/ Javier González de Durana /
La construcción de uno, dos, tres o más pisos sobre edificios existentes es una práctica que existe desde hace siglos entre nosotros. A veces esos recrecimientos se hacían sobre edificios que no estaban estructuralmente preparados para soportar el nuevo peso y con el tiempo esa adición provocaba su deterioro y ruina. Otras veces se realizaban sobre edificios que sí aguantaban el levante, pero con tan desafortunado diseño que degradaba edificios de notable calidad y valor patrimonial, provocando su desfiguración. Sobre todo en los años 40, 50 y 60 del siglo pasado de llevaron a cabo numerosas intervenciones lamentables.
Sin embargo, estas actuaciones no son rechazables si se ejecutan con sentido. Hace unas semanas críticaba aquí que la densificación del Ensanche bilbaíno se orienta hacia el interior y hacia el subsuelo de los edificios existentes, lo que provoca grandes recelos y sospechas. Pero hacerlo hacia arriba, en edificios con cubierta plana de propiedad pública y relativa reciente construcción no es ningún despropósito, sino una oportunidad para crear nuevas viviendas sin consumir más suelo en ciudades que, como Bilbao o Donostia, no disponen de mucho más del que ya ocupan. Ayer, 2 de marzo, se celebró una jornada en Bilbao, organizada por el Departamento de Vivienda y Agenda Urbana del Gobierno Vasco y el diario El Correo, en torno a «La joven arquitectura vasca ante el reto de recrecer la ciudad construida» en la que se analizaron estas posibilidades a partir de cinco propuestas-ensayo.

Denis Itxaso, Consejero de Vivienda y Agenda Urbana, en la presentación de la Jornada.
La aprobación de la Ley 6/2025 y los anteproyectos impulsados en torno al parque público gestionado por Alokabide no constituyen únicamente una actualización normativa ni una operación técnica sobre edificios existentes; representan, más bien, la afirmación de una nueva conciencia urbana. Estamos ante un cambio de paradigma que abandona definitivamente la lógica expansiva basada en la ocupación continua de suelo para abrazar una cultura del aprovechamiento inteligente, responsable y creativo de la ciudad consolidada. Esta transformación no es solo física, sino ética: redefine la relación entre territorio, vivienda y bien común, y sitúa el urbanismo en el terreno de la responsabilidad intergeneracional.
La estrategia de las actuaciones de levante -la ampliación en altura sobre estructuras ya construidas- simboliza con claridad esta evolución. En lugar de extender la mancha urbana y tensionar el entorno natural, se opta por densificar con lógica, reconociendo que el suelo es un recurso limitado y precioso. Crecer sobre lo ya edificado no es únicamente una decisión pragmática; es una declaración de respeto hacia el territorio y hacia las infraestructuras existentes. La ciudad consolidada deja de verse como un espacio agotado para convertirse en un campo de oportunidades. Además, desde el punto de vista técnico y ambiental, la intervención en altura evita en gran medida la ejecución de nuevas cimentaciones -una de las fases más costosas y de mayor impacto en cualquier obra-, reduciendo significativamente la huella ecológica y económica del proceso constructivo. Se trata de un urbanismo de precisión y eficiencia, que fortalece los barrios existentes en lugar de dispersarlos.

Propuesta de Tudancaacedo arquitectura en Vitoria-Gasteiz, 82 alojamientos dotacionales en una superficie construida de 6.234 m2, para 209 personas, con sistema estructural a base de entramados ligeros de madera.
El hecho de que estas intervenciones se desarrollen sobre patrimonio público introduce un elemento decisivo: la vivienda resultante queda fuera de las dinámicas especulativas del mercado. La ampliación del parque residencial no responde a la lógica de la rentabilidad financiera, sino a la ampliación efectiva del derecho a la vivienda. Este enfoque devuelve al urbanismo su dimensión social y lo vincula a una gestión transparente orientada al bienestar colectivo. En este contexto, la arquitectura no es un instrumento de valorización privada, sino una herramienta de cohesión y equilibrio social. La ciudad se entiende como un bien común, y la vivienda como una infraestructura básica de dignidad.

Propuesta de Ortega Diago para Arrasate-Mondragón, 22 alojamientos dotacionales en una superficie construida de 1.700 m2, para 40 personas con un sistema estructural de madera contralaminada.
Resulta igualmente significativo que el diseño de estos anteproyectos haya sido confiado a brillantes estudios jóvenes de arquitectura vasca, todos ellos ganadores del Premio Peña Ganchegui en diferentes años. Esta decisión no es anecdótica, sino estratégica: supone reconocer que las nuevas generaciones aportan una mirada desacomplejada, sensible a los retos climáticos y sociales, capaz de integrar innovación tecnológica con responsabilidad pública. Lejos de reproducir soluciones estandarizadas, tratan cada inmueble como un caso específico, como un ejercicio de lectura urbana que exige respuestas particulares. Así, la intervención en altura no se percibe como un añadido improvisado, sino como una oportunidad para reconfigurar la imagen y la articulación del edificio en su conjunto, tanto estética como funcionalmente.

Propuesta de BeAr arquitectos para Leioa, 34 alojamientos dotacionales en una superficie construida de 3.141 m2, para 72 personas con un sistema estructural basado en entramado ligero de acero (LSF).
La incorporación de sistemas industrializados en estas actuaciones refuerza aún más la coherencia del modelo. La industrialización no se plantea como una mera estrategia de rapidez, sino como una apuesta integral por la calidad, la sostenibilidad y la reducción de molestias. Al trasladar gran parte del proceso constructivo a entornos controlados de taller, se optimizan tiempos, se mejora la precisión técnica y se disminuyen de manera notable el ruido, el polvo y las interferencias en la vida cotidiana de los vecinos. Este aspecto es especialmente relevante cuando se interviene sobre edificios habitados: la modernización no puede hacerse a costa del bienestar de quienes ya residen en ellos. La tecnología, en este sentido, se convierte en aliada de la convivencia.

Propuesta de Aurtenetxe & Usabiaga para Bilbao, 40 alojamientos dotacionales en una superficie construida de 1.545 m2, para 40 personas con un sistema estructural de madera contraminada.
Además, la construcción industrializada dignifica el trabajo al reducir las labores penosas y favorecer procesos más seguros y organizados. Se supera así la imagen tradicional de la obra prolongada y caótica, sustituyéndola por una metodología planificada y eficiente. La innovación técnica no se opone a la sensibilidad social; al contrario, la potencia. Y, frente al prejuicio de que lo prefabricado conduce inevitablemente a la monotonía, los anteproyectos demuestran que la estandarización de componentes puede convivir con una notable libertad compositiva. El control industrial permite experimentar con mayor precisión formal y garantizar acabados de alta calidad, generando soluciones arquitectónicas que aportan frescura e identidad al paisaje urbano.

Propuesta de Ocamica Berbois para Motriko, 23 alojamientos dotacionales en una superficie construida de 1.773 m2, para 50 personas con un sistema estructural basado en entramado ligero de madera.
En conjunto, este modelo de intervención dibuja una ciudad que sabe leerse a sí misma y que elige evolucionar sin negarse. No destruye para reconstruir, sino que transforma con inteligencia lo existente. Protege el territorio, optimiza recursos, amplía el parque público de vivienda y sitúa el talento joven en el centro de la acción pública. Es la expresión de una arquitectura consciente de su responsabilidad social y ambiental, que entiende la eficiencia no como un fin en sí mismo, sino como el medio para mejorar la vida cotidiana. Lejos de la resignación o la inercia, lo que se plantea es una invitación al optimismo: la ley, la gestión pública y la creatividad profesional pueden alinearse para construir ciudades más compactas, más humanas y mejor preparadas para afrontar los desafíos del siglo XXI.

Mesa redonda con algunos de los jóvenes arquitectos participantes, moderada por Pablo García Astraín, Director de Vivienda y Arquitectura.
Esta propuesta de ampliación también se ha hecho en otras épocas. Está todo inventado.
Concretamente, en Vitoria, tuvieron la misma idea de ampliación vertical después de construir el Ensanche hasta la calle Sur (actual M. Iradier). Hay testimonio de ello en edificios de la plaza de la Virgen Blanca.
Lo mejor fue el nombre que la socarronería vitoriana puso a la nueva solución: el Altanche.
Saludos,
Xabi
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Jajaja! en efecto, lo mejor es lo de Altanche. Saludos, Xabi
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