Desde el borde de la piscina.

piscina san ignacio
Piscinas de San Ignacio. Existían dos, una pequeña, con poca profundidad, para niños, y otra más grande con dos profundidades, una baja que iba descendiendo según te acercabas al centro y otra, a partir de ese punto, muy-muy profunda; encima de esta segunda zona existían tres trampolines, el del centro con doble altura que los otros dos. En los edificios bajos que cerraban una esquina había mantenimiento, vestuarios y un bar con grandes cristaleras.

Hace 60 años la única piscina pública que había en Bilbao -al menos que mi memoria haya retenido- estaba en la Ciudad Deportiva del barrio de San Ignacio. Te quedabas estupefacto la primera vez que llegabas a ese lugar. En un barrio obrero y muy periférico existía un campo de futbol rodeado por espléndidas pistas de atletismo junto a unas piscinas, conformando un generoso, moderno y despejado espacio urbano donde la práctica del deporte -incluso de competición- era la tarea que tenía atribuida. No existía nada parecido en ningún otro barrio de la ciudad, ni siquiera en el centro del Ensanche, supuesto ámbito con mejor calidad de vida. Tras reponerte de la sorpresa inicial, preguntabas cómo había sido posible aquello y las respuestas ofrecían dos explicaciones principales: (1) que todos los barrios deberían disponer de un equipamiento parecido porque eso era lo saludable y (2) que aquel estadio deportivo era un privilegio que el régimen franquista había concedido a los supuestamente adictos trabajadores residentes en el barrio, seleccionados para acceder a una vivienda allí, al parecer, tras superar algún tipo de examen en pureza ideológica. Las dos interpretaciones eran válidas en cierta medida, pues, en efecto, se trataba de un nuevo modelo de ciudad y las viviendas protegidas no se concedían, precisamente, a ateos, masones, comunistas y otros derrotados en la recién pasada guerra civil. Según se decía, los encargados, socorristas y personal empleado en aquellas instalaciones deportivas pertenecían a la Falange, lo que a nuestros 12–14 años tenía poca significación, pero alguna tenía. Mis amigos y yo éramos unos críos, pero en el ambiente notábamos algo no familiar. Cuando pocos años después fuimos conscientes del qué, dejamos de ir y la playa -alejada pero sin controles (¡qué más podíamos pedir!)- se convirtió en la estación de baño favorita.

San Ignacio era entonces una nueva, ordenada y monótona ciudad anexa a Bilbao, surgida a partir de 1945 con un diseño supervisado por el Instituto Nacional de Vivienda, pero elaborado por los arquitectos municipales Germán Aguirre e Hilario Imaz, en unión con el arquitecto de la Obra Sindical del Hogar en la provincia, Luis Lorenzo Blanc. En la primera fase (1945-51) se construyeron 1.032 viviendas y en la segunda (1952-60), otras 2.332, con variadas tipologías en cuanto dimensiones y habitaciones pensadas para clases medias y obreras. Tantas veces como acudí a esas piscinas tuve la sensación de encontrarme en un ciudad diferente de la mía cotidiana; era un sentimiento extraño, como de ser intruso en un lugar al que no pertenecías y donde te sentías observado, pero que provocaba la exultante euforia de gozar del sol, el agua y el juego.

Piezas-especiales-piscina-exterior-Ditail-La-Alhondiga-Bilbao-Mosa
Interior de las piscinas de la Alhóndiga.
zentroa-kN2D-U6091718456WMD-624x390@Diario Vasco
Vista del suelo acristalado en parte de las piscinas de la Alhóndiga desde el atrio.

Medio siglo después Bilbao se encuentra en el extremo opuesto del universo acuático embalsado para nadar. Todos los barrios tienen su polideportivo y las piscinas públicas se han convertido en algo que vemos sin asombro. El culmen de esto se encuentra en la Alhóndiga, que dispone de tres albercas en la cuarta planta sobre un vacío -en algunas zonas- de más de 12 metros de altura, de manera que desde el atrio del edificio y a una distancia considerable sobre las cabezas se pueden ver, a través de superficies acristaladas, cuerpos de bañistas sumergidos en agua. Se atribuye a Philippe Starck este diseño, pero no estoy seguro, creo que este edificio, desde mi punto de vista, tiene varias autorías no todas claramente reconocidas. En cualquier caso, el resultado es fantástico; Ixchel, mi nieta de cuatro años, puede dar fe de ello. El perímetro de arcos con ladrillos caravista que rodea las piscinas, desde el exterior, sobre la extensa terraza que actúa como solarium, aporta un toque metafísico giorgiochiriquiano muy atractivo. Este es otro mundo en el que resuenan la música salsa, las risas de los grupos de personas mayores ejercitándose en el agua con la ayuda de una amable/estricta monitora y los gritos de los críos zambulléndose como posesos, con independencia de la meteorología exterior.

La terrestre, americana y figurativamente-pop piscina a la intemperie de San Ignacio ha devenido en un mundo flotante, abstracto y global situado en un más allá afortunadamente accesible.

Las piscinas cargan con muchos estereotipos en nuestras mentalidades, siendo el mayor de ellos el de que, a pesar de ser algo ya común, todavía lo relacionamos con el éxito económico y las vacaciones veraniegas. Cuando se trata de piscinas públicas la libertad individual se encuentra con la experiencia social de estar casi desnudos, algo insólito fuera de ese marco específico caracterizado por el olor a cloro y la quietud o suave movimiento de la azulada transparencia del agua.

Las piscinas aumentaron su popularidad, primero en los Estados Unidos y después en Europa, a medida que crecieron las clases medias. Con anterioridad tan sólo algunas estrellas de Hollywood disponían de ellas como una seña más de su excéntrico modo de vida y pocos de entre los más ricos la incorporaban a sus fastuosas mansiones de los años 20 y 30. Las estrategias de comercialización del producto tras la II Guerra Mundial, la suburbanización de las ciudades y las referencias de las vacaciones y la cultura pop vinieron a convertirlas en lugares de ocio muy popular. Más tarde se impuso el individualismo y los bañistas comenzaron a querer usar su propio y privado lugar de goce acuático, popularizándose el concepto de la piscina privada  en el patio trasero de la finca o sobre el césped del jardín. Miss Universo de 1954 no tuvo inconveniente en publicitar familiares piscinas de plástico desmontables, pues en aquellas fechas eran la alternativa económicamente abordable para la clase media frente a la piscina excavada y construida en el jardín trasero de la casa. Hoy resultaría poco glamouroso para una Miss

Doughboy-swimming-pool-1 2
Miriam Stevenson, “Miss Universo” de 1954, anuncia en traje de baño, modelo “Catalina” creado exclusivamente para esta imagen publicitaria, las maravillas de una piscina desmontable.
a bigger splash
David Hockney, A Bigger Splash, 1967.

Las piscinas también son uno de los temas iconográficos favoritos del arte reciente, baste recordar a David Hockney y sus numerosos splash californianos en los que el movimiento del agua rompe la placidez azul como un rastro de interacción humana después de saltar del trampolín, siendo el telón de fondo una casa moderna del sur de California representada como planos simples y coloristas. Una piscina, especialmente una bien diseñada, ahora es un símbolo de las grandes urbanizaciones suburbanas en las que, aunque las casas pueden repetirse con monótona insistencia, cada piscina es singular y rellena con los mismos ideales que las de la élite al ofrecer una similar sensación de libertad y exclusividad. Frente a las piscinas públicas, a las que cualquiera puede acceder sin restricciones, a las privadas sólo de llega por posesión o invitación, acercando la casa a la condición de resort en donde cada individuo puede manifestarse tal como es y, al menos durante unas horas, huir del agobio cotidiano. A continuación dos ejemplos de piscinas con mucho atractivo.

piscinas Jeff_Green-_Goldstein_House_by_John_Lautner
The Sheats-Goldstein Residence, diseñada en 1961 por el arquitecto John Lautner, es una obra de arte y, como tal, ha sido recientemente donada a Los Angeles County Museum of Art. Aquí se rodaron escenas de películas como El Gran Lebowski y Los ángeles de Charlie. En la fotografía, su piscina.
Favaro_Jr
Foto de Favaro Jr., Sao Paolo, realizada con dron bajo la lluvia.

Las piscinas recibieron poca atención de nuestra Revista Nacional de Arquitectura, sólo a partir de 1951 y, además, las primeras no fueron españolas. Así, en febrero-marzo de 1951 dio a conocer un trabajo en la francesa isla de Puteaux, realizado por J. y E. Niermans; en diciembre de 1952 otra del italiano Giulio Milonetti; y en febrero de 1956 una tercera de Roberto Menghi, también en Italia. Ninguna noticia de piscinas españolas hasta abril de 1968 y se trataba de una “para millonarios en la Costa Brava“, diseñada por Ricardo Bofill Levi. Así estaba el tema en la profesión.

Sin embargo, el historiador tinerfeño de la fotografía, Carmelo Vega, me enseñó hace algunos años parte de su extraordinaria colección de tarjetas postales de Canarias, cuyo propósito desde finales del siglo XIX fue el de incitar a visitar turisticamente el archipiélago, lo que lograron con indiscutible éxito. Esas postales demuestran que a partir de los años 50 la piscina, en el primer término de la imagen, al pie de un hotel y con el asombroso paisaje canario como fondo, se constituyó en un atractivo fundamental, sustituyendo otros valores anteriores, como la vegetación exuberante, el tipismo insular y los escenarios volcánicos.

Ya que estoy en Tenerife…, allí existen los “charcos” o piscinas naturales, de formación volcánica, que son pozas en la costa rodeadas por rocas, pero cuyas aguas no permanecen estancadas, sino que se renuevan con el oleaje. Las islas poseen abundancia de este tipo de piscinas que parecen hechas por alguna divinidad para disfrute humano. Inspirándose en estos charcos, el arquitecto Fernando Menis diseñó en 1993 una piscina natural en El Guincho, cerca de Garachico, donde las energías reconducidas del océano llenan y renuevan de manera natural el volumen de agua que abastece la poza artificial; un caso de arquitectura social low cost. Para la construcción de esta obra sostenible y saludable se consultó el calendario de mareas, que permitió determinar las horas de las pleamares y bajamares. Así se pudo averiguar en qué día del año se producía la marea más baja en ese punto de la isla. El paso del tiempo va quedando impreso en todos los materiales utilizados, dotándolos de una personalidad propia. La intervención, de carácter blando, minimiza el impacto en el paisaje y utiliza los recursos naturales del entorno.

El Guincho
Piscina natural en El Guincho.

Y con esta refrescante entrada me despido de todas y todos hasta septiembre…. desde el borde de la piscina.

 

1280px-Paestum_Tuffatore
Tumba del Nadador, Paestum, Magna Grecia, Italia, circa 470 a.C.

5 comentarios sobre “Desde el borde de la piscina.

  1. Refrescante recorrido piscinero. Y también surrealista, en mi opinión, porque mezclar las piscinas de San Ignacio, Hockney y “El gran Lebowski” en el mismo texto resulta por lo menos bizarro (aunque para bien).
    Bizarras (aunque para mal) son las imágenes de la inuguración del barrio de San Ignacio, piscinas incluidas:
    https://drive.google.com/file/d/1Tg-QT1j2uJqLcNhbr24zaJxQV2UbHGoW/view?usp=sharing
    ¡Felices chapuzones!

    Me gusta

    1. Jajaja!! Muy buena, Joseba, la secuencia encadenada de bizarrerías, pero podías haber añadido la pintura mural de la Paestum helénica para rematar.
      Fantásticas las secuencias que has enviado sobre la inauguración institucional del barrio, ¿tiene fecha esa grabación?

      Me gusta

      1. El No-Do es del 3 de julio de 1950.
        Perdona la tardanza. Como no he recibido el correo de tu comentario pensaba que no habías visto el mío. Será el calor, que también afecta a WordPress.
        Saludos.

        Me gusta

  2. Acabo de comprobar que la fecha exacta de la “gloriosa” inauguración de la primera fase fue el 22 de junio de 1950, aunque las obras no estuvieron terminadas hasta febrero de 1951.
    Tu WordPress no es tan limitado, Javier. Los lectores -y las lectoras, por supuesto- podemos suscribirnos a comentarios concretos y recibir correos, lo que pasa es que a veces el sistema falla. Como todos los sistemas, vamos.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s