La metáfora naval y el nuevo edificio ‘Museoalde’

/ Javier González de Durana /

La existencia de edificios con aspecto -más o menos logrado- de barcos es frecuente en zonas costeras y fluviales de muchas ciudades por todo el mundo. La cercanía de las aguas, marinas o fluviales, justifica el que, a modo de guiño ambientalista, algunas construcciones situadas junto a sus orillas simulen ser naves. Se supone que es un modo sencillo y directo de encajar una nueva construcción en un lugar caracterizado por la proximidad de aguas sobre las que circulan -o circularon en un tiempo pasado- barcos de mayor o menor envergadura.

Hoy en día un edificio que se asemeje en algo a una nave náutica sólo es un capricho del diseñador o una estrategia de marketing, pero hubo un tiempo en que el parecido de una casa a un barco ponía en evidencia la firme y clara voluntad de modernidad por parte tanto del arquitecto como del promotor.

En los orígenes de la época moderna, algunos analistas y teóricos de la arquitectura se percibieron de la racionalidad con la que se diseñaban barcos frente a la reiteración falsaria de los estilos históricos que abundaba en arquitectura. Así, Viollet-le-Duc en sus Entretiens sur l’Architecture (1863) decía que “los arquitectos navales y los ingenieros mecánicos cuando hacen un barco o una locomotora no investigan las formas de los barcos del tiempo de Luis XIV o las de una diligencia, sino que obedecen ciegamente las nuevas bases dadas y producen obras de estilo y carácter propios, en el sentido de que todos puedan ver que indican un fin totalmente preciso”. De igual modo se reiteraron en tal opinión otros muchos sin lograr que se mirara la arquitectura naval como una cantera de ideas y aprender de ellas.

El asunto alcanzó solidez a partir del momento en que Le Corbusier resaltó en su Vers une architecture (1924) que “ingenieros anónimos, mecánicos metidos entre la grasa y el hierro de la fragua, han construido esas casas formidables que son los paquebotes. Nosotros, habitantes de tierra firme, carecemos de los medios de valoración y sería una suerte que para que aprendiéramos a descubrirnos ante las obras de la ‘regeneración’, se nos brindase la oportunidad de recorrer los kilómetros que representa la visita a un paquebote”. Para demostrar visualmente la ventaja del diseño de los barcos frente al de los edificios de aquel momento, ilustrando su reflexión y señalando el camino a seguir, Le Corbusier publicó en aquel influyente texto algunas fotografías de barcos tomadas de folletos confeccionados por agencias de viaje al tiempo que declaraba: “El paquebote es la primera etapa en la realización de un mundo organizado de acuerdo con el espíritu nuevo”.

Los artífices del Movimiento Moderno vieron en el barco un símbolo de los caminos renovadores por los que debía introducirse la arquitectura. Su fuerte iconicidad, el carácter emblemático, diáfano, inmaculado, saludable… fue defendido por “el juego sabio, correcto y magnífico de los volúmenes reunidos bajo la luz” y valorado por la precisión en el ensamblaje de los elementos constructivos, exhibidos al exterior sin reparo alguno ni ocultamientos, y la funcionalidad del espacio, dónde nada está de más y nada se echa de menos.

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Foto de Karen Amaia.

En Bilbao tenemos varios ejemplos de arquitectura influida, más o menos, por lo náutico. Sin estar afectado por las teorías de Le Corbusier, el Mercado de la Ribera, de Pedro Ispizua (1927-30) es el caso más antiguo. La forma alargada del mercado vino propiciada por el solar disponible y, aunque estilísticamente responde al ‘art-decó’ previo al racionalismo, no deja de ser cierto que, al estar al borde de la ría una de sus largas fachadas, parece como si se tratara de un palacio flotante atracado al muelle, un riverboat del Misisipi que por alguna extraña razón hubiera venido a encallar en esta ribera del Nervión.

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Foto de Karen Amaia.

El edificio levantado en Ripa 6 por Tomás Bilbao (1931) fue el primero que atendió a las indicaciones de Le Corbusier, Las líneas puras, el predominante color blanco, el uso de barandillas de tubo para balcones y ventanas y, sobre todo, la coronación en forma de castillo de proa establecía evidentes vínculos con las embarcaciones que atracaban en los cercanos muelles del Arenal.

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Foto de Karen Amaia.

Después de la guerra, en momentos durante los que las teorías racionalistas no estaban tan en boga, Manuel I. Galíndez y José Mª Chapa llevaron a cabo un espléndido ejercicio de evocación marinera para la Naviera Aznar (1943-48) en la Plaza de Venezuela. Las citas a lo naval tenían aquí un sentido mayor al tratarse de la sede de una empresa propietaria de buques y estar ubicada a orillas de la ría. Sin renunciar al dominante carácter de palazzo, la esquina opuesta a la fachada principal es donde se concentran esas referencias.

Fuera de Bilbao, la más emblemática de todas las actuaciones históricas realizadas en el País Vasco fue, sin duda alguna, la desplegada en el Club Náutico de San Sebastián por José Manuel Aizpurúa y Joaquín Labayen (1928-29). Se trata de un caso paradigmático que aparece mencionado en todos los manuales de arquitectura. Las instrucciones de Le Corbusier fueron seguidas aquí literalmente.

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Foto de Karen Amaia.

En tiempos más recientes no han faltado aproximaciones al tema, pero alejadas del mimetismo estricto. Por ejemplo, el Palacio Euskalduna, de Bilbao, diseñado por Federico Soriano y Dolores Palacios (1995-99), remite en su fachada orientada a la ría a un astillero en el que un barco se halla en proceso de construcción. De nuevo, aquí la referencia tiene doble intención: estar en la orilla y ocupar el solar de los antiguos Astilleros de Euskalduna.

En unos meses se concluirá el edificio denominado Museoalde que se está levantando en la Alameda de Mazarredo 22, donde estaba el antiguo edificio del IFAS, cerca del arranque de la calle Heros. La estructura ya está completamente acabada y se ha dado a conocer el aspecto final que mostrará. También aquí las referencias náuticas se presentan, por parte de los promotores, como una característica formal relevante: “Al norte el edificio se convierte en una enorme vela sobre la ría, la de una embarcación atracada en un muelle privilegiado”, “con la proa hacia el Museo Guggenheim”, etc.

Lo primero que debe decirse respecto a este edificio es que resulta muy complicado saber quiénes son sus autores. Mientras que en otras edificaciones de viviendas próximas se airea el nombre de su diseñador (Izosaki, Ferrater, Peña Ganchegui, Krier…), en este caso parece haber unanimidad en que tal dato no resulta importante. Unos nombres “venden” y otros, al parecer, no. A falta de autoría de ringorrango, el proyecto enfatiza otros valores: el estar cerca del museo, sobre los espacios libres ribereños a la ría…, y, por supuesto, la calidad de los materiales, el cuidado en los detalles, la espacialidad de las viviendas… Las alusiones a lo náutico aquí son más argumentos de venta que formales.

Museoalde, hotel y viviendas, está promovido por una UTE integrada por Eslora Proyectos y Jaureguizar, y diseñado por el estudio bilbaíno Agvar Arquitectos más la colaboración de Axis Arquitectura y Urbanismo, de Madrid, esto es, equipos amplios de profesionales en los que no importa la falta de un nombre estrella porque su solidez se basa en el conjunto. Agvar Arquitectos tienen una amplia trayectoria de trabajos y proyectos a lo largo de los municipios de la ría, en San Sebastián y en Burdeos, donde también tiene sede.

Museoalde parece querer acercarse a algunas de las mejores lecciones de Galíndez y Chapa en la Naviera Aznar, principalmente a la idea de fachada curva orientada hacia la ría, siguiendo el curso de esta, y a la del remate final como proa. Sea porque vivimos tiempos tecnológicos muy diferentes a los años 40 o sea porque el mercado presiona para extraer del suelo urbano el máximo beneficio, el hecho es que el resultado será diferente. Frente al orden, la armonía y la contenida discreción de la Naviera los logros formales de Museoalde parecen algo exagerados, un punto arrogantes e invasivos, resultando el conjunto como una suma de fragmentos de diferentes características, texturas y diseño. Da igual que esas diferencias deriven de las distintas funciones que albergan (garajes, hotel y viviendas), el resultado es falta de unidad.

Tiene la ventaja de que, al situarse en zona de espacios muy abiertos, sobre todo desde el paseo de Uribitarte, la construcción no resultará visualmente pesada. Bien al contrario, ofrecerá un perfil de potente iconicidad, aunque la colindancia con el edificio adyacente (Mazarredo 20) resulte un tanto descosida y que para lograr esa potencia haya sido necesario que el Consejo Asesor de Planeamiento de Bilbao diera el visto bueno a la modificación del Plan Especial del solar de IFAS, al permitir combinar los usos residencial y equipamental, y al autorizar un volumen que no se permitió en su día a los edificios colindantes de la manzana, todos ellos sujetos a unas alturas obligatorias para conseguir un bloque de cornisas unificadas y coherentes. La página web museoalde.com dice que “el Plan Especial respeta las edificabilidades autorizadas por la regulación actual” al tiempo que “se modifica el perfil, acentuando el carácter singular de la proa que conforma este solar”. No se comprende bien ese respeto que, sin embargo, modifica a conveniencia un perfil que no estaba previsto fuera así y permite ganar edificabilidad.

 Una percepción distinta es la que se tendrá por la cara del Ensanche, hacia Mazarredo y Heros, con catorce pisos sobre el nivel de las calles. Sobre todo, en Heros se produce una triste pérdida, la de la visión del monte Artxanda al quedar oculto tras la altiva proa. Nos dice la promoción de Museoalde que su edificio “se asoma curioso a la calle Heros”. Ya.

Pues, la verdad, ya podía haber renunciado a esa curiosidad para que las laderas del monte hubieran continuado a la vista de todos.

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Escribir sobre arquitectura en Bilbao

/ Javier González de Durana /

El propósito de ArquiLecturA es dar a conocer ideas, reflexiones y puntos de vista acerca de la arquitectura que hoy se realiza en Bilbao y en el entorno regional más o menos próximo a esta ciudad. En principio, tales ideas serán las del promotor de este blog, pero opiniones ajenas -caso de manifestarse- tendrán cabida como comentarios a las entradas que se irán introduciendo.

ArquiLecturA, por tanto, es un lugar para escribir y leer sobre la arquitectura que se lleva a cabo en un área geográfica que históricamente, sobre todo durante el último siglo y medio, ha gestado edificios y construcciones de elevada calidad a partir de las posibilidades económicas propiciadas por un moderno, singular y remarcable desarrollo industrial, financiero, comercial y, en consecuencia, por su significativo crecimiento poblacional. La nómina de arquitectos e ingenieros sobresalientes -desde los locales Alberto de Palacios, Severino Achúcarro y Pablo Alzola hasta la actualidad con figuras internacionales como Frank Ghery, Norman Foster, Rafael Moneo, Álvaro Siza…, las ingenierías de Javier Manterola, Juan José Arenas de Pablo, IDOM, INBISA…- es larga y la relación de obras diseñadas por ellos (existentes aún hoy o desaparecidas ya) revelan que la arquitectura ha acompañado los pasos dados en otros campos hacia la constitución de una sociedad avanzada en términos de habitabilidad, confort, sofisticación tecnológica, ordenación y atractivo visual tanto de los inmuebles e infraestructuras, vertebradores de un todo social (la ciudad), como de sus interiores formalizados en ámbitos privados y públicos (viviendas, lugares de trabajo, ocio, comercio…).

Sin embargo, las acciones de arquitectura no han estado habitualmente acompañadas por empeños de divulgación y reflexión en torno a ella. Los momentos en que Bilbao ha dispuesto de foros mediante los que dar a conocer el pensamiento de arquitectos o analistas acerca de los elementos construidos que iban apareciendo en el espacio público no han sido frecuentes.

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Antes de la guerra civil tan sólo dos revistas cubrieron ese espacio informativo y de posible debate: La Construcción y Las Artes Decorativas (1922-24) y Propiedad y Construcción (1924-1936). Aunque la arquitectura fue el centro de atención de ambas publicaciones, sus contenidos fueron redactados sobre todo por analistas no-arquitectos, Enrique de Ocio y Urreta, Damián Roda y, especialmente, Enrique Loygorri de Pereda, con su sección “El progreso urbano de Bilbao” en la segunda de las revistas citadas.

Después de la guerra se tuvo que esperar a que el arquitecto Juan Daniel Fullaondo pusiera en marcha la magnífica Nueva Forma (1966-75). Aunque dirigida desde Madrid y con proyección nacional, Nueva Forma dedicó números insuperables a Bilbao, la historia y el presente de su arquitectura, explicada y conocida como nadie lo había hecho con anterioridad. Todos los que nos interesamos por la arquitectura siendo jóvenes en los años 70 tenemos en Fullaondo al maestro que condujo nuestros primeros pasos en este campo, señalándonos un camino de rigor y brillo intelectual de elevada altura. Las relaciones que establecía entre los poemas de Miguel de Unamuno, Blas de Otero, James Joyce y Ezra Pound con la escultura de Chillida y Oteiza, las arquitecturas de Richard Neutra y Claude Parent, y la lluvia sobre las fachadas y el pavimento de las calles de Bilbao eran deslumbrantes. Sin ser historiador, suya fue la primera formulación evolutiva de la arquitectura moderna en Bilbao según generaciones a partir de 1875. La labor editorial y teórica que desplegó fue espléndida y Bilbao -esta ciudad ingrata en ocasiones- le debe un reconocimiento y un recuerdo.

Un breve intento por retomar y prolongar el espíritu de Nueva Forma se manifestó en la revista Común. Arte, Arquitectura, Pensamiento, Ciudad, bajo la dirección del crítico de arte Santiago Amón, quien antes había dejado su huella en Nueva Forma. Mezclaba disciplinas en términos generales, sin atender a las realizaciones concretas, pero con un espíritu revisionista y crítico. Fue un marco amplio que hubiera podido fertilizar el ambiente, pero no duró mucho tiempo (1979-80), publicando sólo cuatro números.

A finales de los años 80 y principios de los 90 aparecieron dos revistas de muy diferente carácter. Composición Arquitectónica. Art & Architecture (1988-93), realizada en Bilbao, se caracterizó por su lujoso diseño físico y la mirada internacional, aunque muy vertida hacia una sensibilidad arquitectónica específica. No atendió a lo que sucedía en el entorno inmediato (de hecho, creo recordar que en los diez números que aparecieron sólo se vio un artículo dedicado a Manuel Galíndez, es decir, un tema histórico). Elaborada y dirigida desde Vitoria, A+t. Revista de Tecnología y Arquitectura ha vivido dos etapas: en la primera a partir de 1991 atendió el territorio de la comunidad autónoma, centrándose en proyectos puntuales tanto privados como institucionales, no en vano fue una publicación financiada desde el Departamento de Urbanismo, Vivienda y Medio Ambiente del Gobierno Vasco, mientras en la segunda y actual etapa, con formato físico y digital, se prolonga como proyecto personal del equipo de arquitectos  que la ha venido impulsando (a+t architecture publishers), posee una mirada más abierta e internacionalista muy distinta de la etapa previa. Ha dado a luz cuarenta y tres números hasta 2014.

Arte y Cemento, decana revista asentada en Bilbao desde 1958 hasta que la multinacional que la compró (la holandesa Reed Business Information) decidió trasladarse de esta ciudad el año 2013, ha sido otra peculiar vía divulgadora de arquitectura, centrada tanto en los servicios y la información práctica (publicitaria y descriptiva) como en el análisis de arquitecturas y problemáticas concretas desde un planteamiento de atención nacional. Ha publicado más de dos mil ciento cincuenta números.

Paralelamente, el territorio de la historia de la arquitectura local ha estado atendido tanto por historiadores del arte como por arquitectos. Nieves Basurto, Maite Paliza, Alberto Santana, Javier Muñoz Fernández, Gorka Pérez de la Peña, yo mismo…) hemos estudiado edificios, épocas y situaciones. De otra parte, los profesores en las escuelas de Barcelona y San Sebastián, José Mª Mendieta / Manuel Olazábal / José Ángel Sánz Esquide y Javier Cenicacelaya / Iñigo Saloña, abordaron temas que iban desde el neoclasicismo hasta el racionalismo; en paralelo, otros profesionales del sector han sido activos, como Elías Más Serra, quien desde las páginas del periódico municipal Bilbao ha prestado atención tanto a colegas suyos de otras épocas como a arquitectos actuales y sus proyectos, o Joaquín Cárcamo que ha analizado puentes, muelles y arquitecturas fabriles, los hermanos García de la Torre han destacado en la difusión de las piezas de arquitectura más relevantes de esta ciudad, Iñaki Uriarte ha actuado como celoso velador de cuanto acontece en los márgenes de la ría… Impagable está siendo la tarea de la Asociación Vasca de Patrimonio Industrial y Obra Pública (AVPIOP) y sus miembros asociados en su defensa y estudio, desde hace décadas, de la arquitectura industrial y las infraestructuras históricas, víctimas de innumerables atropellos y desconsideraciones por parte de autoridades públicas y promotores privados.

Como es lógico, numerosos arquitectos bilbaínos y vascos han escrito artículos en otras publicaciones profesionales, tanto nacionales como extranjeras. No es que haya una especie de tendencia ágrafa en el sector, sino que por lo habitual los arquitectos se limitan a explicar los proyectos personales, resúmenes de las Memorias de los trabajos en los que se encuentran inmersos.

Realmente, en nuestra sociedad no hay mucho debate sobre arquitectura y las reflexiones o conversaciones quedan inmersas en el círculo delimitado por las relaciones personales profesionales y en las aulas de la Escuela de Arquitectura. Algo que, por otra parte, también sucede en el sector de las artes visuales.

ArquiLecturA carece de la pretensión de elaborar profundas meditaciones sobre nuestra realidad arquitectónica. Un formato digital como éste no es el lugar más adecuado; el libro sigue siendo el soporte fundamental para esas articulaciones. Pero un blog sí puede ser un buen sitio para pulsar la actividad profesional, lanzar preguntas o formular ideas en torno a ello. Unas lecturas para ver y entender arquitectura con un poco más de información, si acaso. Sin más. Unas veces serán opiniones basadas en informaciones periodísticas a las que se intentará encontrar entre líneas lo que no se expone abiertamente, y en otras ocasiones haremos descripciones de las consecuencias promovidas por actuaciones que nos aseguraban aspirar al logro de otros objetivos. Vigilaremos las rehabilitaciones llevadas a cabo en edificios históricos y analizaremos proyectos de nueva planta dentro de los contextos en los que acontecen, sea una pequeña reforma en un edificio racionalista de los años 30 acometida por un arquitecto joven o sea la quinta torre de Garellano encomendada, al parecer, a Richard Rogers.

No ya debates; más allá de lo mediático apenas existen conversaciones sobre la arquitectura que nos envuelve. La arquitectura es un acto humano que toma cuerpo en el mundo de los seres humanos y, por ello, es juzgada a partir de lo que significa la apariencia que muestra y los intereses que enmascara, oculta o no se hacen evidentes de entrada. Todo es justificable, bien desde la razón bien desde la emoción. Es posible que los debates sean inútiles en arquitectura, campo en el que los intereses económicos imponen férreos marcajes; es probable que sólo aprendamos de los errores una vez hemos pagado el precio de la desobediencia al interés común. Casi con total seguridad, este blog será un soliloquio. Cada uno hace lo que puede y sabe. Cansado de que periódicos y revistas de divulgación general centren sus mensajes en arquitectos-estrella y las sorprendentes piruetas de que son capaces (más alto, más caro, más bizarro o curioso, “es lo que el público quiere ver y conocer”, se nos dice), aquí se atenderá a lo cercano y cotidiano, lo que hace que nuestro día a día sea como es, procurando entenderlo a través de los espacios que habitamos y habitaremos, mirando los detalles y escuchando los silencios. Leyendo edificios, es decir, escribiendo sobre arquitectura, con voluntad de comprender qué, cómo, por qué y cuál es su significado, hoy, aquí.

1ª BIENAL DE ARQUITECTURA DE EUSKADI. “MUGAK”

/ Javier González de Durana /

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Esta primera entrada aparece hoy, pero se escribió hace semanas, concretamente al día siguiente del anuncio público de la 1ª Bienal Internacional de Arquitectura que, con el subtítulo de “MUGAK”, fue presentada en San Sebastián el 7 de julio. Es una coincidencia que la decisión de crear un blog en torno a aspectos arquitectónicos vistos desde el País Vasco fuera tomada al tiempo que se presentaba un acontecimiento tan relevante como aspira a ser esa Bienal. En ArquiLecturA estamos encantados con la iniciativa, pues nos dará muchas ocasiones para opinar y recoger ideas acerca de lo que en dicha Bienal se vea y escuche, insuflando vida y energía en el campo de lo opinable y lo discutible sobre los edificios y las ciudades en que vivimos.

La Bienal fue presentada en rueda de prensa por parte de las más altas instancias del Departamento de Medio Ambiente, Planificación Territorial y Vivienda, el impulsor de la iniciativa, junto al encargado de pensar y gestionar el programa de esta primera edición. El consejero de ese Departamento, Iñaki Arriola, el vice-consejero, Pedro Jaúregui, y el director de Vivienda y Arquitectura, Pablo García Astrain, ofrecieron datos acerca de la intencionalidad del acontecimiento, mientras su comisario, Pedro Astigarraga, desgranó algunos contenidos.

La información periodística ofrecida al día siguiente recogía lo sustancial de lo expuesto y explicado en la rueda de prensa, pero quien intentó saber más acerca de cómo se halla organizada la Bienal y entró en la web de esa Consejería quedaba sorprendido al no encontrar nada referido a la Bienal. Tan sólo una “noticia” daba cuenta del desarrollo de la rueda de prensa. Siendo un acontecimiento al que se le otorga la más alta importancia departamental -demostrada por la presencia de los tres políticos citados-, llama la atención que no hubiera una declaración de intenciones más pormenorizada, una explicación acerca de cuál es el órgano gestor de la Bienal, quiénes sus integrantes, cuáles los objetivos políticos…

No obstante, dicha “noticia” contiene un enlace a la página web de la Bienal. Al abrir esta página nos encontramos con un vídeo de casi cinco minutos en el que se muestran algunos hitos arquitectónicos y urbanísticos de San Sebastián, sin locución alguna, y, de nuevo, la noticia sobre la rueda de prensa institucional. Junto a esto se despliegan seis ventanas con los siguientes títulos: Exposiciones, Conferencias, Talleres, Itinerarios, Proyecciones y Diálogos, pero al intentar ver sus respectivos contenidos en todas se nos dice: “Estamos trabajando en la preparación del Programa”. Pinchando en el apartado “La Bienal” se leen algunos puntos de partida y ciertos objetivos; su primer párrafo dice así: “La Arquitectura es, a un tiempo, lenguaje del arte y de la razón. Encuentro entre la ciencia y el artificio”. De acuerdo, bonito arranque, pero recordemos que el arte no es algo opuesto o diferente a la razón y que la ciencia -desde antes de la invención de la rueda- trabaja necesariamente con lo artificial.

Eso de los objetivos políticos no es algo que deba guardarse detrás de objetivos sociales y culturales subrayados en la rueda de prensa. Los objetivos políticos son tan legítimos como los otros y sería interesante conocerlos. Sí, conocerlos, porque no resulta suficiente apelar al propósito de “sacar la arquitectura del discurso efectista en el que se ha instalado por la influencia de macro-proyectos y devolverle su condición de disciplina capaz de mejorar la calidad de vida de los ciudadanos (…) una función social, a menudo relegada a un segundo plano por la pirotécnica de los arquitectos estrella, es lo que impregna los principios que inspiran la I Bienal de Arquitectura de Euskadi”.

Muy bien, “una función social”, eso es lo que impregna los principios, pero una vez aclarado lo impregnante, ¿cuáles son los principios impregnados, esos principios políticos? Estoy citando fuentes periodísticas, por tanto es posible que eso no fuera expuesto exactamente así, pero en todo caso no reduce la necesidad de ofrecer un contexto reflexivo más profundo sobre la Bienal desde la web del Departamento. Una partida de 180.000 euros destinada al evento (más lo que aporten Diputación y Ayuntamiento) es cantidad que merece una justificación detallada. No digo que no la haya, pero hubiera sido deseable haber conocido la calidad de los argumentos y las reflexiones impulsoras al mismo tiempo que se nos informaba del hecho en sí y, por supuesto, los contenidos programados.

Es de imaginar que esto vendrá dado más adelante porque queda corto decir que la Bienal constituirá “una reflexión (sobre el papel) que debe desempeñar la arquitectura en la sociedad y su contribución para conseguir ciudades más equilibradas y cohesionadas”, porque ¿acaso no ha sido siempre esto así?, o que buscará “encarar los retos de una nueva modernidad tecnológica y multicultural, cuya comprensión y gestión se han vuelto extremadamente complejas”, ¿es que, por ventura, estos retos son exclusivos de hoy y no los vivió la arquitectura en otras épocas?

Ya que ha sido el Gobierno Vasco, junto con las instituciones forales y municipales, quien ha impulsado la mayoría de esos macro-proyectos que, al parecer, han distraído la función social de la disciplina, bienvenida sea una buena dosis de retorno al orden por parte del mismo Gobierno Vasco. No obstante, el hecho de que se hayan levantado una docena (no sé si llegan) de macro-proyectos no parece que haya hecho perder la cabeza a la inmensa mayoría de los arquitectos vascos no-pirotécnicos que se las ha tenido que ver bien duras durante estos años de crisis. Al margen de los macro-proyectos aquí ha habido una arquitectura y unos profesionales que no olvidaron cuál es su función al desarrollar proyectos de todas las envergaduras, sobre todo proyectos modestos, como ha sido lo habitual en los últimos años. No mezclemos los temas ni confundamos los bonitos juegos pirotécnicos hechos de palabras con las dolorosas llamas del día a día.

La elección de San Sebastián como sede de la Bienal es correcta. Podría haberlo sido cualquiera de las otras ciudades del País Vasco, pero el hecho de que la Escuela de Arquitectura de la UPV se encuentre en esa ciudad dota de un plus de justificación a la elección. Ya en los años 80 y desde el Departamento de Cultura se intentó la creación de un Museo de la Arquitectura en el Palacio de Miramar. Sin problema. Las distancias en euskalhiria no son tan grandes como para impedir que quien quiera participar lo haga.

Las fechas centrales de la celebración serán del 7 al 10 de noviembre, si bien algunas acciones se desarrollarán desde finales de octubre y otras se prolongarán hasta enero de 2018.

En cuanto a los contenidos, por el momento nos han dicho que tendremos lo siguiente:

* una exposición titulada Creatividad compartida sobre la obra del último Premio Pritzker 2017, el estudio catalán RCT Arquitectes (Rafael Aranda, Carme Pigem y Ramón Vilalta); Aranda pronunciará el día 7 la conferencia de apertura;

* una intervención de clausura por parte del proyectista japonés Sou Fujimoto, de contenido no esclarecido;

* los 400 alumnos de la Escuela de Arquitectura recibirán durante los primeros días sus clases en el Palacio de Miramar, sede central de la Bienal y donde tendrán lugar las jornadas, quedando la actividad lectiva de la Escuela, de algún modo, integrada en el Palacio durante los tres meses;

* entrega del Premio Peña Ganchegui, instaurada este año y que tendrá su marco en el contexto de la Bienal, si bien no sabemos si este premio será de periodicidad anual o bianual como la Bienal;

* en conjunto, se habla de ocho exposiciones, talleres, mesas redondas…, sin mayor especificación;

* además del Palacio Miramar, otros escenarios de la Bienal serán el Colegio Oficial de Arquitectos Vasco-Navarro, Tabakalera y el Koldo Mitxelena;

* un aspecto subrayado es que la cita no será algo sólo para los especialistas, reservado a ellos, sino abierto a todos los públicos, “a toda la ciudadanía”; si con esto último se quiere decir que las actividades serán gratuitas, fantástico, pero a veces uno tiene la impresión de que para las instituciones lo especializado es elitista; no hay que tener esos miedos, la arquitectura es una práctica profesional compleja por naturaleza y el alcance de su interés como disciplina puede resultar minoritario aunque no lo sea -bien al contrario- el alcance de sus consecuencias públicas.

Nos quedamos, de momento, con algunas preguntas pendientes y muchas ganas de saber más sobre lo que escucharemos y veremos, pero la Bienal resulta prometedora. Haremos seguimiento.

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Palacio de Miramar, sede central de la Bienal de Arquitectura.