Carta a Miguel Ángel Revilla, Presidente de Cantabria.

Faro de Ajo

Excmo. Sr. Miguel Ángel Revilla:

Le escribo esta carta, respetuosamente, después de haber dudado durante varios días si valía la pena hacerlo o no. Estaba casi convencido de que no sería necesario, al creer que el asunto sobre el que le quiero hablar se resolvería pronto a la vista de las numerosas intervenciones públicas realizadas por instituciones culturales y personas privadas que, con razonados y sólidos argumentos, se han conocido a lo largo de los últimos días.

El asunto tiene que ver con el proyecto de intervención pictórica sobre la superficie exterior del faro de Ajo (obra diseñada en 1906 aunque sólo entró en funcionamiento en 1930), en el término municipal de Bareyo, que el Gobierno de Cantabria apoya, junto con el Ayuntamiento local y la Autoridad Portuaria. Me animo a escribirle ahora al comprobar que, tras las abundantes críticas recibidas por dicho proyecto, Vd. se reafirma en la bondad artística e interés turístico del mismo por medio de unas declaraciones hechas este domingo pasado, día 7. Tras conocer este respaldo suyo, he decidido sumar mis argumentos a los expresados por otros hasta ahora, no por creer que los míos sean mejores que los ya conocidos y que con ellos se vaya a inclinar la balanza hacia el lado contrario al que parece estar oscilando ahora, sino por la imposibilidad de permanecer callado ante la actuación que se quiere llevar a cabo. Si no podemos evitar esto que se proyecta, dentro de un tiempo, no demasiado, no me perdonaré haber quedado en silencio.

Tengo respeto humano y político por Vd. Le escribo desde una comunidad autónoma vecina, con fortísimos lazos de relación con la que Vd. preside, y como muchos miles de ciudadanos estoy deseando volver a su tierra, que tengo en parte también como mía, tal y como Vd. mismo ha declarado que espera que suceda pronto, es decir, que decenas de miles de vascos podamos volver a una región en la que nos sentimos felices cada segundo que pasamos en ella. Mi pensamiento político no es muy coincidente con el suyo, pero a mí me gusta escucharle cada vez que le oigo en la radio o le veo por televisión. Me parece que se expresa Vd. con claridad, sin dobleces y ofreciendo enormes dosis de sentido común, lo cual me encanta más allá de que nuestras últimas metas políticas no coincidan del todo, aunque sí lo hagamos en las cuestiones democráticas de base, por supuesto.

Es precisamente por esa razonabilidad juiciosa y sin aspavientos que le caracterizan por lo que me ha sorprendido su respaldo al proyecto pictórico de Okuda San Miguel, un artista del que yo no había oído hablar nunca a pesar de haber estado trabajando en la dirección de varios museos de arte contemporáneo durante los últimos treinta años. No dudo de la competencia artística de Okuda San Miguel para trabajar con su estilo en algunos determinados escenarios urbanos, como al parecer lo ha hecho en lugares de Japón, Estados Unidos, Suecia o Rusia. Mi mayor respeto para él, al margen de lo que estéticamente pienso sobre el peculiar lenguaje artístico que le caracteriza.

Y mi sorpresa tiene que ver con la falta de coincidencia entre la naturalidad habitual en Vd. y la estridencia que se plantea para el faro de Ajo. No sé cómo se produjo el planteamiento inicial de este proyecto en la mesa compartida por las tres instituciones que lo apoyan ni de qué manera fue siendo aceptado por quienes tenían capacidad para decidir sobre él, incluida la habilitación de un presupuesto económico no pequeño. Encargos de esta naturaleza suelen resolverse mediante concursos abiertos a todos los artistas que deseen participar, pero, sobre todo, antes de abrir la fase concursal, la cortesía ínter-profesional acostumbra a preguntar a todas las partes afectadas, directa o indirectamente, si la idea de intervenir en un edificio público -cual es este caso-, más allá de cómo sea la intervención que se alce como ganadora del concurso posterior, sería aceptada por todos. Por una cifra como la presupuestada para acometer el proyecto, superior a los 15.000 euros, la Ley de Administración Pública exige la petición de tres ofertas a otros tantos suministradores potenciales del servicio, ¿se ha hecho?

Sin salir de mi asombro me pregunto si se consultó al Colegio Oficial de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, puesto que fue un profesional de este gremio (Juan González Piedra) quien diseñó el faro de Ajo, o si se consultó a la Comisión de Patrimonio Cultural del Gobierno de Cantabria, o si se consultó al Colegio de Arquitectos del territorio, o si se consultó a la Demarcación de Costas…. y caso de evacuarse tales consultas sería bueno conocer qué dicen sus informes. Cortesías aparte, la pregunta a Costas, por ejemplo, es obligada y viene requerida por el Real Decreto–Legislativo 2/2011, de 5 de septiembre, “por el que se aprueba el Texto Refundido de la ley de Puertos del Estado y de la Marina Mercante. En su artículo 72.1 permite la instalación de espacios destinados a usos vinculados a la interacción puerto-ciudad, tales como equipamientos culturales, recreativos, certámenes feriales, exposiciones y otras “actividades comerciales” no estrictamente portuarias en terrenos de dominio público portuario que no reúnan las características naturales de bienes de DPMT definidos en la LC. Asimismo, y previo informe de la Administración de costas, autoriza a desarrollar estas actividades en los faros y con carácter excepcional, la posibilidad de su uso para instalaciones hoteleras, albergues u hospedajes” (las negritas son mías).

Sinceramente, pienso que a Vd., Presidente de Cantabria, le han metido en un buen lío, un desaguisado del que tiene que intentar salir cuanto antes. Ofrezca a Okuda San Miguel otro lugar acorde con sus colorísticas creaciones donde realizar un mural que mejore el entorno, pero paralice éste en Ajo, donde nada es mejorable por ser ya perfecto. No menoscabe el valor de las dos vaquillas y la pradera donde pacen, creyendo que sería mejor que en esa pradera hubiese un aparcamiento de coches para que hipotéticos turistas pudieran desplazarse para ver el nuevo aspecto del faro. La intervención no tiene tanto valor artístico y sólo regresaríamos a ese lugar quienes lo amamos desde hace muchos años, cuando el paisaje mostraba su aspecto natural punteado por el hito blanco de la estructura farera, pero volveríamos sólo para llorar ante el doloroso aguijonazo de colores en el peor de los soportes posibles para anular la belleza del mejor escenario que cabe contemplar. ¿Piensa de verdad que los turistas se desplazarían hasta Bareyo para “admirar” esa obra?

Sr. Revilla, en serio, ponga fin a este intento y localice otro lugar para compensar al artista. No es difícil, hay muchos, pero no todos poseen la extraordinaria hermosura natural de éste.

Existe una ruta por la costa cantábrica que va desde Gijón, con el Elogio del Horizonte, de Eduardo Chillida, hasta San Sebastián, con la escultura de Jorge Oteiza en el extremo de la bahía de La Concha, de una elevadísima calidad escultórica confrontada con el mar y una adecuación muy meditada en la mayoría de los casos. No todo lugar por el hecho de existir es susceptible de ser intervenido artísticamente. Hay que saber dejar ciertos lugares tal como son. Le contaré una anécdota relacionada con una obra de intervención en la Naturaleza que llevó a cabo hace años mi admirado Agustín Ibarrola, artista que marcó mi juventud y sobre el que he escrito para sus catálogos en varias ocasiones. El que Ibarrola tenga todo mi aprecio no me impide contar lo siguiente, por si le puede ayudar a tomar la decisión que esperamos muchos.

Es conocido su Bosque de Oma, pinturas sobre las cortezas de pinos de forma que la masa boscosa en una ladera montañosa, desde diferentes perspectivas, aparece habitada por los lineas, rayos, círculos y personajes que están sin estar, pues se deconstruyen al tiempo que se construyen según se camina por los senderos bajo los árboles. Una belleza mágica, sin duda. Como una derivación de este trabajo, Ibarrola realizó otro cerca de las aguas de la ría de Gernika, en las inmediaciones de terrenos cultivados y habitados por caseros. A Ibarrola se le ocurrió que ciertas formaciones rocosas redondeadas que aparecen desperdigadas por el terreno podían ser también pintadas. Árboles de gran verticalidad en el monte y piedras erosionadas en el llano. La idea no estaba mal y lo hizo, iluminó con pintura industrial aquellas rocas, ésta en rojo, esa en verde, aquella en azul y así. De pronto, en cierto momento, los aldeanos de las cercanías empezaron a notar que sus huertas amanecían destrozadas y pateadas por jabalíes que la noche anterior habían atravesado el lugar. Nadie se explicaba que esos animales se salieran de su secular ruta desde las peñas del Duranguesado hasta la costa para invadir unos caminos que, además de habitados, nunca fueron los suyos, los cuales estaban un poco más arriba, al pie del monte. Una noche las gentes del lugar se apostaron para ver qué sucedía: los jabalíes llegaron a donde estaban las piedras pintadas, justo a ambos lados de su ancestral ruta, y al ver los colores inesperados se asustaban, se paraban y optaban por tomar otro camino para seguir adelante, hacia la costa. Ese otro camino era el de las huertas de los aldeanos.

Sr. Revilla, tenga mucho cuidado con las intervenciones en la Naturaleza, nunca son inertes, deje bien lo que está bien y no añada lo innecesario que, además, puede provocar reacciones sorprendentes en quienes menos te lo esperas. Sean pájaros, jabalíes o las dos vacas que pastan cerca del faro, tan bonicas ellas.

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32 comentarios sobre “Carta a Miguel Ángel Revilla, Presidente de Cantabria.

  1. Muy señor mío, me dirijo a usted para acercarle mi felicitación más sincera por una carta que ya me hubiese gustado poder redactar a mí mismo aunque no creo, de ninguna de las maneras, habría expresado con tal elocuencia y templanza; es por ello que me animo a dirigirme a su persona y mostrarle el agradecimiento de un cántabro que, como otros muchos que pensamos lo mismo, no hemos sabido o podido hacer cambiar de idea a las instituciones para parar la obra propuesta (todo ello salvando, por supuesto, al artista a quien aliviamos de toda responsabilidad) y que vemos con esperanza de que, a usted, con sus apuntes y dada la preparación y experiencia con que cuenta se le atienda en la petición que hace y que, le aseguro, respaldamos muchos. Ojalá no caiga en saco roto…!!!.
    Un afectuoso saludo.

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    1. Estimado Federico Manuel Saiz, muchas gracias por su comentario y las opiniones que en él expresa. No crea que no tuve que contenerme para mostrar esa templanza, pero pienso que si hubiese manifestado la ira y rabia que me provoca esta situación no hubiese servido nada más que para satisfacer un desahogo personal. Y el asunto no puede ir de desahogos, sino de razonamientos y de facilitar una salida airosa a todos los implicados, empezando por el Presidente del Gobierno de Cantabria, a quien han comprometido en un asunto equivocado e incómodo que perjudicará seriamente la imagen del territorio. Por eso le escribí esa carta, sin imprecaciones ni palabras hirientes. Espero, como Vd., que este esfuerzo que estamos realizando entre todos los que amamos Cantabria y el arte llegue a buen término, esto es, que no se pinte el faro de Ajo y que Okuda -quien puede haberse comprometido ya con ciertos gastos- pueda realizar su mural en otro lugar que de verdad lo requiera.

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  2. Pues a mi me parece muy bien el faro pintado por Okuda. Mira que no habrá cosas más importantes de las que preocuparse que un artista pinte un faro.

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    1. Buenas tardes, Jaime Cantera. A mí me parece muy bien que a Vd. le parezca muy bien que el faro de Ajo sea pintado por Okuda. El Presidente Revilla también dice que le gustaría, pero esto no va de que le gusta a Vd., al Presidente o a mí, sino de qué es mejor para la imagen de Cantabria en el campo de las actuaciones en arte contemporáneo. Y ésta no mejora nada, sino que empeora, severamente. Y, por supuesto, hay asuntos mucho más importantes de las que preocuparse, pero no estamos ahora hablando de ninguna de esas otras importancias, sino justamente de ésta. Un saludo.

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  3. Estimado Javier.
    Suave me parece el tono con este ejemplo de CACIQUE PALETO. Ormazábal (glorioso personaje)…insertó en la cornisa cantábrica un zoológico con fauna africana que ni en los mejores tiempos del ”circo maximo” Basta ya de la tiranía de estos reyezuelos de pacotilla. Todo por Cantabria pero de niño era el que delataba a los maquis a la Guardia Civil en su pueblo de Santander. El faro es un símbolo de la luz y dudo que los políticos la vean en estos tiempos oscuros. ¡Enhorabuena por tu blog.!

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    1. Muchas gracias, szuazo, por tu comentario. Sí, es suave, deliberadamente. Expresiones más fuertes que las mías ya las están diciendo otros y, por ello, no creo que Revilla las tenga muy en cuenta debido al rechazo visceral que sentirá al leerlas. Pienso que un tono conciliador y que ofrece un puente de salida a esta situación -para él penosa, aunque diga que todo esto de Okuda le encanta-, puede hacerle reflexionar sin estar prisionero de una reacción apasionadamente autodefensiva. A ver si lo logramos. Muchas gracias por lo que me dices del blog, ¡qué bien!

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  4. Javier, mi aplauso para tu carta; qué gusto leerte; no puedo estar mas de acuerdo con todo lo que escribes en ella; yo he perdido los nervios hablando de este tema y, según algunos de mis hermanos, hasta la educación; no he tenido la templanza que requiere el asunto, pero ya veo que hay gente como tú que tiene esa capacidad, ojalá caiga en sus manos, digo en las de Sr Revilla, y le abras los ojos, esos que se los ha nublado no sé quién ni cómo, y paremos esta demencia; mi total agradecimiento por tu carta.
    Begoña Calzada

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    1. Buenos días, Bego Calzada, muchas gracias por tus palabras. No me extraña que pierdas la templanza y hasta la educación cuando ves lo que se proponen hacer en el faro de Ajo. A mí me costó contenerme al escribir la carta, pero hay que ofrecer una salida de este embrollo a Revilla y no seguir incinerándolo con este asunto, que ya le debe tener bastante quemado. A mí cada vez que veo a Okuda o sus colorinches me sangran los ojos. Hay que pararlo!!!

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  5. Buenas noches. Un crimen contra el decoro no debe quedar impune. Los caciques populistas como Revilla no son dignos de un cargo. No respetan su tierra. Es un crimen, como el parque de Cabárceno, que es donde Revilla podría exhibirse majestuosamente.

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  6. Se me quedó en la recámara un comentario sobre un artículo antiguo. Pero me quema decirlo. El edificio Albia era una referencia de la arquitectura racionalista postindustrial del Thamesis. Tanto en su forma como en su disposición. Que la reforma ls hiciera el hijo del arquitecto (aclamado sólo por ese mérito) me parece aún mas triste. La ría es industrial y mercantil. Es un Thamesis no un Turia.

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    1. A mí no me gustó el cambio dado al edificio Albia, yo lo quería tal como era. Creo que, aunque tuviera problemas en la fachada debido a que los azulejos ocre-rojizos estaban empezando a caer a la calle, con el consiguiente peligro, se podía haber hecho una restauración respetuosa con la naturaleza original del edificio. Se optó por mimetizar a la Puerta de Isozaki y en el camino el inmueble perdió su alma.

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  7. Creo que es una opinión más. Que merece la misma importancia como la de cualquier otra persona ajena a Cantabria. Que habla sólo sobre su perspectiva e interés personal. Creo que deberia ser el propio Ayuntamiento de Ajo, los ayuntamientos colindantes y el gobierno de Cantabria, los que deben valorar si les compensa o no realizar esta modificación en el Faro de Ajo.
    El resto de personas no deberíamos influir en las decisiones ajenas a nosotros.

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    1. Hola, Alfonso, buenos días. El asunto es que esta decisión no es ajena a nosotros, a los ciudadanos, ¡cómo va a ser ajena si ofendería la visión de cualquiera que lo viera, si modificaría sustancialmente un lugar por el que cualquiera podría pasear, si la Naturaleza nos pertenece a todos! ¿Qué papel juega la ciudadanía en las decisiones públicas con las que no está de acuerdo? ¿Aceptarlas mansamente? ¿Para qué sirve la crítica constructiva, es decir, la que busca mejorar las situaciones o evitar que estas se perviertan? No estoy de acuerdo con que este asunto sea sólo una cuestión que concierna a los Ayuntamientos del entorno y al Gobierno de Cantabria. Afortunadamente, hemos conseguido convertirlo en un asunto muy público, más de lo que ya era por su origen. Tampoco estoy de acuerdo en que, por ser yo ajeno a Cantabria -vaya, un vecino cercano- mi carta a Revilla esté motivada por un “interés personal”. No soy tan mezquino e interesado.

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  8. Hola Javier, sigo pensando que es una opinión personal, no sé a cuantos afectará o no en su visión sobre el paisaje, pero ya de por sí el faro no pertenece a la naturaleza, pienso. Pero parece ser que, según tú, afecta a todos negativamente, lo mismo sería más positivo derribar el faro y así el paisaje estaría mas integrado en la naturaleza. Creo que una cosa es dar una opinión y otra es mandar una carta para intentar cambiar las cosas porque para tu vista paisajística personal no sea la más apropiada. Insisto en que deben ser sus vecinos los que escriban las cartas para intentar modificar o reafirmar decisiones, los demás sólo debemos opinar sobre las decisiones.

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    1. Hola de nuevo, Alfonso. Gracias exponer aquí tu opinión. La respeto, pero no la comparto, como puedes suponer. No, yo no escribo en nombre de todos, sino en el mío propio, pero sabedor de que mi opinión está inmersa y forma parte en una corriente mucho más amplia y colectiva. Yo sólo le doy “mi forma” a ese pensamiento que se extiende más allá de mí. La forma, esa carta, sí es sólo mía, la idea, en cambio, no. En cuanto a la Naturaleza del cabo de Ajo, creo que la construcción del faro en su día no alteró sustancialmente el paisaje, sino que lo potenció con un hito claro y sencillo, la torre blanca, incorporando un elemento artificial a la Naturaleza que da lugar a un interesante, mínimo y sutil contrapunto sin añadir estridencia alguna. El faro, además, tuvo una importante función de servicio para la navegación, no fue una construcción prescindible, sino necesaria. Lo de Okuda es estridente e innecesario. El faro, tal como lleva ahí casi un siglo, ya pertenece a la naturaleza (ahora con minúscula) del lugar. Podemos discrepar, pero agradezco el tono de tus argumentos.

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  9. La carta que dirige un ciudadano vasco a D. Miguel Ángel Revilla, muy educada y, desde mi punto de vista, muy bien redactada, no deja nada más que expresar una opinión personal, por tanto no expresa un juicio objetivo.
    El presidente de Cantabria tiene el deber y la responsabilidad de intentar desarrollar Cantabria en todos sus aspectos; la actuación prevista en el faro de Ajo es una actuación pictorica que, como toda obra de arte, podrá gustar más o menos a unos y a otros, pero solo el paso del tiempo juzgará su acierto o lo contrario.
    Mucho ánimo Sr. Revilla, y que la suerte acompañe.

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    1. Buenas tardes, Alfonso Corrales. Le agradezco su comentario. Me llama la atención la manera en que, al parecer, establece Vd. la diferencia entre lo objetivo-juicioso y lo subjetivo-personal. Según deduzco, mi opinión es subjetiva, pero la del Presidente de Cantabria, objetiva. ¿Qué me diferencia a mí -o a cualquier otra persona- de él? Sólo esto: el Presidente ostenta el poder y yo no. La distancia entre objetividad y subjetividad, por tanto, según Vd., es la que media entre tener la capacidad para decidir y no tener tal capacidad. Yo no lo veo así y esa no es forma de distinguir entre una y otra.
      Por otra parte, no se haga ilusiones, he pasado mi vida en relación, directa y estrecha, tanto personal como profesionalmente, con el arte y le puedo asegurar que lo que se quiere hacer en el faro de Ajo no es arte. Ya vale con aquello de que, por ser arte, a unos podrá gustar y a otros no, pero que no deja de ser arte por la existencia de discrepancias. No, no es arte. Objetivamente. Sólo podría calificarse como decoración, ornato, pero de la mala, de la que uno se arrepiente al minuto siguiente de haberla instalado. Alguien puede creer que la ley de la gravedad no existe y proclamarlo con su mejor intención, pero si otra persona le cree e intenta echar a volar se estrellará contra el suelo. Que Okuda o Revilla o el sunsuncorda diga que el faro pintado de esa manera será arte… no lo convertirá en arte y el resultado será un estrellamiento durísimo contra el paisaje y contra la naturaleza arquitectónica del faro.
      No es Vd. el primero que me recuerda mi origen vasco al replicarme, como si esto me restara capacidad para emitir un juicio estético sobre esta cuestión. Yo tengo tanto interés en el desarrollo económico y turístico de Cantabria como Revilla o como Vd. y como lo tengo es por lo que intento que se frene este dislate, porque menguaría los valores paisajísticos por los que muchos viajamos hasta el cabo de Ajo como turistas para disfrutar de ellos y, de paso, para comer y dormir en los preciosos pueblos de las inmediaciones. Yo también deseo que la suerte acompañe a Revilla -o, más que la suerte, la intuición política, de la que él ha dado abundantes pruebas en otros asuntos-, y por eso espero que ponga fin a este proyecto y ofrezca a Okuda otro lugar en donde sus colores mejoren el entorno. Un saludo.

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      1. Pero ¿de dónde se sacan lo de Obra de Arte?…, esto me enfada, me indigna…, basta ya, por favor ¡¡¡un poco de respeto por los artistas!!!

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      2. En efecto, Bego Calzada, como ya he explicado en un comentario anterior, no, no es arte. Sólo podría calificarse como decoración, ornamento, pero del malo, del que uno se arrepiente al minuto siguiente de haberlo instalado. Alguien puede creer que la ley de la gravedad no existe y proclamarlo con su mejor intención, pero si otra persona le cree e intenta echar a volar se estrellará contra el suelo. Que Okuda o Revilla o el sunsuncorda diga que el faro pintado de esa manera será arte…, ni la autoridad política ni la insistencia en proclamarlo lo convertirán en arte y el resultado será un estrellamiento durísimo contra el paisaje y contra la naturaleza arquitectónica del faro.

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  10. Es de agradecer esta carta; aunque sea de una persona que no reside en Cantabria ello no le resta ni un ápice su derecho a opinar. Además es entendido o experto en arte, yo no y por eso tengo muy en cuenta su opinión. Personalmente no me gusta lo que se quiere hacer en el faro de Ajo, y no es por llevar la contraria. Saludos.

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  11. Por favor…, se lo ruego…, déjenlo como está…, es un símbolo precioso y no necesita esos colorados para nada. No gasten en esas aberraciones artísticas

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  12. Veo que algunos han entrado en el resbaloso campo de definir lo que es arte y lo que no es. Yo no me atrevo a pronunciarme sobre algo tan subjetivo. Pero me atrevo a decir que esta intervención no mejoraría el aspecto de una costa dominada por un faro blanco. Seguramente en Cantabria hay muchos pabellones industriales o paredones de infraestructuras que agradecerian más el mural de este pintor.
    Pero en la misma linea tambien le digo, que pese a que lo hiciera Ibarrola, los cubos pintados del espigón de Llanes no me parece que mejoren la estética austera y neutra del hormigón. Aunque todo es opinable.

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    1. Hola pedromari, gracias por tu comentario. Una de las martingalas posmodernas que más daño ha hecho a la cultura contemporánea es aquella de que cualquiera puede ser artista y que el arte depende de la subjetividad de cada uno. Pues no, cualquiera no puede ser artista, como tampoco cualquiera puede ser científico, escalador de alta montaña o cirujano médico. Para serlo, de entrada hay que tener cualidades para ello y después es necesario dedicar muchas horas de estudio, lecturas, esfuerzo mental y concentrada atención, en suma, crearse un mundo propio. Sin esos requisitos nadie puede ser un profesional solvente de la actividad que sea. Aquí nadie ha definido que es el arte, sino que se ha dicho qué cosa lo es y qué cosa no lo es en virtud de las muchas horas y años dedicadas por quien lo dijo en ver, entender, hablar, escribir, interpretar y enseñar obras de arte. Cada uno habla y sueña desde su tiempo. Por supuesto, no tenemos ni idea acerca de qué se dirá que es arte dentro de 300 años. Pero esto nos tiene que importar muy poco a la hora de afirmar o negar hoy qué lo es en base a nuestras percepciones y conocimientos. Por otra parte, la subjetividad de cada uno, cuando está formada y posee elementos de criterio para discernir, influye en la interpretación que cada persona se da a sí misma acerca de la obra de arte que contempla. Esto es, la subjetividad determina la clase de idea que uno se hace sobre lo que ve, pero la subjetividad no es herramienta para determinar qué es arte y qué no, de la misma manera que mi subjetividad no determina qué es ácido sulfúrico y qué no, porque no tengo ni idea. Finalmente, dentro del campo artístico, como en toda creación humana, existen resultados y propuestas excelentes, buenas, mediocres, regulares y malas. El proyecto de Okuda no lo puedo asimilar a ninguno de estos niveles, ni siquiera el más bajo, porque no es arte, sino ornamentación, como mucho, y así como arte he visto mucho también he visto y estudiado mucha ornamentación.
      La intervención de Agustín Ibarrola en el espigón de Llanes a mí tampoco me convenció, a pesar de que él sí es un artista de elevada categoría. No siempre se acierta, aunque el resultado sea llamativo. La tarea del arte no es llamar la atención, sino provocar pensamientos que le mejoren a uno como individuo. No lo banalicemos.

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  13. No puedo sino darle las gracias por esta carta. Lo mejor que he leído sobre este asunto.
    Gracias de parte de los que amamos esta tierra, hayamos nacido aquí o no (mi caso)
    Un muy cordial saludo

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