Arquitectos jóvenes: premios y concursos.

Dos acontecimientos relacionados con arquitectos jóvenes, es decir, con la arquitectura realizada por jóvenes profesionales, tienen lugar estos días en Bilbao. Uno es prolongación de algo que ya aconteció el año pasado y otro es el que está en marcha ahora mismo. Los dos tienen que ver con concursos y reconocimientos.

El primero, la edición inaugural del Premio Peña Ganchegui, ya lo mencioné de pasada al final de mi anterior post referido a la exposición sobre la Plaza de la Trinidad, en San Sebastián, que se puede visitar en la sede bizkaina del COAVN hasta el 8 de junio. Mi idea inicial era referirme en el mismo post a ambos hechos vinculados a la figura de Peña y presentados al unísono en el mismo lugar, pero la extensión que adquirieron mis recuerdos acerca de la Plaza de la Trinidad impidió que quedara espacio suficiente para referirme a los ganadores del Premio, “un galardón que -según sus convocantes- se otorga con la intención de reconocer una joven trayectoria arquitectónica e impulsar al mismo tiempo una carrera con proyección emergente, dando visibilidad a aquellas aportaciones que, además de suponer una ejemplar práctica profesional, contribuyan a promover, desarrollar y consolidar la cultura arquitectónica“. Puesto que lo que se valora son trayectorias jalonadas por trabajos realizados, el premio no se otorga a una obra concreta, sino a un conjunto de actuaciones, de índole diversa, realizadas por un arquitecto o equipo de arquitectos dentro de los 10 primeros años a partir de la habilitación del titulo.

La exposición que muestra a los profesionales merecedores del reconocimiento por parte un Jurado de relevantes colegas de los jóvenes fue presentada el año pasado con motivo de la primera Bienal de Arquitectura de Euskadi MUGAK, que tuvo lugar en el Palacio de Miramar, y antes incluso se vio en el vestíbulo de la Escuela de Arquitectura de San Sebastián. Ese Jurado estuvo formado por Lluis Clotet i Ballús (Barcelona, 1941), Ángela García Paredes (Madrid, 1958) y Carlos Quintans Eiras (Senande-Muxía, 1962), quienes acreditan importantes premios nacionales e internacionales, entre ellos el León de Oro de la Bienal de Venecia de 2016, logrado por el Pabellón de España, cuyo contenido fue comisariado por el último de los tres citados junto con Iñaqui Carnicero.

Sólo una breve mención a la museografía de la exposición. Breve porque no quiero que esto reste espacio a lo importante. Si en el Palacio de Miramar el contenido expositivo estuvo apretado, en el COAVN-Bizk resulta mucho más apretado todavía al ser el espacio disponible bastante más pequeño. Los organizadores del premio y la exposición eran conscientes de que la muestra sería presentada en espacios de muy diferentes características y para dar respuesta a cualquier circunstancia espacial que se presentara diseñaron unos paneles que, como biombos, pudieran plegarse para un transporte fácil de mínimo embalaje y desplegarse en zigzag para adoptar cualquier disposición. Cada cara de cada panel de estos biombos acoge en su parte superior un conjunto de unas diez imágenes enmarcadas acerca de las obras realizadas por cada seleccionado-premiado. El diseño funciona, aún en la estrechez suma de la sala del COAVN-Bizk, pero la resolución formal adolece de impronta artesanal, de dispositivo precario, lo cual sorprende al estar el Premio patrocinado por la Dirección de Vivienda y Arquitectura del Gobierno Vasco. La idea del Premio es estimulante y, por ello, la presentación material también debe serlo porque los premiados lo merecen y el público no menos.

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Fueron 20 las candidaturas presentadas, agrupando un total de 25 arquitectos. Además de la condición temporal (llevar menos de 10 años titulado), había una condición geográfica que exigía haberse formado en el País Vasco (cumplida por 18 de los 25 presentados) o haber desarrollado en él su actividad profesional (caso de 16 de las 20 candidaturas). No está mal para la primera edición, pero debe lograrse una más amplia participación en futuras convocatorias.

A finales de septiembre se hicieron públicos los nombres de los ocho seleccionados por el Jurado: Jon Ander Aguirre, ARQUIMAÑA, ELE Arkitektura, Carlos Garmendia, MUGARA, PAUZARQ, Daniel Ruiz de Gordejuela y Diego Sologuren, y a principios de octubre se determinaron los premios en sus varias categorías: Elena Usabiaga y Felipe Aurtenetxe, integrantes del estudio PAUZARQ, fundado el año 2010 en San Sebastián, fueron los ganadores de esta primera edición. El Jurado resaltó “la claridad con la que entienden la capacidad de transformación que tiene la arquitectura” al saber diferenciar “lo principal y lo mudable”, destacando, entre otros aspectos, “la acertada organización que son capaces de establecer, consiguiendo claridad y orden”.

Además del premio al ganador, el Jurado concedió tres menciones especiales: a Carlos Garmendia, “por su habilidad para conseguir cambios importantes en lo ya construido”; a Daniel Ruiz de Gordejuela, “de quien se aprecia el seguimiento de unos argumentos disciplinares claros que no se debilitan durante el desarrollo del proyecto”; y a Ander Rodríguez, de MUGARA, “por la investigación que establece en cada uno de sus proyectos y la capacidad de hacer de pequeñas intervenciones cuestiones importantes”. Finalmente, el Jurado quiso reconocer también las diversas e interesantes líneas de trabajo, asociadas a la praxis arquitectónica, presentes en el trabajo del resto de finalistas: Jon Ander Aguirre; Iñaki Albistur y Raquel Ares, de ARQUIMAÑA; Eduardo y Eloi Landia, de ELE Arkitektura; y Diego Sologuren.

La mayor parte de los trabajos que se pueden ver en las imágenes expuestas, a pesar de sus reducidas dimensiones, evidencian el interesante y rico potencial existente en esa generación. Las realizaciones de estos jóvenes que se pueden intuir son más elocuentes que algunos de los textos que acompañan a sus biografías. Por ejemplo, de PAUZARQ se dice que “su trabajo se define por una visión sosegada y local de la arquitectura, mostrándose responsable y respetuoso con el entorno natural y construido. Entendiendo la arquitectura y el interiorismo de una manera global, desarrolla sus obras poniendo especial énfasis en el control exhaustivo de todas sus fases y detalles. Para ello afronta los proyectos a través de la investigación, la innovación y la optimización de los recursos disponibles, primando la calidad del diseño y la coherencia constructiva“. ¿No resulta demasiada genérica y amplia esta “definición”? ¿No ha sido posible encontrar algo verdaderamente específico en su trabajo? ¿No podría decirse exactamente lo mismo de gran parte de los estudios de arquitectura existentes? Su rehabilitación del caserío “Aurtenetxe Bekoa”, en Dima (2013), es un ejercicio de depuración espacial y revalorización esencializada del entramado estructural de la histórica construcción popular vasca que merece ser resaltado, en concreto, porque aquello de la “visión sosegada y local de la arquitectura” le deja a uno sumido en estado de perpleja indefiniciónY lo mismo con los demás premiados y obras: aludir a valores abstractos hace que se diluyan los valores reales conseguidos en cada actuación, aunque parezcan pequeños y modestos, esos son los logros explícitos; las palabras altisonantes no hacen más que ocultarlos.

No queda claro quién es el autor de estos textos descriptivos. A veces parece que se trata de la organización, pero otras veces, como en el caso del finalista Diego Sologuren, es el propio concursante el que se explica a sí mismo: “entiendo la arquitectura como un agente activo de resignificación; de transformación de lo genérico, lo intrascendente, lo residual, en lugar. Desde la micro-escala, exploro y persigo la exposición de los límites conceptuales de la funcionalidad. A través de situaciones de hibridación, yuxtaposición, combinación, parasitismo o desontextualización, busco la generación de nuevas relaciones de uso ínter-funcional trans-funcional, disfuncional“. Tras leer estas lineas, severamente perjudicadas por la cháchara meta-lingüística de cierta crítica y teoría del arte actual, uno echa de menos la limpieza sintáctica y conceptual de los textos de Sigfried Giedion, a quien el propio Sologuren apela al principio de su declaración, trayendo un párrafo suyo de Arquitectura y comunidad (Buenos Aires, ed. Nueva visión, 1957).

En el caso de ELE Arkitektura la explicación de sus méritos consiste en la enumeración de los trabajos que ha llevado a cabo sin calificarlos o valorarlos en ningún aspecto; finalizó esto, colaboró con fulano, fundó lo de más allá, obtuvo premios de tal o cual naturaleza…. ¿y? Menos mal que están las imágenes para entender qué hacen Eloi y  Eduardo Landia Ormaechea.

De nuevo, me vuelvo a quedar sin espacio. La intención al comienzo de este post ha sido referirme también a la III Edición del Urban Regeneration Forum del BIA  2018, que este año se centra en cómo lograr ciudades productivas en el marco del tejido urbano actual, abriendo plazo para la inscripción en la participación del Concurso Internacional de Ideas para estudiantes y jóvenes arquitectos y arquitectas: “Un nuevo eje cívico en la calle Langaran-Otxarkoaga, Bilbao”.

Comisariado por Marta Gonzalez Cavia y Jorge Cabrera Bartolomé, el Concurso trata de plantear la actuación en las diferentes edificaciones existentes que permitan albergar nuevos usos complementarios o nuevas formas de vivienda para un nuevo tejido social en el que actividad residencial y productiva puedan convivir y sean compatibles. Se propone la actuación en las edificaciones existentes que conforman la calle y gran parte del entorno, para que permitan albergar nuevos usos complementarios o nuevas formas de vivienda que posibiliten la creación de un nuevo tejido social que compatibilice la actividad residencial y la productiva. En concreto el concurso se plantea actuar en dos bloques tipológicos de referencia en el barrio: la torre tipo V y el bloque lineal tipo I, que conforman parte del barrio de Otxarkoaga.

Lo comentaré más adelante. De momento, pongo aquí el enlace para que lo consulte quien se sienta interesado.

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Otxarkoaga, 1962.

5 comentarios sobre “Arquitectos jóvenes: premios y concursos.

  1. Casualmente recientemente tuve la oportunidad de visitar la exposición de los finalistas al premio Peña Ganchegui en el Colegio de Arquitectos.
    La exposición me resultó algo confusa, tal vez por la falta de espacio y el diseño de la misma, que no acababa de funcionar adecuadamente.
    Pero lo importante, al margen de quiénes resultaron ganadores, fue comprobar la calidad de las propuestas presentadas.
    Me alegra comprobar que una nueva generación de arquitectos tiene un altísimo potencial que, sin duda, se plasmará en futuras realizaciones.
    Me resultó alentador comprobar el interés generalizado por una arquitectura sostenible, a ras de suelo, todo lo contrario a los fuegos de artificio de los edificios “icónicos”, a mayor gloria de políticos de medio pelo, tan frecuentes el los últimos tiempos.
    Muy importante es que este saber hacer trascienda a proyectos de mayor escala a los cuales tienen difícil acceso los pequeños despachos de arquitectura.

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  2. Gracias, Javier, por reseñar la exposición del Premio Peña Ganchegui 2017.
    Como coordinador del galardón te apunto un par de aclaraciones: En relación con la itinerancia, puntualizar que la exposición se instaló primero en el Palacio Miramar, con motivo de la Bienal, y más tarde en la Escuela de Arquitectura de San Sebastián (me parece que en tu entrada se entiende al revés). Y respecto a los textos descriptivos que mencionas, lo cierto es que la autoría corresponde en todos los casos a los propios finalistas. Se trata de las memorias que las bases solicitaban a los aspirantes, como presentación de la trayectoria sometida a evaluación del jurado,

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    1. Muchas gracias por las puntualizaciones, Mario. En cuanto a la segunda cuestión, pienso que las memorias de los participantes están bien para su consideración y evaluación por parte del Jurado, pero me parece más oportuno que para su presentación al público mediante la exposición se dé un tratamiento homogéneo a los textos alusivos a cada autor o equipo de autores: mismo tipo de redacción y un sólo punto de vista aplicado a todos los seleccionados. Así quedarían más claras las diferencias y singularidades de cada participante, puesto que el autor de los textos se encargaría de resaltarlas.

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      1. Perdona, Javier; no había visto tu respuesta. Y ahora que la he leído, no estoy seguro de entenderla. ¿Dices que quedarían más claras las diferencias y singularidades de cada participante evitando que sean ellos mismos los que se expresen? La exposición muestra el trabajo por el que fueron seleccionados los finalistas, incluyendo tanto el material gráfico como el texto que lo acompañaba. Cambiar el segundo sería comparable a reelaborar el primero, redibujando los planos o tomando nuevas fotografías.

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      2. Creo que los materiales presentados por los aspirantes al premio, todos los materiales visuales y escritos, son interesantes para su valoración por parte del Jurado. Los visuales sirven para acercase a las realizaciones y los escritos para entender las premisas teóricas con las que funcionan para hacer lo que hacen. Tanto los textos que relatan asépticamente un curriculum vitae como los que literaturizan y bordean lo poético… todo ello -aunque los materiales aportados por los concursantes sean dispares y de naturaleza no comparable entre sí- sirve para hacerse una idea de quién es y cómo actúa el aspirante al premio. Eso le vale al Jurado, le vale todo lo que se le aporte, y en ello fundamentan su decisión
        Pero para presentar a un público genérico las características profesionales y creativas de los finalistas creo que, en efecto, esos materiales que le sirvieron al Jurado no tienen la misma efectividad, pueden resultar confusos y, por lo tanto, poco inteligibles. Y no pienso que prescindir de esos textos sea equivalente a re-dibujar los planos, ni mucho menos, nada que ver. Es como si para analizar la Casa de la Cascada de F. Ll. Wright tuviéramos que atenernos sólo a lo que éste escribió sobre su obra y prescindir de los acercamientos que los analistas han realizado después sobre ese edificio y cuyos textos nos han ampliado enormemente la comprensión de lo que Wight hizo.
        Lo que quería yo decir es que una mirada externa a los concursantes, pero que, como el Jurado, haya visto y leído todo lo presentado, puede ofrecer una reflexión singular y homogénea al utilizar un punto de vista analítico y crítico, basándose en lo sustancial de lo que los concursan digan sobre sí mismos -si le parece oportuno-, pero sobre todo basándose en su propio criterio. Ello daría pie a unos textos directos, comparables literariamente y elaborados desde una posición igualitaria ante los concursantes. Sí, esto es lo que pienso.

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