Al margen de los hoteles ubicados en el Casco Viejo, como el Grand Hotel d’Anglaterre y el Torróntegui, no muy distantes, en las cercanías de la estación-terminal de Abando (1857) apareció de inmediato la Posada de Manzanares, en el mismo lugar donde años después se levantaría el Términus (1893), tan vinculado a lo ferroviario que incluso estuvo durante un tiempo conectado físicamente a la estación por un puente-pasillo que salvaba la calle intermedia, así como La Terrasse (1889) y el Excelsior (1939). En calles cercanas, sin la importancia de la Plaza Circular y Hurtado de Amézaga, como Amistad, Villarías y Ripa brotaron establecimientos más discretos, incluso muy modestos y pulgosos, conectados tanto con lo ferroviario como con lo portuario.

Expediente tramitado por el Ayuntamiento de Bilbao para proceder a la expropiación a José Luis de Villabaso de la llamada Posada de Manzanares y de los terrenos sobre los que se asienta, situados en la calle de la Estación, con motivo de la apertura de la Gran Vía de López de Haro. Por parte del Ayuntamiento participa como perito el arquitecto Joaquín de Rucoba y por parte de la propiedad Severino de Achúcarro.
El hotel La Terrasse estaba en el número 2-4 de Hurtado de Amézaga, próximo a la Plaza Circular, un poco más abajo del Excelsior.

Otorgarles la categoría de lujosos al Términus (102 habitaciones), al Excelsior (65 habitaciones) y a La Terrasse resulta seguramente excesivo. Los hoteles ferroviarios británicos más grandiosos, los Midland en Londres (1876) y Manchester (1902), tenían 300 habitaciones el primero y 400 el segundo, así como una sala de conciertos con capacidad para 1000 personas. En los primeros momentos aquellos hoteles ferroviarios solían construirse con estilo neogótico y fachadas de ladrillo visto tras las cuales se elevaban modernas estructuras de hierro, a imitación de las mismas estaciones ferroviarias. Más tarde los hoteles tendieron a asemejarse a palacios y en ese momento llegaron los Ritz, Palace, Carlton, María Cristina y otros. ¿Y en la actualidad?

En Bilbao los hoteles atendieron históricamente a industriales y empresarios, ingenieros y profesionales relacionados con la siderurgia, las finanzas y el comercio. Sólo en dosis infra-mínimas al turismo. Algo de aquello debe de quedar aún por ahí, pero la actual realidad hotelera es eminentemente turística. El Museo Guggenheim Bilbao introdujo una nueva situación que hizo aflorar numerosos hoteles por toda la ciudad. Su aportación al paisaje urbano ha sido más bien escasa y tan sólo el concebido por el mexicano Ricardo Legorreta (actual Meliá Bilbao) resulta singular tanto en dimensión como en color y forma. Todos los demás, incluido el Rey Sol de todos ellos, el Hotel Dómine, frente al citado Museo, decidieron optar por no llamar demasiado la atención. La norma parece ser esta: entre paredes medianeras de inmuebles de viviendas inmersos en grandes manzanas, aspecto desapercibido en el exterior y todos los lujos que se pueda permitir pagar el cliente en el interior. Es un proceso similar al seguido por las entidades bancarias: a principios de siglo XX manifestaban su poder con la majestuosidad pública de los templos grecolatinos, pero hoy en día parecen discretas y confortables salitas de estar dispuestas para tomar un amistoso café no con el cajero, ¡por favor!, sino con “tu gestor personal de activos”.

Durante la pandemia se han puesto en marcha tres hoteles en la Villa de don Diego y se han iniciado las obras de otros dos. Un dinamismo sorprendente. Uno de los dos en obras, un Radisson de 5 estrellas, se está acomodando a la arquitectura histórica del antiguo Banco Hispano-Americano, por lo que, al deber respetar su aspecto externo -y espero que muchas características del interno-, no caben esperar alteraciones del paisaje urbano en una zona con un entorno de gran calidad, y el otro, un Byco de 63 habitaciones, se verá en el inmueble donde estuvo el Café La Granja en la Plaza Circular. Con estos va a ocurrir lo mismo que sucedió hace tres años en el edificio del Banco Rural o Ipar Kutxa, en el Arenal, reconvertido en NYX Hotel: la función del inmueble cambió por completo, pero no la apariencia.

Fachada a la Gran Vía.

Los tres nuevos. El hotel Catalonia Gran Vía Bilbao de cuatro estrellas y 106 habitaciones, inaugurado en abril del 2021, dice que “se encuentra en pleno centro de Bilbao, frente al Parque de Doña Casilda y muy cerca del Museo Guggenheim y del Palacio de Congresos Euskalduna”. Una característica de estos hoteles es -junto alguna pequeña exageración, como decir que está “frente al Parque”- la de remarcar su cercanía a uno o a los dos museos más conocidos de la ciudad, prueba evidente de cuál es el caladero en el que pretenden conseguir buena parte de su clientela. Cualquier bilbaíno identifica este emplazamiento como el lugar donde estuvo la sala de fiestas Arizona.

Otra característica de estos últimos hoteles es la poca relevancia que dan a la autoría arquitectónica de sus instalaciones. En su web Catalonia Gran Vía Bilbao no menciona que quien se encargó del trabajo fue el estudio bilbaíno KATSURA Arquitectura, en otras palabras, Luis Domínguez, autor de un conjunto de interesantes edificios residenciales en los últimos tiempos, como el de Gardoqui 6a-6b-6c. La discreción parece ser una norma impuesta, pues tampoco la web de ese estudio reserva una ficha elocuente para este proyecto: ninguna explicación y sólo tres render antiguos, tan antiguos que sus imágenes ni siquiera se parecen a lo realizado.

A pesar de que la publicidad del hotel afirma que desde él es posible dar “un paseo con fachadas señoriales de edificios de mediados del siglo XIX”, lo cierto es que su rostro a la Gran Vía renuncia a aportar un señorío semejante desde la actualidad, pues es neutro y sin ninguna clase de elemento singularizador. El arbolado que discurre por la acera oculta parcialmente una fachada reticularmente monótona que desiste de establecer un diálogo con los buenos edificios de viviendas de los años 30 y 50 del siglo XX (no del XIX) situados a ambos lados y con los que comparte medianeras. El mayor esfuerzo puesto en agradar se encuentra en el patio-jardín trasero, resultado de ocupar parte del gran patio de manzana. Al orientarse al Sur, la fachada interior dispone de balcones y una composición más dinámica. En resumen, hacia la calle ruidosa y con poco interés visual, el edificio enmudece, y hacia el patio, se alegra gracias a balconadas corridas interceptadas por rejillas sombreadoras deslizantes. Otro punto interesante es su planta baja, que reúne en un único espacio intercomunicado la recepción-vestíbulo, una sala con buenos ventanales orientados al trajín urbano de la Gran Vía, la cafetería y el restaurante junto al jardín trasero. No son malas bazas.

Fachada trasera al patio interior de manzana.
El jardín trasero ocupa una amplia zona del patio de manzana.
Piscina en la cubierta orientada al Sur y al patio interior.

También reciente -se inauguró el pasado agosto del 2020- es el Sercotel Ayala, otro cuatro estrellas con 61 habitaciones, resultando en este caso que, de nuevo, la nota dominante es la faz urbana caracterizada por una geométrica regularidad, aunque con menor monotonía debido al uso de materiales diversos y al hecho de dar movimiento a cada nivel de pisos a base de adelantar alternativamente sus extremos derecho e izquierdo, un tanto a la manera en que GAZ Arquitectos aplicó a la fachada del Club Deportivo de Bilbao hace unos diez años.

Tampoco aquí se dice el nombre del arquitecto, pero se resalta el del equipo que se encargó del interiorismo, los madrileños Requena y Plaza. El diseño arquitectónico ha sido del estudio bilbaíno ArkiGest, esto es, Iskandar Atutxa, que no tiene web pero sí Facebook. Su ubicación corresponde al área de influencia de la Estación de Abando, muy cerca del desaparecido Hotel Excelsior, quizás con la vista puesta en la futura llegada del AVE. Las dimensiones y dificultades del solar sobre el que se levanta (entre el ábside y las traseras de una iglesia neogótica y un edificio de viviendas de principios del siglo XX) no le permiten mayores virguerías, aunque dispone de una terraza que facilita contemplar la cubierta del templo colindante y estar a la altura de sus dos torre-pìnáculos parcialmente desmochados a mediados de los años 80.

Aspecto parcial de la terraza de Sercotel Ayala con la cubierta del templo a la izquierda y sus dos torres desmochadas al fondo.

ArkiGest es también autor del tercero nuevo, Hotel Ilunión San Mamés, otro cuatro estrellas, sobre la estación Intermodal de Garellano. Ignoro si el interiorismo aquí es cosa de los arquitectos o no, porque parece que hay que empezar a diferenciar responsabilidades. El caso es que la web del hotel no muestra fotografías del exterior, sino solamente de las estancias internas. Quizás ello pueda ser debido a que la imagen pública del hotel podría provocar rechazos entre cierta clientela al constatar el volumen enorme que ocupa (168 habitaciones en once plantas sobre una estación de autobuses), lo apabullante de su presencia y el hecho de situarse en las inmediaciones de cuatro enormes torres de viviendas que pronto serán cinco. Esto no quiere decir nada respecto a la calidad de sus servicios, los cuales, hasta donde sé, son satisfactorios.

La forma y volumen del edificio hotelero vinieron definidos por el abusivo plan parcial aprobado para el solar de los antiguos cuarteles de Garellano; ArkiGest les ha puesto cara. Lo excesivo de su aspecto, sin embargo, se ve acompañado por el atractivo visual de un gran zócalo y unos paños parcialmente cubiertos por láminas anguladas de color rojo que proporcionan una textura de cierta riqueza en contraste con, una vez más, la monótona secuencia de ventanas. No se puede negar que el edificio posee carácter. Junto con el de Legarreta, tiene la ventaja de desplegarse con planta en forma de L en un solo bloque sin adherencias laterales.

Post scriptum del 28 de mayo de 2021. Como se puede comprobar en el comentario remitido por Iñaki Aurrekoetxea no mencioné que la autoría del hotel situado sobre la estación Termibus de Bilbao es conjunta entre ArkiGest y el estudio bilbaíno IA+B, en cuya web sí se puede encontrar mayor información sobre el Hotel Ilunión. El problema que se me planteó al escribir el artículo es que no me quedabam claras las autorías de la estación Termibus, el Hotel Ilunión, la Residencia de Estudiantes RESA y la plaza que se abre ante este conjunto que parece responder a una actuación unitaria, aunque no estoy seguro. Se trata de cuatro programas muy diferenciados y sigo sin estar seguro de cuántas autorías hay en ellas; por eso preferí referirme sólo al hotel que, ahora ya lo sé, es una autoría compartida.

4 comentarios sobre “Nuevos hoteles urbanos.

  1. La dedicatoria no era necesaria, Javi, pero se agradece de corazón.
    Te recuerdo que el edificio del actual hotel NYX fue en un principio el hotel Almirante, levantado en el mismo solar que ocupó el hotel D’Angleterre.
    Un abrazo.

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    1. De corazón te lo dediqué, Joseba. Claro, sabía los antecedentes de ese solar donde estuvo el Grand Hotel d’Anglaterre primero y después el Almirante. ¡Cómo no saberlo, el banquete de la boda de mis padres se hizo en ese hotel y de pequeño me deleité viendo las fotografías de todos los invitados en la terraza, con San Nicolás al fondo. Todos bastante satisfechos, aunque tanto mi padre como mi padre aparecen un poco aturdidos o, casi mejor, un poco “acojonaos”.

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  2. Estimado Javier
    El Hotel Ilunión San Mames no es una obra exclusiva de ArkiGest, sino que es un trabjo conjunto junto con la Estación Intermodal y la Residencia de Estudiantes de la Calle Gurtubay, todo ello forma parte del Complejo de la Intermodal que esta redactado conjuntamente con el estudio IA+B Arkitektura que dirijo. El Interiorismo corresponde al equipo de Ilunion. Lo que aparece como un “Byco de 63 Habitaciones” es un Hostel que firmamos nosotros también IA+B Arkitektura y que se llama LATROUP, y que es una rehabilitacion por encargo de AZORA. Espero que sirva para aclarar alguna desinformación

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    1. Apreciado Iñaki. Muchas gracias por las puntualizaciones y ampliaciones de información que haces en relación con la última entrada de mi blog. Te aseguro que procuro documentarme al máximo antes de publicar estos textos, pero no siempre es fácil conseguir la información necesaria. Algunos de los datos que aportas ya me eran conocidos, incluso algunos más, pero mi intención es que estos textos no superen las 1.500 palabras de extensión y en este caso de los “Nuevos hoteles urbanos” ya me fui a las casi 2.000 palabras. De ahí que no incluyese toda la información recopilada. Sabes que tu trabajo me interesa mucho, Iñaki, y sigo tu trayectoria desde hace años. La actual situación hotelera de Bilbao es tan interesante que me pareció oportuno comentarla y espero seguir haciéndolo en el futuro con el Hostel de la Plaza Circular y otras novedades que vayan apareciendo.

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