Bajo el suelo sacro, tiempo detenido

/ Javier González de Durana /

Estado en que quedó el suelo de San Martín de Finaga, tras realizar las excavaciones arqueológicos que tan extraordinarios descubrimientos ofrecieron. Pavimento acristalado e iluminado para contemplar los hallazgos.

Hace unos meses se puso en marcha por parte de la Diputación de Bizkaia un proyecto apasionante, un trabajo de investigación acerca de nuestro pasado que puede remover ideas tan consolidadas como carentes de fundamento científico. Un estudio destinado a derribar algunos enraizados mitos locales, esa clase de ideas que se han repetido con insistencia entre nosotros sin que se considerara necesario demostrar su veracidad histórica o siquiera aproximarse a algún tipo de certeza, aunque fuese mínima, basada en contrastadas pruebas materiales. Lo legendario bien adornado suele ser más atractivo que unos escasos y embarrados restos físicos por muy elocuentes que sean si se saben leer. La fantasía sobre el pasado, además, permite la introducción de elementos ideológicos que resultan de interés para un presente siempre en disputa.

Los yacimientos arqueológicos no suelen encontrarse en superficie, sino a cierta profundidad. Esta situación implica, antes de iniciar la intervención arqueológica propiamente dicha, la remoción de los niveles superficiales con medios mecánicos hasta el nivel donde se localice la estratigrafía o estructuras arqueológicas. Las intervenciones en el subsuelo de edificios se inician con sondeos manuales en diversos puntos con el fin de determinar las características arqueológicas del yacimientoLa realización de estos sondeos debe permitir descartar la excavación de zonas concretas donde sea evidente la inexistencia de niveles o restos arqueológicos. 

La excavación en los alrededores de iglesias y ermitas tiene ya cierto recorrido entre nosotros, pues en ocasiones con motivos de obras de urbanización aparecen, sin buscarlos, restos arqueológicos que derivaban en planes de actuación que, primero, paralizan las obras iniciadas para dar paso, después, a un proyecto de intervención arqueológica que, tras obtener toda la información posible del subsuelo, posibilita proseguir la urbanización paralizada con limitaciones o sin ellas, dependiendo de los hallazgos encontrados. Que las inmediaciones de los templos guardan informaciones valiosas es sabido desde hace tiempo: necrópolis y bases pétreas de antiguas construcciones, religiosas o no, fragmentos cerámicos y otros vestigios materiales siguen ahí a la espera del correspondiente proyecto de excavación. Los arqueólogos Iñaki García Camino y Miguel Unzueta Portilla llevaron a cabo algunas de ellas, proporcionando importantes revelaciones.

Copa de vidrio (siglos VI-VII) encontrada sobre la pelvis de uno de los enterramientos en el interior de San Martín de Finaga, junto a una hebilla de cinturón y una gran espada de doble filo, de una tipología similar a las francas.

Sin embargo, las actuaciones arqueológicas en el interior de los templos no han sido tan frecuentes debido a la dificultad de compatibilizar los servicios religiosos con unos trabajos que remueven los suelos, ocasionan ruidos y levantan partículas de tierra. Las intervenciones más antiguas en Bizkaia son las que realizaron Juan Mª Apellániz en Andra Maria de Elejalde, Galdácano, en 1967, e Iñaki García Camino en la ermita de Kurtzio, Bermeo, en 1984. Ya durante la década de los años 90 se estudiaron los enterramientos en alrededor de 40 templos vizcaínos, sepulturas que fueron utilizadas para inhumaciones hasta el siglo XVIII y que suponen el nivel más alto de los enterramientos posibles, sin que entonces se llegara a examinar los estratos situados por debajo de ellos.

La sensibilidad hacia estos vestigios ocultos bajo tierra y el fortalecimiento de la cultura vivieron un notable incremento durante los años 80 en comparación con el desinterés anterior. Un recuerdo personal: a mediados de los 70 un grupo de amigos alquilamos un caserío en Mendraka, barriada rural encaramada a una de las lomas que rodean la villa de Elorrio. A no más de quince pasos de aquel caserío, sobre un terreno en ladera, está la ermita de Santo Tomás, a cuyo muro sur había adosados entonces varios sarcófagos de piedra con nichos antropomórficos y potentes tapas, similares a los existentes en la cercana y famosa necrópolis de Argiñeta. Un día, tras unas fuertes lluvias, el terreno alrededor de la ermita sufrió un deslizamiento, dejando ver un par de enterramientos cubiertos con losas bajo las que creímos reconocer huesos humanos. Aquello tenía mala pinta: el deslizamiento podía ir a más, acabando descubiertas por completo las tumbas y en riesgo de destrucción o expolio. Dimos parte a aquel ayuntamiento tardofranquista, pero no nos hicieron ningún caso; nuestro aspecto barbado, melenudo y probablemente desgreñado no debió inspirar confianza a la autoridad que nos recibió. Años después, habiendo marchado del caserío ya, el lugar seguía en el abandono y el deterioro era patente. Por fin, en 1986-87 Iñaki García Camino realizó una excavación profesional, descubriendo medio centenar de sepulturas (siglos XII-XIII), en fosas cuyas laterales habían sido recubiertos total o parcialmente con lajas verticales sobre las que se colocaban las cubiertas compuestas por dos o tres losas. Para más información sobre esta ermita y su necrópolis, véase aquí.

Como en el caso Kurtzio, algunas otras investigaciones se pudieron realizar en los interiores cuando, con motivo de la recuperación de algunas ermitas tras haber permanecido abandonadas durante décadas y sin actividad religiosa, se pudo trabajar en su subsuelo. Fue emocionante en 1994 todo lo recuperado en el interior de la ermita de San Martín de Finaga, en Basauri, y más recientemente en la cercana San Pedro de Abrisketa, en Arrigorriaga, con vestigios que remiten al periodo del Bajo Imperio Romano y a la Alta Edad Media. En ocasiones es un accidente lo que posibilita una investigación hasta ese momento impensable: las excavaciones acometidas en la catedral de Notre-Dame de Paris tras el grave incendio de 2019 permitieron descubrir un grupo de tumbas con un sarcófago de plomo y restos antiguos del templo. Sorprendente si consideramos que en esa catedral se suponía todo hiperestudiado hasta en sus más pequeños detalles y remotos momentos históricos. Pues no, nunca se termina por saber todo lo que el subsuelo humanizado puede llegar a contarnos.

La novedad ahora es que existe un plan de intervención en el interior de algunas iglesias vizcaínas sin que el culto religioso se vaya a ver alterado por ello. Hace un año se anunció que se procedía a excavar en el subsuelo de la basílica de Begoña, donde se espera encontrar alguna evidencia dejada por los vecunienses, una gentilitas clan (pequeña comarca organizada en torno a un enclave) asentada en ambas laderas de Artxanda y parte del valle de Asúa en época protohistórica. La prensa, fantaseando a su manera, dijo que se buscaba la ciudad de Vecunia, una ciudad…, en fin… el gusto por la entelequia no se pierde. Una ciudad no será, pero sí algo que nos informará en mayor o menor grado sobre la vida de aquellos vecunienses que en latín y al pie de una obra realizada por ellos para abrir a pico un paso entre peñascos hacia Gatika, cerca de Lauros, escribieron en latín sobre la roca «Vecunienses hoc munierunt«, o sea, «Los vecunienses construyeron esto».

Le semana pasada la Diputación informó que un nuevo proyecto de excavación se empezaba a acometer en el subsuelo de la iglesia de San Jorge, en Santurce. Los restos más antiguos aquí conocidos remiten al periodo románico y documentalmente se tiene noticia de una iglesia en esta localidad costera ya en el año 1075. Entre febrero y abril de 1990 se realizaron obras de repavimentación del suelo de esta iglesia y se aprovechó la ocasión para realizar un breve estudio arqueológico de los restos descubiertos durante las obras (la tapa pétrea de un sarcófago, los cimientos de una iglesia altomedieval (siglos VIII-IX). No obstante, algunos indicios apuntan que en niveles más profundos podrían encontrarse materiales de un tiempo anterior y que vincularía esta localidad con el reino de Navarra o con el asturiano.

El subsuelo de las iglesias conserva enormes dosis de información sobre el pasado, es un tesoro que ha llegado hasta nosotros sin que nadie lo pretendiera en ninguna época anterior. Ha sido el simple proceso de construir y reconstruir in situ -o sobre los escombros de lo anterior- lo que ha ido dejando huellas de otros tiempos, como un libro matérico cuyas páginas son los estratos acumulados. Es de justicia felicitar al Departamento de Cultura de la Diputación de Bizkaia por esta iniciativa y que su desarrollo no suponga molestias a los fieles que acuden a estas iglesias. En los próximos tiempos veremos muchas novedades en el conocimiento de nuestro pasado, aunque a los que les gusta fantasear lo seguirán haciendo y puede que alguno llegue a asegurar que Jaun Zuria desembarcó en Mundaka para practicar surf atraído por la fama de la ola que se forma en la desembocadura de la ría de Gernika o que el guerrero Jorge llegó con su espada hasta los pies del Serantes persiguiendo al dragón y decidió quedarse junto al agua tras ver las pantorrillas de las mozas locales al remangar sus faldas.

Tímpano románico de San Jorge, en Santurce, de finales del siglo XII.

4 comentarios sobre “Bajo el suelo sacro, tiempo detenido

  1. Bejondeizula, eta eskerrik asko!

    Hori guztia dela-eta, komentatu gura nuke elizeetan egiten den indusketez eta mantenuez geure erakundeak herri-diruarekin arduratzen dira. Garaia da haien jabegoa eta administrazioa herri-eskuetara pasatzea.

    Adiorik ez. Ekin eta jarraitu

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    1. Mila esker zure iritzia partekatzeagatik, Juan. Oso konplikatua ikusten dut eliz-jabetza erakunde publikoetara transferitzea. Berdin du tenpluen zaharberritzeak eta elizgizonaren laguntzak denek ekarritako zergekin egitea, elizgizonak izan ezik, ez du axola eraikuntza hauek gizarte zibilak egin izana, mendeetan menderatuta eta beldurtuta. , elizgizonen boterea iraunarazteko, ez du ezer axola…, ez dute inolako erreparorik eskrituraz jabetzeko ere, aurreko dokumentuan ez den berea izan denik esaten. Oraingoz, berdin dio, baina egunen batean ez da horrela izango.

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