Anuncios comerciales que acaban siendo ciudad

Este rótulo de Medias Bisutería Gabriela constituye un buen ejemplo de cómo un elemento comercial puede adquirir con los años un valor urbano que, lo más seguro, nunca estuvo entre las intenciones de quien lo encargó. Se conserva el Gabriela bajo el dintel, pero el óvalo en voladizo desapareció hace poco tiempo. Su interés no residía en una especial sofisticación gráfica, sino en lo contrario: en una manera de anunciarse directa, artesanal y sin alardes, pero con un sobrio buen gusto. El óvalo oscuro, proyectado sobre la acera, cumplía con eficacia su función primordial: ser visto por quien recorriera la calle. Sobre él, los tubos de neón dibujaban una caligrafía cursiva en tres líneas, con el nombre central destacado mediante un color diferente. No hay logotipo propiamente dicho ni una identidad corporativa susceptible de repetirse de igual manera en cientos de establecimientos. El rótulo era ese objeto y estaba hecho para esa fachada; era una pieza única.

Su diseño poseía además una cualidad material que buena parte de la publicidad comercial contemporánea ha perdido. Las letras no estaban impresas ni retroiluminadas dentro de una caja; eran líneas físicas que recorrían el soporte, se doblaban, se separaban de él y producían luz. De día mostraban cables, sujeciones, pequeñas irregularidades y señales del tiempo; de noche todo ello desaparecía y permanecía sólo la escritura luminosa. A esa pieza suspendida se añadía el nombre Gabriela sobre el revestimiento de madera del acceso, trazado en neón y rubricado por una larga línea curva. El conjunto poseía una cierta ingenuidad gráfica, pero también una notable coherencia.

Su interés urbano estaba en la escala intermedia que introducía entre arquitectura y peatón. La fachada pertenece al edificio; el escaparate, al comercio; pero el rótulo perpendicular penetraba en el espacio de la calle. Era una pequeña ocupación tridimensional del aire público y servía como referencia dentro del recorrido urbano. Antes de que la homogeneización comercial llenara las ciudades de tipografías corporativas idénticas, esta clase de elementos contribuía a que una calle pudiera ser reconocida también por sus anuncios.

Su desaparición nos permite advertir que aquello que nació para ser provisional puede terminar formando parte de la memoria permanente de un lugar. No todo lo que construye el paisaje urbano es arquitectura ni todo lo que merece ser recordado fue concebido para durar. Estaba en un Bilbao que va desapareciendo.

3 comentarios sobre “Anuncios comerciales que acaban siendo ciudad”

  1. Hay un mundo en el tema de la rotulación:
    Los pintados a mano sobre cristal, relieves, neones, los termoformados de los 70, 80…. Todos tienen su valor, y su pérdida junto con la del pequeño comercio, hace que la ciudad pierda identidad.

    Hay una asociación en defensa del patrimonio gráfico que se dedica a poner en valor y rescatar estos rótulos. https://patrimoniografico.org/

    La asociación tiene nodos en muchas provincias. Yo llevo esta cuenta donde, humildemente, se intenta trabajar este tema.

    https://www.instagram.com/rotulochimbo/

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    1. Totalmente de acuerdo, Karramarro. Los rótulos comerciales son mucho más que publicidad: forman parte de la memoria visual y sentimental de una ciudad. Tipografías, materiales, colores, neones, letras pintadas sobre cristal o aquellos termoformados que hoy empiezan a parecernos casi arqueología urbana construyeron durante décadas un paisaje cotidiano que reconocíamos como propio.
      Y, como bien señalas, su desaparición suele ir unida a la del pequeño comercio que les daba sentido. Cuando se sustituye todo ello por una rotulación comercial cada vez más homogénea, no sólo desaparece un objeto más o menos atractivo: se pierde una pequeña pieza de identidad local, una señal que permitía distinguir una calle de otra y, en último término, una ciudad de cualquier otra.
      Conocía el interés creciente por este patrimonio gráfico, pero te agradezco mucho las referencias y, especialmente, la de tu cuenta. Me parece una labor estupenda documentar estas piezas antes de que desaparezcan y, cuando sea posible, contribuir a conservarlas. Al final, el patrimonio de una ciudad también está hecho de estas cosas aparentemente menores que, cuando faltan, descubrimos que no eran tan menores.

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      1. En Bilbao tenemos la suerte de que Koldo Atxaga, profesor de la UPV, fotografió la mayor parte de los rótulos de Bilbao. Publicó una maravilla de libro: «Bilbao Tipográfico», que está descatalogado, pero se encuentra fácil en mercado de segunda mano.
        https://www.todostuslibros.com/libros/bilbao-tipografico_978-84-8056-249-2

        También es muy interesante su tesis: «Tipografía Popular Urbana: Los rótulos del pequeño negocio en el paisaje de Bilbao»
        https://addi.ehu.es/handle/10810/15688

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