Fachadas ventiladas y pérdida de identidad.

Javier González de Durana.

Adiós al carácter de los edificios construidos en los años 50, 60, 70 y 80. Profundos cambios de color y diseño al amparo de la instalación de fachadas ventiladas. Las superficies carnosas, cálidas y profundas, junto con el bi-cromatismo que subraya líneas de forjado y lugares adintelados, son sustituidos, como en este caso, por uniformes superficies claras o blancas..

La accesibilidad y la eficiencia energética son dos de los problemas más importantes a los que hace frente una gran mayoría de edificios hoy. Esto es debido a su antigüedad, entendiendo por tal que fueron construidos hace más de 40-50 años. Dejo el asunto de la accesibilidad y la eliminación de las barreras arquitectónicas para un comentario posterior y en éste abordo la segunda cuestión.

Es bien sabido que existen importantes déficits de aislamiento térmico en los edificios construidos hace más de medio siglo, década arriba o abajo. El parque residencial del País Vasco, en concreto, es uno de los más antiguos del Sur de Europa, según el consejero de Vivienda y Urbanismo. El diagnóstico es quizás algo exagerado, pero contiene una verdad que implica elevados consumos de calefacción o aire acondicionado, los cuales, a su vez, suponen altas emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera. Conseguir ahorros energéticos en estos tiempos de crisis económica post-covid y de limitaciones energéticas, tanto por cuidado al planeta como por la guerra de Ucrania, es importante. Muy de acuerdo.

Según la normativa española, a partir de 2020 todos los edificios deben tener un consumo de energía prácticamente nulo. Una de las respuestas actuales al consumo energético, derrochador y contaminante, es la fachada ventilada: un revestimiento exterior permeable fijado mediante sistemas de anclaje al original y preexistente cerramiento; con ello se genera una cámara intermedia por la que circula el aire libremente, produciendo un efecto chimenea. Una fachada ventilada puede suponerle al edificio que la tiene un ahorro energético estimado entre el 20% y el 30% del consumo.

Desde hace pocos años en las ciudades de nuestro entorno se está viendo cómo numerosos edificios cubren sus fachadas con una segunda piel para lograr esa eficiencia energética. Se asegura que en el País Vasco más del 13% del parque de viviendas actuales lo necesita. Para facilitar las operaciones conducentes a tal ahorro el Estado ha destinado 6.800 millones de euros de los fondos europeos Next Generation EU, por varias vías de subvención, con las ventajas añadidas de que se pueden rehabilitar edificios a gran escala y con mayor rapidez en la tramitación. El Gobierno Vasco aplicará estas subvenciones con carácter retroactivo a las intervenciones de esta naturaleza realizadas desde el 1 de febrero de 2020 y las extenderá hasta junio de 2026, disponiendo para ello, de momento, de 86’3 millones de euros.

Este apoyo económico está provocando que muchas comunidades de vecinos lo aprovechen, lógicamente. No obstante, da la impresión que, a veces y a la vista de los resultados, la intervención arquitectónica se ha llevado a cabo con apresuramiento, sin un buen estudio con las mejores soluciones posibles. Debido a esto y supongo que para evitar males mayores, están proliferando las conferencias de especialistas, los simposios y foros profesionales sobre el asunto, los suplementos periodístico-informativos, las oficinas de rehabilitación energética que ayudan al peticionario de la subvención a entender la normativa y a gestionar una burocracia compleja, etc.

Voy ya a lo que me interesa decir. Las empresas que han centrado sus servicios en estas labores defienden que los edificios particulares aprovechen la renovación en las fachadas no sólo para adecuarse a la normativa y obtener fondos EU, sino también para modernizar y revalorizar las construcciones así intervenidas. Para ello, estas empresas apuestan por nuevos materiales que permiten llevar a cabo un cambio estético, aportando -dicen- un valor añadido a la fachada del inmueble. Ese revestimiento exterior se puede realizar mediante una gran diversidad de materiales, siendo habituales las placas cerámicas y de piedra natural o el muy versátil composite, una resina compuesta a base de mezclas heterogéneas de materiales sintéticos que, dependiendo de la mezcla, ofrece unas propiedades u otras.

Esos objetivos de ahorro energético están muy bien, son lógicos y necesarios, nadie los discutirá, pero sí puede y debe cuestionarse algunas de sus consecuencias visuales. Estas aparecen cuando el proyecto se diseña con nulo respeto hacia el edificio en que se interviene y no me refiero sólo a los inmuebles de obvio y declarado valor histórico, sino a otros muchos -una gran mayoría de hecho-, que no eran tenidos en mucha estima y consideración hasta que estas actuaciones han empezado a proliferar. El cubrimiento de fachadas con ladrillo caravista, construidas durante los años 50, 60 y 70, santo y seña de la arquitectura bilbaína, pone en riesgo la estética de la ciudad moderna y también su idiosincrasia al hacer peligrar la personalidad que la caracteriza, provocando una uniforme monotonía en los entornos del paisaje urbano. En Bilbao, San Sebastián, Pamplona… estamos viendo resultados lamentables que han desfigurado tanto notables edificios racionalistas diseñados por relevantes arquitectos como dignísimos ejemplos de bloques de viviendas que sólo ahora, tras un rechapado insensible y rutinario, echamos de menos en su aspecto original, con matices y detalles que antes, sin embargo, desdeñábamos o considerábamos poco interesantes. Estos alicatados en busca de eficiencias energéticas, a menudo, en manos poco profesionales y cuidadosas, suponen irrespetuosas y severas transgresiones.

Un caso en la calle Henao de intervención respetuosa en la fachada, con especial cuidado puesto en huecos y franjas de separación de pisos, incluyendo un color azul que, si bien no es tipológico en esta zona del Ensanche, sí lo fue en esta casa construida a finales del siglo XIX cuando sus alrededores eran huertas y prados.

Encapsular el edificio no es la única manera de ahorrar energía. Existen alternativas y modos paralelos al forrado de la piel original para lograr el deseado ahorro energético. Se puede actuar desde el interior del propio edificio, mediante insuflado con poliestireno o lana mineral, en caso de existir cámara de aire entre la piel del edificio y los tabiques interiores, o la sustitución de carpinterías y vidrios por otros de alta eficiencia; también por las cajas de persianas y las cubiertas se producen importantes pérdidas y consumos.

Al igual que se hace en los monumentos, también para estas operaciones se necesitan combinados conocimientos técnicos y humanísticos, pues cada caso requiere soluciones específicas y lecturas sensibles al carácter formal e histórico del edificio. Las fórmulas universales -ciegas y estandarizadas- no funcionan ante las peculiaridades de cada inmueble. Si todas las arquitecturas son distintas de origen y de hecho, también lo habrán de ser las intervenciones a las que se vean sometidas. Las comunidades de vecinos quieren ahorro energético, no que les cambien el aspecto exterior de sus viviendas. Conozco casos en que inmuebles de gran dignidad diseñados por Luis Mª Gana, José Mª Chapa e incluso Manuel I. Galíndez en Deusto, Begoña y el Ensanche han sufrido liftings penosos o cuestionables, como mínimo.

No se trata sólo de rehabilitar energéticamente los edificios mediante la actuación técnica adecuada a cada inmueble, sino también de que el nuevo material adoptado respete la lógica compositiva, la textura y hasta el color de la fachada original. Estos nuevos materiales ofrecen una variedad cromática tal que a veces resulta difícil resistirse a elegir aquel que, en opinión del arquitecto o de la comunidad de vecinos, le confiera «singularidad» o «alegría» o «vistosidad», lo cual no hace sino empeorar un resultado que, a veces, va acompañado por sustituciones de balcones (barrotes de hierro y pasamanos de madera por vidrios y aluminio). Algunas empresas que se dedican a estos revestimientos suelen colgar en sus páginas web paralelismos, «antes» y «después», verdaderamente maniqueos: edificios cochambrosos sin ningún mantenimiento exterior durante muchas décadas y los mismos edificios con una apariencia prístina y colorinchi tras haberlos alicatado con forros ventilados. ¡Oh, maravilla! Nada se dice de sus interiores, claro está.

Estamos asistiendo a una destrucción lenta y silenciosa, de difícil apreciación porque el cambio no se produce de súbito en un sólo lugar, sino que se disemina puntualmente por aquí y allí. Sin embargo, si no se empieza actuar de otra manera en unas pocas décadas creeremos vivir en las mismas ciudades que antes, pero su aspecto será diferente del que hemos conocido, la personalidad de cada una se habrá difuminado y todas, en cualquier parte, de Lugo a Alicante y de Gerona a Huelva, se parecerán entre sí como gotas de agua. Ya no habrá imagen local reconocible, sino rutinarias máscaras. Cromos. Eso sí, esperemos que, al menos, energéticamente eficientes.

Dramático cambio en una humilde, pero digna, casa tardoracionalista.

Frente a la asepsia impersonal del resultado, ¿cómo no reconocer que el punto de partida en este pequeño pabellón de los años 50 de ladrillo caravista era muchísimo mejor y más elegante?

9 comentarios sobre “Fachadas ventiladas y pérdida de identidad.

    1. Muchas gracias Miguel Ángel. Leí tu artículo al respecto hace unas semanas cuando estaba redactando éste. Tus ideas inspiraron y fortalecieron las mías. Próximamente publicaré otro artículo a propósito de la destrucción de los portales de viviendas con motivo de la accesibilidad universal.

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  1. De acuerdo en muchas partes: los edificios históricos y con valor arquitectónico no pueden ser objeto de una remodelación energética sin un plan para conservar sus detalles.

    Donde no estoy de acuerdo es en los edificios racionalistas de los 50 a los 80. Se dice que con estas reformas la ciudad pierde carácter. Yo digo que por culpa de esos edificios la ciudad perdió carácter y porque no hay dinero, pero yo los destruiría todos. Son una absoluta vergüenza. El trabajo de un arquitecto es darle belleza y ese carácter que dice el artículo, pero esos edificios los habría hecho más eficientes y bonitos cualquier ingeniero mecánico recién salido de la facultad. Son una aberración. ¿De verdad es carácter encontrarse el mismo edificio repetido miles de veces en los 500.000km2 del país? Hubo una ruptura con las corrientes arquitectónicas anteriores y es algo que habría que recuperar.

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    1. Gracias, Carlos. En las décadas 50 a 80 del siglo pasado hubo mala arquitectura y también hubo buena y excelente arquitectura. No se puede extender la calificación de vergonzosa aberración a toda ella. En todo caso, lo que yo que he querido decir es que, por culpa de la panelización actual de las fachadas por motivos de eficacia energética, vamos a terminar con apreciar y considerar como atractivas hasta las fachadas más corrientes y molientes de aquellas décadas. Cuando esto ha sucedido en algún edificio que antes consideraba vulgar me ha sorprendido echar de menos su aspecto original.

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  2. Permítame decirle que hay ladrillo visto para fachada ventilada y al igual hay disponible paneles aislantes con ladrillo cara vista para rehabilitación de edificios.

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  3. Hay que buscar soluciones desde dentro de los edificios. Desde luego proteger los historicos. Hay muchos de los años 70 que casi quedan mejor con estos sistemas en aquella época se hacían barbaridades

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    1. De acuerdo contigo, Francisco Gasca, por completo: actuar desde dentro de los edificios sería lo mejor, aunque, me temo, sería más complicado y quizás algo más caro. Como le decía en el comentario anterior a Miguel Ángel, hay tan malas actuaciones con las fachadas ventiladas que hacen añorar las anodinas fachadas de aquellos años 70. Nos permiten descubrir, de pronto, que muchas que teníamos por malas no lo eran tanto.

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