Pedernales y un drama de la guerra civil.

 

IMG_8922

A comienzos del reciente confinamiento provocado por la pandemia, el 16 de marzo pasado, se cumplieron diez años desde el día en que el Palacio Euskalduna acogió un encuentro público al que fuimos invitados a participar varias personas para ofrecer nuestras reflexiones acerca de lo que el aquel momento parecía un proyecto con muchas posibilidades de realizarse, esto es, la creación de un nuevo museo Guggenheim. La idea era erigirlo a orillas de la ría de Gernika, comarca de Urdaibai o Busturialdea, en concreto en Pedernales, municipio de topónimo rebautizado hace pocos años como Sukarrieta (traducción literal de pedernales) por el nacionalismo vasco, dado que Sabino Arana Goiri está enterrado allí y, lógicamente, como cualquier persona de fundamento entiende sin dificultad, el Fundador no puede yacer para la eternidad en un lugar con nombre español…

El posible museo se concebía como una rama derivada del existente en Bilbao con esa marca. Como es sabido, el proyecto no prosperó. Estos días he pensado en traer aquí el texto de mi participación en aquella jornada cercana a la primavera del año 2010 porque ahora, en que desde la Dirección del museo se quiere reactivar aquella idea (el proyecto todavía “está encima de la mesa” dijo hace unos meses), mis dudas de entonces tendrían otro aspecto y serían menores. Por supuesto, las condiciones para la creación de una posible ampliación del museo vasco-neoyorquino en Urdaibai hoy deberían ser distintas a las que se manejaron en aquel momento.

El final de mi intervención apelaba a que en el plazo de diez años la confrontación en torno a aquel proyecto de museo pudiera haberse superado: si se “logra será a base de que todos (PNV, PSE y PP) dejen bastantes pelos en la gatera, pero quiero creer que eso no ha de importarles, porque lo que buscan los tres es tanto el mejor proyecto de museo posible como el mayor desarrollo económico viable para Busturialdea. Si hay que tragarse algunas palabras, pues tráguense. Ojalá se logre esta reunión de voluntades y dentro de diez años, a diferencia de lo sucedido en el pasado, estemos todos celebrándolo fraternalmente“. Bien, han pasado los diez años y aquel deseo no se ha visto cumplido: ni museo ni celebraciones fraternas.

Sin embargo, tras repasar mi texto leído entonces he decidido no traerlo por ser ya historia antigua (en todo caso, quien lo quiera conocer lo tiene en internet, está en Scribd) para rescatar sólo la parte final del mismo, en la que me salía del guión previsible para recordar un hecho de la guerra civil española a propósito del histórico edificio que se proponía derribar para construir el nuevo museo, caso de que las intenciones institucionales (sobre todo, de la Diputación de Bizkaia, no tanto del Gobierno Vasco) prosperaran. Decía de la siguiente manera:

La preservación, restauración y rehabilitación del edificio de Ricardo Bastida es un imperativo absoluto. Me resulta increíble que esa construcción no tenga ningún amparo legal. He trabajado durante muchos años en el campo de la protección de edificios de valor histórico, redactando numerosos catálogos e inventarios de arquitectura patrimonial de Bizkaia, y desde ningún punto de vista argumental se entiende que este edificio de 1925 no tenga algún grado de amparo, ni el más bajo cuando de hecho debería tener el máximo, lo cual me lleva a sospechar de la existencia de alguna intervención de influencia por parte de la propiedad para que nada limite la libre disponibilidad del edificio. En absoluto es una obra menor de Bastida, sino muy al contrario. No existen edificios de esta tipología arquitectónica en todo Euskadi; un balneario marítimo para niños/niñas saludables (caso contrario al Sanatorio de Górliz) es una verdadera rareza en sí mismo; y además éste fue el primero erigido en España que después resultó imitado por instituciones semejantes a la Caja de Ahorros Municipal de Bilbao (CAMB).

De otra parte, el edificio testimonia uno de los avances más importantes de la política social en Bizkaia durante el siglo XX: el relativo a la salud y el ocio de la infancia, en donde a los niños se les ‘educó para la libertad’, en el conocimiento lúdico y en el respeto a las diferencias de los demás, donde las ‘afinidades’ humanas de los niños se encontraban al margen de la procedencia social de cada uno -y sólo estos motivos ya serían por sí suficientes para que un Gobierno socialista lo declarara Bien de Interés Cultural-, un edificio que dispone de amplios y flexibles (dormitorios, comedores…) para aulas, talleres, exposiciones o lo que se requiera, y en donde la vinculación con la Naturaleza y el Paisaje (lo mismo que ahora se pretende con el museo) fue tenido en cuenta como un valor sustancial desde su origen. Por otro lado, su conservación no impediría el levantamiento de un nuevo edificio en esta parcela o en alguna colindante, con lo cual conservar la ‘casa’ adaptada al nuevo uso permitiría un ahorro significativo en metros cuadrados de nueva edificación. Salvemos la memoria, ahorremos costos y construyamos lo que sea necesario construir con respeto al entorno y a la historia. Tanto como cualquier otro elemento paisajístico de la zona, el edificio pertenece a la memoria personal de decenas de miles de que, siendo niños, pasaron sus veranos en estas Colonias escolares.

Pedernales_Sukarrieta_colonias_BBK_Bastida

Mi valoración sobre este edificio es tan elevada que prefiero el edificio colonial sin museo al museo sin edificio colonial; éstos no son los muros de la vieja fábrica de maderas en Ibandoibarra sobre cuyas ruinas se levantó el museo bilbaino. Afortunadamente, en Urdaibai ambas construcciones (la heredada del pasado y la que se haga en el futuro) podrían ser compatibles. La parcela está afectada por restricciones de la Ley de Costas y por la presencia de la línea del ferrocarril, lo cual limita el suelo a ocupar con nuevas construcciones, de acuerdo, pero esto sólo significa una cosa: que el arquitecto que trabaje aquí deberá ser muy bueno para saber resolver esas dificultades. Y si en este lugar concreto no pudiera hacerse el museo, existen en Urdaibai otros emplazamientos tan atractivos como éste -y mucho menos frágiles desde el punto de vista del ecosistema-, pero insisto en que, si se realiza en este lugar, la conservación del edificio debe ser integral e incuestionable. Me sorprende que al nacionalismo vasco, tan defensor lo que somos y de las maneras en que nos hemos hecho, no le importe tirar abajo esta brillante página del siglo XX.

Las imágenes que he estado proyectando en los últimos minutos están extraídas del libro Pedernales, escrito por Julián Zugazagoitia, periodista, político y escritor socialista, con un epílogo de Eliseo Migoya, impulsor de la colonia desde su presidencia en la Caja de Ahorros Municipal de Bilbao. Migoya, seguidor de la doctrina social católica derivada de la encíclica ‘Rerum Novarum’ de León XIII y monárquico, pidió a Zugazagoitia que escribiera este libro a pesar de que sus diferencias ideológicas eran profundas (en el momento del encargo, el político vasco estaba desterrado en Santoña por la Dictadura de Primo de Rivera). El libro está preciosa y profusamente ilustrado por el pintor Ricardo Arrúe, algunas de cuyas encantadoras estampas incluyo aquí (ver más abajo).

IMG_8921
Portadilla interior del libro.

No he proyectado estas imágenes porque el libro fuera escrito por Zugazagoitia, abuelo de nuestro colega, amigo y director del Museo del Barrio en Nueva York (que lleva su mismo nombre, apellido y cara), ni porque las imágenes de Ramiro Arrúe sean entrañables, ni porque me permitan infiltrar unas fotos que me sacaron a los 10 años con mi hermana y mi madre en la Colonia; no, las he mostrado porque este libro y esa Colonia encierran una micro-historia que es metonímica de la historia del País Vasco, de sus logros y frustraciones, de sus grandezas y miserias, una micro-historia de la que ahora, para este proyecto de museo en Urdaibai, todos deberíamos sacar algunas lecciones. Me explico. Después de haber publicado este libro en 1929 e instaurada la II República, Zugazagoitia resultó elegido Diputado al Congreso desde 1931 y fue nombrado Ministro de Gobernación con el Gobierno de Juan Negrín (mayo 37 – abril 38) y Secretario de Defensa Nacional (mayo 38 a fin de guerra). Migoya, por su parte, fue designado Director General de Deuda Pública, en el Ministerio de Hacienda del primer gobierno franquista tras la guerra, entre 1939 hasta 1941.

Julián Zugazagoitia Mendieta
Julián Zugazagoitia.

La trágica coincidencia es que Zugazagoitia, tras ser detenido en París por la Gestapo, fue deportado a España, sufrió un juicio militar sumarísimo y murió fusilado en las tapias del cementerio de la Almudena por el gobierno de Franco en el cual Migoya era uno de sus altos cargos. En este libro sus autores estuvieron unidos, uno por sus convicciones católico-sociales y el otro por su ideario socialista de raíz liberal; sin embargo, diez años más tarde, tan sólo diez años después, estuvieron trágicamente separados. Pero el caso es mucho más interesante aún si superamos los límites del libro y atendemos al proyecto global de la Colonia infantil, pues vemos que la capacidad de Migoya por aunar voluntades políticas en torno al proyecto de Pedernales no se limitó al socialismo (que lo ensalzó en este libro) sino que previamente incluyó al nacionalismo vasco (que lo hizo viable al facilitar el acceso a los terrenos), ya que la CAMB tenía en el cercano Portuondo unos terrenos rurales destinados para la colonia, pero no siendo tan atractivos y saludables como aconsejaba el proyecto propuso al nacionalista Ramón de la Sota la compra de la finca de su propiedad donde éste construía una casa, a lo cual Sota accedió para dotar este servicio a la infancia, vendiendo los terrenos por un 35% menos del precio solicitado inicialmente“.

Así concluía mi intervención aquel 20 de marzo de 2010, apelando al entendimiento entre las instituciones acerca de un proyecto museístico que podría haber sido muy interesante, a pesar de haberse planteado de pésima manera.

IMG_8927

IMG_8931

IMG_8923IMG_8924IMG_8925IMG_8926IMG_8928IMG_8929IMG_8930IMG_8932

IMG_8934IMG_8933IMG_8935

IMG_8922

5 comentarios sobre “Pedernales y un drama de la guerra civil.

  1. Fantásticas las ilustraciones de Arrúe y terrible la historia de Zugazagoitia -como tantas otras, muchas olvidadas-.
    Respecto a Bastida y su obra mi impresión es que no importan mucho en el PNV, probablemente porque el arquitecto no fue nacionalista. Hace dos años presenté en el ayuntamiento un proyecto para llevar a cabo el gran homenaje de Bilbao a Bastida y la respuesta fue tan poco entusiasta -por no decir deprimente- que mi socio y yo decidimos olvidar el asunto. ¿Alguien se ha parado a pensar cómo sería Bilbao si ahora mismo desaparecieran las cuarenta y cinco obras de Bastida que aún quedan en pie? Pues no solo sería diferente, sería otro Bilbao.
    Si algún día se toma la decisión de derribar las colonias de Pedernales-Sukarrieta estoy dispuesto a encadenarme a la puerta del edificio y a lo que haga falta.

    Me gusta

    1. Muchas gracias, Joseba. Si te vas a encadenar al edificio, en el supuesto de que algún demente con poder para ello decidiera derribarlo, cuenta con que yo te acompañaría. Por cierto, igual los vecinos del Ensanche nos vamos a tener que encadenar a las palmeras existentes en el el patio de la Escuela de Magisterio BAM, propiedad del obispado, pues pretenden eliminarlas de ahí. Si te gusta esto de los encadenamientos, ¡¡estás invitado!!

      Me gusta

      1. Me apunto. Antes había frente a mi casa tres grandes palmeras y ahora solo queda una. La palmera bilbaína, todo un clásico, se ha convertido en especie en extinción y eso no puede ser. Las palmeras también son patrimonio de la ciudad.

        Le gusta a 1 persona

  2. Muy buena tu intervención de hace 10 años que, por supuesto, apoyaríamos muchas personas ahora también.
    Cada vez que paso por las obras de lo que fue el primer palacete del Ensanche y luego se convirtió en la Cámara de la Propiedad, me pregunto cuándo saldrá una ley de protección de edificios que hicieron Historia. Estoy con Joseba, es como para encadenarse a ellos cuando intenten derribarlos.
    Por otra parte, la pugna entre el Guggenheim y el Bellas Artes es otro asunto digno de estudiar. Todo pagado por el contribuyente.

    Me gusta

    1. Hola Lourdes, muchas gracias por tu comentario. Se supone que esa Ley de Protección de edificios históricos existe, de hecho, existe, pero su aplicación es muy relajada y, como las cebollas, tiene muchas capas y grados (Estado, Autonomía, municipio…, integral, conservación media y básica, conservación ambiental…). En el fondo es una Ley que no le agrada tener que aplicar a quien tiene potestad para aplicarla y mucho menos agrada a los propietarios afectados y ni qué decir de los constructores, etc.

      Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s