El frontón: un espacio metafísico, pero menos

/ Javier González de Durana /

Frontón de Eraso, en Navarra. Imagen utilizada por Jorge Oteiza para señalar que la creación de espacios vacíos para el encuentro comunitario era, en su opinión, algo esencial en un urbanismo respetuoso con la tradición espiritual del ser humano.

Jorge Oteiza dio por concluido su proyecto experimental con la pieza Homenaje a Velázquez, una escultura que es como la maqueta de un frontón vasco: punto final de su búsqueda de un vacío espiritual energético y un silencio espacial interno. Oteiza señaló que para llegar al Homenaje a Velázquez tuvo que relacionar La rendición de Breda con Las Meninas y que el resultado fue el frontón vasco. En Quousque tándem?, aludiendo al espacio generado por el frontón, escribió que «este tipo de construcciones-cromlech en el interior de las grandes ciudades congestionadas de expresión, son zonas gris (estéticamente), de aparcamiento de la sensibilidad formada. Como los jardines de piedra de Kyoto». La arquitectura esencial del frontón se configura en torno a tres paredes que son, a la vez, campo de juego y estructura.

Homenaje a Velázquez, de Jorge Oteiza (1958-59), acero pintado de negro sobre base de piedra, 20x40x20 cm. Colección ARTIUM de Álava.

A finales del pasado mes de febrero se inauguró el nuevo frontón de La Esperanza, en la calle bilbaína de ese nombre. El histórico lugar de juego en tal vía urbana -descrita en un haiku por el poeta Gabriel Aresti como «estrecha, oscura y corta», así era la esperanza en el Bilbao franquista- estaba situado a ras de calle y era abierto, es decir accesible a cualquier ciudadano; más tarde se instaló una verja para evitar el mal uso del espacio, lo que supuso quedar condicionado el acceso a una cerradura que se abría de día y cerraba de noche. Finalmente, fue demolido en 2015 por necesidades relacionadas con obras en la colindante estación de San Nicolás y la Línea 3 del Metro. Varios años después hay un nuevo frontón, sí, pero no en el mismo emplazamiento, sino en el tercer piso del edificio construido sobre el mismo solar y retranqueado respecto a la calle tras morder la ladera de Mallona para hacerse un hueco donde no lo había. Algo se ha perdido, algo se ha ganado.

Se puede entender que el ayuntamiento mirara con ojos golosos un solar de su propiedad que estaba ocupado por «solamente» un frontón contenido entre las paredes medianeras de los colindantes edificios de viviendas. Sólo un frontón donde había muchos metros cúbicos edificables. Las necesidades del Metro y la estación de ferrocarril obligaron a su derribo y pasado el tiempo el ayuntamiento vio abiertas las puertas para ocupar de nuevo ese espacio urbano, pero ya no «solamente» con un frontón y, puesto a ello, decidió usar todo la edificabilidad e instalar en los nuevos espacios algunos servicios municipales que en el Casco Viejo difícilmente cabían en otro sitio por falta de espacio. Eso sí, el frontón allí arriba, en el tercer piso.

En otros tiempos la accesibilidad universal y el estar situado al mismo nivel que la calle posibilitaban el juego espontáneo y la participación indiscriminada; los que no jugaban y tan sólo observaban también podían ser cualesquiera. Eso se perdió y ahora la gestión del frontón se ha «profesionalizado», lo que en otras palabras significa que se ha puesto en manos privadas, según denunciaba el sindicato ELA: «Las privatizaciones de servicios públicos responden a intereses económicos privados donde se dan unas relaciones laborales basadas en la precariedad y el abaratamiento de los sueldos y el enriquecimiento rápido y fácil de las empresas afines a los partidos del equipo de gobierno», señaló en un comunicado el día de la inauguración de este equipamiento municipal. Adiós al antiguo frontón como espacio comunitario para el juego y el encuentro social.

En favor del nuevo frontón debo decir que, aunque es engorroso y restrictivo el acceso hasta allí arriba, una vez en sus gradas, el ambiente, la luz y el paisaje visible a través de los amplios ventanales están bien, es agradable y uno, de pronto, se hace consciente de que cuando el frontón estaba a ras de calle, en realidad, se encontraba en un auténtico agujero oscuro. En favor del uso público del nuevo edificio también hay que decir que la pérdida de las tradiciones comunitarias mencionadas se ven compensadas por los nuevos servicios sociales que se han introducido en él en forma de Gaztegune: una biblioteca infantil, espacios para ocio y aprendizaje para niños, jóvenes y familias, una guardería con sala de lactancia, escuela de pelotaris…, en fin, está bien, era necesario.

Dos infografías del nuevo frontón de La Esperanza hacia el frontis y hacia la pared de rebote: un recinto cerrado, de 30 metros de longitud y 20 metros aproximados de anchura. El graderío tiene cinco filas que proporcionan alrededor de 200 asientos.

Hay dos asuntos que son un completo desacierto. Uno es el aspecto exterior del nuevo edificio. Dividido frontalmente en dos partes diferenciadas, no se entiende desde fuera que se trata de una única construcción, pues pretende aparentar que son dos. En cuanto al diseño, alguien no se rompió la cabeza… o quizás la perdió. La estrechez de la calle y el tener justo enfrente la parte trasera de la iglesia de San Nicolás impiden que este inmueble sea visto desde largas distancias y carezca de perspectivas interesantes, pero ello no debería haber sido excusa para un aspecto tan pobremente «modernito». Esto último, además de vulgar, es sangrante para los vecinos y propietarios del Casco Viejo a los que, para la más mínima obra o reforma en sus casas y establecimientos comerciales, se les exige el cumplimiento de una normativa conservacionista del «ambiente» histórico del barrio que roza lo ridículo en muchas cuestiones. Aquí se pone en evidencia que existen dos varas de medir: una estricta y exigente para el ciudadano y otra relajada y libre para el propio ayuntamiento. ¿Por qué no se aplica a sí mismo lo que obliga a cumplir a los demás? Además, este nuevo edificio municipal se encuentra rodeado inmuebles históricos notables, como la iglesia de San Nicolás y el palacio de Gómez de la Torre, ambos barrocos, el palacete decimonónico del Banco de Bilbao, y los edificios de viviendas tipológicos de finales del siglo XIX, como son los número 2, 6 y 8 de Esperanza, sin olvidar el ascensor expresionista de Mallona, obra de Rafael Fontán en la posguerra.

El segundo asunto que escapa a toda comprensión es el desaprovechamiento de la edificabilidad posible, pues el interior de la mitad derecha del inmueble (la que presenta en fachada una secuencia de vigas de madera verticales) está ocupada casi por completo ¡¡¡solamente!!! por una enorme escalera que deja grandes espacios vacíos a su alrededor. Podría tomarse como un desmesurado vestíbulo que, desde la calle hasta el fondo de la edificación y desde la planta baja hasta la quinta, tiene la única función de contener la escalera que sirve a las diferentes plantas con servicios que se encuentran en la mitad izquierda del edificio (la que tiene las ventanas cuadradas).

Desconozco quién ha sido el autor del edificio, supongo quizás los servicios técnicos municipales a los cuales la información municipal ofrecida al respecto no menciona ni como colectivo ni como individuos, pero la construcción del frontón -un compromiso adquirido por el Departamento de Vivienda, Obras Públicas y Transportes, del Gobierno Vasco, por haber necesitado derribar el viejo frontón para realizar las obras de la Línea 3 del Metro- sí tiene un autor conocido y es Fernando Carrasco Elguezabal, un ingeniero de FULCRUM, radicada en Leioa (Bizkaia), un empresa privada que pone nombre a los autores de sus diseños.

Dos imágenes del edificio municipal unitario con doble aspecto en su diseño exterior; mejor fotografía posible desde la calle y detalle de la parte inferior de la fachada, con ramplona carpintería metálica y grandes cristales que cierran la fachada hasta una altura de 7 metros y se prolongan tras las vigas de madera hasta la quinta planta.

Infografía del proyecto de fachada. Una bofetada entre edificios de viviendas de tipológico carácter construidos a finales del siglo XIX.

Infografías del conjunto por delante desde lo alto y desde detrás del número 2 de la calle Esperanza. En la parte superior y tras el edificio a la calle, el volumen que acoge el nuevo frontón.

Plano de Fernando Carrasco Elguezabal, de FULCRUM, tal como lo proyectó en cierto momento. Finalmente, se decidió girar la posición del frontón 90 grados a la derecha para evitar que el fondo del mismo perjudicase la fachada trasera del edificio 2 de la calle Esperanza.

Escalera exageradísima en la mitad derecha de la construcción.

Ortofoto de Google Maps con la posición, en gris, del frontón. La luz natural procede del Sur.

Quiero terminar recordando que se cumplen siete décadas desde que el ayuntamiento de Durango encargó en 1954 al arquitecto Luis Pueyo el diseño del nuevo frontón Ezkurdi para sustituir al histórico que se encontraba casi en el mismo lugar. Lo que había sido un frontón abierto, sin gradas ni cubierta, uno de los más largos de Euskadi, casi 70 metros, se reinauguró en 1955 como un frontón «profesional», esto es, cerrado, cubierto, con gradas, taquilla y destinado a quedar envuelto en el futuro por edificios de viviendas (así está hoy, como si ocupara un patio de manzana), debido a las grandes reformas que se acometieron para la plaza de Ezkurdi. A pesar de los muchos y profundos cambios, Pueyo, de quien ya he comentado aquí alguna obra notable suya a pesar de ser hoy casi un arquitecto desconocido u olvidado, hizo un buen trabajo que mereció ser reseñado en dos ocasiones por la Revista Nacional de Arquitectura.

Imagen histórica del viejo frontón de Ezkurdi, construido en 1792. En realidad, su peculiaridad consistía en que eran dos frontones, uno con pared izquierda (al fondo) y otro sólo con frontis (más cerca). El actual frontón, bastante más corto, se ubica a unos doce metros a la izquierda de esta posición que tuvo.

Planta, sección y detalle de la cubierta en planos de Luis Pueyo.

Acceso original al frontón. Desapareció cuando se construyeron los edificios de viviendas orientados a la plaza Ezkurdi. Actualmente se accede a través de los porches existentes en los bajos de esas viviendas.

Frontis, cancha, cubierta y graderío al poco de inaugurarse.

Graderío y contracancha vistos desde abajo y arriba.

Detalle de la cubierta.

Dejo para otra ocasión un comentario sobre los frontones abiertos que han recibido cubiertas a modo de grandes marquesinas en los últimos tiempos. Hay ejemplos interesantes de buena arquitectura que ha entendido cómo actuar en lugares tan especiales, pero hay también, por desgracia, ejemplos lamentables.

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