Seguros Bilbao: diáfana estructura modular

/ Javier González de Durana /

Alzado a la calle Rodríguez Arias, por la derecha viene Alameda de Recalde y por la izquierda, Banderas de Vizcaya (hoy Telesforo Aranzadi).

Ubicación del solar; la calle Banderas de Vizcaya no estaba prevista en el Plan del Ensanche urbano de Alzola, Hoffmeyer y Achúcarro.

La arquitectura realizada en Bizkaia después de la guerra civil parece no encontrarse bajo el radar protector de los servicios del patrimonio histórico. Su control y la preservación de las piezas más notables construidas en aquellos años no se hallan sobre ninguna mesa. Se transmite la idea de que cualquier edificio anterior a 1936, sobre todo si tiene columnas, pilastras y vidrieras de colorines, merece ser preservado para el futuro. Por lo visto, los arquitectos de tiempos pre-bélicos eran capaces de diseñar edificios excelentes, pero los que trabajaron durante los años duros del franquismo no obtienen el mismo crédito; por lo visto, sus edificios no son tan valiosos ni fueron concebidos con tanta calidad como los de su colegas históricos. Así que para qué proteger nada de esa época. El triste episodio, aún en curso, de la anunciada demolición del edificio de Marqués del Puerto 3, diseñado por Juan Daniel Fullaondo y Félix Iñiguez de Onzoño, es el ejemplo más reciente de esta situación.

Por este motivo es necesario poner en valor piezas singulares de aquel tiempo, edificios en los que poca gente se fija o que, si lo hace, no considera interesantes. Escribir artículos que puedan constituir un suelo bibliográfico en el que apoyarse cuando alguien diga que tal o cual arquitectura no tiene calidad, que nadie la ha considerado portadora de algún valor y merecedora de ser protegida, no creo que sirva de mucho ante la fuerza económica del sector turístico-inmobiliario, pero por intentarlo que no quede. Si un propietario decide demoler un edificio de los años 50 y 60, de oficinas, industrial, comercial…, para construir otro de nueva planta o cambiar su uso anterior para convertirlo en hotel o viviendas de alquiler por días, es seguro que encontrará en estos ayuntamientos actuales todo su apoyo; lo estamos viendo: es una nefasta consecuencia de la contaminación turística.

Uno de estos casos de arquitectura notable es el que la empresa Seguros Bilbao promovió a través de un concurso restringido de anteproyectos para la ejecución de su sede social, emplazada en el centro del Ensanche bilbaíno. El proyecto ganador, concebido por Francisco Hurtado de Saracho y Luis Mª Gana, se firmó en 1954, concluyendo la obra en 1957. Con un estilo monumental moderno, entre el racionalismo del siglo XX y un clasicismo simplificado, ornamentación sobria, proporciones equilibradas, volumetría compacta, sin voladizos como balcones, solanas o miradores, se caracteriza por el orden geométrico de sus fachadas, la disposición regular de ventanas organizadas en retícula y la nítida composición simétrica: «Consideramos -decían Hurtado de Saracho y Gana en la Memoria de su proyecto- que un edificio de Oficinas debe seguir en la actualidad la norma impuesta y generalizada de fachada reticulada, que permite una gran elasticidad en la colocación de divisiones interiores...».

La parte sobrante de las oficinas para la aseguradora se pensó destinar a viviendas de alquiler, si bien cuando las obras ya estaban a punto de concluir Seguros Bilbao decidió cambiar esa idea por la de dedicar todo el espacio que no utilizaría en sus necesidades para alquilar oficinas a otras empresas y profesionales, salvo dos viviendas en la mansarda para los porteros. Consta de dos plantas de sótanos, planta baja y siete plantas sobre ésta. La superficie del solar es de 1.013,20 m2. La superficie construida es de 9.548,50 m2, de los que la mitad estaba destinada a la compañía de Seguros y la otra mitad a lonjas y oficinas. El conjunto se proyectó alrededor de un patio central, situando las áreas laborales de Seguros Bilbao, en vertical, enlazadas por una escalera y tres ascensores. «La característica más importante de este Proyecto ha sido la de realizar una estructura modular, sumamente diáfana, que permita una mayor elasticidad e la distribución interior de Oficinas«.

En la composición de fachadas se adoptó una retícula de 1,75 m2 por módulo, formándose con ello una estructura de hormigón armado, forrado en el frente con piedra de Colmenar: «…el criterio de situar las oficinas en la orientación Norte, que al no ser soleada, permite tratar la fachada, como se ha hecho, con una retícula de vidrio en su totalidad«. La pretensión del diseño fue el de «reflejar en fachadas, el destino del edificio (…su carácter representativo…) armonizándolo con los edificios colindantes, principalmente en cuanto a materiales de construcción se refiere…«. La piedra de Colmenar se cambió por granito en los chaflanes, decorados con relieves escultóricos de Santiago Uranga. Su total cegamiento permitió en ellos la concentración decorativa (escudo de la entidad y relieve escultórico) para que destacasen frente a «la simplicidad de líneas del resto de la fachada«.

Sorprende ese mencionado intento de armonización, ya que en las fechas de su construcción este edificio no tenía a ningún otro colindante y los que había en sus proximidades mostraban materiales diferentes: ladrillos caravista, placas de piedra, raseados…. Lo que sí provocó esta sede de Seguros Bilbao es que los edificios levantados en los años siguientes, todos residenciales, se aproximaran a él. Así, en 1959, en el cercano solar de Rodriguez Arias 9-Telesforo Aranzadi 1, el propio Luis Mª Gana y Álvaro Líbano desplegaron un ejercicio de aproximación formal y compositiva; poco después, en 1964, el solar situado tras Seguros Bilbao, en la misma manzana, fue ocupado por un edificio diseñado por Hilario Imaz y Germán Aguirre. Estos sí armonizaban con el inmueble de Seguros Bilbao.

La zona basamental del edificio es placa de granito pulimentado. Las ventanas, en su totalidad, son basculantes, con persianas venecianas interiores, dispuestas en una canal que permite su deslizamiento. Los antepechos de dichas ventanas son de aluminio anodizado en chapa ondulada. El criterio general adoptado en todo el edificio fue el de conseguir una máxima iluminación, por lo cual, tanto en fachada como en las zonas de patios, se dispusieron los huecos más amplios posibles, como se aprecia en las escaleras, una de cuyas paredes es totalmente de vidrio prensado. 

Este inmueble fue el primero de factura moderna -no deudora del racionalismo superviviente de los años 30- que se construyó en Bilbao. El modelo ya no se buscó en Alemania, sino en Estados Unidos y los precedentes en España fueron la Sede del Estado Mayor del Ejército (Luis Gutiérrez Soto, Madrid, 1949-53) y la Casa Sindical (Rafael Aburto y Francisco de Asís Cabrero, Madrid, 1949-51).

Planta sótano -2 con habilitación del conducto diagonal para la canalización del arroyo Elguera.

Planta baja y de acceso desde la calle. Dos grandes espacios en las dos esquinas para actividades comerciales. Al fondo a ambos lados escaleras y ascensores de acceso a los espacios que iban a ser viviendas, cambiadas después por oficinas; los vecinos-residentes accederían por Alameda de Recalde y los servicios por Telesforo Aranzadi.

Vestíbulo y acceso a los ascensores para servicio de las oficinas de Seguros Bilbao.

Planta de uno de los pisos en el primer planteamiento. Un gran espacio orientado a la fachada principal, destinado a oficinas de Seguros Bilbao y espacios destinados a dos viviendas, una orientada a Alameda de Recalde y otra a Telesforo Aranzadi.

Aspecto de uno de los espacios de oficinas utilizados por Seguros Bilbao. Al fondo, interior del chaflán orientado a Alameda de Recalde.

Aspecto de la fachada lateral a Alameda de Recalde, similar a la orientada a Telesforo Aranzadi; primero cuando se pensaba dedicar los espacios laterales a viviendas (ventanas más grandes) y segundo cuando se decidió que todos los espacios se destinaran a oficinas, propias de Seguros Bilbao y en alquiler (ventanas iguales a las de la fachada frontal a Rodríguez Arias).

Relieves escultóricos situados en los dos chaflanes de granito, obra del escultor y pintor Santiago Uranga. Motivos alegóricos referidos a las actividades laborales de Bizkaia.

Catedral de Santiago, ¿y ahora qué sucede?

/ Javier González de Durana /

Estado de los contrafuertes del ábside antes (arriba) y ahora (abajo).

Hace tres años publiqué aquí una dura entrada acerca de los degradados micro-espacios comerciales insertos entre los contrafuertes del ábside de la catedral de Santiago, en la confluencia de las calles Correo y Tendería. La mala imagen que durante años dio su descuidado abandono y el hecho de que ocultasen los sillares de un notable edificio histórico era penoso e incomprensible. Poco después se iniciaron unas obras que retiraron las tienduchas, los sillares quedaron al descubierto, se recuperó alguna ventana cegada, así como la forma original de otra, y unos operarios empezaron a restaurar los muros dañados por las perforaciones y el mal uso que se hizo de ellos durante décadas. Una vez eliminados los tenderetes, se pudo limpiar la totalidad de los muros tras ellos hasta la moldura de la cornisa, lo cual era imposible antes por la presencia de los tejadillos. Las erosiones no eran serias, pero sí numerosas y degradantes, cometidas sin permisos ni controles por los tenderos. Estos -incomprensiblemente- son propietarios de los minúsculos suelos que han ocupado, entre 4 y 7 m2, pero de ningún modo lo son ni lo han sido del muro eclesial. Alguien falló en su responsabilidad in vigilando

Se dijo que para el verano del 2024 esos espacios, tras ser vaciados y saneados, recuperarían cierta actividad comercial de quita-y-pon: carritos de heladería, tenderetes de recuerdos para turistas…, melonadas semejantes a las decenas de chucherías que ya se venden en otros lugares del Casco Viejo. La idea no era buena, pero se justificaba en una hipotética recuperación de puestos de trabajo que habían sido cancelados al cerrar la actividad comercial.

Sin embargo, ese regreso comercial no se produjo y el gozo de la restauración completa se fue al pozo de los pasmos. De pronto, un día hace más de un año, a punto de concluir las obras, estas se pararon y así siguen desde entonces, Un mezquino vallado separa la calle de los espacios entre contrafuertes. Al otro lado se ven tablones y restos de obra; por encima se observan los múltiples agujeros que han sido rellenados, aunque no tratados cromáticamente para armonizarlos con el color de los sillares históricos. La cornisa ha sido restaurada y se han instalado bajantes de agua, pero no están concluidas: una parece que sí pero no, otra está muy mal instalada, como de modo provisional, y una tercera realiza, a merced del viento, una curvatura en el espacio. Ayuntamiento, obispado y propietarios no se ponen de acuerdo en cómo concluir la obra y definir el futuro de esos espacios. Mientras tanto, la casa sin barrer.

De modo que, a pesar de lo realizado, el estado actual no es mejor que el anterior. Si cabe, en ciertos aspectos aún es peor. La sensación de obra abandonada y desidia se impone. Además, hay novedades que antes no existían. Un gran y alto hueco que profundiza entre contrafuertes es utilizado por un par de personas sin techo para vivir ahí, incrementando el aire de desolación. Paralelamente, los rateros que roban a los descuidados turistas sus bolsos y carteras arrojan al otro lado del vallado estos objetos después de vaciarlos de dinero y tarjetas. Ante nuevas situaciones, nuevas utilidades. ¿Cómo es posible que unos suelos tan pequeños estén creando un problema tan estancado e irresoluble?

Plaza del Ensanche: dudas y sombras

/ Javier González de Durana /

Infografía del diseño de la plaza tal como se prevé que quede.

Las obras del aparcamiento subterráneo en la Plaza del Ensanche llevan más de un año en ejecución y, al parecer, según se ha asegurado desde el Ayuntamiento, se prolongarán hasta bien entrado el año próximo. Los vecinos y comerciantes del entorno inmediato han creado una plataforma mediante la que expresan sus dudas, quejas y expectativas acerca de unos trabajos que han alterado su vida cotidiana hasta convertirla en una molestia continuada de ruidos, vibraciones, cortes de calles, supresión de aceras, polvo en suspensión, presencia de casetas y vallas… que son asumidas con resignada paciencia. Nadie cuestiona que el anterior aparcamiento se había quedado anticuado y disfuncional, nadie niega que la nueva obra mejorará la ciudad en esa zona al peatonalizar algunos tramos de calle y absorber vehículos de la superficie, 210 más que la anterior capacidad hasta llegar a los 522 estacionamientos…, sin embargo, las dudas envuelven el diseño que se ha previsto dar a la plaza que cubrirá el aparcamiento.

Ese lugar fue durante sus primeras décadas de vida, años 50, 60 y parte de los 70, un espacio ajardinado acogedor y seguro, donde los niños y las niñas del barrio jugaban protegidos del tráfico circundante gracias a un elegante y encantador diseño surgido de la colaboración entre el arquitecto municipal Germán Aguirre, autor del colindante mercado, y José Luis Salinas Sanz, encargado de los viveros municipales, arquitecto paisajista de parques y jardines formado en Holanda, dibujante, pintor, cartelista y diseñador, en suma, un artista; suya fue la idea de rehundir el terreno tanto en la primitiva Plaza del Ensanche como en la Plaza Elíptica. A mediados de los años 70, con la construcción del aparcamiento subterráneo, ese espacio urbano quedó profundamente alterado y las virtudes del anterior jardín se perdieron sin que el nuevo diseño aportara otros valores: dureza y desolación definieron el lugar durante las décadas siguientes. La esperanza actual se alimenta con la idea de recuperar la calidad que un espacio tan central del Ensanche bilbaíno debe tener en concordancia con la notable factura e historia de las arquitecturas que la envuelven.

Como es lógico, el nuevo diseño de la plaza deberá tener en cuenta circunstancias que hasta hace poco tiempo no eran consideradas, como son las referidas al cambio climático. La Concejala de Movilidad y Sostenibilidad en Ayuntamiento de Bilbao, Nora Abete, responsable de la ejecución de esta obra, indicaba en una nota informativa que para el diseño de la plaza «se han analizado múltiples variables mediambientales, entre ellas un estudio bioclimático que incluye un análisis de soleamiento y estrategias para la reducción del efecto isla de calor», en paralelo a tener en consideración «otras variables de funcionalidad del espacio con el fin de optimizar las condiciones de uso para la ciudadanía. De esta forma se crearán espacios con abundante arbolado (se trasplantarán los que están actualmente y se añadirán numerosos ejemplares más) así como amplias zonas de esparcimiento. La plaza ganará el espacio en el vial oeste, que actualmente es de uso para el tráfico rodado y acera”. Suena bonito y son deseables esos objetivos, pero no menciona el amplio umbráculo central, un techado que invadirá gran parte del espacio que quede libre en la plaza, teniendo en cuenta que habrá otros dos techados más para cubrir los ascensores del aparcamiento. ¿Se refiere a ellos cuando la concejala habla de «otras variables de funcionalidad«? ¿Un parasol de elementos rígidos es la mejor solución encontrada después de analizar «múltiples variables medioambientales«?

El umbráculo central es muy discutible y debería ser sustituido por la sombra más natural y ecológica existente, la de los árboles. La excusa de que no habría tierra suficiente para el desarrollo de sus raíces no sirve, pues la solución es aportar sobre el encofrado del techo de la última planta del aparcamiento un espacio suficiente para contener la tierra necesaria que posibilite el crecimiento sano de las especies arbóreas. Se habla de cuidado medioambiental, pero se introducen metales y piedras, renunciando a que toda la superficie ofrezca la orgánica solución de tierra y árboles. ¿No es muy contradictorio? En definitiva, ¿qué sucede si la ciudadanía no está de acuerdo con las soluciones concretas propuestas para lograr «optimizar las condiciones de uso para la ciudadanía«? Por otra parte, ¿quién está encargado de ese diseño? ¿qué cualificación posee? Veamos.

Las obras las está llevando a cabo una UTE formada por Viuda de Sainz, Construcciones Fhimasa y Urbhaus Lean Services. No obstante la carga de trabajo está repartida de manera desigual: Viuda de Sainz se encarga del 95% de la obra, Fhimasa, del 3% y Urbhaus, del 2%. La oferta de esta UTE fue inicialmente rechazada por «anormal o desproporcionada«, pero tras una revisión volvió a ser admitida para terminar ganando la adjudicación sobre otras dos ofertas, las de Amenabar y Cycasa Interparking-Comsa, que planteaban costes más bajos. Sea como fuere, lo que queda claro es que Viuda de Sainz se encarga de la excavación y la construcción de la estructura-aparcamiento subterránea, mientras que las otras dos se limitarán a la superficie y el acabado externo final. Si se tiene en cuenta que el coste total de la obra es de 18.000.000 €, esto significa que, aproximadamente, Viuda de Sainz asume 17.100.000 €, Fhimasa, 540.000 € y Urbhaus, 360.000 €.

Al consultar las webs de estas empresas unidas en la UTE se comprueba que Viuda de Sainz no la incluye entre sus obras en ejecución, ni como obra civil ni como obra especial, que Urbhaus sí la incluye, pero no muestra ningún dato, textual o visual, sobre ella y que Fhimasa tampoco la menciona.

Infografía de la sección longitudinal del aparcamiento y plaza.

Así que el diseño final parece estar en manos de Fhimasa o de Urbhaus, si bien durante una reciente reunión de algunos vecinos con Nora Abete estos no pudieron llegar a saber con exactitud a quién corresponde la autoría. Durante esta reunión entregaron a la concejala un informe en el que le trasladaban sus críticas y aspiraciones que ella recibió y escuchó…, a ver qué más hace. En todo caso, parece bastante claro que es Fhimasa quien se encargará del diseño. Durante el pasado 2024 Urbhaus apenas realizó un par de pequeñas operaciones para el Ayuntamiento centradas en la instalación de vallas de protección para pasarelas peatonales que no superaron los 45.000 €. Sin embargo, Fhimasa, especializada en urbanismo, obra civil y canalización de redes, contrató durante aquellos doce meses hasta dieciocho trabajos que iban desde la reurbanización de calles, renovación de pavimentos y ampliación de aceras hasta la instalación de tuberías, fuentes públicas, pistas de skate y cubiertas de escenarios, rozando los 1.500.000 € en algún caso concreto. Son los especialistas en este tipo de obras en superficie, pero no se deduce de ello que sean también los autores del diseño, aunque quizás sí…

Algo inquietante en el caso de Fhimasa es que en su web se muestren «orgullosos» de alguna operación de triste recuerdo, como fue el derribo de los pabellones de la fábrica Echevarría, HEVA, en Begoña: «En el solar en el que se ubicaba la fábrica de Etxebarría, FHIMASA urbanizó el actual parque procediendo previamente a la demolición de todas sus instalaciones… salvo una: la chimenea que aún preside esta famosa zona de recreo bilbaína (“la dejamos en pie para que respire el césped”)» proclama. Está claro que se derribaron los pabellones por orden municipal, no por voluntad de Fhimasa, que tan sólo había sido contratada para ejecutarlo, pero aquella pérdida patrimonial de la historia de Bilbao, cuya conservación parcial podía haberse hecho compatible con su reconversión en parque, no es algo como para ir exhibiéndola. La triste broma de decir que se conservaba la chimenea no por su valor constructivo y simbólico, sino por un motivo sin sustancia, tampoco es muy edificante. De ahí viene la inquietud…

En fin, no es cuestión de plantear aquí todas las críticas del vecindario al proyecto (bancos corridos sin respaldo, pérgolas de acero, piedra y madera…). Nora Abete ya las conoce. Lo importante en una sociedad que se dice dialogante es que los responsables públicos no crean que cumplen con la ciudadanía tan sólo con reuniones de escucha y olvido. Sobre todo, es intercambiar opiniones y, tras ello, modificar los planes de unos y las aspiraciones de otros hasta llegar a un punto de común acuerdo entre las partes afectadas. Esto es lo que falta todavía y mientras tal situación perdure existirán más que dudas razonables acerca de la idoneidad de este diseño. También falta un José Luis Salinas Sanz, claro.

Infografía que muestra la planta de la plaza tal como el diseño prevé que quedará.