Ribera y canal de Deusto.

canal draga
Draga avanzando lateralmente en el extremo final del actual canal de Deusto (18:30 horas, miércoles 4 de abril, 2018).

El pasado miércoles pude ver actuar a la draga que, situada al fondo de canal de Deusto, avanza metro a metro, abriendo paso a las aguas. Me sorprendieron varias cuestiones, por ejemplo la posición lateralizada del barco, lo cual encuentro lógico, pues así extrae del fondo del canal la tierra de una manera más cómoda y cercana al punto por el que debe avanzar. En mis suposiciones, sin fundamento, me imaginaba que el avance se realizaría con la proa de los barcos en posición orientada hacia la tierra a abatir, como un camión bulldozer avanza llevándose la tierra por delante con su pala. Claro, no es así; agua y tierra exigen actuaciones diferentes. Otra cuestión que llamó mi atención fue que en esta operación hubiera una sola draga. Daba por sentado que este trabajo lo realizaría una batería amplia de buques y máquinas, unos abriendo brecha desde tierra y otros erosionando el terreno desde el agua. Lo digo porque la cantidad de tierra que hay que retirar, al parecer, es casi más la que se halla del nivel del agua para arriba que desde ese nivel para abajo. Todo llegará, supongo.

En la actualidad se puede comprobar la cara urbana uniformemente terminada, sin mucha gracia, en el lado derecho del canal y la todavía imprecisa geografía del lado izquierdo, la península de Zorrotzaurre, donde casas y pabellones dispersos dejan un territorio a la espera de su nueva ocupación. Al fondo, el icónico monte Serantes y a la izquierda el descenso hacia Zorrotza de la ladera del alto de Castrejana perfilan el horizonte. En primer término, el abrupto suelo formado por escorias, placas de hormigón y cascotes de derribos. Dentro de unos meses ya no será posible tomar una imagen como ésta: el agua llegará hasta la parte inferior de la foto, tomada desde la barandilla del nuevo puente Frank O. Gehry.

Estos mismos terrenos, exactamente los mismos, conocieron el paso de dos singulares pintores que en momentos diferentes, con 130 años y apenas 500 metros de distancia, dejaron testimonio humano, social, industrial y arquitectónico de la antigua Botica Vieja o simplemente La Ribera (re-toponimizada ahora como Zorrotzaurre), un territorio más o menos homogéneo que iba desde el palacio de Goosens -junto al puente de Deusto- hasta Elorrieta, un área que resultó escindida y transformada en sus usos laborales y residenciales cuando a principios de los años 50 se inició la excavación para el canal de Deusto, éste que ahora terminará siendo, por fin, un canal verdadero. Esos pintores fueron Luis Paret y Adolfo Guiard; ambos nos dejaron imágenes magníficas de este entonces paradisíaco lugar.

La obra de Paret fue realizada hacia 1784, en un momento en que el artista madrileño residía en Bilbao por motivos políticos (estaba desterrado de la Corte). Aunque esta pintura ha venido recibiendo el nombre de El astillero de Olaveaga, el protagonismo es para las casas de la ribera de Deusto. De hecho, Olaveaga entonces no tenía un astillero, según Iturriza, sino una cordelería, además de talleres de arreglos y puesta a punto de naves. El Olaveaga fabril, por tanto, no se divisa aquí, tampoco ninguno de sus tinglados y, aparte de dos caseríos, en donde actualmente se encuentra la ermita de San Nicolás (probablemente uno de ellos sea la propia ermita), tan sólo se observa que las aguas servían, además de fondeadero, como base para operaciones de mantenimiento náutico, como esa actividad que en el ángulo inferior izquierdo desarrollan unos hombres al calafatear el casco de un navío semi-tumbado.

Las casas de la larga fila a la derecha son residenciales, salvo algún pabellón de una sola planta al fondo. Deusto no poseía muelles de atraque, por lo que los barcos que descargaban bultos en esa zona debían hacerlo, tras fondear, a botes que se aproximaban después hasta la orilla. Todas las situaciones descritas por la pintura son fieles, incluida esa pareja elegante a caballo, abajo derecha, a pesar del marco laboral en que se encuentran, pues por esta época gentes adineradas de Bilbao empezaron a instalar sus casonas nobles en este entorno.

Además de palacetes, de los que aún hoy pervive alguno, la orilla de Deusto estaba ocupada por carpinteros de ribera, transportistas, casas de contramaestres, pilotos y marineros: “tiene por la forma, aseo de sus edificios y ocupación de sus habitantes, la apariencia de los de algunas ciudades holandesas” escribió el polígrafo Delmas a mediados del siglo XIX.

La composición pictórica es singular. El punto elegido por el artista estaba más a la izquierda, más al sur, que el punto desde el que ha sido tomada la fotografía que abre este post. Entre el borde del río y el borde del canal hay unos 150 metros. Las laderas de Castrejana se muestran más cercanas y elevadas, impidiendo que el Serantes se vea al fondo. Su descenso se produce conforme se aproxima al horizonte remoto hasta unirse con el curso fluvial que inicia la curva de Elorrieta. Este lugar de unión, soleado, coincide con el final de la fila de casas y, para subrayar la centralidad de este punto de fuga ocupado en la lejanía por un velero, a ese encuentro va a dar la larga recta del pretil que bordea la explanada o vial ante las casas, delimitando los espacios de la ría y la orilla donde se acumulan los fardos. El árbol a la derecha sirve para romper una posible simetría.

Las aguas azules de Nervión recogen la luminosidad atmosféricamente condicionada por abundantes nubes, ensombreciéndolas allá, aclarándolas acá, a la luz de última hora de la tarde. El gran cielo, uno de los más encapotados de Paret,  da ocasión a variados grises entre los que ocasionalmente asoma un claro azul.

(c) National Trust, Upton House; Supplied by The Public Catalogue Foundation
Luis Paret, El astillero de Olaveaga, Upton House, Londres.

La pintura de Guiard, por su parte, fue presentada al público por vez primera en 1903 con el nombre de Suburbio, si bien es más conocida popularmente como La niña del clavel rojo. Guiard tenía una casa. Etxatxu, en la zona donde el canal se abrió y, por tanto, desapareció con las obras de éste. El título de Suburbio le conviene más que cualquier otro porque esa zona de Elorrieta era, en aquellas fechas, exactamente eso: un área suburbana en donde se mezclaba lo rural con lo industrial, lo naval y las primeras casas obreras, un barrio periférico semi-proletarizado, entre huertas campesinas y casas de marineros o ferroviarios junto a la ría.

Una joven (Asunción Ojinaga, del caserío Errekurti, situado en las inmediaciones de Sarriko-Ibarrekolanda) a punto de abandonar la niñez posa de frente y mira directamente al espectador. Lleva sobre su cabeza un pulido cántaro de leche que sujeta por el asa con la ayuda de su mano izquierda, en tanto que apoya la derecha sobre su cadera. A pesar de la rigidez que debe mantener para el buen equilibrio de la carga que porta, el juego de los brazos proporciona un rico dinamismo a su figura y genera un zigzagueo vertical. Un movimiento ondulante que encuentra, a la derecha, un doble eco: en primer lugar, en la posición de los tres niños que se sitúan un poco más atrás y, en segundo lugar, en el árbol, localizado entre ella y los tres niños, cuyo tronco se eleva repitiendo el gesto del brazo de la muchacha.

Frente a las habituales composiciones diagonales del pintor bilbaíno, en ésta rige la ortogonalidad, marcada por la baja tapia del fondo y la pared de un caserío que asoma por la izquierda. El cuerpo de la muchacha, con su cántaro de latón, se suma a la verticalidad general de la escena. Los mástiles de los barcos, más allá, al borde de una ría que no se ve, refuerzan este juego compositivo.

El suelo y los términos medios edificados están dominados por ocres y tierras que, en el caso del árbol, impregnan su parte inferior hasta que, según asciende, se van tornando violáceos. Las ropas de la muchacha, los niños y la anciana pegada junto al caserío oscilan entre el blanco bañado de azul y el negro teñido de añil. El mismo aire resulta azulado, aunque no se vea. La luz es de atardecer y, al incidir en la parte posterior de la cabeza de la joven, hace que su cabello castaño brille con cálidos reflejos rojizos por los bordes. El clavel en su boca es el delicioso detalle que focaliza la frescura, la vida y la intensidad que le son propias a su portadora. El pintor elude el panfleto social y el melodrama, los de Guiard son niños ocupados en faenas de esfuerzo, pero en ningún momento carecen de dignidad y de una innegable belleza.

La imagen es uno de los iconos más hermosos referidos a los orígenes del moderno Bilbao: la juventud y el trabajo, el mundo rural que sobrevive perdiendo espacio ante el avance urbanístico, la naturaleza con sus gentes y actividades habituales (música cercana), la esperanza en el futuro que nace múltiple (los niños) y el pasado uniforme que está a punto de desaparecer (la anciana, en cuyo espacio tradicional un objeto surgido de la industria -la cantina de latón- ya se ha introducido y asentado), la elegancia natural y la firmeza de carácter, el aire diáfano… a este lado de la tapia y al otro, la industria de perfiles imprecisos (ruido de fondo) , los mástiles, las casas de pisos, el fragor y entrechocar de máquinas, las chimeneas humeantes… Aquel Bilbao que se debatía entre cosmopolitismos y tradicionalismos se condensa a la perfección en esta joven pre-adolescente que mira de frente, sin miedo, a su futuro, a nosotros.

guiard
Adolfo Guiard, Suburbio, Museo de Bellas Artes, Bilbao.

Ahora dicen que la futura isla de Zorrotzaurre acogerá empresas artísticas y creativas, que el arte será motor de una economía emergente articulada alrededor de herramientas tecnológicas y lo digital…, que el arte, como savia nueva, vendrá a sustituir a la industria…, a los que afirman esto habrá que recordarles que el arte ya estuvo hace muchos siglos en estos mismos lugares por los que la draga está abriendo brecha.

 

 

 

2 comentarios sobre “Ribera y canal de Deusto.

  1. La muchacha del cuadro de Guiard era la hija del caserío Errekaurti, sito en lo que hoy en día sería Sarriko-Ibarrekolanda.
    En cuanto a la apertura del Canal, una pena no haber recuperado lo perdido y haber creado un gran Hyde Park para Bilbao. Una ocasión perdido por oscuros intereses o idealizaciones manhattanianas bajo el manto de una inexistente reducción en el riesgo de inundación. Una futura compuerta será la única manera de recuperar esa preciada extensión que quedará bajo el agua para el uso y disfrute público.

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