
A Ángel Garraza.
Este relieve de hierro bajo el porche de acceso a la Facultad de Económicas de Sarriko merece atención por haber quedado fuera de los repertorios publicados sobre la escultura pública bilbaína. No he conseguido localizar una atribución fiable de autoría, pero sí puede situarse con seguridad en un contexto arquitectónico muy preciso: la Facultad fue proyectada por Jesús Rafael Basterrechea, construida entre 1961 y 1963 e inaugurada en 1964. La propia UPV/EHU la considera su obra más destacada y subraya su organización funcional, la ponderación de volúmenes, su adaptación a la ladera y la utilización de materiales que aproximan el edificio a ciertas arquitecturas nórdicas.
La pieza resulta interesante porque no funciona como una escultura colocada delante de la arquitectura, sino como una construcción dentro de la arquitectura. Una trama de elementos verticales de hierro establece un plano permeable, atravesado por la luz y por las vistas al parque. Sobre esa estructura aparecen barras horizontales, cuadrados, pequeños volúmenes, círculos, ángulos y piezas curvas que producen una composición abstracta, deliberadamente irregular. El resultado recuerda un ensamblaje constructivo: vigas, soportes, ménsulas, placas y uniones parecen haber abandonado momentáneamente su función para convertirse en lenguaje plástico.
Esa condición permite relacionarlo con el edificio. Basterrechea rechazó el bloque docente compacto y dispuso diferentes cuerpos, escalonándolos para adaptarlos a la topografía y preservar la relación con el parque. El relieve hace algo semejante a pequeña escala: tampoco constituye una superficie cerrada, sino una sucesión de llenos y vacíos. Separa sin clausurar, filtra en vez de ocultar y permite que vegetación, muro de ladrillo, ventanas y luz formen parte cambiante de la composición. Un deficiente mantenimiento (¡lástima!) ha provocado que algunas piezas se encuentren ligeramente desplazadas.
Hay además una cualidad material muy propia de aquellos años. El hierro no pretende parecer noble ni delicado: conserva espesor, rugosidad, soldaduras, oxidación y una cierta severidad industrial. Pero esa contundencia se aligera mediante la abundancia de huecos y la fragmentación geométrica. Según cambia el punto de vista, el relieve se superpone de manera distinta al edificio y al jardín.
Es insuficiente considerarlo una simple obra ornamental. Es cerramiento, filtro, relieve y escultura, una pieza concebida para un lugar concreto, inseparable de él. Su ausencia de los catálogos resulta llamativa: es posible que por encontrarse integrada en la arquitectura haya pasado inadvertida como escultura. En ello reside buena parte de su interés.
/ Javier González de Durana /
