¿Cómo viviremos juntos?

El impacto del coronavirus en la economía, la vida cotidiana y la interacción humana ha sido más trascendental y devastador de lo que muchos podrían imaginar cuando se conoció el primer caso en Wuhan, China, en diciembre de 2019. Para controlar la propagación de COVID-19 en todo el mundo ahora se está exigiendo el teletrabajo  y los colegios, universidades y escuelas están haciendo la transición a clases on-line durante estas semanas y para el resto del año académico. Los países han respondido declarando estados de emergencia, cuarentenas nacionales, prohibiciones de viaje y cancelación o postergación de multitudinarios eventos internacionales, regionales y locales.

91Así, nunca en días como estos que estamos viviendo, con tantas incertidumbres respecto al presente como al futuro, es pertinente una pregunta como la que se plantea el título de la próxima Bienal de Arquitectura de Venecia: How will we live together? Ahora que estamos separados, cada uno en su casa, respetando las normas de prevención de la pandemia, manteniendo dos metros de distancia con otras personas cuando salimos a la calle para comprar comida o medicinas, ahora nos preguntamos cómo será la vida cuando todo esto haya pasado y podamos volver a vivir juntos, ¿que formas adoptará?, ¿nos comportaremos en nuestras relaciones de amistad y convivencia con otras personas de igual manera a como acostumbrábamos? Sabemos o sospechamos con bastante seguridad que en lo que sea que devengan esos comportamientos no serán igual a como fueron antes.

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Es curioso que este asunto de la convivencia futura fuera asumida por la Bienal veneciana mucho tiempo antes de que esta pandemia asolara nuestras vidas. Parece como si hubieran tenido un presentimiento. También creo que, una vez establecido el tema, los contenidos con los que se pensaba dotar a exposiciones y paneles de debate eran unos y ahora van a ser otros. Aunque la mayoría o todos los países tuviesen ya sus materiales expositivos preparados -y hasta embalados y listos para ser enviados a la Bienal-, me los imagino reacomodando lo que vayan a exponer al escenario temporal post-coronavirus. No es lo mismo pensar cómo serían nuestras vidas en el futuro cuando imaginábamos que estar unos junto a otros no implicaría mayores problemas de salud a como podemos imaginarlo ahora después de haber sufrido esta calamidad infecciosa.

La inauguración de esta 17ª edición estaba prevista para el 23 de mayo, pero por razones sanitarias se ha pospuesto hasta el 29 de agosto. Ya se verá esto. La fecha de clausura se mantiene en la fijada desde un principio, el 29 de noviembre. En su declaración curatorial, el comisario general de la Bienal, Hashim Sarkis, dice que “necesitamos un nuevo contrato espacial“, pues en el contexto de “la ampliación de las divisiones políticas y las crecientes desigualdades económicas“, los arquitectos están llamados a “imaginar espacios en los que podamos vivir juntos generosamente” con la concurrencia de otros profesionales y grupos de interés: “artistas, constructores y artesanos, pero también políticos, periodistas, científicos sociales y ciudadanos comunes“. La Biennale Architettura 2020 quiere afirmar el papel vital del arquitecto como cordial convocante y custodio del contrato espacial, pero en su texto -escrito meses atrás- no dice ni una sola palabra acerca de la salud en el espacio convivencial.

Continúa Sarkis afirmando que la pregunta, ¿Cómo vamos a vivir juntos? se refiere tanto a una cuestión social y política como a otra de naturaleza espacial. Aristóteles se lo preguntó cuando definía la política y respondió proponiendo un modelo de ciudad. Cada generación lo pregunta y la responde de manera diferente. Más recientemente, las rápidamente variables normas sociales, la creciente polarización política, el cambio climático y las vastas desigualdades globales nos plantean esta pregunta con mayor urgencia -y a diferentes escalas- que antes. Paralelamente, la debilidad de los modelos políticos actuales nos obliga a analizar el espacio como primera cuestión y, tal vez como Aristóteles, a mirar la forma en que la arquitectura puede dar forma a la habitabilidad para modelos potenciales acerca de cómo podríamos vivir juntos”. Siguen sin mencionarse las circunstancias de tener que convivir en un contexto pandémico. No cabe duda que el cambio climático y las desigualdades sociales implican -e implicarán aún más profundamente en el futuro- radicales afecciones en nuestra salud y en la de nuestros descendientes, pero no da la impresión de que en la declaración de Sarkis estuviera presente la conmoción mundial que el COVID-19 está causando.

De ahí que, como he dicho, los contenidos que se decidieron y prepararon a lo largo del 2019 para ser mostrados en la bienal serían de ciertas características, pero de otras muy diferentes serán los que, a toda velocidad, se estén preparando ahora mismo. El retraso de tres meses para la inauguración permite a los participantes cambiar los planteamientos y materiales expositivos. Algunos, en el caso de los más arriesgados, lo harán completamente, ya veremos quiénes son pues implica riesgos tanto en el análisis (todavía se está estudiando el fenómeno viral y la amplitud de sus efectos) como en la producción (la falta de tiempo puede dar lugar a resultados visuales deficientes e incompletos), mientras que otros añadirán a lo que ya tenían preparado algún complemento específicamente referido a la convivencia en tiempos de aislamiento sanitario. Ningún participante en esta bienal se presentará en ella como si este desastre no hubiese caído sobre nuestras vidas. No me lo imagino.

Más que nunca -dice Sarkis-, los arquitectos están llamados a proponer alternativas: “Como ciudadanos, movilizamos nuestras habilidades sintéticas para unir a las personas y resolver problemas complejos. Como artistas, desafiamos la inacción que proviene de la incertidumbre de preguntar ¿Qué pasa si? Y como constructores, aprovechamos nuestro pozo de optimismo sin fondo. La confluencia de roles en estos tiempos nebulosos sólo puede fortalecer nuestra tarea y, esperamos, hacer nuestra arquitectura más bella“. Uff, hablar de poesía después de Auswich, hablar de belleza en la arquitectura después del coronavirus, hablar de optimismo…, definitivamente, estamos en pleno tránsito a otro tiempo que ignoramos cómo será. Cuando lleguemos a él ya veremos qué respuestas parecen más adecuadas. Ahora mismo estamos en la nebulosa incertidumbre que no exime de la acción, pero ¿cuál es ésta?

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La Exposición Internacional se articulará entre el Pabellón Central en el Giardini, el Arsenale y el Forte Marghera. Incluirá 114 participantes provenientes de 46 países, con  abundante representación de África, América Latina y Asia. Entre los numerosos proyectos previstos hay uno singularmente sensible estos días: ¿Cómo vamos a jugar juntos?, dedicado al juego infantil; se verá en Forte Marghera, presentado por cinco arquitectos y un fotógrafo de arquitectura.

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Post-scriptum, 21 de mayo:

La Biennale di Venezia acaba de anunciar que la XVII Exposición Internacional de Arquitectura, ¿Cómo viviremos juntos?, comisariada por Hashim Sarkis, se pospondrá una vez más y se llevará a cabo del 22 de mayo al 21 de noviembre de 2021. Tras un primer aplazamiento que la iba a llevar a ser programada del 29 de agosto al 29 de noviembre de 2020, la organización ha declarado un aplazamiento de un año. Con una duración de 6 meses, se llevará a cabo del 22 de mayo al 21 de noviembre de 2021, debido a la compleja situación mundial actual. En consecuencia, la LIX Exposición Internacional de Arte, comisariada por Cecilia Alemani, prevista inicialmente para 2021, tendrá sus fechas alteradas y el evento tendrá lugar del 23 de abril al 27 de noviembre del 2022.

Se anunció la noticia así: “los últimos días han aclarado el estado real de la situación a la que todos enfrentamos. Con el mayor respeto por el trabajo realizado por todos nosotros, las inversiones realizadas por los participantes, y considerando las dificultades que todos los países, instituciones, universidades, estudios de arquitectura han encontrado junto con la incertidumbre de los envíos, las restricciones personales de viaje y las medidas de protección que están siendo y fueron adoptadas, hemos decidido escuchar a aquellos, la mayoría, que solicitaron que se aplazara la Biennale di Architettura”.

Sarkis también comentó la situación: “Estoy profundamente conmovido por la perseverancia de todos los participantes durante los últimos tres meses. Espero que la nueva fecha de apertura les permita primero recuperar el aliento y luego completar su trabajo con el tiempo y el vigor que realmente se merece. No lo planeamos de esta manera. Tampoco la pregunta que hice “¿Cómo vamos a vivir juntos?” ni la gran cantidad de formas en respuesta a esto, estaban destinadas a abordar la crisis que están viviendo, pero aquí estamos. Somos de alguna manera afortunados porque estamos bien equipados para absorber las implicaciones inmediatas ya largo plazo de la crisis en la XVII Bienal. El tema también nos brinda la posibilidad de responder a la pandemia en su inmediatez. Es por eso que volveremos a Venecia en los próximos meses para una serie de actividades dedicadas a la Arquitectura“.

Un comentario sobre “¿Cómo viviremos juntos?

  1. Aquí tenemos la primera consecuencia conocida de los cambios en la próxima Bienal veneciana. El pabellón de Rusia presentará todos sus contenidos en una plataforma on-line: “La pandemia -dice Teresa Iarocci Mavica- ha desafiado nuestra comprensión del papel de las instituciones culturales y exige una reconsideración radical del marco de los principales eventos culturales. El enfoque debe centrarse en lo esencial: nuestra responsabilidad con los profesionales creativos locales invitados a participar en la exposición y el trabajo planificado en el pabellón, tanto en términos de renovación como de contenido de programación”. Por su parte, Ippolito Pestellini Laparelli, asegura que “en tiempos de incertidumbre, hemos decidido presentar el programa del pabellón ruso on-line, para convertir las limitaciones impuestas por esta crisis en una oportunidad para experimentar con un ‘espacio’ diferente y con diferentes formatos, y cuestionar el papel y las funciones de instituciones culturales”.

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