COAVN-Bizkaia, no más «another brick in the wall»

/ Javier González de Durana /

La Delegación en Bizkaia del Colegio Oficial de Arquitectos Vasco-Navarro (COAVN) es una consolidada e importante institución dentro del panorama cultural de Bilbao por las actividades que ha venido desarrollando desde hace décadas en paralelo a las gestiones profesionales que tiene encomendadas. Inaugurada en 1968 la sede (Alameda de Mazarredo 69-71), en su salón de actos y en la sala de exposiciones se han visto y escuchado notables exposiciones, conferencias, películas, debates, presentaciones de libros, mesas redondas…, y en su biblioteca, abierta a los investigadores, sean arquitectos o no, se han podido consultar libros y publicaciones cuyo acceso habría resultado imposible por otros medios.

También es cierto que su sala de exposiciones, de acceso difícil y dividida en dos espacios separados e incómodos, no facilitaba el acercamiento del público no-profesional ni el adecuado entendimiento y lectura de sus contenidos por parte del visitante. En 2008-09 el espacio expositivo próximo a la calle tuvo una remodelación que aportó alguna mejora puntual, como la apertura de unos ventanales que mejoraron la relación visual interior-exterior, pero la condición expositiva continuó siendo incómoda y dividida. Por su parte, la biblioteca demandaba desde hace tiempo una ampliación para sus ya muy repletas estanterías. Estas circunstancias, unidas a otras referidas a la gestión profesional del sector, condujeron a la reciente decisión de remodelar todo el interior.

Ese salón de actos de la Delegación ha sido un lugar muy destacado por el diseño de Carlos Arrizabalaga (1990), mereciendo recibir la Mención Especial en los Premios COAVN de Arquitectura de 1993, en la modalidad de interiorismo. Es un espacio de gran potencia material y elegancia atemporal. El elemento más singular es el revestimiento del muro izquierdo, compuesto por piezas rectangulares de piel de vacuno natural ensambladas. Esta elección, audaz para la época, buscaba alejarse de los acabados sintéticos mediante el uso de materiales nobles que han envejecido con dignidad adquiriendo una pátina oscura y orgánica que aporta una calidez única al recinto. Más allá de su valor estético, este paramento de cuero cumple una función técnica esencial como absorbente acústico, eliminando reverberaciones laterales para garantizar una audición seca y clara. La combinación de la piel con la madera define el carácter del salón, logrando una atmósfera sobria que evoca la solemnidad de un club clásico bajo líneas arquitectónicas modernas. Este diseño táctil y funcional es un muy interesante detalle constructivo que desconozco si será respetado por la actual reforma.

La propuesta para la sede del COAVN-Bizkaia concebida por MUGA Arquitectura, ahora mismo en ejecución, será un ejercicio de introspección disciplinar: arquitectos proyectando para arquitectos. Se trata de transitar de un modelo de gestión rígido y compartimentado (propio de los años 90) hacia un ecosistema de trabajo contemporáneo, transparente y centrípeto.

Para no ser un ladrillo más en el muro de las varias reformas que la sede ha tenido hasta ahora, la actual es una renovación estética a la vez que una respuesta necesaria a la obsolescencia de los espacios de representación institucional. Tras décadas de puntuales reformas parciales, la sede actual sufre de «estrangulamiento visual»: el patio interior -pulmón potencial del edificio- ha sido colonizado por usos residuales y almacenamiento, mientras que la planta baja se comporta como una barrera opaca frente a la ciudad.

Los tres pilares de la propuesta intentan lograr un lugar permeable. Por una parte, activa el vacío del patio, al plantearlo como el nuevo centro de gravedad, eliminando los cerramientos opacos y concentrando a su alrededor los usos sociales (biblioteca, formación), para que deje de ser un patio de luces y pase a convertirse en un dispositivo de relación visual cruzada. Por otra, busca la transparencia urbana, así que la fachada principal se desmaterializa mediante grandes superficies acristaladas, buscando que el transeúnte perciba la actividad colegial, eliminando la imagen de «institución hermética» y convirtiendo la planta baja en un escaparate de la cultura arquitectónica. Por último, trata de hacer una declaración de sinceridad constructiva y depurada, para lo que el proyecto apuesta por la «desnudez», eliminando revestimientos innecesarios para dejar vista la estructura de hormigón armado, combinándola con la conservación del pavimento de piedra original; las instalaciones se desplazan al perímetro, liberando el espacio de interferencias y ruidos visuales.

Aunque el proyecto es conceptualmente impecable y se alinea con las corrientes de oficina abierta y branding institucional, su ejecución sobrevive en un equilibrio precario que merece ser analizado.

El proyecto confía en que el cristal generará apertura institucional. Sin embargo, la arquitectura nos enseña que la transparencia física no garantiza la porosidad social. Si la planta baja es transparente pero el acceso sigue custodiado por un mostrador de recepción imponente o no hay una programación que invite a entrar, el cristal se convierte en un simple escaparate: se mira, pero no se toca. ¿Será el COAVN un espacio público o solo una institución que se deja ver?

La decisión de dejar el hormigón visto es un guiño a la honestidad constructiva que tanto gusta en la profesión. No obstante, esto plantea retos de confort sensorial. El hormigón y el vidrio son materiales acústicamente «rebotadores». En una sede donde el encuentro y la palabra son centrales, la falta de superficies fonoabsorbentes podría convertir el nuevo centro social en una caja de resonancia incómoda. La depuración estética no debe comprometer la habitabilidad acústica.

Si el patio no es físicamente accesible (es decir, si no se puede habitar el suelo del patio), corre el riesgo de ser sólo un cuadro luminoso. Para que sea el corazón de la sede, debe ser un espacio programado: donde se pueda tomar un café, tener una reunión informal o leer un libro. Sin «vida de suelo», el patio será un éxito fotográfico pero un fracaso relacional.

Es entrañable ver cómo los arquitectos siempre vuelven al hormigón visto cuando quieren ser «sinceros», como si quitarse el traje de pladur -o el cuero de vacuno- fuera un acto de redención. El proyecto para el COAVN Bizkaia es valiente porque se atreve a mirarse al espejo y quitarse de encima armarios y paneles para buscar el patio perdido. Esperemos que, cuando el cristal esté limpio y el hormigón al aire, la ciudadanía entre de verdad a preguntar qué hacen los arquitectos.

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