Comisión del Patrimonio de Bilbao.

carta

Tenía ganas de escribir acerca de la Comisión del Patrimonio de Bilbao (CPB) desde hace meses y ahora una circunstancia urgente me empuja hacerlo ya. El pasado 15 de julio fue entregada en el registro municipal una solicitud singular: la que reclama protección como “conjunto de valor ambiental” para la Escuela de Magisterio BAM+arbolado+patio de recreo, siendo solicitante la Asociación de Vecinos por un Abando Habitable y Saludable, y su destinatario, el Ilmo. Alcalde de Bilbao.

Esta CPB se crea por la aplicación del Artículo 11.1.2. incluido en el Capítulo Primero, “Disposiciones generales”, del Título Undécimo, “Régimen de Protección de la Edificación”, del Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) de Bilbao. Para definir su actividad y funcionamiento esta Comisión dispone de un Anexo que desarrolla sus “Normas Reguladoras”.

Suponía yo que aquella solicitud del AMPA y los vecinos de Abando terminaría por llegar a la CPB hasta que leí cuáles son las funciones que tiene atribuidas:

“La Comisión del Patrimonio de Bilbao tendrá el cometido principal de informar los proyectos de licencias de obras que tengan por objeto la intervención sobre edificios incluidos en los niveles B de protección, C y D de conservación, así como sobre los edificios, espacios y elementos que conformen un Conjunto de Interés Arquitectónico y Ambiental, siempre que afecte a los elementos objeto de protección o conservación y que, a juicio de los servicios técnicos municipales, tenga cierta relevancia”.

A la vista de lo anterior, tengo mis dudas ahora sobre si la solicitud planteada por los vecinos y la AMPA llegará a la mesa de esta CPB. Entre sus tareas concretas de establecer criterios y elaborar informes se encuentra la de “informar… sobre la incoación de expediente de declaración de Bienes Culturales“, pero como Bien Cultural es una figura derivada de la Ley Vasca de Patrimonio, se entiende que es solamente el Gobierno Vasco quien solicita esos informes a la CPB y que los edificios así informados por ésta, caso de ser declarados Bien Cultural (calificación del Gobierno), pasan a integrar el nivel A (calificación del Ayuntamiento) dentro de los cinco previstos por el PGOU.

Sin embargo, no queda claro si la CPB también informa sobre posibles declaraciones de protección municipal para los niveles B, C, D y conjuntos de interés arquitectónico y ambiental cuando las solicitudes llegan al Ayuntamiento por otras vías distintas de la gubernamental, como pueden ser las asociaciones vecinales, los historiadores, las universidades…

Si el cometido de la Comisión consiste en emitir informes sobre los proyectos de intervención que se pretendan llevar cabo en edificios o elementos que YA ESTÁN protegidos como Bien Cultural o por alguna de las otras categorías municipales, cabe deducir que no informa sobre edificios que podrían llegar a estar protegidos si alguien lo planteara justificadamente ni si, a la vista de lo anterior, le corresponde o tiene la capacidad para proponer y decidir la protección de inmuebles y conjuntos con algún tipo de valor. Sus Normas Reguladoras no le atribuyen esa capacidad explícitamente, pero tampoco se la niegan o la adscriben en exclusiva a otra entidad, así que se puede suponer que, al menos, los integrantes de la Comisión pueden plantear propuestas de protección a iniciativa personal.

Queda la duda, por tanto, acerca de quiénes tienen capacidad para proponer al Ayuntamiento protecciones para edificios concretos, quién es la persona u órgano que decide qué edificios merecen la protección municipal y en qué nivel de protección quedan situados, porque el PGOU tampoco lo dice en sus otros Títulos y Capítulos. Mucho me temo que estas cuestiones quedan en manos de los técnicos -arquitectos, urbanistas y abogados- del Área de Planificación Urbana y que las nuevas incorporaciones suceden cada vez que hay un nuevo PGOU. En otras palabras, como dice el antes entrecomillado párrafo, esta cuestión queda “a juicio de los servicios técnicos municipales, (cuando) tenga cierta relevancia” si así lo consideran.

Volveremos sobre esto último. Ahora sigamos. Dado que el régimen de sesiones ordinarias de la CPB plantea una periodicidad mensual, siempre que existan asuntos a tratar (por cierto, ¿quien decide si hay asuntos a tratar?), se supone que la solicitud del AMPA del Cervantes y los vecinos de Abando será estudiada en breve, antes del 15 de agosto. También cabe la posibilidad de que, a solicitud de la Presidencia de la Comisión, pueda realizarse una sesión de carácter extraordinario, siempre y cuando se convoque a todos los miembros con una antelación de cuarenta y ocho horas. Esperemos que en sesión ordinaria o en una extraordinaria la solicitud presentada sea debatida con urgencia porque la licencia de derribo del conjunto cuya protección se demanda ya ha sido solicitada por la propiedad, aunque todavía no concedida. Se está a tiempo para el debate.

El motivo por el que quería escribir sobre esta CPB desde hace meses es por la extrañeza que me provocan los integrantes que la componen. Dado que los valores que usualmente se protegen en estos edificios y lugares son de carácter histórico, artístico, simbólico, botánico o arqueológico parecería lógico que sus integrantes fueran, a medias, arquitectos e historiadores, con la colaboración puntual de arqueólogos, botánicos y algún sociólogo urbano.

Arquitectos por cuanto se trata de piezas urbanas con cuyas presencias la gestión municipal debe lidiar en la actualidad de cara al futuro; e historiadores porque los valores y cualidades que les hacen ser merecedores de conservación y transmisión al futuro se basan en las investigaciones y análisis históricos que los han sancionado como relevantes o singulares.

Si lo que convierte a estos edificios en elementos singulares es una cuestión de historia cultural ¿por qué el Área de Cultura no tiene responsabilidad sobre sus decisiones? ¿o por qué, al menos, no la tiene en la misma medida que Planificación Urbanística, que es el Área de la que hoy por hoy depende en exclusiva? Sin ir muy lejos, tanto en el Gobierno Vasco como en las Diputaciones Forales los temas del Patrimonio son competencia de los respectivos departamentos de Cultura y no de Urbanismo u Ordenación del Territorio.

En cuanto a los integrantes de la CPB, lo que dice su norma “Segunda: Composición de la Comisión del Patrimonio” es lo siguiente:

“La composición de la Comisión será la que se expone a continuación:

  • La Presidencia corresponderá a la Delegación del Area de Urbanismo o a quien, en cada caso, designe su Concejal Titular (es decir, Asier Abaunza; menciono el nombre de los actuales titulares).
  • La Secretaría será desempeñada por una persona licenciada en derecho, adscrita a la Subárea de Licencias (Carmen Cayuela).

Serán vocales las siguientes personas:

  • La titular de la Dirección del Area de Urbanismo (Mikel Ocio).
  • Dos profesionales con titulación superior en Arquitectura, pertenecientes a la Subdirección de Licencias y Disciplina Urbanística (Ana Alcíbar y Aitor Iriarte).
  • Una con la misma titulación técnica, designada por la Presidencia de entre el personal del Area o Sociedades vinculadas a la misma (Pedro Ispizua).
  • Una persona nombrada por el Departamento de Cultura de la Diputación Foral de Bizkaia (José Miguel Agirregomezkorta).
  • Tres profesionales de la materia designadas por la Presidencia, una de las cuales lo será a propuesta del Colegio de Arquitectos Vasco-Navarro (Mª Jesús Cava, Ibon Areso y Nerea Etxarri)”.

Esto es, un ingeniero agrónomo, una abogada, siete arquitectos y una historiadora. ¿Parece normal y justificado? La pregunta es si los valores de la Historia están representados en equilibrada relación con los valores tecnócráticos del Área de Urbanismo. Desde luego que no. Los integrantes de la célebre Comisión de Monumentos de Vizcaya, fundada a principios del siglo XX en Bilbao, responsable de la publicación pionera Boletín de la Comisión de Monumentos de Vizcaya, no tendrían encaje en esta CPB: salvo por la presencia del omnisciente ingeniero Pablo Alzola y un par de arquitectos (Basterra e Ispizua), todos los demás eran historiadores y fueron muchos: Guiard, Echegaray, Quadra Salcedo, Vázquez, Mazas, Artiñano…, siendo estos quienes lograron convencer a los arquitectos que existían edificios cuyo derribo no debían consentir, como si carecieran de importancia, para construir en su lugar otros nuevos.

La sensación que transmite esta CPB es que se trata de un organismo creado para defender las decisiones ya tomadas por el Área de Urbanismo y aquellas otras que esté determinado a tomar, pero no para proteger el Patrimonio edificado. Repasando las Actas de la CPB, lo que salta a la vista de inmediato es que la suya no es vía fructífera para la inclusión de nuevos edificios patrimoniales ni para defender arquitecturas que -por la razón que fuere- quedaron excluidas en la elaboración del listado del PGOU en su día, sino más bien para lo contrario, para rebajar de categoría y eliminar protección a los edificios que están “amparados” en el actual PGOU desde su entrada en funcionamiento, esto es, desde 1995.

Que los tres únicos miembros de la CPB no vinculados al Area de Planificación Urbana sean propuestos por el Presidente de la Comisión deja bien claro que no se quieren oír voces disidentes. Además, una de esas voces fue no hace mucho tiempo responsable técnico y después político en esta Área, otra voz está ligada a la Universidad de Deusto y la tercera al Colegio Oficial de Arquitectos Vasco-Navarro, que recibe jugosas subvenciones municipales para alguna de sus actividades, como el BIA. Poca discrepancia, seguro. Con todo, la voz del COAVN es la única que suele disentir de la unanimidad oficial.

Causa indudable asombro que, estando presentes en esta CPB casi los mismos técnicos que en 1995 elaboraron el PGOU, se vean ahora en la tesitura de auto-rectificar muchas de las decisiones que tomaron entonces para proteger el Patrimonio: donde entonces se dijo protección nivel B ahora se dice C y donde se decía C ahora se rebaja a D y donde se señaló D ahora se deja pasar como carente de interés. Los intereses inmobiliarios -que no quieren tener barreras ni límites- están detrás de estas auto-rectificaciones.

Me temo que no hay mucho debate en el desarrollo de las sesiones del CPB. Cómo, si no, se entendería el derribo del edificio industrial de José Mª Escuza 4 o la volatilización del inmueble de Cromoduro, o la “okupación” del dique seco de Euskalduna… Con lo que decidan sobre la solicitud de protección en el nivel B del PGOU para la parcela Lersundi-Barraincúa-Heros se retratarán: como instrumento manejable en favor de intereses inmobiliarios privados o como defensores de una ciudad amable para sus residentes y con memoria de los indiscriminados bombardeos sufridos por la población durante la guerra civil, al haber sido la primera ciudad en Europa que los padeció a cargo de la aviación nazi.

boletín-001

 

Basílica de Aránzazu, hace 50 años.

aran 3

Las recientes exposiciones inauguradas por la Fundación Oteiza, en Alzuza (Navarra), y Gandiaga Topagunea, en Aránzazu (Oñate, Gipuzkoa), merecen más de un comentario, pero me voy a limitar de momento a recordar la época y las circunstancias religioso-políticas que rodearon la terminación de la estatuaria de la fachada del templo por parte de Jorge Oteiza. El aniversario que celebra el medio siglo transcurrido desde aquel momento ha ofrecido a Elena Martín Martín, Conservadora de la Fundación, la ardua tarea de recuperar aquel excepcional momento creativo mediante el comisariado de ambas exposiciones, presentando cientos de documentos, tanto artísticos como textuales, que nos adentran en las complejidades extraordinarias que se vivieron. Acertadísima decisión de actuar conjuntamente por parte de Juan Ignacio Larrea (Franciscanos de Aránzazu) y Gregorio Díaz Ereño (Fundación Oteiza), espléndido trabajo de Elena Martín y eficaz resolución museográfica de los montajes a cargo de Javier Balda. Recordemos un poco…

Desde mediados de los años 70 y hasta hace no mucho tiempo los libros de historia del arte en el País Vasco recogieron de manera más o menos destacada un capítulo dedicado a exponer los acontecimientos artísticos (a veces, con mención a los aspectos sociales y políticos anexos) derivados de la construcción de una nueva basílica en los roquedales de Aranzazu. Un templo que necesitó cinco años (anteproyecto, 1950; proyecto y construcción, 1951-55) para culminarse, si bien algunas graves cuestiones de su inconcluso programa artístico no encontrarían remedio hasta 1968-69.

Fue a partir de estas fechas cuando la historia vasca del arte acogió el episodio del templo como el síntoma más claro del renacimiento de la vanguardia artística local y, también, del resurgir de una personalidad política que, en tiempos de desolación autocrática y represión policial, pugnaba no ya sólo por sobrevivir sino, sobre todo, por adaptarse a las nuevas circunstancias ideológicas.

Con anterioridad a aquel año 69, la basílica de Aranzazu tan sólo había recibido el reconocimiento de los analistas de la arquitectura, pero muy poca celebración escrita por parte de los especialistas en arte. Ello tuvo una explicación: como construcción arquitectónica Aránzazu se completó en 1955 y, por tanto, pudo ser vista desde entonces como una obra acabada, una obra que señaló una luz nueva dentro del tradicionalista y conservador panorama de la arquitectura hispana hasta comienzos de los años 50, sobre la que cayeron -como a cualquier otra actividad de la vida española entonces- los férreos controles de un régimen que pretendió, entre otras cosas absurdas, alumbrar un nueva arquitectura imperial.

Sin embargo, desde el punto de vista del arte, algunas obras capitales habían quedado inacabadas y otras fueron ‘desaparecidas’ en el Santuario. Por ello, a pesar de las fuertes personalidades artísticas que habían intervenido en las distintas fases del proceso artístico -Jorge Oteiza, Eduardo Chillida, Carlos Pascual de Lara, Lucio Muñoz, Néstor Basterretxea…-, la historia artística de Aránzazu era la historia de una enorme frustración encarnada -y mantenida como una herida abierta y viva durante los años que se tardaron en corregir los errores cometidos- por Jorge Oteiza.

Esta sangre o dolor que surgió en Aránzazu fue conformadora de un mito ya que “el proceso de individuación efectivo -el acuerdo consciente con el propio centro interior (núcleo psíquico) o ‘sí-mismo’- empieza generalmente con una herida de la personalidad y el sufrimiento que la acompaña” (Marie-Louise von Franz). Una herida sobre la que pocos años después el arquitecto Juan Daniel Fullaondo, en su Oteiza. 1933, 68, reflexionó en un capítulo titulado “El drama de Aranzazu” junto a una transcripción del poema “Androcanto y sigo”, con los que por primera vez subrayó la capitalidad del acontecimiento artístico-constructivo y su condición de “catástrofe”. Fullaondo se encargó de exaltar míticamente lo allí acontecido al apuntar que “la obra de Aránzazu es uno de los ejemplos, raros en España, del estímulo ofrecido ante una gestión colectiva, integral, intercomunicante, entre los diversos factores de un mismo proceso. Bastaría comparar los aspectos parciales ofrecidos independientemente por cada parte con las visiones, fruto de una reconsideración en común, para comprender todo el asombroso panorama de enriquecimiento espiritual”.

Ahora sabemos bien que el “equipo” en realidad no existió más que en las buenas intenciones y mejores deseos de algunos, pero la idea de equipo mítico, surgido compacto y con ideas claras desde un comienzo, en estrecha y continua comunicación tanto creativa como teórica, en la línea de los germinales “Dau al Set” catalán o “El Paso” madrileño, ya está aquí madura, sobre todo teniendo en cuenta que poco antes Fullaondo había asegurado que “prácticamente, la totalidad del equipo acabará residiendo en Oñate. Y durante tres años, Aránzazu se convertirá en uno de los centros más significativos del desarrollo artístico de nuestra posguerra”.

Que las cosas no fueran exactamente así no viene al caso ahora, lo que importa es señalar una de las fuentes nutrientes del mito artístico: Juan Daniel Fullaondo. Sin entrar en lo concerniente a Aránzazu, este fino analista publicó poco después otro libro fundamental, centrado ahora en aspectos de estética comparada, titulado Oteiza y Chillida en la moderna historiografía del arte. En este libro Fullaondo transmitió una idea clave en relación con Oteiza, una idea de orden bíblico y afán de trascendencia, al interpretar que el escultor concebía la historia del arte como “un recorrido de proposiciones hacia la inmortalidad” y que el ser estético era “la zarza que arde sin consumirse”.

Inmortalidad y fuego, o sea, resistencia y lucha; dicho en otras palabras, “somos en la medida en que pugnamos por ser”. Frases como ésta, que en Fullaondo no tenían ninguna intencionalidad política, fueron leídas e interpretadas con otros ojos por gentes que, en muchos casos, estaban abandonando masivamente los Seminarios vascos y encontraban en ellas un trascendentalismo estético con oportunas implicaciones sociales y políticas para cubrir el hueco dejado por la burocrática trascendencia teológica que, precisamente, en el apogeo de su soberbia, había logrado sofocar el proyecto escultórico de Aránzazu.

aran 2     aran 1

En todo caso, la idea de “equipo excepcional” no era de Fullaondo; él se encargó de afirmarlo y darle dimensión (Santiago Amón la difundió evangélicamente), pero la idea venía de Oteiza. En su ¡Quosque tandem…! escribió que “en Aránzazu (se tuvo) un equipo de arquitectos y artistas que hoy sabemos que en ese momento hubiera sido muy difícil de hallar otro más completo y responsable profesionalmente en Europa”. Por supuesto, fue Oteiza quien se encargó de mantener viva la llama del agravio y la cuenta pendiente de Aránzazu entre 1953 (año de la interrupción de su trabajo escultórico) y 1968-69 (momento en que éstas se retomaron y acabaron).

El punto de inflexión crítico para Aránzazu, en lo concerniente a su historiografía artística, fue el periodo de tiempo comprendido entre 1968 y 1976. El momento en que Aránzazu dejó de ser un “drama” y se empezó a convertir en un “mito” se sitúa entre el reinicio de la terminación estatuaria oteiciana en la fachada, coincidente con la muerte del primer miembro de ETA que moría tras haber matado (Txabi Etxebarrieta, 7 de junio de 1968), supuestamente representado al pie de la Virgen como heroico y abatido hijo del Pueblo-Dios, y el asesinato de Jesús Mari Zabala en Hondarribia (8 de setiembre de 1976). La primera fecha cerró un periodo de tiempo, el de la abrupta posguerra, y con la segunda acababa, entre estertores, otra etapa, la del franquismo recalcitrante. En medio sucedieron el juicio de Burgos, los Encuentros de Pamplona, la muerte de Franco y un creciente protagonismo de ETA.

Se podría decir que muchos jóvenes vascos nacidos, más o menos, entre 1945 y 1955, que en su infancia y juventud habían oído hablar de Aránzazu como un problemático asunto religioso, comprendieron hacia 1970-75 que Aránzazu (concretamente, el acabamiento de la estatuaria) era el gozne sobre el que giraba la puerta que clausuraba un ciclo e iniciaba otro conducente a un tiempo distinto con un nuevo orden social, si, pero político también. ETA intuyó la importancia del arte como aglutinante de las nuevas generaciones y, así, durante los Encuentros de Pamplona de 1972, los cuales saboteó, hizo pública la única declaración de contenido artístico con la que se atrevió a sermonear.

En el permiso eclesiástico que autorizaba la conclusión de los trabajos de la estatuaria deben verse tres tipos de razones: (1) los nuevos aires de puesta al día procedentes del Concilio Vaticano II, clausurado en noviembre de 1965, (2), la ceremonia de Consagración de la nueva basílica que estaba prevista -y así fue- para el 31 de agosto de 1969, con motivo del V Centenario de la Aparición de la Virgen (los apóstoles se colocaron entre el 12 y el 17 de junio, pero la Piedad no llegó a tiempo, se subió el 21 de octubre), y (3) la sangría de jóvenes que estaban sufriendo los Seminarios vascos ante el anquilosamiento jerárquico e ideológico de la Iglesia Católica.

En la atención prestada por los sectores de la izquierda (radical vasca o no) al arte y, en particular, al problemático templo franciscano hubo varias motivaciones. Unas eran míticas y simbólicas: Aránzazu situado en lo alto de unos peñascales, ancestral sacro-monte, en un lugar indómito dentro de la Euskadi profunda, junto a los barrancos pero proyectada hacia las cumbres, donde las costumbres y el “ser” vasco se suponían mejor  conservados y protegidos de perversiones y acechanzas, de una parte; otras motivaciones eran caracteriológicas: el espíritu de resistencia, el de Oteiza, que al cabo del tiempo, tras atravesar un desierto de incomprensión e injusticias, conseguía culminar su obra de piedra, duradera, para siempre.

Como cierre de un círculo perfecto, la imagen de la Piedad fue utilizada años más tarde, para denunciar en un cartel que inundó las calles de Euskal-Herria la muerte del joven Jesús Mari Zabala por parte de la policía en Hondarribia el 8 de septiembre de 1976; “Zabala hil zuten” gritaba el cartel con letras desgarradas sobre la piadosa imagen de Aránzazu. De este modo, se produjo una significativa transferencia simbólica: si la imagen de piedra de la madre de Dios con su hijo muerto era, en realidad, la de una madre vasca con el sacrificado militante Etxebarrieta a sus pies (así se insinuó con insistencia), mediante el cartel que reutilizaba esa imagen en alusión a la muerte violenta de un hombre no guerrillero, Zabala, se hacía que el fallecido no fuera ya un soldado, esto es, un luchador consciente, sino cualquier individuo, o sea, todos, un pueblo entero que se movilizaba desde su inconsciente colectivo.

Así, la Piedad oteiciana, alejándose de su original significado religioso, pasó sucesivamente a representar la resistencia que vence, el sacrificio del hijo predilecto y la muerte del inocente. El mito simbólico-político ya estaba construido, y recuérdese que mediante el estudio del mito (se profundiza) en el conocimiento del pensamiento y la vida humanas, en la que el hombre no sólo es considerado un animal político, sino también un animal simbólico.

aran 4

 

Nada parece tan verdadero que no pueda parecer falso.

Asier Abaunza, concejal de Obras, Servicios, Rehabilitación Urbana y Espacio Público, en el Ayuntamiento de Bilbao, compareció ayer por la mañana en una comisión durante la que fue preguntado por representantes del Partido Popular, Elkarrekin Podemos y EH Bildu sobre del conflicto existente entre la AMPA del Colegio Público Cervantes y los vecinos del barrio de Abando, de un lado, y el Obispado de Bilbao, por otro, el cual quiere llevar a cabo en su propiedad del colegio y patio de recreo de la Escuela de Magisterio BAM un proyecto de unificación de sus diversas actividades diocesanas actualmente repartidas por el territorio.

La esencia del conflicto es conocida: el Obispado quiere colmatar la parcela de su propiedad, tras eliminar el edificio existente y ocupar con una nueva construcción el solar liberado más el patio de recreo hasta ahora libre de ocupación, mientras que los vecinos demandan que el lugar quede como está, tras abrirlo al barrio como jardín público, reutilizando el edificio existente con otras actividades.

Abaunza no convenció en sus intervenciones a pesar de utilizar un tono tranquilo y mesurado, la claridad de las argumentaciones esgrimidas y el respaldo normativo con que acorazó las razones que fue desgranando ante las preguntas de unos y otras. No obstante, el tono tranquilo utilizado, en ocasiones, era un manto que apenas llegaba a cubrir una tensa irritación difícil de disimular. Acusó de falsedad al relato de la representante de Elkarrekin Podemos, Carmen Muñoz, a la que no contestó su pregunta de por qué se había incluido al BAM en la retirada del uso docente, aplicable “en los casos extremos, como los colegios públicos sin actividad“, dado que no es público, escurriéndose por la gatera de rectificarle a Muñoz que uno de los otros colegios citados por ella no era público sino privado, y dejando sin responder al meollo de la pregunta, y alabó, por contra, a la de EH Bildu, Jone Goirizelaia, aunque ésta habló con claridad de “pelotazo” urbanístico. Afinidades electivas, llamó a eso Johann W. von Goethe.

El comienzo fue decepcionante, pues inició su comparecencia con una frase ciertamente desoladora: “No hay mucho que contar al respecto” del citado conflicto. ¿En serio?, nos preguntamos, ¿no hay mucho que contar?; tras semanas de reuniones a varias bandas, manifestaciones callejeras, escritos de opinión aquí y allí, pancartas cubriendo los balcones del barrio, una solicitud al Gobierno Vasco de incoación como Bien Cultural…, ¿no hay mucho que contar? Luego resultó que sí había bastante para contar; digamos que la frase fue una retórica, evangélica y relativista manera de empezar a hablar.

Las trincheras en las que se parapetó fueron las siguientes:

  • No es verdad que se haya incrementado el triple la edificabilidad del solar, que de los 4.500 m2 edificados actuales se haya pasado a la posibilidad de edificar 12.500 m2, pues ya tenía la edificabilidad que ahora le sirve para levantar ocho pisos sobre rasante y excavar cinco plantas subterráneas y la tenía desde desde el Plan General de la década de los años 80.

Cierto, pero siempre que esos 12.500 m2 se ajustaran a lo determinado por la calificación del solar, que entonces era “equipamiento docente”, siendo obvio que bajo esa premisa “docente” carecía de sentido construir 8.000 m2 más, cuando los 4.500 m2 que ya tenían en funcionamiento les resultaban incluso excesivos; esa edificabilidad la tenían, cierto, pero con un cepo que impedía sacarle provecho, el cepo “docente”; al recalificar el solar, admitiendo su pase a “equipamental otros usos”, de pronto, esos 8.000 m2 de más a los que tenían derecho, por edificabilidad atribuida, se convirtieron en operativamente muy rentables. Aunque la capacidad existía, como “docentes” esos m2 no servían de nada, pero como “otros usos” se convirtieron en oro.

  • El Ayuntamiento no sabía, cuando procedió a la recalificación del solar, que el Obispado vendería a Mutualia gran parte del edificio que pensaba construir en principio para destinarlo a sede única de sus servicios diocesanos. No lo sabía y no tenía por qué saberlo ni le importaba estar ajeno a esa información. Se trata de una operación entre “particulares” ante la que el consistorio no tiene nada que decir. La calificación de “otros usos” permite instalar en el nuevo edificio una clínica, entre otros varios usos, pudiendo ser la clínica propiedad de Mutualia, del Obispado o de cualquier otra entidad.

Es posible; si “otros usos” lo autoriza, pues vale, es posible. Lo que resulta llamativo es que al Ayuntamiento no le importe carecer de esa información en el momento de la recalificación y que, una vez conocida, le resulte indiferente el lugar de la ciudad en donde se instale una clínica. Tomamos nota: a este Ayuntamiento no le importa ignorar ciertos hechos que influirán en el empeoramiento de la vida cotidiana en un barrio de la ciudad.

  • El Ayuntamiento no es favorable en absoluto a una permuta de la edificabilidad, ofreciéndosela al Obispado en otro lugar de Bilbao en base a quedarse en manos municipales el solar de Barraincúa. Una permuta es una expropiación, dice, y eso se paga con dinero en metálico o con dinero en especie, ya que si se ofrece una edificabilidad en otro lugar a la que el Ayuntamiento como propietario tiene derecho, se trata de una edificabilidad cuya rentabilidad el municipio pierde. O sea, que por una permuta el Ayuntamiento paga, en “cash” o con las joyas de la abuela.

Cierto, pero no lo es menos que, por otra parte, adquiere un solar en el centro de la ciudad que pasa a ser suyo para disfrute de los vecinos. La ciudad gana y el Ayuntamiento cambia un beneficio futuro e hipotético allí por un beneficio real e inmediato aquí. Se paga, sí, pero también se recibe.

  • En cuanto a la solicitud de incoación de un expediente para la declaración de Bien Cultural remitida al Gobierno Vasco y cuya copia se hizo llegar asimismo al Ayuntamiento, el concejal se limitó a decir que estarán a lo que el Gobierno Vasco les diga; si hay incoación habrá consecuencias, pero mientras no haya incoación el proceso habitual de licencias y permisos seguirá adelante.

Dio la impresión de que nadie, ni el concejal que respondía ni los concejales que preguntaban, había leído el contenido de la solicitud. En ella hay mucho más que una mera solicitud de declaración de Bien Cultural; hay un argumento y una propuesta concretas relacionadas con un hecho dramático de la guerra civil ocurrido en este edificio y las víctimas de los bombardeos que, evidentemente, desconocían porque no lo mencionaron, siendo lo más relevante de esa solicitud.

La intención de presentar al Ayuntamiento la solicitud de declaración de Bien Cultural dirigida al Gobierno Vasco no era solamente la de tenerle informado, sino también la de que, en caso de que el Gobierno Vasco no considerase el conjunto de edificio-arbolado-patio merecedor de la categoría de “jardín histórico” o “lugar cultural”, el Ayuntamiento se planteara en su nivel competencial otorgarle un rango de protección que cupiera en el nuevo Plan General de Ordenación Urbana. Es verdad que Lakua no tenia este lugar en su listado de “monumentos” bilbaínos a proteger, cuando esa información le fue requerida desde la oficina de Planeamiento, pero el Ayuntamiento sí puede tenerlo por decisión propia, incluso los dos podrían tenerlo ahora, después de haberse descubierto un documento de 1938 en el que se desvela un acontecimiento ocurrido en este antiguo colegio de las Carmelitas que hasta ahora resultaba desconocido.

La oferta de peatonalizar ese tramo de la calle Lersundi y el porche de “doble altura” que ofrecería el nuevo edificio frente al Colegio son como un chiste. No es eso lo que la AMPA y los vecinos quieren, sino que el lugar quede como está, sin tapias, abierto a las calles.

El Obispado no va a renunciar a su postura, “clara y diáfana“, según Abaunza. Los vecinos y la AMPA tampoco van a renunciar a la suya, no menos clara y diáfana. Así están las cosas. El Ayuntamiento dice que su tarea es “el bien general” y a propósito de esto recuerdo que el escritor, filósofo, humanista y moralista francés Michel de Montaigne dijo una vez que “el bien público requiere que se traicione, que se mienta y que se masacre“, y en otra ocasión escribió que “yo no cito a otros más que para expresar mejor mi pensamiento“. Por eso mismo le cito yo a él y acabo con otra suya: “Nada parece tan verdadero que no pueda parecer falso“. Por cierto, Montaigne, perfecto ilustrado del Renacimiento, fue uno de los mejores alcaldes que ha tenido Burdeos a lo largo de su historia.

propuesta patio-magisterio

Café La Granja (y II): rehabilitación y simulacro.

Estrictamente, en el Café La Granja restauración hubo poca: algunos techos, las ménsulas simuladas de las columnas (probablemente vestigios de la decoración que tuvo el Banco Hispano-Americano), un par de vidrieras que sobrevivieron a la catástrofe…, no más.

Para la rehabilitación del local, se procedió a las siguientes actuaciones:

* eliminaron la barra preexistente e instalaron una nueva, más amplia, con antepecho de madera que incluía algunos elementos decorativos de inspiración clasicista basados en los existentes en la barra anterior,

barra
Barra del bar realizada e instalada en 1984.

* repusieron a modo de zócalo elevado el empanelamiento de madera a lo largo de los muros perimetrales de la zona pública, puesto que los anteriores paneles-zócalo habían desaparecido con las inundaciones; esta madera era de mejor calidad que la preexistente si bien la imitaba,

* instalaron en techos y paredes una docena de genuinas y preciosas luminarias “art-decó”, procedentes del Teatro Coliseo de Sevilla y adquiridas en esa ciudad, en sustitución de los desnudos neones y las neutras tulipas redondas anteriores,

* sustituyeron la deteriorada y elemental barandilla de madera envolvente de la escalera de descenso al sótano por otra barandilla de madera tallada,

* sustituyeron el suelo anterior, desgastado y dañado en su totalidad, por otro suelo de semejante estilo con baldosas hidráulicas de la empresa vitoriana La Vasco Catalana,

* incorporaron mesas y sillas nuevas, de un neutro estilo “café principios siglo XX”,

* se recrearon los plafones del techo, con mantenimiento de alguno y copia o trasunto de otros,

* incluyeron ménsulas falsas -a imitación de las también falsas existentes en las columnas- en la parte superior de unas nuevas y decorativas pilastras adheridas a las paredes perimetrales orientadas a la zona pública, y que simulaban ser apoyo de las cajas de ventilación,

* por supuesto, limpiaron y pintaron las paredes con tonos claros que dejaban atrás los apagados y plásticos ocres y verdes, añadiendo abundante purpurina tipo “oro viejo” en molduras y cenefas.

Poco fue lo que se pudo mantener del anterior local, en parte porque no valía la pena, en parte porque había quedado inutilizado. Al margen de lo estructural (columnas, vanos y muros), las pervivencias fueron estas:

* la espacialidad del local,

* su actividad como café,

* unas pequeñas decoraciones en la parte superior de las columnas que simulan ser ménsulas de apoyo para las vigas, pero que son escayolas meramente decorativas y que ocultan los capiteles de hierro originales, y

* dos vidrieras emplomadas de muy simple diseño.

vidrieras
Vidrieras recuperadas del local anterior.

Naturalmente, esta intervención sorprendió a cuantos la contemplaron el día de su apertura al público. El Café La Granja se presentaba rejuvenecido, recuperado, brillante, de hecho, con unos brillos que nadie recordaba que hubiera tenido antes.

No era de extrañar, el nuevo local era la creación o re-creación de un café al estilo de los años 20, pero todo aquello que le confería ese aspecto restaurado no lo era en realidad, pues bien era nuevo o bien era adquirido en otro lugar, traído e instalado aquí.

La operación tuvo algo de parque o local temático: se había implementado ex novo una ambientación tipo “café años 20” en un espacio que venía siendo café desde los años 20. Un local temático a la manera de los pubs irlandeses decorados con “memorabilia” alusiva de anejo aspecto, pero recién fabricada, o los restaurantes de carácter “far-west” en los que no faltan detalles peliculeros facilitados en cerrado “kit” por un proveedor de decorados.

Fue la identidad entre origen histórico y la nueva ambientación historicista lo que hizo creer a cuantos lo vieron entonces que, realmente, había existido una restauración. No era cierto, lo que hubo fue una bonita invención.

El Café posterior a las inundaciones era muchísimo más atractivo que el anterior, pero prácticamente todo era copiado, incorporado desde otros ambientes, replicado, imitado… La idea que se estableció en el imaginario colectivo era que el Café había sufrido una degradación con el paso del tiempo, pero que había logrado recuperar su inicial esplendor. El asunto tenía sus matices épicos y míticos: como el Ave Fénix, de la tragedia de las inundaciones había surgido un escenario renacido y mejorado, algo muy conveniente para una ciudad traumatizada.

Lógicamente, los servicios de protección de Patrimonio Histórico-Artístico del Gobierno Vasco, incluido su Asesor de Bellas Artes, que era yo mismo entonces, no encontraron ningún inconveniente en autorizar esta fantasía: respetaba lo fundamental de la arquitectura y aportaba una atractiva ilusión ficticia basada en la continuidad del negocio anterior.

Si los promotores hubiesen planteado un proyecto que recreara un club inglés o un salón de Alta Costura también habrían conseguido la autorización preceptiva, con tal de que respetaran lo arquitectónico. Nadie les exigió que ahondaran en los supuestos orígenes históricos del café; salió de su iniciativa y, comercialmente durante un tiempo, mientras la Plaza Circular no cambió su naturaleza, fue un acierto. Faltaba muy poco tiempo para que esa naturaleza variara en sustancia y la explotación del enorme café dejara de ser rentable.

Las normativas de habilitación de locales hosteleros vigentes en 1983 influyeron en la habilitación, ya que el espacio anterior a las inundaciones, en su obsolescencia funcional, no cumplía muchos requisitos (salidas de emergencia, prevención de incendios, conducciones de ventilación, montacargas…) que influyeron en la manera y forma en que se acabó la puesta a punto, digamos, la puesta en escena.

Si tenemos en cuenta, por tanto, que el estado que mantuvo el Café La Granja hasta el momento de haberse convertido en un negocio muy distinto tiene poco más de 30 años, no se puede recurrir a lo histórico de su ambientación para resaltar ese valor. Podríamos apreciar lo acertado de la re-creación, pero siendo conscientes en todo momento de que nos encontrábamos ante un simulacro y que para que una simulación historicista alcance valor patrimonial deben transcurrir algo más de tres décadas, más bien siglos.

Realmente, las singularidades del Café La Granja eran escasas y de carácter más bien inmaterial y sentimental:

(a) En primer lugar, la espacialidad del local, amplia y diáfana; no quedan comercios de semejantes dimensiones en edificios históricos bilbaínos. Esta circunstancia mantenida como mínimo durante los noventa años de vida del café respondía al deseo de la propiedad, quien pudiendo segmentarlo en partes no quiso hacerlo; una cuestión de voluntad (modificable) del propietario, no del arrendatario del local.

(b) En segundo lugar, la continuidad de la función hostelera; es raro e infrecuente encontrar comercios con semejante duración continua en el tiempo. El Café La Granja ha sobrevivido a dictaduras, guerras, cambios políticos, crisis económicas, pobreza general, desarrollismo económico, ebulliciones financieras, conjuras subversivas…

(c) En tercer lugar, los elementos arquitectónicos originales diseñados por Severino Achúcarro, sin modificaciones en fachadas, vanos, estructuras portantes…

En consecuencia, de los tres valores reseñados uno es inmaterial, la continuidad, otro es físico, los elementos arquitectónicos originales, y el tercero es mixto, la espacialidad. La suma de todos ellos da como resultado:

(d) Un cuarto valor inmaterial, la sentimentalidad ligada a las experiencias personales, humanas y sociales, vividas en ese local por parte de varias generaciones de usuarios del servicio hostelero que ha venido ofreciendo.

Con la mirada puesta en la conservación de los valores patrimoniales y artísticos debe tenerse en cuenta que en este local se ha dado la confluencia de dos propiedades: la del local en sí y la del negocio que se ha desarrollado en el local, es decir, la del bien inmueble y la de los bienes muebles. El negocio cesó en su actividad hace tres o cuatro años y, en consecuencia, la propiedad del negocio retiró del local todo lo que era de su pertenencia allí instalado desde 1984: mesas, sillas, lámparas, espejos, percheros, vajillas, maquinaria…, lo único que ha permanecido de esa propiedad es la barra del bar, por tratarse de un elemento demasiado pesado y grande para su traslado, cuya eliminación tampoco representaría ningún daño patrimonial por tratarse de un trabajo de ebanistería reciente de gusto un tanto convencional y kitsch.

Es decir, todo lo que en 1984 le dio un ficticio carácter de café antiguo ya no está. Sólo queda el bien inmueble representado por el puro local, desnudo y vacío. Ironías del destino, tras la retirada de los bienes muebles el local volvió (casi) a la misma situación que tuvo tras las inundaciones de 1983.

Uno de los riesgos recientes que ha empezado a correr la autenticidad del patrimonio es lo que podríamos denominar como “parquetematización” histórica, una suerte de “disneylización” de épocas pasadas, es decir, la creación ex novo de ambientes, decoraciones y arquitecturas que, mostrando un aspecto añejo, ejecutados con irreprochable calidad y verosimilitud, sin embargo, son de reciente creación o agrupación con el objetivo de dar a luz una imagen real, pero falsa. Esta tendencia busca el establecimiento de atractivos turísticos que movilicen y satisfagan un concreto sector económico, y se inscribe en la línea de la no-verdad tan propia de los actuales tiempos.

Un público o una sociedad poco exigentes se conforman con estas máscaras teatralizantes, dándolas por buenas cuando se pretende poner fin a un bien patrimonial genuino. Se empieza derribando el interior de un edificio histórico para mantener sólo su fachada y se termina demoliendo todo el inmueble porque la fachada ya la levanta de nuevo el promotor de la obra con la misma imagen o incluso, si se quiere, con una imagen mejorada. La arquitectura genuina, sus estructuras portantes y la organización de los espacios interiores de tales inmuebles pasan a considerarse valores de segundo orden frente al valor de la máscara, de lo inmediato visible.

 

Café La Granja (I): antecedentes e inundación.

Estos últimos días se viene hablando mucho del local que acogió durante décadas al Café La Granja debido a que el proceso de rehabilitación para adaptarse a las nuevas funciones comerciales de su actual propietario está finalizando. Se oyen abundantes lamentos acerca de la supuesta pérdida patrimonial que han traido estos cambios. No hay motivo: el Café La Granja que hemos conocido durante las casi últimas cuatro décadas fue un gran y vistoso simulacro, en otras palabras, una mentira.

Este café bilbaíno ha venido ocupando la totalidad de la planta baja del edificio número 3 de la Plaza Circular desde 1926. Se conocen algunos de los usos anteriores ubicados en esa planta baja, pero no se tiene certeza acerca de si cada uno de aquellos negocios ocupó la totalidad del espacio o si varios de ellos coexistieron, unos junto a otros, compartimentando el local. Desde que el edificio se puso en marcha, 1891, hasta que se abrió el café, 1926, pasaron treinta y cinco años. Es mucho tiempo para saber con exactitud qué sucedió en esa planta baja, pero lo más verosímil, dada la amplitud del espacio, es que en ocasiones tuviera varios arrendatarios, ocupando dos o tres sub-divisiones. Entre 1918 y 1926, es decir, justo antes del Café La Granja, ahí tuvo su primera sede local el Banco Hispano-Americano, ocupando la totalidad del local.

La calidad de Severino Achúcarro como arquitecto del inmueble se hizo patente en los interiores domésticos de los pisos superiores que albergaba y las fachadas que cerraban el conjunto, pero también dejó su huella en los elementos estructurales de esta planta baja: las fachadas exteriores ofrecen una sillería de calidad con sutiles notas de ornamentación y las columnas interiores son esbeltas y estriadas, con un acabado delicado y elegante, y un reparto que soslaya la irregularidad de la planta del solar con una distribución lógica no condicionante de las futuras funciones que pudiera acoger.

Este buen hacer en el diseño de las estructuras portantes la aplicó Achúcarro también en la planta sótano, erigiendo unas poderosas columnas de sillares con sección cuadrada y ancho pedestal.

Los historiadores suelen repetir –siguiendo crónicas periodísticas de la época- que el modelo adoptado por el empresario hostelero para acondicionar este local fue el de los grandes establecimientos de café franceses. Sin embargo, no sabemos cómo fue con exactitud en origen, no se conservan fotografías de aquellos tiempos y, más allá de la extraordinaria amplitud y altura del local, no conocemos ninguna otra característica que pudiera haberlo singularizado como un café de refinado gusto y exquisita decoración.

Más bien parece que nunca fue así y que, aparte de la larga barra y un número amplio de mesas y sillas distribuidas entre paneles separadores de madera, no hubo una ornamentación especialmente notable. De haber existido se habría conservado o, al menos, conservaríamos testimonios fotográficos, como en el caso del desaparecido Café Lion d’Or, en el cercano 5 de Gran Vía. Ni lo uno ni lo otro. Por su buen ambiente, excelentes materiales, empanelados de caoba, espejería y luminarias, veladores y divanes, elegante marquesina…, la gente refinada de Bilbao acudía al Lion d’Or (con su famosa tertulia de artistas y escritores locales); y la gente de paso, a La Granja.

De otra parte, la memoria de los bilbaínos que, por edad, pudimos conocer el Café La Granja en los años 60 y 70 desmiente una supuesta grandeur en este local. Carecía de un mínimo despliegue decorativo en muros de ninguna prestancia y mucho polvo; las sillas y mesas eran corrientes y cojas, los paneles separadores tenían una hechura básica de madera simple a menudo desportillada, desde los techos colgaban tubos de neón sin cobertores y tulipas blancas redondas, la iluminación, por tanto, resultaba fría e insuficiente, la barra era estrecha para el desenvolvimiento de los camareros, las columnas estaban forradas en su parte inferior por unas fundas de madera carentes de gracia, no se recordaba la última vez que habían recibido una mano de pintura las paredes y el techo, enjalbegados en ocres desvaídos y verdes turbios…

Sin temor a exagerar, puede afirmarse que el local resultaba lóbrego: menos hacia la plaza gracias a la luz que entraba por los amplios ventanales (S) y más hacia el fondo lindante con la estrecha y oscura Ledesma (N-NE).

La Granja era entonces, en pocas palabras, poco más que un establecimiento “de batalla” y escasa distinción, servían consumiciones de bajo coste y los parroquianos mostraban el aspecto de transeúntes desubicados. Un cliente podía pasar la tarde entera allí sentado con un café sin que los camareros ni, por supuesto, la presión de otros clientes le hiciera sentir que tenía que levantarse para desalojar mesa y silla. Para los años 70 el local había envejecido mal a partir de unas instalaciones hosteleras elementales y obsoletas.

Lo único realmente llamativo era la espaciosidad del local, los grandes ventanales a la plaza, las dos entradas/salidas en fachadas opuestas y la esbeltez -más intuida que constatada- de las columnas semi-forradas.

Sin embargo, algo dramático y memorable sucedió a principios de los años 80 para que hoy la mayoría de los bilbaínos lo recuerde de un modo muy diferente.

cafe años 30

El 26 de agosto de 1983 Bilbao sufrió unas devastadoras inundaciones que asolaron el Casco Viejo y buena parte de su entorno. Las lluvias torrenciales y la marea alta hicieron que en muchos lugares el nivel del agua alcanzara los dos metros de altura. En otros lugares, sin llegar a tanto, las fuertes corrientes arrasaron todo lo que encontraron a su paso. Uno de estos locales perjudicados fue el Café La Granja.

Recuerdo con mucha precisión los detalles de los daños porque, precisamente, en aquellas fechas yo trabajaba como Asesor de Bellas Artes para el Departamento de Cultura del Gobierno Vasco. Entre mis tareas estaban las de examinar los lugares y edificios calificados con algún grado de protección histórico-artístico y evaluar los proyectos de intervención arquitectónica cuando en ellos se planteaba hacer modificaciones y reformas por el motivo que fuere. Consecuentemente, tuve que examinar y evaluar los proyectos de intervención en los locales comerciales del Casco Viejo bilbaíno y de todos aquellos lugares que, en virtud de su antigüedad o singularidad, el Ayuntamiento de Bilbao solicitaba al Gobierno Vasco informe preceptivo como medida cautelar. Tal fue el caso del Café La Granja. Por tanto, primero conocí cuál era el estado del establecimiento antes del desastre, después constaté el estado en que las aguas dejaron el local y finalmente examiné el proyecto de rehabilitación del mismo para su reapertura como cafetería.

En el acta notarial levantada el 16 de septiembre de 1983 por el notario José Mª Arriola a petición de Hostelería Vizcaína S.A., titular del negocio Café La Granja, se afirmaba, “bajo juramento y previa advertencia de incurrir, caso de no ser cierto, en delito de falsedad en documento público” que el inmueble reseñado “sus instalaciones, mobiliario y demás bienes han sido profundamente dañados por las gravísimas inundaciones sufridas los pasados días 26 y 27 de Agosto del presente año”. Existe documentación fotográfica explícita (aquí incluida) acerca de cómo quedó destruido el local y sus instalaciones: “reproducción fiel y exacta del estado en que quedaron dichos bienes como consecuencia de la citada inundación”. No es preciso realizar una descripción literaria; basta con mirar las imágenes. Cualquier atisbo de esplendor que pudiera haber tenido -aunque esa clase de brillo nunca hubo, al menos tras la guerra civil- quedó disuelto, desvanecido, destrozado o desaparecido. Como les sucedió a tantos otros negocios con motivo de aquel suceso, parecía el final de la actividad anterior, abriéndose paso hacia un futuro diferente…, el final definitivo o la reinvención.

Sucedió lo segundo: la reinvención. El grupo empresarial Hostelería Vizcaína S.A, titular de este negocio, así como de otros de la misma naturaleza -el Café Boulevard y el Café Iruña-, decidió dar comienzo a un modo nuevo de explotación comercial para este local.

En el caso del Café La Granja este nuevo modo implicaba re-imaginar el local con una magnificencia ornamental que, de hecho, nunca había conocido.

El proyecto de rehabilitación  -no confundir con restauración– del Café La Granja en 1983-84 no se planteó como una simple habilitación del anterior uso del local. En cierto sentido, sus diseñadores (arquitecto Javier Ceberio, y aparejador José Antonio Fuente) y los promotores se propusieron “elevar” el nivel del café en su aspecto ornamental para equipararlo -o al menos acercarlo- a las espléndidas y originales ambientaciones de sus otros dos negocios-joya de aquel momento: el “art-decó” del Café Boulevard y el neo-mudéjar del Café Iruña.

(mañana continuará)

La alianza Obispado-Mutualia-Murias (y II).

mutualia

Copio lo que dice Mutualia en su web:

Mutualia ha llegado a un acuerdo con la empresa Construcciones Murias S.A., para adquirir el edificio que va a construir entre las calles Barrainkua y Heros de Bilbao, y que una vez finalizado, se convertirá en su nuevo hospital de referencia para Bizkaia. 

Este proyecto, que cuenta con el visto bueno del Ministerio de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social, supone una inversión de más de 30 millones de euros y la compra del edificio será realizada con cargo al Patrimonio Histórico de Mutualia. El hospital contará con una superficie de 6.000 metros cuadrados donde se ofrecerán todos los servicios que actualmente se prestan en su Clínica Ercilla, como urgencias, cirugía ortopédica y traumatológica, unidad de mano, rehabilitación, hidroterapia, radiodiagnóstico, medicina interna, hospitalización, etc. y, además, se trasladará parte de la actividad que actualmente se presta en su sede de Henao, como el control de la contingencia común y otras prestaciones.

Se estima que las obras comenzarán en agosto de este mismo año y que el inicio de la actividad se realizará en diciembre de 2021, una vez finalizado el traslado desde la actual Clínica Ercilla, donde quedaría concluido también su proceso de venta“.

Es sorprendente que en este texto no se mencione al Obispado, socio primero de la operación. Dice que procederá a “adquirir el edificio que va a construir” Murias, con el que ha llegado a “un acuerdo” -por lo visto sólo con él-, en vez de decir que se quedará con el 40% del edificio que Murias levante en el solar propiedad del Obispado. Según se desprende del texto ofrecido por Mutualia, se da a entender que, una vez terminado, TODO el edificio será su “nuevo hospital de referencia“, ya que no menciona a ningún otro ocupante del mismo, aunque sabemos que no será así. Lo que sí parece es que con esos 30 millones de euros se pagará la construcción de TODO el edificio, aunque sus futuros propietarios serán dos: Mutualia y Obispado, resultándole gratis a este último la parte del inmueble que ocupará con sus servicios diocesanos. Es muy evidente que Mutualia se auto-impone la obligación de no mencionar al Obispado, puesto que el “acuerdo” incluye a éste, necesariamente.

No oculta -no hay motivo para ello- que una vez realizado el traslado, los locales de Ercilla serán puestos a la venta. Puede sospecharse que una intención idéntica a ésta tenga reservada para su edificio en la calle Henao, que traslada en “parte“, pero sobre cuyo futuro de momento no necesita pronunciarse. Ahora bien, si pide 12 millones por Ercilla le faltarán 18 para llegar a los 30 que, según dice, requerirá el nuevo edificio en Barraincúa. ¿Saldrán esos 18 millones de la venta del edificio de Henao? Cabe albergar pocas dudas acerca de que la mayoría de los locales que desalojará el Obispado, si consigue reunir sus servicios aquí, también serán vendidos.

No he logrado encontrar ninguna relación anterior entre Murias y Mutualia, aunque como apunté ayer, Murias trabaja, además de en el sector de la construcción, en el campo hospitalario y asistencial relacionado con la 3ª edad.

Una conjetura. El punto de contacto entre el Obispado, Mutualia y Murias puede haber sido el estudio de arquitectura Katsura, a quien el Obispado encargó el primer bloque de viviendas de alto standing (en 2017) para este su solar de Barraincúa. Es de imaginar que también sería el autor de un segundo edificio, el destinado a repartirse entre Obispado y Mutualia. Se trata de un prestigioso equipo de profesionales, al frente del cual se halla el bilbaíno Luis Domínguez Viñuales, quien trabajó como funcionario en el Área de Urbanismo del Ayuntamiento de Bilbao entre los años 1981 y 1998. Algunas de sus obras más significativas son la gerencia del proyecto de la Biblioteca de la Universidad de Deusto, de Rafael Moneo, la participación en la gerencia de Torre Iberdrola con Carlos Iturriaga, la colaboración -como arquitectos locales- con los austriacos de Coop. Himmelb(l)au para el Centro de Artes Escénicas, de Zarautz (2007), y la co-participación en el proyecto de Carlos Ferrater en las viviendas al pie de Torre Iberdrola (2011). Su edificio de viviendas más interesante sin la colaboración de otros, desde mi punto de vista, se halla en la calle Gardoki, donde estuvieron las primitivas oficinas de Iberduero.

Es relevante el hecho de que en Domínguez confluyan tanto la experiencia en el urbanismo municipal como los vínculos con la sanidad privada y con el Obispado de Bilbao, para el que ha trabajado en diversas ocasiones. Por una parte, se encargó de realizar la clínica del IMQ, con Carlos Ferrater y Alfonso Casares, en 2012, y por encargo también IMQ en 2018 concibió una propuesta de ordenación de la parcela de la clínica Virgen Blanca. Por otra parte, su primera obra personal fue la rehabilitación del Santuario de Urkiola, en 1991. Posteriormente, en 2007 y en el barrio de Urreta (Galdakao), proyectó el complejo parroquial San Juan Bautista, no realizado, y algunos años después la rehabilitación de la parroquia de la Peña, Bilbao, que sí se llevó a cabo en 2017. Aunque se trate de otro planeta, su colaboración con los Jesuitas en la biblioteca deustense de Abandoibarra le sitúa también dentro de ese mundo clerical.

No obstante, no he podido establecer ninguna relación directa anterior entre Katsura y Murias o entre Katsura y Mutualia, pero sí he encontrado una entrevista hecha a Luis Domínguez el año 2011 en la que a la pregunta de cómo le gustaría que fuera el Bilbao del futuro decía lo siguiente:

En cuanto al futuro de Bilbao, espero que seamos capaces de aprovechar este momento de relajo en los intereses mercantiles, para recuperar los espacios públicos como lugares de relación social, prioricemos la opinión de sus usuarios y entrecomillemos todos esos mecanismos y tendencias a elaborar platos mágicos, eso sí servidos sobre lechos verdes y sostenibles“.

¡¡Exacto!! Eso mismo es lo que queremos que suceda con la parcela de Barraincúa-Lersundi-Heros. Las quejas y reclamaciones del AMPA del Colegio público Cervantes y de los vecinos del barrio de Abando no se dirigen en modo alguno hacia Construcciones Murias, Mutualia y Katsura, a los que se considera profesionales de elevada calidad y contrastada profesionalidad. Las quejas y reclamaciones se dirigen exclusivamente al Obispado de Bizkaia y al Área de Urbanismo del Ayuntamiento de Bilbao.

katsura

Voy a hacer otra conjetura. La escuela de Magisterio BAM ya no es rentable. Dicen que la reubicarán en el nuevo edificio, pero no lo creo; a lo sumo la mantendrán activa un año o dos más para cubrir las apariencias. Después reconvertirán ese espacio para otra función…. ¿quizás otra residencia para la 3ª edad? Cada vez hay menos infancia, pero más y más ancianos. El negocio futuro está ahí.

Tercera y última conjetura. Por encima de esta operación planea una estrategia urdida por alguien que tiene, a la vez, autoridad eclesiástica y conocimientos económicos: Gaspar Martínez Fernández de Larrinoa (Villaro, 1950) fue o aun es Secretario General del Obispado de Bilbao, profesor de Teología, teólogo por la Universidad de Deusto y economista por la Universidad del País Vasco. Completó su formación en The London Business School y en la Universidad de Chicago, donde consiguió el doctorado en Teología. Además ha sido o aún es el responsable del Departamento de Asuntos y Bienes Culturales de la Diócesis de Bilbao. Además, forma parte del  Consejo Cívico de la Villa de Bilbao nombrado por el alcalde Aburto en agosto de 2018, como “persona de especial relevancia o prestigio personal, profesional o social“. De mente brillante y cardenalicios ademanes, quizás no llegue a la curia romana, pero en Wall Street realizaría grandes negocios.

abando pelotazos

La alianza Obispado-Mutualia-Murias (I).

obispado

La operación orquestada en torno al solar propiedad del Obispado de Bilbao situado en las calles Barraincúa-Lersundi-Heros cuenta con dos colaboradores necesarios: Mutualia y Murias Grupo. ¿Cuáles son las circunstancias que han propiciado el acercamiento de estos tres socios y su alianza? ¿es posible encontrar vínculos entre ellos o intereses comunes más allá de este solar en conflicto? En paralelo a estas tres entidades, ¿hay alguien más? Vamos a intentar averiguarlo.

Construcciones Murias es una empresa creada en San Sebastián en 1973 que se halla  integrada dentro de Murias Grupo, cuyo presidente fue Gabriel Murias Murias, hasta su fallecimiento en mayo de 2015, siendo en la actualidad el administrador único su yerno, Alberto Unanua Ursua. Gabriel Murias llegó a Zarauz desde su Orense natal en los años 50, logrando levantar desde abajo una fuerte y solvente empresa de construcción que con el tiempo se ramificó en diversos campos de actividad. Hoy es un Grupo formado por más de 25 empresas y su ámbito de acción es principalmente el formado por la Comunidad Autónoma Vasca (en especial, Gipuzkoa), Navarra y la Comunidad de Madrid, orientándose hacia actividades entre las que están Parques Comerciales, Parkings, Estación de Autobuses de San Sebastián, Residencias de la 3ª edad, promoción de viviendas y construcción de puentes y viales ferroviarios (TAV), entre otras. Poco a poco se ha ido introduciendo en Bizkaia, habiendo co-participado en algunas de las últimas obras de gran calado, como la apertura del canal de Deusto y el nuevo estadio de San Mamés, además de la Fase II del Hospital de Uribe-Kosta.

Gabriel Murias fue un hombre hondamente implicado con el País Vasco: era socio propietario del Asador Donostiarra y su grupo empresarial de hizo cargo de patrocinar al equipo ciclista de Euskadi tras la deserción de Euskaltel.

De todas las adjudicaciones publicadas en el BOE entre 2009 y 2015, Construcciones Murias se llevó de forma directa un contrato por importe de 6.863.961 € (las obras del proyecto del tanque de tormentas en la EDAR de Arriandi, en Iurreta, Bizkaia).  Además, ha formado parte de varias UTE que resultaron adjudicatarias de seis contratos que suman otros 276.682.254 €. Entre las administraciones que le contratan, la que tiene mayor peso es la Comunidad Autónoma del País Vasco (93,4% del total del importe adjudicado tanto de forma directa como a través de las UTE en las que participa). Una de esas UTE (Tecsa+Altuna y Uría+Murias+Olábarri) se encargó en 2017 de la construcción del nuevo edificio de los servicios centrales en la sede de Txagorritxu del Hospital Universitario Araba por más de 30 millones de euros.

Dentro de sus proyectos realizados, en el grupo de Infraestructuras, destacan dos que se salen de lo habitual. Son dos residencias y centros de día para personas mayores, de carácter privado: la de Otxartaga, en Ortuella (Bizkaia) y la de Mombuey, en la localidad de este nombre (Zamora). No dice qué tipo de vinculación tuvo o tiene Murias Grupo con esas residencias, pues no afirma que las construyera, aunque cabe suponerlo. Ortuella queda cerca de su ámbito natural de actuación, pero ¿la remota Mombuey? Este pueblo pertenece a la comarca de Sanabria, a no más de 100 km de distancia de Xares, A Veiga, localidad orensana donde nació Gabriel Murias Murias. Los apellidos de su esposa, Teresa Fernández Centeno, revelan que debió de nacer en esa zona de Sanabria y de ahí, probablemente, el vínculo con la residencia de la 3ª edad. ¿Una obra de beneficencia?

Alberto Unanua Ursua, su yerno, es ahora la persona clave puesto que, además de administrador único de Construcciones Murias, es también presidente y consejero de CYL Bass S.L., una empresa de la provincia de Zamora dedicada al “cuidado, promoción, asistencia, rehabilitación, inserción social y tratamiento de personas de tercera edad, con enfermedad o minusvalía psíquica, física y/o económica“. CYL Bass S.L. gestiona este centro zamorano en Mombuey de manera concertada con la Gerencia de Servicios Sociales de la Junta de Castilla y León. Tiene otro centro residencial similar en Puente de Sanabria. No han sido las únicas a las que ha aspirado este empresa, pues en junio de 2006 CYL Bass S.L. fue la única que respondió a la convocatoria del Ayuntamiento de Zamora para la enajenación de una parcela del plan parcial Benedictinas para la construcción de una residencia de ancianos, aunque este proyecto ha permanecido paralizado durante varios años por la proximidad del solar al trazado de las vías por las que está previsto que circule el AVE

Es interesante el hecho de que al Consejo de Administración de CYL Bass S.L. pertenezca también Mª Ramona Matellanes González, quien por otra parte es administradora única de Asistencia Geriátrica Salmantina S.L. y del Grupo Matellanes 48, que gestiona al menos seis establecimientos geriátricos y asistenciales en Zamora y Salamanca. Resulta sorprendente, cuanto menos, que algunos de estos centros aparezcan gestionados unas veces por CYL Bass S.L. y otras veces por Matellanes 48.

Asimismo, en el Consejo de CYL Bass S.L. también se halla Francisco José Solórzano Gallo, quien administra la residencia de mayores Reyes de Aragón S.L., en Madrid, y  otras dos de la misma naturaleza, Olimpia Bass S.L. e Iparraguirre Olimpia S.L., ambas en Bilbao, dedicándose las tres al ámbito de las actuaciones socio-sanitarias.

El cuarto miembro de CYL Bass S.L. es Antonio Cordero Maestre, vinculado a numerosas empresas dedicadas, en términos generales, a la extracción, fabricación y venta de materiales de construcción, la contratación, gestión y conservación de toda clase de obras y construcciones en su más amplio sentido, tanto públicas como privadas, tales como obras de carreteras, hidráulicas, ferrocarriles, marítimas, medioambientales, edificación, y la explotación de aparcamientos y garajes a través de sus empresas Triexplanada, Aglomex, Serintra, Arcebansa y Emulgal.

Resumiendo, Murias es una constructora con actividad (pequeña dentro del conjunto de su trabajo) en residencias de la 3ª edad, pero que, por medio de Alberto Unanua Ursua, forma parte del Consejo de Administración de CYL Bass S.L. en cuyo seno se encuentran otras empresas y personajes con fuerte implicación en ese mismo sector de atención a personas mayores, y que además despliegan una intensa actividad constructora. En resumen, Murias Grupo tiene relación con actividades hospitalarias y socio-sanitarias -lo cual le aproxima indirectamente al campo de acción de Mutualia- y con actividades constructivas -lo que se acerca directamente a las necesidades del Obispado-.

Sin embargo, no se ha podido establecer ninguna relación directa de Murias con el estamento eclesiástico ni con Mutualia previamente a la aparición del proyecto para el solar de las Carmelitas de Barraincúa. No obstante, ayer El Correo informó que quizás el edificio que Mutualia tiene en Ercilla 10 se convierta, tras su desalojo, en una residencia para la 3ª edad: ¿simple casualidad o el hecho de que Murias sea el constructor tiene que ver con ese posible destino? Aunque el inmueble de Ercilla se haya puesto a la venta, ¿está comprometido y decidido su futuro entre estos dos socios?

(mañana continuará)

murias

PGOU de Bilbao: vicaria oscuridad.

necesitamos

En marzo de 2018 se elaboró un documento municipal para el adelantamiento de la “aprobación inicial” de la “modificación pormenorizada del PGOU en lo relativo al uso docente de diversas parcelas equipamentales” existentes en Bilbao. Una de las parcelas afectadas era el solar de Barraincúa-Lersundi-Heros, de 2.015 m2, con un edificio de 4.570 m2 construidos que no ocupa toda la superficie parcelaria, pero que, caso de ocuparla intensamente por aplicación de los perfiles autorizados y de las alineaciones impuestas, le otorgaría una edificabilidad de 12.500 m2 sobre rasante más cinco plantas bajo rasante “para uso de aparcamiento y otros usos complementarios“.

En los “Antecedentes” de ese documento se afirma que “durante los últimos años se han venido adoptando diversas decisiones en la gestión de los centros escolares del municipio que están alterando la configuración del ‘mapa’ escolar de la ciudad”. Esas alteraciones mencionadas son “el cierre” de algunos centros”, “las necesidades de mejora de las instalaciones“, “el abandono del uso docente” y la necesidad de “adecuar la oferta escolar a las nuevas exigencias“.

Estas, por tanto, son las razones que “han exigido la realización de alteraciones en el planeamiento“: cierre, mejora, abandono y adecuación de la oferta escolar. La situación aconsejaba, según este documento, “retirar el condicionante de Docente’ al Uso de Equipamiento señalado por el Plan General“, resultando también que “en los casos extremos, como los colegios públicos sin actividad, se hace evidente la necesidad de abrir el régimen de opciones, admitiendo usos alternativos y retirando la imposición exclusiva del uso docente“.

El adelantamiento de la aprobación de la rectificación urbanística se justificaba en “la necesidad de no interferir con las nuevas actividades escolares, así como de permitir la pervivencia de edificaciones que por falta de escolares se ven en la necesidad imperiosa de acoger usos alternativos“. En el Distrito VI, de Abando, la Escuela de Magisterio, BAM, en la calle Barraincúa (antiguo Colegio de las Carmelitas) ocupa una de esas parcelas a las que hasta marzo de 2018 “el vigente PGOU asigna el uso pormenorizado de equipamiento docente“, un uso que la aprobación de este documento municipal le retiró, es decir, le liberó de tener que cumplir.

Ahora bien, ¿cuáles fueron las razones esgrimidas por el Obispado de Bilbao para convencer al Ayuntamiento de que en su caso le eximiera del uso docente para su parcela? Si repasamos el texto de dos párrafos antes de éste, observamos que la admisión de usos alternativos y la retirada de la imposición exclusiva del uso docente se aplica “en los casos extremos, como los colegios públicos sin actividad“. Dado que el BAM del Obispado no es un colegio público, sino privado, y que no se encuentra en un caso extremo, ya que ha venido impartiendo docencia con total normalidad hasta este mismo curso recién terminado, ¿en base a qué se justifica la retirada de cumplir con el uso docente?

Aunque no se ha podido acceder de momento al documento original presentado por el Obispado de Bilbao para conocer la literalidad de su demanda, el documento municipal de modificación del PGOU recoge la necesidad expresada por esa institución religiosa: realizar “un proyecto de unificación e integración en Bilbao de los servicios diocesanos del Obispado (…) unificar en una misma ubicación toda la obra diocesana, creando en el centro de Bilbao un Equipamiento de referencia y primer orden, pastoral, cultural, docente, social y científico, de alto valor tanto para la Villa como para Bizkaia y Euskadi“.

Ese proyecto de traslado y unificación, según el Obispado, se convertiría “en un gran polo cultural, de servicios de gran interés histórico y científico: a) Traslado y unificación de fondos de las distintas bibliotecas diocesanas. b) Traslado del Archivo Histórico Eclesiástico de Bizkaia. c) Traslado del Centro Icaro de interpretación documental. d) Traslado del departamento de Etnografía de Labayru Fundazioa. y e) Traslado del Departamento de Euskera de Labayru Fundazioa“.

Continúa asegurando que ese proyecto “plantea su reunión en un nuevo edificio a construir en el referido solar de Barraincua no 2, previa la demolición del actualmente existente. Un Equipamiento unificado permitirá equilibrar las necesidades de cada institución con la eficiencia en el uso de los espacios comunes, buscando que cada una mantenga su identidad y cuente con espacio necesario pero se aprovechen eficaz y eficientemente los servicios comunes. Además, el planeamiento permite una importante superficie construible bajo rasante, que, además de plazas de aparcamiento, podrá albergar tanto los fondos archivísticos como los bibliográficos de todas las instituciones diocesanas“.

Es decir, la propiedad de ese suelo quiere la ocupación intensiva sobre y bajo rasante de todo lo que la edificabilidad le permita una vez se ha producido el cambio de uso en el PGOU.

Pero la pregunta es ¿qué tiene que ver lo que quiere realizar con las razones que el propio documento municipal aduce como justificativas para el cambio de uso? ¿qué tiene que ver con el cierre, la mejora, el abandono y la adecuación de la oferta escolar que se ha venido impartiendo hasta ahora ahí? Nada, esto es otra cosa. Y ¿por qué se le aplica la posibilidad de introducir usos alternativos si no es un colegio público y no vive una situación extrema? No se comprende.

Pero la cuestión ha adquirido un cariz mucho más grave en tiempos recientes, al haberse hecho de conocimiento público que casi la mitad de ese edificio intensivo que se pueda llegar a construir ahí NO SERÍA PARA CUMPLIR CON LOS FINES CULTURALES que el Obispado presentó como base para que el municipio atendiera su solicitud de cambio urbanístico, sino para la instalación de una clínica privada. ¿Este hecho no anula la justificación en base a la cual el Ayuntamiento concedió el cambio de uso?

El documento municipal dice que para “permitir la pervivencia de edificaciones” educativas y ante la “falta de escolares se ven en la necesidad imperiosa de acoger usos alternativos”, pero lo que se pretende aquí es justamente lo contrario: se quiere derribar el edificio existente, perfectamente útil, y se introduce una clínica cuya existencia no fue explicada, como uso alternativo, al Ayuntamiento para conseguir el cambio de uso.

Mucho valor cultural para Bizkaia y Euskadi, mucho interés histórico y científico, mucho blablabla sobre un gran polo cultural que, en realidad agrupará a pequeñas agencias de valor diocesano (salvo el Archivo Histórico Eclesiástico)…., pero de la clínica privada ni una sola palabra.

Es inevitable preguntarse si hubo ocultación de intenciones por parte del Obispado o si no lo hubo y el Ayuntamiento aceptó enmascarar algo que sabía iba a ocurrir y no deseaba que figurara en la documentación oficial por flagrante incumplimiento de la motivación en base a la que admitió el cambio de uso.

Supongo que alguien dirá que la oferta de Mutualia llegó al Obispado después de aquel marzo de 2018 o del 28 de junio, momento en que el Pleno municipal aprobó definitivamente la modificación del PGOU, o del 19 de diciembre, fecha en que la Junta de Gobierno de la Villa aprobó inicialmente el Estudio de Detalle de esta parcela. No creo que eso sucediera. Esas negociaciones llevan mucho tiempo, meses, años… Algún documento aparecerá en el que se verá que esa intención estaba sobre la mesa antes del final de 2018. Cuando este asunto se planteó en el Pleno del Ayuntamiento para su debate y posible aprobación definitiva, el 28 de febrero de 2019, no se menciona la posible venta de parte de la edificabilidad a Mutualia. No me lo creo. En todo caso, si de verdad hubiera ocurrido la relación Obispado-Mutualia después de febrero de este mismo año: ¿la venta de la mitad del edificio que pueda levantarse ahí no entraría en contradicción con las razones por las que se admitió el cambio de uso? ¿Por qué se hizo pública la noticia justo dos días después de las elecciones municipales?

La nueva normativa (en su artículo 6.3.20.- Alcance del Uso de Equipamiento) dice que “el resto de los usos de Equipamiento tienen un carácter abierto de manera que, si las condiciones urbanísticas en el momento de materializar la instalación del uso establecido aconsejaran su alteración, no será considerado modificación del Plan General, si se mantiene el uso dentro de los regulados como principales o permitidos en el artículo 6.3.19, pudiendo incluso combinarse en el mismo edificio más de uno de estos usos“.

Vamos a ver. Si el Obispado y el Ayuntamiento se quieren acoger a esta norma para alegar que combinan en el mismo edificio varios usos, incluida Mutualia, deberán explicar los motivos que ahora aconsejan esa alteración. ¿Qué ha cambiado urbanísticamente en este emplazamiento entre marzo de 2018 y el momento presente? y además, el uso hospitalario ¿está “dentro de los regulados o permitidos“?

bam

De verdad, lo que todo esto pone en evidencia es que nos hallamos ante una operación especulativa. Para justificar la modificación del PGOU el Ayuntamiento no menciona  ninguna necesidad pública o de interés general, el cual no se beneficia en modo alguno por dicha modificación, sino que es perjudicado. La justificación que se esgrime -la unificación de los servicios del Obispado- es un interés particular. Tampoco se preocupa por examinar si se necesita toda la parcela o sólo de parte de ella para alcanzar el objetivo que busca el Obispado. Por otra parte, no hay déficit de clínicas en el barrio, pues se trata de trasladar las instalaciones clínicas de Ercilla a Barraincúa, 250 metros escasos de distancia.

Resulta obvio que en este caso se está utilizando el Planeamiento como forma de financiar los intereses particulares del Obispado. La recalificación no sirve sólo para la unificación de los servicios del Obispado, sino también para la financiación de esa operación de unificación, en vez de servir para elegir entre las diferentes alternativas que mejor satisfagan el interés público y las necesidades sociales, que es a lo que el Planeamiento debe dedicarse, y que aquí son: (a) tener en cuenta la necesidad del espacio de proximidad señalado en el avance del PGOU como deficiencia en la zona, y (b) el desarrollo del denominado ‘corazón de barrio’.

Por tanto, se actúa desatendiendo el modelo de planeamiento propuesto por el propio Ayuntamiento. Es incoherente. Se priman los intereses particulares del Obispado; no los de los vecinos y ni tan siquiera los intereses del Ayuntamiento. El interés público no puede sustentarse en la necesidad de unificación de los servicios del Obispado y la edificación nueva para la Escuela Universitaria de Magisterio, de carácter privado. No puede ser.

Demasiada oscuridad en la cercanía de quienes, investidos con hábitos blancos, predican el cumplimiento del Octavo Mandamiento: “No darás falsos testimonios ni mentirás“.

Carmelitas de Barraincúa: memoria de y para un lugar especial.

No es brillante, aunque tampoco completamente mostrenco, ni suntuoso, sin resultar pobre por ello; le falta espectacularidad, pero tiene indudable encanto, y carece de magia, pero podría ser un lugar delicioso. Me refiero al conjunto formado por el edificio del antiguo colegio de las Carmelitas de la Caridad, sus dos palmeras y el patio de recreo. Se viene hablando mucho sobre esta amplia parcela de la trama del ensanche bilbaíno, en el barrio de Abando, porque existe un plan de su propietario, el Obispado de Bilbao, para convertirla, por métodos administrativamente opacos, en algo que ni los vecinos de la zona ni el AMPA del próximo Colegio Cervantes desean por las consecuencias fácilmente adivinables que vislumbran en el horizonte. No obstante, se trata tanto de lo que sucederá en el futuro (caso de no lograr la paralización de este despropósito) como de lo que se perderá en el presente y se olvidará del pasado.

Se difuminará la posibilidad de disponer de un pequeño lugar cercano para miles de personas residentes y transeúntes del barrio que ahora contemplan la seca urbanización de unas calles en las que sólo se mueven con facilidad cientos de coches que circulan por ellas cada hora: Alameda de Recalde, Alameda de Mazarredo, Henao, Iparraguirre, Ajuariaguerra… son torrentes constantes de vehículos. La ciudad amable para el residente y peatón que pretende el Ayuntamiento aquí no se siente.

El parque de Doña Casilda y los jardines de Albia no quedan cerca, el paseo de Uribitarte está ahí abajo y lo más cercano para un mínimo confort, con permiso de Colón de Larreátegui, es la pequeña plaza de Jado, recoleta a pesar de su horrible fuente “leonada” en mármol de Macael. El patio de recreo del BAM, por tanto, se presenta como la última posibilidad de un respiro para un área que lleva tal como está -esto es, compactada- desde hace más de cien años; el 80 % de los inmuebles de viviendas del entorno fue construido a finales del XIX y principios del XX..

Quiero contar algo que puede servir para conectar el pasado con el futuro.

Es probable que sea desconocido el hecho de que en los primeros meses de la guerra civil, cuando el general Emilio Mola desplegó un esfuerzo notable por apoderarse de Bilbao, mandó bombardear la villa con saña a partir de las 10 de la mañana del 25 de septiembre de 1936. Hubo varias zonas de Bilbao severamente dañadas, una fue el Casco Viejo de las siete calles y otra fue ésta del entorno de Abando, las calles Henao, Mazarredo, Recalde, Colón de Larreatégui, Uribitarte… Uno de los edificios afectados por el bombardeo fue, precisamente, el colegio de las Carmelitas de la Caridad, en la calle Barraincúa. Es el único lugar afectado que sobrevive en la actualidad con el aspecto, más o menos, que mostraba entonces.

Los bombardeos prosiguieron en los días siguientes, causando cerca de cien muertes, entre ellas las de algunos niños y niñas, y más de seiscientos heridos entre los días 25 y 28. Estas acciones bélicas, sobre todo, la del 25 de septiembre, tuvieron dramáticas repercusiones en otros lugares cercanos. Los barcos-prisión, Altuna-Mendi, fondeado en Axpe (Erandio), y Cabo Quilates, atracado en Bilbao, fueron asaltados por milicianos incontroladoscausando treinta y cinco muertes el día 25 en el Cabo Quilates y veintiocho muertes el día 26 en el Altuna Mendi, entre los allí retenidos a causa de su vinculación con fuerzas políticas anti-republicanas (requetés, monárquicos y carlistas…) por fusilamiento. Dieciséis de aquellos prisioneros que morirían en esas y en las siguientes jornadas eran sacerdotes.

La aviación franquista, tanto la Aviazione Legionaria italiana como la Legión Cóndor alemana y las Fuerzas Aéreas del Norte españolas, tomaron parte en las operaciones de bombardeo. Los modelos que habitualmente se utilizaron en estos ataques aéreos fueron los “Caproni 133” y los “Savoia-Marchetti S.M.81” italianos, y los cazas “Junker Ju52”, los trimotores “Heinkel He52” y los “Messerschmitt Bf.109” alemanes. Es decir, algunos de los aviones que meses después atacarían Gernika. El día 23 de abril de 1937 la villa fue bombardeada en cuatro ocasiones y el comandante alemán W. Von Richtofen, Jefe del Estado Mayor de la Legión Cóndor, escribió en su diario aquella jornada infausta: “Sobrevienen pensamientos de reducir, a pesar de todo, Bilbao ahora mismo a escombro y cenizas”. Pues bien, el bombardeo que dañó el colegio de las Carmelitas fue el primero de una larga secuencia de ataques aéreos que se prolongaron hasta que Bilbao cayó en manos de las tropas franquistas.

No se ha podido verificar si algunos de los niños y las niñas fallecidas lo fueron mientras estaban en el colegio. No parece probable, pues a finales de septiembre todavía debían estar con las vacaciones de verano en aquella época.

Este lugar en el Ensanche de Abando es el último testimonio de un horror que vivió la ciudad durante la guerra. Con Bilbao ya “liberado” pero con la guerra activa en otras partes del país, el 16 de agosto de 1938 el Colegio de Arquitectos Vasco-Navarro selló la solicitud dirigida al Alcalde de Bilbao por parte del arquitecto Emiliano Amann, “en nombre de la Comunidad de R.R. Carmelitas de la Caridad, propietarias de un Colegio emplazado en las calles de Barraincúa y los Heros de esta Villa“,  de cara a lograr “autorización para efectuar en él obras de reconstrucción parcial de la parte del edificio por el bombardeo del 15-9-936 (sic). La reconstrucción se llevará a cabo conforme en un todo a su primitivo estado“.

Quisiera ofrecer una alternativa al prepotente edificio que el Obispado quiere construir ahí (véase los planos al final de este texto): conservar ese espacio, “edificio+palmeras+patio”, como un lugar de la memoria, reconvertido en jardín abierto a la ciudadanía, que sirva para perpetuar el recuerdo de quienes murieron en esta zona de Bilbao como consecuencia de aquellos bombardeos aéreos, especialmente para recordar a los niños y niñas, víctimas más injustas que ninguna, y a cuantos fallecieron de una manera u otra durante aquel largo y cruel conflicto bélico.

En vez del escombro y las cenizas que algunos desearon para Bilbao entonces, hagamos de este lugar un recinto de paz y memoria para los niños y niñas del barrio. ¿Olvidará el Obispado a sus propias víctimas, algunas de las cuales fueron fusiladas como consecuencia directa del bombardeo sufrido en este emplazamiento?

plano 2

salud 1

plano 1

salud 2

propuesta patio-magisterio

Vigorosa reacción cívica.

Hartos de ver cómo nuestras autoridades consideran la ciudad y la arquitectura como meros productos de valor económico, tres asociaciones culturales y vecinales de diferente origen y dimensión -dos con largas trayectorias de defensa del patrimonio edificado y otra más joven-, pero centradas en defender los valores simbólicos y materiales de las construcciones y los espacios urbanos en los que vivimos, entre los que hemos crecido, tanto individual como colectivamente, y con los que coexistimos a diario, han decidido reaccionar de manera conjunta, acordando hacer la declaración que sigue a continuación.

POR LA PROTECCIÓN DE LAS CIUDADES, EL PATRIMONIO ARQUITECTÓNICO Y LA OBRA PÚBLICA EN EUSKADI

Logo AVPIOP III

La arquitectura y el urbanismo en las ciudades vascas viven momentos de profunda transformación que están acabando con valores patrimoniales de carácter histórico, artístico y paisajístico-ambiental que deberían ser objeto de preservación y buen mantenimiento como parte del legado heredado de tiempos pasados y que han conducido a la sociedad vasca a una forma y manera de ser peculiares, es decir, a lo que somos hoy porque antes de nosotros hubo otros que fueron e hicieron. Al autorizar la destrucción de muchos de estos valores, algunos de ellos protegidos de hecho por la Ley, se está mutilando la memoria, despreciando nuestro pasado común y, en cierta manera, nos negamos a nosotros mismos.

A la vista de esta alarmante situación tres asociaciones culturales de nuestro entorno, una con casi cuatro décadas de trayectoria y actuación en el ámbito autonómico, la Asociación Vasca de Patrimonio Industrial y Obra Pública (AVPIOP), otra con una década de recorrido y muy atenta a cuanto sucede en Donostia-San Sebastián, Áncora, Agrupación Cívica para la Conservación del Patrimonio,y una tercera, de creación reciente y ámbito local, la Asociación Vecinal por un Abando Habitable y Saludable, quieren manifestar su honda preocupación por la peligrosa deriva que desde instancias municipales y forales tiende a facilitar la concesión de cuantos permisos se solicitan para la demolición de inmuebles que fueron diseñados por arquitectos relevantes o de tipologías singulares, la colmatación en altura de edificios cuya configuración original es de planta baja más una, las desafortunadas intervenciones de rehabilitación y la eliminación de los escasos espacios abiertos que aún perviven en las ciudades vascas.

ANCORA.logo

Esta tendencia se ha hecho notar con fuerza en los dos o tres últimos años al calor de una recuperación económica a la que, por lo visto, no se puede poner ningún freno por muy justificado que esté. La presencia de grúas y hormigoneras en las calles es visto como un estado benéfico, motivo por el cual las licencias y las recalificaciones se otorgan con una facilidad que no encuentra barreras. En modo alguno nos oponemos al lógico desarrollo urbano, pero propugnamos que se haga compatible la sostenibilidad y habitabilidad de las ciudades en que vivimos con la preservación de sus señas de identidad ambientales y arquitectónicas porque son nuestras propias señas, las que han modelado la identidad que tenemos como ciudadanos.

Lamentables iniciativas como la construcción en el dique seco de Euskalduna de un edificio para el entretenimiento, los derribos del edificio industrial en José Mª Escuza 4 (Bilbao) y de las estaciones ferroviarias de Durango y Derio, en Bizkaia, la amenaza de demolición que pende sobre el Palacio Bellas Artes (que ha llevado a la UNESCO a lanzar una Alerta Internacional de Patrimonio en Peligro), el arrasamiento de las villas urbanas en Ondarreta y Ategorrieta, y el propósito de hacer desaparecer del edificio terminal de la Estación del Norte, en Donostia-San Sebastián,o la especulativa y anti-ecológica ocupación del patio del colegio de las Carmelitas (actual BAM), en el barrio de Abando, son algunos de los últimos y actuales despropósitos sobre los que queremos alertar y mostrar nuestro rechazo. No obstante, este avasallamiento urbicida, al que se han sumado incluso los Obispados de las diócesis locales, es genérico y afecta tanto a grandes ciudades como a localidades pequeñas, a los barrios céntricos como a los periféricos.

Los organismos oficiales de Protección del Patrimonio no parecen estar funcionando como debería esperarse de ellos y es por este motivo que las asociaciones culturales y vecinales que suscriben este escrito han decidido dar a conocer su preocupación, animando a la sociedad a tomar conciencia de que, si no somos capaces de enmendarlo, este camino sólo conducirá a la despersonalización de nuestros barrios y ciudades, al debilitamiento de la memoria colectiva, ya la pérdida de un valioso Patrimonio histórico-artístico que nos es propio como sociedad.

Asociación Vasca de Patrimonio Industrial y Obra Pública(AVPIOP)

Áncora, Agrupación Cívica para la Conservación del Patrimonio

Asociación Vecinal por un Abando Habitable y Saludable

abandohabitable.logo