Alexander von Humboldt, el barro y la arena

/ Javier González de Durana /

A Julen Rekondo.

Al hilo de la tragedia en Valencia… Un grabado de Joseph Beckmann, realizado en 1869, presenta a Alexander von Humboldt junto a una figura que representa a la Muerte. Ambos sostienen sobre sus hombros un globo terráqueo en cuyo ecuador se puede leer Cosmos, titulo de los cinco volúmenes en los que el científico alemán vertió sus conocimientos sobre la realidad física del mundo. Más exactamente, el hombro de Humboldt sirve de leve apoyo a la esfera porque quien la soporta en mayor medida y sujeta con el brazo izquierdo -como si fuera de su propiedad- es la Muerte, que con la mano derecha señala a su compañero una fosa ante ellos, mientras parece estar diciendo «Has comprendido y amado el mundo, pero esta fosa es el destino final, tanto el tuyo como el del mundo. Todo el conocimiento de las ciencias que podáis llegar a tener no os librará de mí«. No sé si con intención nihilista o humorística (Beckmann la tituló El adiós de Humboldt al Cosmos), esta imagen se basa en dos estampas previas: de una parte, Der Altman, de Hans Holbein el Joven, perteneciente a su serie The Dance of Death (41 grabados realizados en 1525-26) y, de otra, una caricatura de Humboldt (dibujada por Wilhelm von Kaulbach) en la que éste explica mediante el gesto de su mano el orden físico del globo terráqueo sobre una escultura con forma de hombre que lo soporta sobre su cabeza con ayuda de las manos. Si en el grabado de Holbein la Muerte toca un instrumento musical cuyo dulce sonido acompañó al rico y elegante anciano durante su vida, en el de Beckmann transporta la Tierra, de la que el científico descifró numerosos secretos de su Naturaleza.

Alexander Von Humboldt es uno de los científicos más influyentes de la historia. Realizó experimentos y estudios de campo en física, zoología, climatología, oceanografía, geología, mineralogía, botánica, vulcanología… y fue el primero en percibir los cambios producidos por el hombre en sus entornos naturales, prediciendo incluso los efectos futuros de las actividades humanas sobre el clima. Humboldt empezó a darse cuenta de estos cambios el año 1800 en el lago Valencia (¡coincidencia de nombre!), valle de Aragua en Venezuela, pues notó que la deforestación provocada por el hombre en el valle tenía repercusiones directas en la disponibilidad de agua para las cosechas, provocando grandes escorrentías que barrían y erosionaban los suelos. Humboldt advirtió entonces que las técnicas agrícolas de su tiempo tenían consecuencias devastadoras en los ecosistemas naturales. Lo que vio en el lago Valencia, lo volvería a comprobar de nuevo en el sur del Perú, en Lombardía y en otros lugares de Europa, principalmente en Rusia. Fue el primero en explicar las funciones que tienen los bosques y la manera en que beneficiaban a los ecosistemas y al clima. Razonó la función de almacenamiento de agua que tienen los árboles, así como la protección que dan al suelo y su efecto de enfriamiento. Las consecuencias de la intervención de la especie humana las consideró entonces como incalculables, suponiendo que podrían afectar a las generaciones futuras si no se tomaban medidas. Fue un visionario al que no se tomó en cuenta, pero que describió a la perfección de manera científica la triste realidad que vivimos hoy en día: “Cuando los bosques se destruyen, como han hecho los cultivadores europeos en toda América, con una precipitación imprudente, los manantiales se secan por completo o se vuelven menos abundantes. Los lechos de los ríos, que permanecen secos durante parte del año, se convierten en torrentes cada vez que caen fuertes lluvias en las cumbres. La hierba y el musgo desaparecen de las laderas de las montañas con la maleza, y entonces el agua de lluvia ya no encuentra obstáculo en su camino; y en vez de aumentar poco a poco el nivel de los ríos mediante filtraciones graduales, durante las lluvias abundantes forma surcos en las laderas, arrastra la tierra suelta y forma esas inundaciones repentinas que destruyen el país (…) El hombre puede actuar sobre la naturaleza y apoderarse de sus fuerzas para utilizarlas, solo si comprende sus leyes”.

El calentamiento climático no es un infundio y negar las numerosas evidencias científicas existentes resulta suicida. Las tragedias, cuando ocurren, no pueden ser calificadas sólo como calamidades provocadas por las desatadas e imprevisibles fuerzas de la naturaleza porque es una manera de no querer ver las causas verdaderas que ocasionan muchas de ellas, cada vez más, y de esquivar las repercusiones que recaen sobre los responsables políticos. El calentamiento global, el modelo hidrológico, la ordenación territorial y el urbanismo son las causas desquiciadas y ajenas a la naturaleza de los ecosistemas en las zonas donde las tragedias suceden. La sostenibilidad de la vida debe estar por encima de la reproducción del capital, es decir, la mejora de las economías sociales no significa necesariamente tener empresas más grandes, carreteras más anchas o ciudades cada vez más extensas y en ubicaciones donde el consumo energético y de agua sea un disparate insostenible.

Infografía de Sabah Al-Ahmad en la que Foster & Partners imagina la ciudad kuwaití una vez se complete. Sin suburbios periféricos, con carreteras que llegan limpiamente hasta la ciudad, un vergel luminoso en mitad del desierto. Una ciudad a la manera de las propuestas por Étienne Cabet y Charles Fourier, pero basada en los principios contrarios a los de la igualdad de aquellos socialistas utópicos.

Y menciono ciudades en emplazamientos absurdos porque un proyecto de Foster & Partners es el de Sabah Al-Ahmad, promovida por la Public Authority for Housing Welfare de Kuwait y desarrollada por la macrocorporación KEO. Ubicada a unos 80 kilómetros al sur de la ciudad de Kuwait, aseguran que esta ciudad llegará a albergar unas 280.000 personas y creará otros 145.000 puestos de trabajo en la construcción, la medicina, la fabricación y la cultura. La ciudad, con una superficie de 61,5 km2 y unas 20.000 viviendas, estará formada -cuando se culmine- por diez grupos de barrios dispuestos alrededor del distrito comercial central de la ciudad y bordeados por un anillo de edificios industriales, disponiendo de amplios espacios verdes abiertos y sistemas de transporte público que promoverán bienestar y sostenibilidad. Actualmente está construida ya en un 60% aproximadamente y se espera quede completada en 2040.

Cada barrio, a su vez, se dispone alrededor de una interpretación contemporánea del callejón sin salida, tradicional en el urbanismo árabe, que también funciona como patio sombreado, pretendiendo fusionar la vida tradicional con el urbanismo contemporáneo. La topografía ondulada se inspira -eso dicen- en la suave forma de las dunas de arena del desierto. El plan asegura ofrecer variedad de tipologías de vivienda, incluidos apartamentos y casas con patio, con la idea de fomentar la vida de alta densidad con estándares de lujo, sin olvidar mezquitas cada 250 metros. El sistema de construcción es modular y los credenciales sostenibles del proyecto parecen estar basados en las instalaciones fotovoltaicas situadas en la azotea de los edificios industriales. Sin embargo, los combustibles fósiles kuwaitíes son, mientras queden reservas, la fuente energética fundamental; sin ellos esta ciudad en el desierto sería imposible..

Descrita por sus autores como una utopía de calles transitables, «estructuras con sombra y viviendas energéticamente eficientes centradas en un distrito comercial animado que brilla como una joya en la noche«, en realidad es un sueño de la razón, esto es, un monstruo latente o, si se quiere, una parrilla en la que mucha gente acabará achicharrada.

Diseño inicial: numerosas carreteras conectan la ciudad con su entorno en las cuatro direcciones, junto a ellas no hay estaciones de servicio, talleres, aparcamientos disuasorios… ¿es posible? Tampoco muestra la ciudad-satélite situada al Este destinada a los trabajares que atienden los servicios de la nueva urbe.

Diseño actual en ejecución, donde se pueden observar los cambios introducidos en el plan inicial, sobre todo el gran bulevard-parque que sinuosamente recorre la ciudad de norte a sur

En las infografías, como las que muestro aquí, todo queda precioso y en la literatura que las acompaña ni te cuento. No obstante, hay algunas cuestiones que merece la pena resaltar. La literatura justificativa asegura que el diseño responde a los desafíos de la geografía y la climatología, pero una vista aérea -infográfica- de la ciudad revela el patrón geométrico de sus calles, contrario al laberíntico patrón tradicional de las ciudades en Oriente Medio y norte de África: calles principales que brindan conexiones regionales, calles secundarias que unen vecindarios, calles locales que conectan con cada edificio y numerosas zonas de aparcamiento dejan claro que el automóvil seguirá siendo el rey. Sin embargo, lo que pregonan es que será una ciudad de distancias cortas, con menos infraestructura pavimentada y más espacios abiertos donde las personas puedan encontrarse… En teoría.

El enfoque quiere ir más allá de la estética y la funcionalidad, tratando de crear una ciudad adaptable, resiliente y centrada en las necesidades de las personas que viven en ella. Encantadoramente contado, pero…

…pero, aparte de modificaciones en la calificada «joya» comercial central, al observar la ciudad en su contexto regional se descubre otra realidad: una organización del espacio residencial segregado según la economía privada. La ciudad más importante de la zona es Al-Khiran, un enclave artificialmente creado en la cercana costa con múltiples canales que, como brazos y dedos, conducen a viviendas, hoteles, restaurantes, clubs… existentes junto a sus orillas. En estas los residentes disponen de muelles de atraque para amarrar sus yates y gozar de espléndida vegetación, hermosos jardines, playas de arena junto al agua azul…, o sea, un paraíso junto al mar, o esto se pretende. Este es el escalón más elevado y exclusivo de la pirámide social.

A unos cinco kilómetros de distancia, hacia el interior, se desarrolló otra ciudad, Al-Wafrah, estrechamente pegada a la frontera con Arabia Saudí y de crecimiento un tanto caótico hasta llegar a ser cinco veces más grande que Al-Khiran. Aquí, en multitud de granjas, se cultivan hortalizas y verduras con agua extraída del subsuelo; aquí viven en casas bajas también empleados que trabajan en la urbanización de lujo, esos hindúes, filipinos, indonesios, etc… y los que hacen posible la vida fácil y producen la fruta fresca para propietarios de yates y clientes alojados en el resort. Comprimida entre carreteras y la frontera saudí, su crecimiento urbano amoeboide no es ejemplar y las comodidades son mínimas. Es el escalón más bajo.

Por eso mismo, hacía falta una ciudad nueva para una clase intermedia, para aquellos que no pueden acceder a una casa con muelle de atraque en Al-Khiran pero consideran el desorden de Al-Wafrah como impropio de su condición como clase media acomodada, altos funcionarios, técnicos especialistas, abogados, ingenieros, médicos… Para solucionarlo nació Sabah Al-Ahmad, a unos diez kilómetros de distancia, en el interior también, pero con cierto confort, menos denso y masivo, diseñado por Foster & Partners. Obviamente, los aquí residentes necesitan trabajadores que les atiendan y para estos se ha creado un barrio paralelo al Este, un satélite segregado, monótonamente ordenado, seco, un puro dormitorio de 1.000 unidades habitacionales que, por carecer, hasta carece de nombre propio y, por parecer, se asemeja mucho a un campo de concentración. Recomiendo visitar Google Maps para entender la globalidad de esta geoestrategia urbanística. Por desgracia -supongo que lo han prohibido-, no se pueden recorrer sus calles mediante Google Earth, ni las de esta ciudad ni las de las otras, todas promovidas por el gobierno kuwaití.

Cuatro ciudades con cuatro funciones y niveles de vida diferentes. Interacción social sí, pero cada cual sólo con los de su mismo status económico. Si no es por dinero (¡y qué falta le hará!), no entiendo que el estudio de Norman Foster se meta en estas películas y menos aún entiendo que crea en el discurso de sostenibilidad que proclama. Cuando se acaben los combustibles fósiles quizás haya acabado también nuestra existencia como especie en el Cosmos, pero en lugares como éste, si no es así, los supervivientes, cuando tengan sed, beberán arena. Humboldt lo advirtió.

A la derecha, en la costa, la urbanización-resort de Al-Khiran; abajo-izquierda, la macrourbe de Al-Wafrah; y arriba, Sabah Al-Ahmad.

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