/ Javier González de Durana /

Bloques de viviendas concluidas y en construcción junto al bulevar que, de momento, funciona como cambio de sentido para vehículos y termina ante una barandilla sobre la ría, aunque su destino futuro es otro.

Hoy por hoy ese mirador, al fondo del aparente bulevar y sobre la ría, coloca al peatón ante las potentes instalaciones industriales de Sader y Profersa, ambas en Zorroza, al otro lado del Nervion.
Visto desde la margen izquierda, el conjunto de viviendas que se está levantando en la Punta Norte de la isla de Zorrotzaurre ofrece un aspecto desolador: pegadas unas a otras en apiñados bloques, elevándose con unas alturas y anchuras que desde la distancia se antojan excesivas…, no muestra muy buen aspecto y hace temer que el asunto irá a más, pues en los alrededores se levantarán otros bloques similares a los existentes. Con la esperanza de que la realidad a pie de calle fuera menos dura, me acerqué a verlo.
Los viales que conducen a esa Punta Norte llevan habilitados desde hace varias semanas y, caminando o en coche, cualquiera puede acceder sin problema a este nuevo barrio. Algunas viviendas están ocupadas ya por los vecinos y en los tendederos cuelgan vestimentas al sol como evidencia de que la vida cotidiana trata de acomodarse entre grúas, terrenos agujereados y ruinas industriales. Los residentes van llegando poco a poco y en los portales de las viviendas se pueden leer carteles que recomiendan a los transportistas de muebles y electrodomésticos el cuidado en sus actuaciones, el control de las puertas que necesiten tener abiertas y la recogida de embalajes o restos de paquetería. No hay ningún comercio activo todavía, pero en las calles se ven jubilados de paseo con sus perros y parejas jóvenes que empujan cochecitos con criaturas. En el ambiente flota un aire de provisionalidad, de asunto en marcha a la espera de que las tiendas abran sus puertas y más jubilados con perros, más parejas con cochecitos y criaturas completen el paisaje, llenándolo de animada vida urbana. Es lógico, queda mucho por hacer. No obstante, algunas intenciones acerca de lo que se pretende sea este lugar van mostrándose con cierta claridad. Una cosa es que te lo cuenten, siempre adornado con adjetivos encomiásticos en boca municipal o inmobiliaria, y otra, que lo veas.
Una prueba de lo aún pendiente y que ahora deja extrañado al observador «flaneur» es un supuesto bulevar desarbolado que termina ante una barandilla que, a la vista de los dos bancos allí plantados, se espera que funcione como mirador sobre el cauce de la ría tras elevarse en rampa unos diez o doce metros por encima de la cota cero de la isla. La idea no es que el tal bulevar funcione como paseo, pues las aceras son estrechas, el vial tiene un doble carril de ida y vuelta, y el parterre central no muestra indicios de que vaya a ser accesible al margen que, de serlo, tampoco ofrecería muchas satisfacciones al paseante. Visto tal y como está hoy, parece un desorbitado cambio de sentido para vehículos. En realidad, se trata de la rampa de acceso al puente que se construirá en el futuro para comunicar la isla con el barrio de Zorroza. Eso sí, de momento la barandilla-mirador proyecta al observador hacia dos potentes instalaciones industriales existentes en la orilla de enfrente, Profersa, que fabrica fertilizantes a través de residuos, y Sader, una empresa de descontaminación y eliminación de residuos, peligrosos y no peligrosos. Llevan más de 30 años en esa localización, quedando como vestigios del pasado industrial de Bilbao; son las únicas empresas de estas características ubicadas tan cerca de zonas habitadas y cuyos residentes se han quejado repetidamente a causa de los malos olores. El Gobierno Vasco ordenó el año pasado la paralización de Profersa debido a varios incidentes ocurridos en sus instalaciones. Se han iniciado los trámites para el traslado de ésta a las inmediaciones portuarias de Zierbana, si bien parece que Sader continuará en su actual ubicación, aunque dedicada a otras tareas. Se supone que el futuro puente desembarcará en esa orilla justo donde se encuentra Sader. De momento, las dos fábricas están ahí, ofreciéndose como espectáculo inesperado para quien las contemple desde la (provisional) barandilla.

Los tres primeros bloques en la Punta Norte con formas definidas; con formas silueteadas los bloques que se implantarán en el futuro.

Primeros tres bloques construidos y en parte ya habitados; muestran fachadas en dos tonos de gris, claro y oscuro.
Mi intención no es tanto hacer un comentario sobre las arquitecturas edificadas como referirme al paisaje que ellas crean aquí. Doy por sentado que la calidad de materiales, metros cuadrados útiles, suelos radiantes con aerotermia, sostenibilidad energética y demás cuestiones técnicas y domésticas se cumplen tal y como se prometieron. Sólo puedo aludir al espacio urbano, pues no he visitado ninguna vivienda, aunque las webs de las promotoras inmobiliarias que venden los pisos muestran los planos de distribución en las diferentes opciones ofrecidas a la clientela.
Los tres primeros bloques construidos y ya entregados por la constructora Jaureguizar en la parcela RZ13 (172 viviendas VPO) se despliegan en planta según el diseño previsto por la arquitecta anglo-iraní Zaha Hadid a partir de una analogía con la genética y, en concreto, con los cromosomas. Patrones y procesos biológicos que, con la ayuda de la Inteligencia Artificial, buscan crear espacios dinámicos y orgánicos a imitación de la complejidad de la naturaleza. Parte del objetivo es superar las limitaciones de la arquitectura tradicional mediante la exploración de nuevas formas, la integración de la naturaleza en el entorno construido y la creación de espacios singulares. Así, los edificios se alejan de las líneas rectas y las formas rígidas para adoptar curvas y quiebros que sugieren crecimiento, movimiento y adaptabilidad. Con ello se suscitan recorridos fluidos y conexiones visuales entre diferentes áreas para fomentar la interacción y la movilidad dentro de su espacio urbano.
Estos edificios rompen la tradicional unidad del bloque-manzana con patios interiores (comunes en el Ensanche y, más recientemente, en Txurdínaga) para, fragmentando esa idea, provocar la aparición de piezas menores con calles peatonales entre ellas. La circulación de vehículos y el acceso a garajes se realiza alrededor del conjunto de las piezas así divididas, que en este caso son tres con dos breves paseos intermedios. Esta idea no es nueva, aunque sí el modo de formalizarla aquí. Los movimientos de las fachadas, de sobrio cromatismo, no dan a lugar a juegos de luces y sombras especialmente ricos. Se aprecia que no son secos paralelogramos, pero no queda claro dónde está la ganancia ofrecida por esos planos verticales fraccionados, dónde su funcionalidad ni de qué modo logran mejorar la calidad de vida urbana. En todo, caso, a la vista de un rincón -resultado de aplicar la, digamos, planta en forma «cromosomática»- en la trasera del bloque central, es fácil imaginar que su función como patio de luces exterior será superior a cualquier otro valor y que, a ras de calle, propiciará la acumulación de fluidos humanos y animales, además de desperdicios arrastrados por el viento.
Como en otras ocasiones, no se dice en ningún lugar el nombre del arquitecto que ha diseñado estos bloques. El concepto de autoría queda adscrito a la empresa constructora. El individualismo creativo se disuelve en la entidad corporativa, siendo el conjunto de sus trabajadores quienes diseñan, construyen y, a veces, comercializan lo realizado, sin personalismos. Aunque los planos estarán firmados por algún arquitecto con nombre y apellidos singulares, la responsabilidad sobre el diseño de la obra, se supone, es empresarial. Los edificios con autorías conocidas en la actualidad se reservan para los nacidos en estudios puros de arquitectura, esto es, externos a las empresas constructoras… y no siempre.

Entre bloque y bloque una calle peatonal con parterre de césped y arbolado. Trasera de bloque central, con resultado de un espacio que actúa como patio de luces exterior.
Jaureguizar está construyendo otros dos bloques en la parcela RZ5 (233 viviendas VPT), cercanos a los tres anteriores. Estos edificios son mucho más elevados: 17 y 19 plantas. Uno es de desarrollo ondulantemente longitudinal y el otro, «cromosomático». Tampoco tienen a un arquitecto como autor, sino a la propia empresa con sus empleados-arquitectos, engullidos en el conjunto corporativo.
La imagen de estos dos edificios es bastante impactante por sus enormes dimensiones. Lo que aparentaba ser desmesurado desde la orilla de enfrente, sigue pareciendo gigantesco de cerca, no sólo en altura, también en anchura. En Santutxu, donde el urbanismo despendolado de los años 60 cabalgó a sus anchas, hay pocos edificios que tengan este aspecto tan masivo. Puestas en comparación, las recientes cinco torres de Bolueta son casi una exquisita delicadeza y, antes de construirse, no parecía que llegarían a serlo, ni de lejos. Así que hay que dar margen de confianza hasta que todo esto en Zorrotzaurre concluya, con la esperanza de que las piezas vayan encajando.

Los dos bloques en construcción actualmente, con formas definidas; con formas silueteadas los bloques los tres que ya se han concluido más los que se implantarán en el futuro.

No obstante, hay un factor que amortigua todos los excesos puntuales: los dos cursos de agua que rodean la isla, el viejo cauce del Nervión y el canal de Deusto. No sólo dan singularidad al entorno geográfico, sino que mantienen a los núcleos urbanos preexistentes, San Ignacio y Zorroza, en la lejanía y esa espléndida amplitud espacial alrededor del nuevo núcleo edificado mitiga su densa aglutinación. El despliegue longitudinal o levemente diagonal de los bloques de viviendas respecto a los cursos fluviales permite que desde cualquier ventana se pueda contemplar el agua, pero esto ya lo había descubierto hace tiempo Marina d’Or en la mediterránea Oropesa, aunque sin la firma de un Premio Pritzker. Perdón por decirlo.


El horror… remontar la ría del Nervión será un viaje comparable al del capitán Marlow en el río Congo. Cuanto que aprender de Nantes __por poner un ejemplo constructivo…
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Jajaja, buena comparación con «El corazón de las tinieblas», de Joseph Conrad. Esperemos que mejore lo que no ha comenzado muy bien.
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