/ Javier González de Durana /
Esquina del edificio en construcción, en la confluencia de las calles Rodríguez Arias y Licenciado Poza.
Se encuentran a punto de terminar las obras del nuevo edificio en la calle Rodríguez Arias esquina con Licenciado Poza. Es un diseño de IA+B, pero la web de este estudio de arquitectura no dice nada al respecto, pues no lo incluye entre sus obras, si bien, por algún motivo, su página parece no estar actualizada. He sabido de la autoría porque lo menciona la promotora de las viviendas, IBOSA.
La primera propuesta, presentada en 2020, ofrecía un aspecto diferente: la cristalera del ángulo no era redondeada y ambas fachadas aparecían cruzadas y bordeadas por unas largas franjas blancas. La promotora planteaba que habría «una piscina en una relajante terraza-solarium con una distinguida zona chill-out», así como «un fantástico txoko comunitario y un gimnasio donde liberar las tensiones del día». Desconozco si todo esto se ha llevado a cabo, pero al coste de 1.161.624 euros por 122,17 m2 (9.500 €/m2), ¡qué menos!
El diseño de IA+B pone un acusado énfasis en el encuentro de una calle recta con otra que inicia una suave curva. El edificio recibe el nombre de «Residencial Acrux»…, acrux, o sea, alfa crucis, nombre de la decimocuarta estrella más brillante del cielo, ¡vaya! Al margen de posibles poéticas estelares, creo que ese nombre proviene de que en ese punto urbano confluyen cinco calles, un auténtico cruce de caminos desde el que arrancan, alfa…, las dos que, precisamente, abrazan este inmueble.
La mezcla de vidrio, metal y madera otorga a sus fachadas una paleta cromática que combina el ocre claro, el verde oscuro y el gris-azulado, entrecruzando lineas verticales (claras) y horizontales (oscuras). Se configura una doble piel en las fachadas laterales con elementos exteriores de lamas permeables que generan una envolvente de protección para la piel interior. Donde el edificio alcanza una especie de apoteosis formalista es en la esquina, interesante al ser enteramente de vidrio, tan sólo atravesada por líneas metalizadas a la altura de los forjados. IA+B ya había utilizado el vidrio en fachadas de edificios residenciales cuando intervino en las Torres de Isozaki y algo de aquella experiencia parece haber sido trasladado a este ángulo urbano. La solución de muro-cortina es propia de edificios corporativos y de oficinas (por la supuesta transparencia), pero en viviendas es infrecuente (por la deseada intimidad).
La época en que ser discretos, no hacer ostentación y preservar la privacidad doméstica eran cualidades resguardadas tras balcones y miradores parece haber pasado en Bilbao. La publicidad de la inmobiliaria dice que en esa punta del inmueble se «disfrutará de estancias espaciosas envueltas con grandes ventanales para potenciar la luminosidad de las mismas». Tranquilidad, habrá estores enrrollables tras los vidrios. Con un lenguaje actual, esta solución se hace eco de la que Julio Saracíbar concibió en 1885 para el mirador del inmueble 42 de la c/ Elcano, esquina con Fernández del Campo (véase imagen más abajo).
La esquina se eleva seis plantas más la baja, formalizando una suerte de torreón, cuyas dos plantas anexas se retranquean para acentuar el volumen emergente. Los torreones esquineros (con otros estilos y formas) fueron tipológicos en esta zona, viéndose varios ejemplos en las inmediaciones. La pieza de IA+B me ha llevado a repasar otros modelos de esquina existentes en Bilbao, donde el trazado reticular del Ensanche produce abundantes ángulos rectos, al tiempo que dos largas calles diagonales, Ercilla y Elcano, dan lugar a numerosas esquinas en ángulo agudo.
Así como una esquina puede ser enfatizada al aprovechar las singulares condiciones que brinda la forma del solar, el emplazamiento y su entorno espacial, cuando la solución se vincula con la condición de cruce urbano es posible lograr una propuesta en la que cada esquina se relacione con las otras, resultando espacialidades urbanas de gran originalidad. Es rarísimo hoy en día que se pueda trabajar con un proyecto unitario en varias esquinas próximas entre sí, a la manera de la Piazza del Popolo o de San Carlo alle Quattro Fontane, ambas en Roma. En el caso de la torreta de IA+B, ésta entrará en diálogo con la situada enfrente, c/ Gardoqui 11, diseñada por Luis Aladrén hace 125 años. Las posibilidades que van abriendo los avances tecnológicos producen soluciones en vidrio como ésta, pero hubo otras opciones cuando las tecnologías eran distintas. Voy a mencionar unas cuantas en función de la forma que adoptan, en arista, en chaflán, redondeadas, perforadas con huecos, cubiertas con miradores, rematadas con cimborrios…, no siendo infrecuente que en una misma esquina coincidan varias de tales formas.
La esquina coronada pone su valor en un volumen que busca distinguirse y elevarse con fuerte voluntad plástica; corresponde a un acción de tipo ornamental consistente en realzar las dos caras de la arista en sentido vertical, haciendo uso de tratamientos diferenciados de material, adelantando o bien retrasando los planos o recurriendo al valor de línea como remate superior. Este es el tipo de esquina más antiguo, pues se trata de un recuerdo fósil, permanentemente actualizado, de las garitas de vigilancia en murallas y castillos, permitiendo controlar a un tiempo dos flancos de la fortaleza
Confluencia de c/ Ercilla 20 con c/ Colón de Larreátegui, arquitecto Tomás Bilbao Hospitalet (1919).
Confluencia de c/ Gran Vía 49 con c/ Máximo Aguirre, arquitecto Ricardo Bastida Bilbao (1917).
La esquina con nicho o friso utiliza huecos como hornacinas o planos en los que ubicar esculturas o relieves narrativos, colocándolos en puntos de gran visibilidad dentro del espacio urbano; es una propuesta de espacio-ornamento que crea un significativo lugar con amplia perspectiva y, por ello, favorece el detenimiento y la pausa para la contemplación.
Confluencia de c/ Licenciado Poza 1 con c/ Bertendona, arquitecto Ricardo Bastida Bilbao (1926).
Confluencia de c/ Rodríguez Arias 15 con c/ Alameda de Recalde, arquitectos Francisco Hurtado de Saracho y Luis Mª Gana (1953-57).
La esquina como refugio habitable favorece el dominio visual desde una condición ventajosa debido a situaciones de penumbra que contrastan con zonas expuestas a una mayor iluminación. Ello posibilita que la persona situada en un rincón observe por completo aquello que sucede al exterior y, a la vez, le permite desdibujarse en la sombra interior.
Confluencia de c/ Licenciado Poza 67 con María Díaz de Haro, arquitecto Anastasio Arguinzoniz Urquiza (1939).
Confluencia de c/ Doctor Felix Landín 2 con Plaza de La Casilla, arquitecto Fernando Olabarría Delclaux (1975).
La esquina con puerta de ingreso es la que históricamente ha abierto mayores posibilidades a la relación interactiva entre arquitectura y ciudad porque produce espacios intermedios en el cruce que actuan como dinamizadores de la vida pública, desde la tienda comercial al clásico café, pasando por el edificio institucional o de oficinas. Ejemplos de este tipo se ven tanto en la arquitectura más modesta como en la de tipo monumental.
Confluencia de c/ Berástegui 3 con c/ Colón de Larreátegui, arquitecto Luis Landecho (1892).
Confluencia de c/ Alameda de Urquijo 9 con c/ Padre Lojendio, arquitecto Manuel I. Galíndez (1933).
La esquina como punto de autoridad y observación panorámica resultado de su posición elevada, ofreciendo condiciones privilegiadas para el dominio visual con los que se hace evidente también el poder, real o simbólico, de quien lo habita respecto a la población que ocupa el cruce; por ello, a menudo ha sido el escenario idóneo para convocar a las multitudes o manifestar la preeminencia política, económica, social, etc.
Confluencia de c/ Ibáñez de Bilbao 20 con c/ Alameda de Mazarredo, arquitectos Frederik L. Forge y Manuel Mª Smith Ibarra (1918).
Confluencia de c/ Elcano 42 con c/ Fernández del Campo, arquitecto Julio Saracibar (1885).
La esquina en chaflán crea un tercera fachada con la que se busca desmaterializar la arista para convertirse en un plano que, por lo general, da continuidad a la envolvente, pero el caso seleccionado de Luis Pueyo es casi lo contrario, la esquina se hace muro físico potente y ciego, no envuelve, como si un paralepípedo vertical se hubiese incrustado en el bloque, cortando abruptamente los dos lados del edificio para impedirle a la esquina toda posibilidad de visión.
Confluencia de c/ María Díaz de Haro 7 con c/ Rodríguez Arias, arquitecto Luis Pueyo San Sebastián (1957).
Confluencia de c/ Doctor Areilza 15 con c/ Licenciado Poza, arquitecto Federico Ugalde Echevarría (1935).