/ Javier González de Durana /

En los últimos tiempos están apareciendo pequeños -y no tan pequeños- episodios relativos a las segundas vanguardias vascas, aquellas que desplegaron su tarea durante las décadas de los años 50, 60 y 70 del siglo pasado. Si hace unos meses fue la idea urbanística para Zorrotzaurre concebida por Jorge Oteiza junto con alumnos de arquitectura, ahora se profundiza en los aspectos de diseño aplicado al mobiliario y la arquitectura creados por Néstor Basterretxea. Nos lo ofrece el Museo de Bellas Artes de Bilbao desde el pasado martes 27. Estos siempre interesantísimos capítulos -aunque algunos devinieran en nada o en poco- matizan, enriquecen e iluminan trayectorias artísticas que a menudo han sido valoradas en función de una sola vertiente creativa, fuera la pintura o la escultura, dejando sin atender fértiles márgenes que ayudan a entender -y en todo caso completan- la personalidad de sus autores. Quedan muchas parcelas por descubrir y analizar, muchos acontecimientos a profundizar aparentemente menores de aquellos artistas. Irán saliendo, poco a poco.
A estas alturas se puede decir que la obra escultórica y pictórica de Néstor Basterretxea está estudiada. Lo mismo puede decirse de su filmografía. Faltaban por conocer sus trabajos de diseño en mobiliario y arquitectura.
Basterretxea fue un genuino representante de lo que se llamó «la integración de las artes», un impulso compartido entre arquitectos y artistas que creyeron que cada obra realizada en un tipo de arte resultaría potenciada si se presentaba, dentro de una unidad espacial, junto a otras tipologías artísticas con las que compartía estilo, lenguaje, propósito emocional o ideológico… En lo fundamental consistía en que la Arquitectura se presentase unida al Arte de pinturas murales, relieves, esculturas, etc., formando parte de un proyecto integrador desde su misma ideación. En España se empezó hablar de tal integración a finales de los años 40 y fue el arquitecto Miguel Fisac quien abanderó con mayor entusiasmo la divulgación del mensaje. Fueron edificios públicos los que acogieron inicialmente esta idea -sobre todo porque podían pagarla, dando ejemplo- y en particular lo fueron los templos religiosos, en los que Fisac realizó una extraordinaria labor de integración. Pero no fue sólo él. Otros arquitectos también la llevaron a cabo y baste mencionar la basílica de Arantzazu (1950-55) como evidencia, una obra en la que Basterretxea ya estuvo implicado como pintor.
La identificación de Basterretxea con la idea «integradora de las artes» queda patente en la carta (expuesta en una vitrina) que le escribió a Fisac en 1960 y en la que, a propósito de una conferencia que el arquitecto había dado en la sala de arte madrileña Neblí, con motivo de una exposición de Oteiza y el propio Basterretxea, le decía, entre otras cosas, lo siguiente: «Mi obra actual está concebida, de lleno, en la idea de una integración, coincidente en absoluto con la que tú propugnas (…) fusión, no solamente posible, sino necesaria entre las Artes Plásticas y la Arquitectura». Los siguientes párrafos merecen ser transcritos por completo:
«Entre las actitudes extremas de la decoración tradicional (muros pintados, esculturas y cuadros adosados a los muros) y la conclusión de Mondrian, que dijo que la Arquitectura no necesitaba de las Artes Plásticas como valores complementarios, existe la integración concebida como fusión absoluta y armoniosa. La idea de lo complementario se transforma en idea de lo unitario, que no es lo mismo. No se trata de enriquecer los espacios arquitectónicos, sino de crear espacios de nuevas resonancias, re-inventadas para la adecuación requerida en cada caso.
Mis relieves son Muro-Escultura: es decir, realidad unitiva entre Arquitectura (muro) y Obra de Arte (relieve).
Siendo el color absolutamente necesario en Arquitectura, tanto por su poder subjetivo, anímico, como por el poder (según el color utilizado) de ocupación o desocupación del espacio, creo yo que el relieve posee una naturaleza más integrable con la Arquitectura. Una cosa no descarta a la otra, pues precisamente estamos defendiendo la integración y el color pertenece a esta idea como uno de los valores componentes, pero lo que trato de decir es que el relieve -sobre todo el bajorrelieve-, siendo absolutamente idóneo a la Arquitectura, sea utilizado sólo en contadas ocasiones, teniendo conciencia de su absoluta condición unitaria con la obra arquitectónica». Terminaba el escultor la misiva expresando sus deseos «de colaborar con un arquitecto de tu categoría», lo cual, creo, lamentablemente, no llegó a suceder.
Con anterioridad ya había trabajado otros profesionales, por ejemplo, diseñando los siete grandes dibujos para los cristales de la barandilla de la escalera en la sede de Hidroeléctrica Española (Madrid,1951-55), obra del arquitecto bilbaíno Fernando de Urrutia. De otra parte, Carlos de Miguel, director de la Revista Nacional de Arquitectura, le invitó a realizar alguna portada para la publicación. Basterretxea siempre estuvo ligado a la arquitectura y el diseño.

Escalera para Hidroelectrica Española. ———- Portada para el número 182 (febrero de 1957) de la Revista Nacional de Arquitectura.

Interactividad vertical, 1957, acrl/tblx, 122’5×70 cm. ———- Composición desde el cubo, 1957 acrl/tblx, 90×130 cm.
En todo caso, en 1960 Basterretxea estaba centrado en los muros-relieve y no parecía pensar aún en mobiliario. Quienes sí lo estaban desde el año anterior eran sus colegas de Equipo 57, cuya estrecha cercanía se manifiesta en una pintura realizada por Basterretxea (arriba a la izquierda) presente en la exposición. Equipo 57 colaboraba con la casa DARRO, fundada en Madrid en 1958, con diversas propuestas de mobiliario, pues diseñaron una cama, una butaca, un sofá, una silla, una bancada, un taburete, una mesa, unas literas y un aparador, modelos completamente desmontables y de fácil montaje a los que también Basterretxea prestaría atención poco tiempo después.
Lo hizo de la mano de Muebles H, empresa creada por la familia Huarte en 1959 para la producción de mobiliario y, así, entrar a competir con sus productos de autor en un campo que en aquellos años y en Madrid estaba dominado por DARRO y Biosca, dos establecimientos que compaginaban el comercio de objetos domésticos con la venta y exhibición de obras de arte contemporáneo. Rafael Moneo fue una de sus estrellas y Basterretxea realizó aquí sus primeros diseños para la producción industrializada que la revista ARTE=HOGAR llevó a su portada en junio de 1962.

Diseño de silla. ———- Dos butacas, un gran escritorio y un aparador.

Gran escritorio «Bermeo», visto de frente y a baja altura.
En 1961 junto con dos amigos abrió Espiral, en San Sebastián, un establecimiento dedicado a la venta de muebles y ornamentos decorativos, y en 1962 se creó BIOK, de la que fue su director artístico y principal diseñador de muebles a los que daba salida comercial por medio de Espiral. Esta etapa que se adentra en la década de los años 70 fue la más fructífera e internacional de Basterretxea como diseñador de mobiliario. El objetivo era el de diseñar para la vida cotidiana, en el hogar, en el trabajo, haciéndola cómoda a la vez que moderna en su expresión. Por supuesto, también fue la etapa más exitosa, aunque la historia sea cruel en ocasiones. Me explico.
Es difícil encontrar a alguien que, con algo de información y buen gusto, no desee, busque o aspire a poseer un mueble de diseño escandinavo (Arne Jacobsen, Verner Panton, Poul Henningsen…) o italiano (Franco Albini, BBPR, Gio Ponti…). El prestigio del origen hace que los precios de estos muebles cuando aparecen en manos de anticuarios sean elevadísimos: la calidad de sus acabados, la originalidad de los diseños, la fama de sus autores… justifican las sumas de dinero que, quien puede, paga por adquirirlos. Chocantemente, la producción española de aquellos años, cuando es similar a la danesa o italiana en calidad, no recibe la misma consideración. El pasado 25 de octubre la casa de subastas Segre, en Madrid, sacó a venta un aparador rectangular, con dos puertas abatibles a la derecha y un fila de cuatro cajones a la izquierda, de BIOK, obviamente diseñado por Basterretxea, en madera de caoba (especie arbórea Sipo), de 78x43x180 cm., en perfectas condiciones de conservación. Nadie pujó por este mueble, que fue vendido una vez cerrada la subasta por el precio de salida: 900 €. Está presente en la exposición del Museo de Bellas Artes.

Aparador de BIOK subastado recientemente por Segre y presente en la exposición.
La exposición cuenta, además del mobiliario, con ideas arquitectónicas, a veces formuladas sólo por Basterretxea y a veces elaboradas en colaboración con su hermano Ander, quien sí tenía título de arquitecto. Cuando eran proyectos presentados a concursos oficiales lo hacia con su hermano -el Kursaal (San Sebastián), la biblioteca de la Universidad de Deusto…- y cuando no, se trataba de iniciativas que, más allá del ejercicio proyectual, buscaban estimular a alguien para que los asumiera -capilla para Lasarte (Álava), sede de Sabin-Etxea (Bilbao), museo para su propia obra (Bermeo)…- De todo este grupo resulta muy interesante su idea de museo de arte contemporáneo como una máquina. Dentro este conjunto lo más atractivo, para mi, es la propuesta de Javier Sáenz de Oíza para la casa (c. 1955) que en Irún iba a ser para Basterretxea, Oteiza y el propio Oíza, que no se terminó realizando en la manera prevista por él, sino en una variante reelaborada por Luis Vallet edificada en 1958.

Edificio Museo N. B., en Bermeo, 1er boceto, tinta sobre papel, sin fecha. ———- Museo de Arte Contemporáneo, collage, 1992.

Javier Sáenz de Oiza. Proyecto para casa-talle de Oteiza, Basterretxea y Sáenz de Oiza, c. 1955. Grafito, tinta y papel encolado.
El conjunto de obras expuesto no es muy amplio, quizás la producción global de BIOK tampoco lo fue o no han sobrevivido hasta hoy muchas piezas más, no obstante, es elocuente e ilustrativo. El montaje resulta adecuado y se contempla cada pieza con comodidad.
Recientemente he tenido ocasión de leer una entrevista que se le hizo a Basterretxea en una revista minoritaria vinculada al mundo cooperativo de Mondragón llamada T.U. Trabajo y Unión, en 1974. A la pregunta de cuál era su obra-hito, su mejor contribución a la «cultura popular», el escultor respondió: «Yo creo que mi mejor contribución, si existe, es la de trabajar y demostrar que dentro de un modo de pensar y ser muy vasco se puede ser también moderno. Se puede ser muy vasco y muy universal, y vivir muy en el futuro también; creo que esa puede ser mi contribución». Sí, existió esa contribución y fue así.

Volumetría.



