Casa de Obras Sindicales de Bilbao

/ Javier González de Durana /

Este es uno de esos edificios de Bilbao, construidos durante los años 60 y 70, que suele pasar desapercibido, pero es una notable pieza de arquitectura que quiero poner en valor para que sea incluido entre los inmuebles a los que se dedican miradas de comprensión histórica y palabras de afecto patrimonial. No descubro nada que no sea ya conocido en cierto grado, puesto que este edificio se encuentra registrado con categoría Nivel A en el Do.co.mo.mo Ibérico.

El edificio en la plaza del Bombero Echániz, entre las calles Egaña y Marcelino Oreja, fue diseñado por Jesús Rafael Basterrechea y Luis Lorenzo Blanc, en junio de 1963. El proyecto firmado por ambos arquitectos proclamaba que era un «edificio para casa de obras sindicales en Bilbao», promovido por la «Delegación Nacional de Sindicatos de la F.E.T. y de las J.O.N.S.» a través de su «Obra Sindical del Hogar y de Arquitectura». Presupuestado en algo más de 25,6 millones de pesetas, las obras se concluyeron en octubre de 1970. Basterrechea diseñó la Escuela de Ingenieros en Basurto y la Facultad de Económicas en Sarriko, además de numerosos inmuebles residenciales en el Ensanche, entre otras obras. Lorenzo Blanc, por su parte, en su calidad de delegado de la Obra Sindical del Hogar en Bizkaia tuvo un papel relevante en la planificación urbana y la vivienda pública en este territorio durante la posguerra. Participó en el diseño del barrio de San Ignacio y en varios grupos de viviendas en Sestao.

Los servicios que este edificio alojaría anteriormente habían estado en otro inmueble «insuficiente e inadecuado», compartiendo espacio con la Delegación Provincial de Sindicatos de Vizcaya, motivo por el que, tras analizar diversas opciones, se decidió «construir de nueva planta un edificio destinado exclusivamente a Obras Sindicales». En la actualidad es un Centro de Salud de Osakidetza, con servicios de medicina familiar y comunitaria, pediatría y enfermería.

El solar elegido mide 900 m2 y, según las ordenanzas municipales entonces vigentes, se permitía una planta semisótano, una planta baja, seis plantas más en altura y un ático. La fachada de 14 metros, orientada a la plaza y con unas puertas ligeramente remetidas, daba acceso a un vestíbulo de 250 m2, al cual se abrían dos escaleras de igual importancia y totalmente independientes para acceder a los servicios e instalaciones interiores que eran de dos tipos: los médicos, ocupando desde la planta sótano hasta la tercera, y los administrativos, distribuidos entre la cuarta y la séptima planta. La situación interior del edificio en la actualidad es diferente, debido a los muchos cambios funcionales a lo largo de más de cinco décadas, aunque su aspecto externo se mantiene inalterado, en muy buen estado de conservación.

El programa de necesidades incluía, por la parte médica, los siguientes servicios y metros cuadrados: Medicina general (180 m2), Pediatría-Puericultura (120 m2), Tocoginecología-Urología (80 m2), Oftalmología (60 m2), Cirugía-Traumatología (120 m2), Aparato Respiratorio-Circulatorio-Digestivo (180 m2), Odontología-Otorrinolaringología (80 m2), Radiología (160 m2), Laboratorio de Análisis (160 m2), Practicantes-Envases (120 m2), Enfermeras (30 m2), Endocrinología-Neuropsiquiatría (80 m2). Un Centro de Recuperación y Rehabilitación albergaba servicios de Cirugía (235 m2), Enfermos ingresados (365 m2) e Hidroterapia (300 m2).

Por la parte administrativa existían servicios de Educación y Descanso, Previsión Social, Seguro de Enfermedad, Hogar y Arquitectura, Colonización y Lucha contra el Paro, además de otros más «políticos», como el denominado «18 de Julio», los despachos del Delegado Sindical, el Vicedelegado, sus secretarios… También contaba con un Salón de Actos para cien personas, dos Salas de Juntas, una para treinta personas y otra para diez, un bar-cafetería (130 m2) y una vivienda (60 m2).

La Casa Sindical de Madrid, obra de Francisco Cabrero en colaboración con Rafael Aburto (1949-55), y el edificio de la Obra Sindical del Hogar en Bilbao constituyen dos exponentes destacados de la arquitectura institucional vinculada a las estructuras del Sindicato Vertical franquista. El de Bilbao, concebido dos décadas después del madrileño, es claramente deudor de éste. Ambas construcciones se alejan del historicismo ornamental propio de la primera posguerra para abrazar una lectura geométrica y volumétrica contundente, basada en prismas de composición simétrica y jerarquizada. 

Esta transición hacia un racionalismo contenido se manifiesta en fachadas organizadas bajo retículas regulares y el uso de materiales vistos, donde la sobriedad y la economía de ornamentación proyectan una imagen pública de solidez y autoridad estatal, integrándose con éxito en sus respectivos contextos urbanos, de alta visibilidad.

A pesar de estas similitudes conceptuales, estos dos edificios presentan significativos matices diferenciales derivados de su escala y cronología. La obra madrileña apuesta por una monumentalidad representativa de alcance estatal, elevándose frente al Museo del Prado como un bloque casi cúbico de gran volumen que combina el ladrillo con el granito en una síntesis de tradición y modernidad. Por el contrario, el inmueble de Bilbao, diseñado en la década de los 60, responde a una etapa posterior del franquismo. Su escala es más contenida y funcional, adaptándose a la trama de la manzana y a las necesidades de servicios locales, con un lenguaje arquitectónico más propio de la posguerra tardía y el uso de elementos prefabricados.

En definitiva, ambas piezas ilustran la evolución de la arquitectura oficial hacia soluciones más funcionales y estables que logran imponer su presencia en el espacio público. El resultado en ambos casos es una arquitectura que, mediante la honestidad material y el rigor geométrico, comunica la permanencia institucional de los organismos que originalmente albergaron, consolidándose como hitos de la modernidad dentro del marco autoritario de su tiempo.

La planta, muy bonita, consiste en un prisma que se inserta en un rombo irregular por su ángulo más agudo, el orientado a la plaza. El ángulo contrario, interior, queda ocupado por un patio junto a las medianeras de los edificios adyacentes. Simetría perfecta. El núcleo de comunicaciones verticales (dos escaleras, cuatro ascensores y un montacargas para camillas) ocupa el centro del rombo. A su alrededor se distribuyen los servicios, despachos y oficinas, salas de espera, de consulta y de actuación médica.

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