/ Javier González de Durana /

Los nativos de Arrakis recuerdan a los habitantes de Oriente Medio en su manera de vestir, particularmente, a los beduinos nómadas. Con influencias del diseño árabe vernáculo y moderno, y de las obras de arquitectos como Ammar Khammash y Sahel Alhiyari, sin embargo, la película no tomó prestados elementos concretos de ninguna cultura en particular. Aunque las referencias a Oriente Medio son las más abundantes, estas se combinan con elementos de los mayas y los aztecas, así como con los de otras culturas del Sur Global que se han enfrentado a potencias colonizadoras.
Ante la puerta de la biblioteca.
He tardado casi tres años en ver la película Dune, de Denis Villeneuve, basada en la novela que Frank Herbert publicó en 1965. El motivo ha sido el mal recuerdo que me dejó la primera versión cinematográfica realizada por David Lynch en 1984. Villeneuve dio a conocer en 2021 el primer capítulo de su versión y el segundo ha sido estrenado este 2024. Sus películas suelen ser discutidas sin que nadie niegue, por ello, la peculiaridad del estilo que les insufla, el enorme esfuerzo creativo en la postproducción y los efectistas resultados finales, todo cual proporciona una fascinante e incuestionable brillantez al producto artístico. Si 2001: una odisea del espacio, de Stanley Kubrick (1968), marcó durante mucho tiempo el tipo de arquitectura e interiorismo para las películas de ciencia-ficción, el Dune de Lynch fue una de las primeras producciones que tomó distancia respecto a aquel modelo, del mismo modo que ahora Villeneuve se aleja de lo ofrecido por Lynch. Ver la película ha merecido la pena. A continuación explico por qué.
La historia -muy brevemente expuesta- es ésta: en el año 10191 el desértico y caluroso planeta Arrakis pasa a estar gobernado por la familia Atreides, pues el emperador de la galaxia así lo ha ordenado. En él se encuentra la materia prima más importante de esos dominios imperiales, la especia, que tiene la capacidad de expandir la vida, proporcionar poderes psíquicos y facilitar los viajes interplanetarios, facultades que ayudan a la conquista de nuevos territorios. El Duque de Atreides, su mujer e hijo viajan al planeta para tomar decisiones de control y orden, al tiempo que para mostrar buena voluntad hacia el emperador. Enseguida se ven envueltos por una trama de fuerzas y traiciones relacionada con los fremen, habitantes originarios del lugar. Las referencias son muy variadas y van desde imágenes arcaicas hasta vanguardistas. La escenografía presenta un mundo extraño y abstracto, pero creíble, con la calidad atemporal que define la clase de estructuras construidas destinadas a durar siglos. Los personajes, en particular las mujeres de alta clase social, llevan vestuarios elegantes de telas vaporosas.

Pasadizo diseñado a la manera de una fosa séptica de plástico junto a la elegante indumentaria de la mujer, unificadas por el color negro. En esta imagen la actriz Rebecca Fergusson lleva un vestido de aspecto muy Balenciaga. Las fosas sépticas son un punto de partida muy poco adaptable al lenguaje arquitectónico, pero es un buen ejemplo de cómo la imaginación puede producir resultados originales.

Jacqueline West y Bob Morgan crearon las aproximadamente 1000 indumentarias necesarias para lo que estudiaron las películas de David Lean, como Dr. Zhivago, Lawrence de Arabia y Fahrenheit 451. Otras inspiraciones incluyen la mitología griega y romana, las pinturas de Goya, Giotto y Caravaggio, el vestuario de la gente del desierto, el estilo de Balenciaga y los colores de las rocas y la arena en Jordania, país donde se filmó gran parte de la acción.
El palacio de Arrakis, donde se aloja la familia Atreides, es presentada como la mayor estructura jamás construida por el ser humano en cualquier planeta bajo su control. Muros de hormigón visto con las huellas visibles de los encofrados y en el suelo un mosaico de inspiración azteca.
Patrice Vermette ha sido el director del diseño de producción para lo que se tuvo que poner en la mente de los arquitectos de este futurista mundo. Aunque ambientadas dentro de ocho milenios, las estructuras tienen una calidad antigua, dando sensación de presencia mítica y abrumadora. La escala se convierte en un mecanismo narrativo que muestra la capacidad de las clases dominantes para manipular el entorno, pero también para empequeñecer a los personajes individuales. Dentro del palacio se incluyen grandes relieves murales que muestran fuerzas naturales temibles que viven en el planeta, los gusanos de arena. Vemos edificios piramidales, resistentes a las tormentas de arena, con grandes muros y pequeños huecos para hacer frente a las altas temperaturas y la incidencia constante el sol, fachadas imaginadas en ángulo para facilitar el paso de los fuertes vientos, con gruesas paredes al objeto de mantener frescos los interiores.
Influídos por la arquitectura de las pirámides de Egipto, las construcciones micénicas y los zigurats mesopotámicos, estos modelos clásicos se modernizan a través de hechos y movimientos contemporáneos como los búnkeres de la 2ª Guerra Mundial, el brutalismo soviético y brasileño, líneas de ventanas corridas al máximo de Le Corbusier y, en los tamizados juegos de luz, la maestría de Herzog y De Meuron lograda por medio de aberturas cenitales y laterales en los muros de modo que las estancias están iluminadas sin que la luz solar penetre directamente. Los tonos ocres dominan. La estética brutalista fue utilizada como alusión a la forma en que la arquitectura soviética fue implantada como demostración de fuerza en las regiones que colonizó, no en vano Herbert se inspiró en el Medio Oriente en época de la Guerra Fría, interpretándose a menudo que las diferentes facciones en la novela representan a la URSS y las potencias occidentales que buscaban el control de su petróleo. La película emplea el brutalismo de una manera matizada: en algunos lugares se muestra crudo y en otros, poético, como el brutalismo brasileño, más sofisticado que el soviético.

Palacio en Arrakis, claro símbolo de poder y opresión. Inspirado en las arquitecturas de los zigurats, la maya y la brutalista. Enormes paredes se alzan desafiantes con diseños oscuros y angulares que evocan una sensación de intimidación. La arquitectura es a la vez grandiosa y siniestra, reflejo de un gobierno despiadado y autoritario.

Zona de almacenaje de «la especie». El orden social, de carácter neofeudalista, se basa en una constante lucha por el poder ambientada en un mundo árido y hostil cuyo paisaje, tanto el natural como el edificado, se convierte en un personaje en sí mismo.
En el planeta de los Harkonnen, una facción rival de los Atreides, la arquitectura también refleja el régimen opresivo de su brutal gobierno y la explotación excesiva de los recursos por el incesante ansia de poder y riqueza, a expensas tanto del planeta como de sus habitantes. El Conde de este planeta se baña en una piscina de petróleo o algo similar a un viscoso aceite negro. Las superficies acanaladas en plástico negro representan un espacio grandioso pero absorbente. Una referencia bastante inusual para este mundo es el de las fosas sépticas moldeadas en plástico, que dan una imagen industrial, impersonal y repulsiva, testimonio del impacto corrosivo del poder tanto en el medio ambiente como en la sociedad: una estética mezcla de plástico moldeado negro y aceite, combinada con formaciones de costillares gigantes y alusiones biofórmicas a arañas y garrapatas. Todos los interiores son inmersivos y las paredes, escalinatas y puertas «pesan», es decir, se construyó una gran escenografía para que los actores no tuvieran que interactuar con la pantalla Chroma Key Green.
En la segunda parte de la película -aún no la he visto- las escenas exteriores están filmadas con una cámara de infrarrojos de alta intensidad, lo que da como resultado una imagen de gran contraste en blanco y negro, que acentúa la piel pálida y delgada de las personas y vuelve a enfatizar la opresión de su entorno. Uno de los escenarios memorables, el campo de batalla, hace alusión a las estructuras de la antigua Roma. La única ubicación del mundo real utilizada para la arquitectura de la película ha sido la famosa, pero rara vez vista, Tumba de Brion, de Carlo Scarpa (San Vito d’Altivole, cerca de Treviso, Italia), aunque los trabajos de este arquitecto veneciano ya habían sido utilizados como inspiración para los escenarios de la primera película.
El palacio en Arrakis dispone de una sala dotada de ventanal, en arco rebajado, cerrada con bloques traslúcidos recortados y espacios geométricamente complejos con diferentes alturas de techo que recuerdan elementos de la arquitectura de Frank Lloyd Wright. Las fuentes de luz filtran el duro sol del desierto al tiempo que refuerzan el carácter cerrado de la fortaleza. El palacio se encuentra a oscuras en su mayor parte debido al calor exterior y muestra el poder y control de los colonizadores.

Dune habla sobre el colonialismo, la imposición de nuestros valores a otras culturas, la explotación de los recursos naturales y la forma en que hemos tratado al planeta y a los demás seres humanos.
Dune es una buena prueba del poder de lo arquitectónico narrativo en el cine. Los paisajes y estructuras se convierten en componentes integrales del relato, dando forma a los personajes y sus peripecias; es una combinación cuidadosamente elaborada de forma y función. Desde las amplias vistas del desierto de Arrakis hasta los intrincados interiores de los palacios interestelares, cada conjunto tiene un propósito más allá de la mera estética, ofreciendo una visión de las maravillas arquitectónicas de un mundo ficticio, pero vívidamente realizado.
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