Licencia caducada y justicia poética

/ Javier González de Durana /

Estado actual del solar tras dieciocho meses de abandono.

El ayuntamiento de Bilbao ha declarado caducada la licencia que otorgó al obispado de Bilbao para construir un edificio en el solar de su propiedad situado en confluencia de las calles Lersundi-Heros-Barrainkua. Hace unas semanas me preguntaba aquí mismo lo siguiente: «¿Ha culminado el ayuntamiento el expediente de caducidad de la licencia de tres años que dió para realizar las obras? Esa licencia finalizaba en diciembre de 2024 y a día de hoy, sin existir un plan de obra, las vallas y el solar agujereado continúan allí como si todo estuviera en orden, como si la licencia hubiese sido prorrogada, como si Construcciones Murias – Urbas no estuviera en concurso de acreedores y atravesando turbulencias financieras desde el año pasado«. Bueno, la prórroga fue solicitada, pero el consistorio decidió rechazar la petición a la vista de que el asunto y sus promotores no presentan capacidad para salir del entuerto en que se hallan metidos. Lo que los vecinos del barrio han venido denunciando y solicitando desde que dio comienzo esta operación inmobiliaria ha venido a darse, parcialmente y de momento, por causas exógenas al vecindario, centradas en la quiebra económica de la constructora Murias, implicada en el disparatado negocio. Cualquiera que haya sido el detonante de la situación actual, bienvenida sea esta suerte de justicia poética. No obstante, si bien el obispado ha fracasado en su objetivo (por ahora), las aspiraciones de los vecinos no han vencido (todavía).

El obispado puede recurrir y lo más probable es que lo haga. Está en su derecho y lo tiene fácil. Mucho más complicado le resultará encontrar otra constructora que acepte verse implicada en una operación que tiene un oscuro historial administrativo en el ayuntamiento y una legión de vecinos opuestos activamente a que en ese solar se levante un masivo bloque hospitalario.

Grabado número 18 de los Disparates, por Francisco de Goya.

«Dios los cría y ellos se juntan» es un dicho popular que se utiliza para expresar que personas con características o inclinaciones similares, aunque sean opuestas o diferentes en un principio, tienden a unirse y a encontrarse para lograr puntuales objetivos comunes.  Todos lo conocemos y usamos a menudo, pero ahora no está de más recordar que Francisco de Goya lo utilizó para titular el grabado número 18 de sus Disparates o Proverbios (1815-24) y que Benito Pérez Galdós lo introdujo en su obra Un faccioso más y algunos frailes menos (1879). Al aludir con cierta ironía a la inclinación natural que lleva a juntarse a los de un mismo genio y temperamento, se aplica más bien a personas de conducta censurable. Como dijo Sebastián de Covarrubias, el lexicógrafo español del siglo XVI, autor del Tesoro de la lengua castellana o española, «el codicioso y el tramposo, fácilmente se conciertan».

Portada de la décima y última entrega de la Segunda Serie de los Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós.

Lo digo porque si Murias ha sido una empresa cuya defectuosa gestión le ha conducido a la quiebra, su alianza ocasional con el obispado revela compartir con éste malas prácticas por más que, a veces, merced al amparo institucional consigan salirse con la suya. Así fue la recalificación urbanística del solar ahora en tan complicada situación. Amén de lo anterior, la empresa matriz de Murias, el Grupo Urbas, se encuentra, por su parte, en pre-concurso de acreedores y sus directivos esperan juicio por estafa ante la Audiencia Nacional. La víctima de las malas prácticas de uno y otro ha sido Mutualia, que ahora se ve copropietaria de un terreno en el que no se sabe qué, para qué o cuándo se podrá hacer algo en él.

La divina providencia ha proporcionado este respiro a los briosos vecinos de Abando Habitable en su ya larga lucha por conseguir que ese solar se convierta en un jardín público. No debe olvidarse que es un compás de espera, no una victoria, y que la iglesia católica sabe esperar porque su reino no es de este mundo, ja. «First we take Manhattan, then we take Berlin«, cantó Leonard Cohen. Digamos ahora nosotros, primero impidamos el edificio, después construyamos el jardín. Como dice el profesor y sociólogo Vicente Huici en su blog: «…tras cinco años de cerrazón ominosa, la Diócesis, propietaria de la parcela, acceda a partir de ahora a negociar sobre su uso futuro, toda vez que ya no puede argumentar que el asunto símplemente le cayó en suerte como herencia del antiguo obispo, el hoy arzobispo de Burgos que ya tiene sus propios líos con las monjas de Belorado…». Esta gente, ya se sabe, siempre con sus líos.

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