Errores urbanísticos de ayer y hoy.

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Plan del Ensanche de Bilbao, 1876. Pablo Alzola, Ernesto Hoffmeyer y Severino Achúcarro.

El Ayuntamiento de Bilbao, a través del Área de Movilidad y Circulación, se ha planteado la peatonalización de diversas calles de la ciudad, algunas con carácter total y otras con restricción de vehículos salvo para autobuses públicos. La mayor afección se hará visible en la primera mitad de la Gran Vía, ya bastante vaciada de vehículos desde hace algunos años si la comparamos con la terrible presión que sufrió durante décadas, pero también llegarán a verse afectadas algunas calles próximas que se sumarán a otras (Diputación, Arbieto, Ledesma, Amistad, Villarías y Berástegui) ya peatonalizadas desde hace algún tiempo. En realidad, la mayor y más novedosa incidencia se producirá en el entorno de la Plaza Elíptica, al eliminarse el tráfico de todos los tramos viarios que convergen en ella y la cruzan, esto es, Ercilla, Elcano y Gran Vía. Por hacerlo fácilmente comprensible, se trata de extender a todos los segmentos de calles que confluyen en ese gran espacio urbano lo que ya se halla aplicado a uno de los tramos de la calle Ercilla (entre la plaza y la calle Rodríguez Arias). El resultado sería una supermanzana con el elíptico espacio central como corazón y el cuerpo alrededor libre de tráfico. La idea se vende como una mejora de la ciudad, pero en realidad es la rectificación parcial de antiguos errores.

Esta decisión viene bien para recordar que algunas de esas calles que fueron peatonalizadas hace años (en concreto, Diputación, Arbieto, Luchana y Ledesma) no estaban previstas en el Plan del Ensanche de Bilbao concebido por Alzola, Hoffmeyer y Achúcarro en 1876, sino que se incorporaron al plan como modificaciones posteriores del mismo, en ocasiones muy poco tiempo después de ser aprobado el Plan. Otras calles en la misma zona que las anteriores y que tampoco estaban previstas, como Travesía de Uribitarte, Errekakoetxe, Telesforo Aranzadi y Dr. Achúcarro, abiertas las dos primeras en el periodo 1890-1915 y después de la guerra civil las otras dos, aún mantienen el tráfico (salvo la primera) a pesar de sus diminutas dimensiones. Esas alteraciones fueron resultado de presiones ejercidas por los propietarios del suelo, quienes no deseaban una ciudad de manzanas con amplios patios interiores, al estilo de Barcelona, y propugnaban que el aprovechamiento del suelo fuera más intenso y ofreciera oportunidad para la construcción de inmuebles de viviendas con fachadas orientadas a una calle a costa de sacrificar los higiénicos y saludables patios de manzana. Más pisos, más beneficio para el dueño del suelo y para el constructor. Menos espacio libre, menos salubridad para los vecinos. Lo de siempre.

En aquellos casos la ambición económica se impuso a la racionalidad concebida por el arquitecto y los dos ingenieros de redactaron el Plan. También intervinieron presiones puramente institucionales; por ejemplo, el tramo sur de la calle Diputación y la calle Arbieto surgieron de la necesidad sentida por la Diputación de que su Palacio Foral fuera exento, separado de cualquier clase de edificio. Así lo que iba a ser una gran manzana se convirtió en cuatro mini-manzanas entre Gran Vía, Rodríguez Arias, Astarloa y Marqués del Puerto. Una vez abierto el tramo sur de Diputación, el Ayuntamiento encontró razonable extender dicha apertura al tramo norte, dividiendo en dos bloques entre la Gran Vía, Astarloa, Colón de Larreátegui y Marqués del Puerto lo que se había previsto como otra gran manzana.

La ubicación del Palacio fue una pifia notable y el precio, más barato, del suelo fue lo que llevó a su elección. Dado su carácter público debería haberse construido en un lugar que dispusiera de amplio espacio delantero para facilitar la congregación de multitudes, como los jardines de Albia, primer lugar pensado para su instalación y tempranamente desestimado por el alto precio del suelo que ponía la propiedad (la familia Zabálburu), en lo que actualmente es Colón de Larreátegui 13, y por haber llegado tarde la oferta realizada por la familia Arana Goiri de su espléndido solar (la manzana comprendida entre Mazarredo, Arbolancha, San Vicente y jardines de Albia) y mejor precio. De no poder ser este último emplazamiento, magnífico, la Plaza Elíptica hubiera debido resultar la alternativa lógica, tanto para hacer ciudad en una zona que, estando ya urbanizada, sin embargo, se hallaba aún casi vacía de construcciones, como por disponer de un gran espacio urbano ante sí.

Lo curioso es que el Plan se empezó a pervertir puntualmente estando al frente del Ayuntamiento uno de sus autores, el ingeniero Pablo Alzola, quien era propietario, a través de su empresa familiar, La Perla, de numerosos terrenos en la zona de Albia. A veces esos cambios se producían a conveniencia de sus intereses particulares, contraviniendo lo que urbanísticamente había concebido pocos años antes, y otras veces eran consecuencia de las exigencias de otros propietarios del suelo, quienes en definitiva constituían la élite de la burguesía liberal de la Invicta Villa sólo vencida en ocasiones por algunos de sus dirigentes.

La planeada peatonalización de todas estas calles que no estaban previstas en 1876 viene a demostrar que su creación se produjo contra natura y que su eliminación como vías de tráfico es una suerte de paliativo al error que supuso dejarse vencer por las presiones inmobiliarias. El espacio que hubiera debido estar dentro de las manzanas ahora se encuentra en el exterior. Parecería, por tanto, que tras un largo periodo de abuso espacial se produce una rectificación que deja las cosas como hubieran debido ser. No tanto, porque los patios de manzana, pequeños e insuficientes, lo siguen siendo hoy.

Todo esto viene a cuento porque el argumento aducido desde el Área de Circulación y Movilidad es que la pandemia del covid-19 ha puesto en evidencia la demanda de más espacio libre de tráfico en la ciudad, más zonas verdes, más áreas de respiro y descanso. Lo chocante es que una de aquellas calles no previstas en 1876 y que aún permanece abierta a la circulación rodada es Barraincúa, la cual se creó a principios de la década de 1890 (sobre terrenos de Alzola, ¡vaya!) a raíz de la decisión municipal de abrir en ella un Lavadero público y de las presiones de los promotores inmobiliarios (uno de los cuales era, de nuevo, Alzola). Esta partición que, en principio dividía en dos la manzana entre Lersundi, Recalde, Heros y Ajuriaguerra, fue después de la guerra prolongada a la siguiente manzana, donde inicialmente, aprovechando la amplitud del patio de manzana, estaba prevista la edificación de una gran Plaza de Arcos rodeada por un elegante inmueble residencial entre las calles Recalde, Iparraguirre, Lersundi y Ajuriaguerra, el cual, por supuesto, nunca se realizó

Pues bien, esta pequeña y estrecha calle de Barraincúa, rodeada por otras de  parecidas  dimensiones, no sólo no se peatonaliza, sino que incluso el ayuntamiento quiere autorizar en un extremo de ella un enorme edificio promovido por el Obispado de Bilbao Real Estate que, además, funcionaría en parte como una clínica médica.

¿Sería demasiado pedir a nuestro Ilustre Ayuntamiento y, en concreto, al edil socialista responsable de Circulación y Movilidad un poquito de coherencia y de equilibrada actuación en las diferentes áreas del Ensanche? No resulta muy lógico que calles que aparecieron durante las mismas fechas (1890-1910) en un Plan que no las preveía, fruto de una política liberal avariciosa y que responden todas por igual a las mismas características sean tratadas de tan diferente manera: unas se liberan de tráfico y otras ven incrementado el excesivo que ya sufren. Resulta un agravio comparativo espectacular lo que sucede en la calle Barraincua, que nace en Heros, atraviesa dos manzanas y muere en Iparraguirre, tras recorrer unos 250 metros. Mientras en su comienzo se planea un agravamiento de tráfico, una construcción desmesurada con   eliminación de uno de los escasos espacios libres del barrio con arbolado singular, en su final se ensanchan las aceras, se semipeatonaliza la calle y se colocarán unos tiestos para adornos florales y ¿todo esto por qué? Pues porque ese tramo de Iparraguirre conduce directamente al Museo Guggenheim, es decir, se “alfombra y pone bonita” la calle para el turismo, el gran elemento actual de subordinación edilicia. A los vecinos que les den.

Un observador imparcial, pero informado, podría llegar a creer que, así como el Ayuntamiento de hace 120 años protegió y cuidó de los intereses de los propietarios del suelo urbano, hoy ese mismo Ayuntamiento continúa haciéndolo con el  mayor propietario inmobiliario de Bizkaia, el Obispado de Bilbao. Ese mismo observador podría creer que algunas cosas habían cambiado en la política municipal, pero enseguida se da cuenta de que no hay apenes cambios, sino simples apaños paliativos. Los mismos errores, el mismo Ayuntamiento, la misma subordinación.

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Plan de peatonalización (Fuente: El Correo).

4 comentarios sobre “Errores urbanísticos de ayer y hoy.

  1. La Historia se repite siempre que hay intereses de poderosos mezclados en el juego. Alzola, López de Letona y otros a finales del XIX y principios del XX. Ahora, en el XXI, son las instituciones y la iglesia los que van a hacer la mayor chapuza de Abando desde hace casi un siglo.

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  2. Buenos días,
    Lo que deberíamos conseguir es que todo el jardín del Palacio Chávarri, de la Subdelegación de Gobierno, que da a Iparraguirre, Gran Vía, Colón y Elcano, se abriese para el disfrute de la ciudad. Tirar esos absurdos muros y vallas e incorporarlo como plaza pública. El murete no tiene valor alguno y el hierro forjado, en mi opinión tampoco. Yo lo abriría completamente a la ciudad, lo más diáfano posible. Tiene arbolado interesante, una pérgola, buena orientación y sería un auténtico pulmón en una ciudad bien necesitada de ese tipo de espacios públicos. El momento es ahora, que se estudia peatonalizar esas calles. Un Convenio entre ambas instituciones. Además desde el punto de vista de movilidad peatonal, evitaría rodeos innecesarios. Ahora mismo es de uso privativo y sirve, no se lo pierdan, para que aparquen 4 o 5 vehículos. Espero que el Ayuntamiento y la Subdelegación lleguen a un acuerdo e incorporen ese espacio a la ciudad. Una nueva plaza en el centro de Bilbao. Bueno, bonito y barato.

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    1. Muy de acuerdo con Vd., Bilbao. Sin embargo, me temo que el acuerdo que sugiere es altamente complicado y este asunto en verdad, sí que sería un gran éxito para Alfonso Gil si fuera capaz de lograrlo. Siendo socialistas los responsables del Área de Movilidad y Circulación y el Subdelegado del Gobierno central, el asunto sería más fácil que si pertenecieran a partidos diferentes. Ojalá se planteara este reto, verdaderamente histórico, en vez de arrogarse el mérito de la peatonalización de calles que en su mayoría ya lo están desde hace años.

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