Gardeazabal o el suelo de aquellos sueños.

El Ayuntamiento de Bilbao dio inicio hace unas semanas a su plan de derribo de lo que denomina “infra-viviendas”, esas casas improvisadas que surgieron al lado y al tiempo que las chabolas que proliferaron por las laderas montañosas próximas a Bilbao desde los años 40 y 50 del siglo pasado. El chabolismo y las construcciones precarias fueron la consecuencia, no prevista por los responsables políticos de entonces, del desarrollo económico que la ciudad vivió a partir de aquellas décadas unido a una carencia habitacional para acoger a los miles de trabajadores que necesitaba la industria local y huían de la miseria existente en la España rural. Esta historia es conocida, en general, aunque no muy bien estudiada en sus detalles y evolución.

Señalemos las diferencias entre chabolas y esas que dicen “infra-viviendas”. Las chabolas se construían sobre suelo ocupado al margen de su propietario, con materiales endebles (maderas, cartones, chapas, uralitas…), sin estructuras portantes y eran de una sola planta. En muchas ocasiones venían a ser un primer asiento hasta disponer de una construcción más sólida. Las “infra-viviendas, en cambio, se levantaban sobre un suelo alquilado a su dueño, se resolvían con estructuras y materiales constructivos sólidos (ladrillo, hormigón, piedra…), sin la intervención de arquitecto profesional, y a veces disponían de dos plantas (baja y primera). La mayoría de estas casas se edificó por fases, según sus habitantes iban disponiendo de medios para mejorarlas y ampliarlas. Las chabolas todas desaparecieron hace tiempo (Otxarkoaga y otras urbanizaciones similares absorbieron a sus habitantes) y lo que queda ahora es lo que peyorativamente se califica como “infra-vivienda”.

Los primeros derribos de dicho plan municipal tuvieron lugar en la zona de Gardeazabal, al fondo de Iturrigorri y el Peñascal, a mediados de este mes de junio. Para justificar las demoliciones, el Ayuntamiento ha insistido en que esas casas no cumplen las normativas de salubridad, seguridad y accesibilidad, que se hallan en condiciones pésimas de conservación, que, al estar ubicadas en empinadas laderas, suponen un severo sufrimiento para las personas de mayor edad y aquellas otras que tienen dificultades de movilidad, e incluso que “carecen de accesibilidad rodada por no tener ningún punto de contacto” con el vial principal del barrio, etc.

Acompañando estas declaraciones, la prensa ha publicado imágenes de construcciones en las que nadie desearía vivir, medio derruidas, a las que se accede por medio de encaramadas escalinatas…, en otras palabras, las fotografías que ilustran la noticia de las demoliciones avalan ante cualquier lector de esa información que lo pretendido por la municipalidad está justificado porque, supuestamente, las imágenes demuestran la veracidad de las afirmaciones en las que se sustenta el propósito.

Sin duda, en todos esos antiguos asentamientos hay algunas construcciones abandonadas, en situación de ruina, que no son habitables y compatibles con una mínima dignidad…, del mismo modo que en otros barrios de Bilbao que no son de “infra-viviendas” también existen en esas o parecidas condiciones. En su caso, son antiguas construcciones que no evolucionaron, que no trascendieron a un estado de mejora con posteriores intervenciones complementarias y paulatinas. Se estancaron en la fase de inicio o casi. Algunas de estas construcciones lamentables ni siquiera fueron levantadas para ser viviendas, sino otra cosa (un barracón de herramientas, un almacén…), siendo ocupadas posteriormente como habitación por quienes no podían conseguir algo mejor. Ese modo evolutivo aún persiste hoy: hay casetas para guardar el coche que han adaptado la cubierta para disponer de una estancia encima con su terraza… Otras casas se hallaban en pésimas condiciones porque desde hace 20 años ha pesado sobre ellas la amenaza del derribo, lo que supuso que nadie haya querido habitarlas y mantenerlas.

El peligro es que la lectura de esas explicaciones municipales, convertidas en noticias ilustradas con fotografías que corroboran lo descrito, hagan creer a quienes reciben tal información que todos esos asentamientos padecen las mismas circunstancias de insalubridad, incomodidad, abandono, alejamiento, ruina…, es decir, que son barrios que conservan los problemas y carencias propias de aquel tiempo inicial de fragilidad o heredadas de aquella situación. Y no es así.

Hace unos días un grupo de amigos -historiadores y profesores en la mayoría, pero también algún médico, que conocieron muy de cerca esos asentamientos en su niñez, hace cinco décadas- fuimos a ver con el mayor detalle posible el estado actual en que se encuentran dos de estos barrios: Masustegui y Monte Caramelo.

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Monte Caramelo.

Todas las sombras arrojadas sobre estas realidades urbanas, todas las negativas descripciones hechas acerca de poca calidad de vida, precariedad, insuficiencia… en absoluto se hacen patentes cuando se recorren ambos barrios. Muy por el contrario, lo que se observa son construcciones que quizás hace décadas tuvieran un origen semi-clandestino, poco fiables en solidez e insalubres, con hacinamiento de numerosas personas (en ellas llegaban a vivir más individuos sub-arrendados que los que figuraban como residentes “titulares”)…, pero ya no son así. Es posible que los metros cuadrados construidos disponibles sigan sin ser muchos -tampoco parece que sea un problema cuando se habla de apartamentos de 35 m2 en el centro de la ciudad-, pero las casas se han fortalecido, consolidado, adecentado y dotado de los recursos domésticos imprescindibles para una vida familiar plena. La mayoría de estas edificaciones posee su pequeño jardín y terraza, y hasta hacen posible la existencia de un sistema agrícola basado en pequeñas huertas que se han ido desarrollando, como bancales, a lo largo de las laderas libres cercanas.

Evidentemente, el terreno sobre el que nacieron estas construcciones no es fácil, como tampoco lo es en los numerosos barrios que pueblan las laderas de los montes que rodean Bilbao -salvo en el Casco Viejo y el Ensanche, ¿en qué barrios no hay que subir cuestas o escalinatas?, la ciudad posee numerosos ascensores y escaleras mecánicas urbanas-, pero resulta interesante comprobar las soluciones arquitectónicas que en estos micro-espacios oficialmente no regularizados por un plan urbano previo han sido capaces de imaginar e implementar sus residentes. Pura etnografía contemporánea. Con una arquitectura intuitiva y planteamientos imaginativos las dificultades orográficas han sido resueltas con lógica artesanal y economía de recursos.

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Masustegui.

Pocos días después de esta visita a las laderas del monte Arraiz, al pie de dos canteras que, junto con las causas antes mencionadas, propiciaron tales asentamientos, asistí a una sesión del BIA’18 (tercera edición del Bizkaia Bilbao Architecture), que este año ha estado dedicada a los Nuevos paisajes productivos, y escuché hablar a una de las ponentes acerca de un urbanismo sostenible. De inmediato encontré una conexión entre lo que esta arquitecta postulaba y lo que yo acababa de ver. Estos barrios son espontáneos y genuinos núcleos urbanos de sostenibilidad primaria avant-la-lettre: consumen poco terreno y energía, fecundizan con prácticas agrícolas el entorno y afrontan de manera interrelacionada los diferentes retos que les conciernen localmente, logrando calidad de vida y uso eficiente de los recursos en un entorno socialmente cohesionado. Vale, no hay comercio ni bares; tampoco los servicios generales están a la vuelta de la esquina, pero también muchos vecinos de otros barrios bilbaínos tienen que desplazarse cinco o seis calles para llegar al ambulatorio o al centro escolar más cercano. Aquellos que encuentran máximo pintoresquismo en las inclinadas callejas de Elantxobe o en el puerto viejo de Algorta no entiendo cómo no lo ven aquí también.

En fin, lo que me temo es que se aplique una teoría común a todas estas barriadas que termine llevándolas a su desaparición. Si ello sucediera se perdería una de las páginas heroicas de la industrialización, la sociedad y la demografía de nuestro siglo XX local. El enclave minero de La Arboleda tuvo a partir de 1875 un origen similar y hoy es un Bien de Interés Cultural protegido; sin embargo, si algún concejal de Urbanismo de Trapagaran hace cuatro décadas hubiera tenido posibilidades de hacerlo, probablemente lo hubiera derribado para realojar a sus habitantes en “dignas casas modernas”.

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Derribo de Gardeazabal.

Al día siguiente de la demolición en Gardeazabal el periódico El Correo publicó la fotografía del emplazamiento donde hubo casas, mostrando la solera de las plantas bajas, las muescas de los espacios en que se subdividía y organizaban espacios interiores, el perímetro del conjunto ya desaparecido, la desnudez del terreno que pisaron mujeres, hombres y niños que encontraron refugio sobre él cuando para ellos no lo había en ningún otro lugar para reiniciar sus vidas. Mirar esa foto era como estar mirando el suelo de los sueños y esperanzas de aquellos que vinieron a Bilbao para hacerla una ciudad mejor cuando ésta más les necesitaba sin ofrecerles a cambio un lugar digno donde vivir.

Debe recordarse que todos estos terrenos fueron privados hasta que en 2010 se municipalizaron mediante la compra de los mismos a su propietario y que hasta ese momento todas las actuaciones habidas en tales barrios corrieron a expensas de sus habitantes y sus esfuerzos, sin intervención alguna del Ayuntamiento. Frente a aquel absentismo de décadas, hay que reconocer que desde 2010 se han producido algunas mejoras, sobre todo en los viales, tanto peatonales como de tráfico rodado, los cuales permiten el acceso del autobús urbano hasta la zona más apartada de Monte Caramelo.

Finalmente, aunque son bastantes, voy a poner a continuación un conjunto de fotografías tomadas durante la visita a Masustegui y Monte Caramelo.

 

Un comentario sobre “Gardeazabal o el suelo de aquellos sueños.

  1. Ayer, 10 de julio, El Correo publicó la noticia de que el Ayuntamiento se echaba atrás en su propósito de llevar a cabo una demolición total de estos barrios y que, salvo algunos derribos de casas muy deterioradas, se apostará por la revitalización urbana y la mejora de los accesos, la habitabilidad y la consolidación de lo edificado. El Ayuntamiento acierta cuando rectifica.

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